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Segunda objeción Los deícticos sí tienen sentido, el sentido no es una descripción

Salvando a Frege de Perry Gareth Evans y la deixis

1. Evans y los deícticos esenciales en general

1.2. Segunda objeción Los deícticos sí tienen sentido, el sentido no es una descripción

La otra lectura de la noción fregeana de 'sentido', considera que éste es o debe estar íntimamente ligado al sentido de una descripción definida única para el referente del deíctico. Para Evans, esta lectura también es incorrecta.

Si el sentido es el modo particular de pensar una referencia, aquél no puede darse sin que ésta esté antes dada. No es posible pensar un objeto, sin que el objeto exista. Evans reconoce una posible objeción a esta idea. Los términos singulares vacíos, como 'el príncipe de Venezuela', no refieren a algo, pero no por ello dejan de entenderse. Según la objeción, sería posible considerar sentidos sin referencia. La respuesta de Evans, inspirada en Logic, es que dichos términos son defectuosos y carecen de sentido fregeano, son ficticios (Evans 1981, 326-327). Las oraciones que los contienen no expresan pensamientos y, por tanto, no interesan a Frege. No pueden equipararse a las expresiones que éste reconoce. En cambio, para Evans, las oraciones que contienen deícticos sí expresan pensamientos fregeanos. Los deícticos no son términos vacíos, siempre que son usados refieren a algo, a un lugar, una persona, un día o un momento.

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El sentido no tiene independencia de la referencia (Evans 1981, 322). De ahí que el sentido de un deíctico no sea, como Perry supone, el sentido de una descripción única de la referencia de dicho término. Descripción que un hablante posee y asocia con independencia de la referencia del deíctico (Evans 1981, 330). El supuesto de Perry es infundado. Es falso. El sentido no es una descripción que mora en las creencias de los hablantes. Por eso, cualquier creencia de éstos tengan es irrelevante, insuficiente e innecesaria, tal y como lo muestra Perry. El sentido de un deíctico no se restringe al de una descripción.

Si bien Frege no explicó cómo un hablante sabe de qué objeto trata un pensamiento, expresado por medio de un enunciado que contiene deícticos, Evans afirma que tal conocimiento, al menos en parte, consiste en la disposición que el hablante tiene, para juzgar ese pensamiento como verdadero o como falso (Evans 1981, 332ss.), según sean las cosas en el contexto en el que es proferido el enunciado. Su conocimiento no depende, por eso, de una descripción única y definida del referente del deíctico. El modo de pensar los referentes de los deícticos, su sentido, garantiza las disposiciones relevantes para juzgar los pensamientos (Evans 1981, 333), de acuerdo al contexto de proferencia. De ahí que Evans afirme que hay modos de pensar objetos que requieren que el hablante que los piense esté en cierta relación espacial y temporal con ellos.

Considerar sentidos para los deícticos no es tener que considerar descripciones definidas para sus referencias. Es considerar los modos en que éstas deben ser pensadas. No son las descripciones que moran en las creencias de los hablantes las que determinan las condiciones de verdad de los pensamientos. Son los modos de pensar los que garantizan las disposiciones relevantes para que los hablantes juzguen los pensamientos expresados como verdaderos o como falsos, según se estén dando las cosas en el contexto de proferencia.

Las tesis semánticas de Frege pueden dar cuenta del significado de los deícticos. Tan pronto como se abandona la idea de que el sentido de un deíctico es el sentido de una descripción, se puede dar paso a la idea de que el sentido es un modo de pensar. Modo que no está en las creencias de los hablantes. Si aceptamos ésto, ninguna de las tesis de Frege es problemática.

61 1.3. Tercera objeción. Los deícticos sí tienen sentido, el sentido sí completa

Siguiendo las dos objeciones anteriores, Evans afirma que los deícticos tienen sentido. Al tenerlo, el tercer argumento de Perry se deshace. Veamos la tercera objeción de Evans.

Un deíctico tiene sentido completador si y solo si hay un modo particular en que la referencia del deíctico deba ser pensada, para poder comprender la expresión deíctica. De acuerdo con las objeciones anteriores, sí hay un modo particular. Para entender una oración que contiene un deíctico como 'hoy', por ejemplo, es necesario pensar el día al que refiere el deíctico como el día actual. Solo pensándolo así, se garantizan las disposiciones necesarias para que el hablante juzgue el pensamiento expresado como verdadero o como falso, según sean las cosas en ese día. Sí hay sentidos para los deícticos (Evans 1981, 332).

La conclusión a la que llega Perry es que las oraciones que contienen deícticos tienen sentidos incompletos. Porque sólo teniéndolos puede explicarse que un mismo enunciado exprese pensamientos distintos, con distintos valores de verdad. Para Evans, la cuestión se resuelve cuando se considera, de forma correcta, la noción de 'sentido'. Veamos.

Si el sentido es un modo de pensar, que no es independiente de la referencia, puede haber tantos sentidos como referencias (Evans 1981, 345). Un enunciado, que contenga el deíctico 'hoy', por ejemplo, puede expresar pensamientos distintos, si es proferido en días distintos. En cada proferencia expresa un pensamiento distinto acerca de un día en particular. Ese pensamiento implica un modo particular de pensar en ese día (Evans 1981, 332). Modo que completa al pensamiento expresado, que lo determina.

Según Frege, si un hablante quiere expresar hoy lo mismo que expresó ayer por medio de un enunciado como 'hoy es un buen día', es necesario que cambie el deíctico 'hoy' por 'ayer'. Así, con el enunciado 'ayer hizo un buen día' podrá expresar el mismo pensamiento (Frege 1918, 64). Siguiendo la lectura de Evans, podemos concluir que los pensamientos expresados serán captados correctamente si se piensa el día al que ambos deícticos refieren, de formas distintas y particulares, según sea el caso. Para el enunciado proferido el día de ayer, se debe pensar el día como el día actual, para el enunciado proferido el día de hoy, dicho día, la referencia, se debe pensar como el día anterior. Si se piensan los días de esos modos determinados y

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distintos, se podrá captar correctamente el pensamiento expresado (Evans 1981, 336). El pensamiento es el mismo, el valor de verdad también, pero los modos de pensar el día al que refiere el pensamiento en las dos proferencias, sí son distintos. Varían.

Para Evans, cuando un hablante piensa la referencia de un deíctico, está rastreando o siguiendo esa referencia a lo largo del tiempo. Para el caso del deíctico 'aquí', por ejemplo, el hablante piensa, sigue, rastrea los lugares que él va ocupando a medida que se va moviendo (Evans 1981, 339 - 340). Al tipo de pensamientos determinados por estos modos de rastrear objetos, Evans los llama pensamientos fregeanos dinámicos. Estas consideraciones merecen atención, pues por ellas Evans afirma que un modo de pensar un objeto, en un pensamiento dinámico, es un modo de rastrear dicho objeto a lo largo del tiempo. Pese a que los enunciados 'hoy es un buen día' y 'ayer fue un buen día' requieran que el hablante piense en el día referido por los deícticos 'hoy' y 'ayer', de forma distinta, dicha diferencia es menor. Para Evans, en los dos casos, captar el pensamiento expresado por medio de los dos enunciados, depende de la capacidad del hablante para rastrear el mismo objeto, en este caso, el día (Evans 1977, 340). Ese modo de rastrear objetos depende de la habilidad de los hablantes para rastrear en el tiempo. Esa habilidad es una pre-condición del pensamiento expresado por medio de una oración que tenga deícticos.

Los deícticos sí proporcionan ese sentido completador que tanto parecía inquietar a Perry. Solo que hay tantos sentidos como lugares, momentos y personas. Hay una relación inexorable entre el sentido y la referencia. Relación que no consiste en una determinación de la referencia al sentido, ni del sentido a la referencia, si ésa relación se entiende como una mediación que hace indirecto lo que podría ser directo. Más bien, el sentido, el modo de pensar una referencia, es el modo de rastrearla a través del tiempo.

Hasta aquí hemos presentado las tres objeciones de Evans a los tres primeros argumentos críticos de Perry. Los deícticos, para Evans y en contravía a Perry, sí tienen sentido. Ese sentido es un modo de pensar la referencia, de rastrearla. Ese modo determina al pensamiento expresado. Ninguna de las tesis de la semántica fregeana es problemática, si se consideran las nociones de Frege de una forma distinta a la que las consideraba Perry. Más bien, puede adoptarse la lectura de Evans para salir de los embrollos que le resultan a Perry. Los deícticos

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sí significan como las otras expresiones. Tienen un sentido y una referencia. El primero es distinto a la segunda, la ilumina. Pero esa iluminación en vez de ser una mediatización, es entendida como un modo de pensarla o rastrearla en el tiempo. Un enfoque Fregeano es esencialmente correcto para dar cuenta del significado de los deícticos.

Pasemos, ahora, a las consideraciones sobre el deíctico 'yo'.

2. Evans y el deíctico ‘yo’ en particular

Evans también tiene su propia forma de entender las consideraciones fregeanas en torno a este deíctico. Una forma que no entra en conflicto con las tesis semánticas del lógico alemán. Aquí, intentaremos dar cuenta de la lectura de Evans, y mostraremos por qué no es problemática para la propuesta de Frege.