• No se han encontrado resultados

El sentido de las circunstancias El debate y sus conclusiones

1. Conclusiones particulares

1.1. Sobre el debate en torno a los deícticos esenciales en general 1 Las posiciones frente a Dummett

1.1.3. La forma del pensamiento

Para Perry, los enunciados que contienen deícticos tienen sentidos incompletos. Que en últimas, solo cuentan con las referencias de las expresiones deícticas para completarse. Pero, un pensamiento, según la propuesta de Frege, no puede estar determinado por objetos del mundo, por referencias. Por tanto, el proyecto fregeano no puede dar cuenta de aquello

73

expresado por medio de deícticos. Para Evans, el problema se resuelve al aceptar que hay tantos modos de pensar como objetos y personas. Cada modo determina un pensamiento distinto. En tanto lo determina, lo completa. Esos modos son, para los pensamientos expresados por medio de deícticos, modos de rastrear los objetos a los que refieren dichos términos.

El problema parece ser el siguiente. Para Perry, el pensamiento solo puede estar determinado por sentidos. Los sentidos pueden capturarse proposicionalmente. Lo que expresan las oraciones que contienen deícticos está anclado al contexto. No es posible explicar el anclaje contextual si solo se cuenta con elementos conceptuales, elementos que pueden capturarse proposicionalmente. Evans incluye otros elementos, no conceptuales, en la explicación del significado de los deícticos. Por tanto, puede dar cuenta de ellos y de las oraciones que los contienen. No obstante, al hacerlo, no solo deja de lado la lectura de Perry, sino que propone una nueva. En esta, según entendemos, el sentido es un modo de rastrear un objeto a través del tiempo. Ese modo de rastrear determina el pensamiento expresado, y provee al hablante las disposiciones para juzgar el pensamiento como verdadero o como falso según como se estén dando las cosas en el mundo. Es en este punto en el que encontramos diferencias con la propuesta de Frege. En la alternativa de Evans, el pensamiento expresado por medio de deícticos depende de la habilidad de los hablantes para rastrear objetos en el tiempo. Tal habilidad para rastrear el tiempo no es simplemente un añadido, sino incluso una

“precondición del pensamiento temporal” (Evans 19κ1, 339). Sin embargo, en la propuesta de

Frege, el pensamiento está determinado por sentidos. Pero esos sentidos no dependen de las habilidades de los hablantes que los captan. Los sentidos ya están dados, el hombre no los crea, los capta. La proposicionalidad ya está dada. No se construye en el mundo, ni con los objetos que le son propios, ni con las habilidades de los hombres para rastrearlos en el tiempo. La propuesta de Evans es también distinta a la de Frege.

74 1.2. Sobre el debate en torno al deíctico 'yo' en particular

1.2.1. La objetividad.

En los argumentos anteriores, hemos dicho que la propuesta de Evans va más allá de la propuesta de Frege. Que admite consideraciones distintas a las que éste admite. No obstante, en este argumento creemos que Evans defiende de forma impecable la postura fregeana. Aunque se queda corto en un punto básico. Veamos.

Perry elabora su crítica en contra de la propuesta fregeana, argumentando que en ésta se admiten pensamientos privados, que no pueden comunicarse, y que esto es opuesto a la caracterización de los pensamientos como objetivos y comunicables. Evans refuta a Perry. La objetividad no es comunicabilidad. Un pensamiento objetivo es aquél que no depende del sujeto que lo piensa, ni del hecho de ser pensado. No aquél que es comunicable. En esto le hallamos la razón a Evans. De hecho, en los dos lugares de la obra fregeana en los que aparece el tema de los deícticos, Frege está exponiendo en qué consiste la objetividad del pensamiento. La conclusión es que consiste en su diferencia con las representaciones, y en el hecho de que no dependa ni esté determinado por el sujeto que lo capta. Hasta aquí, la crítica de Evans nos parece acertada.

No obstante, hay una consideración relevante que no ha sido tenida en cuenta por Evans, aunque Perry la menciona en su crítica. A nuestro modo de ver, esa consideración podría arrojar luces importantes para entender el proyecto de Frege, y para edificar las propuestas de sus dos lectores. Perry, por su parte, critica el modo único y originario en el que cada quien se da a sí mismo, el sentido privado propuesto por Frege. Evans refuta la crítica de Perry, también, basado en ese modo originario. Sin embargo, Frege considera no sólo ese modo privado, sino que afirma que cuando la persona quiere comunicar el pensamiento que sólo ella capta, y que está determinado por ese modo único y originario, puede expresarse usando el deíctico 'yo'. Éste debe entenderse en el sentido de 'aquel que en este momento les haba'. Ese sentido es público (Frege 1918, 66). La pregunta que surge de inmediato es ¿son dos sentidos distintos? Si es así, ¿cómo están relacionados?

75

Parece que tuviéramos dos opciones. O reconocer que se trata de dos sentidos distintos, o tipos de sentidos diferentes. Uno privado y uno público; o afirmar que son dos usos o dos facetas del mismo sentido. Esta última es la alternativa que Perry empieza a considerar, pero que parece abandonar rápidamente. Empieza sosteniendo que más que una diferencia entre tipos de sentidos, lo que Frege propone es una diferencia en el uso del deíctico 'yo'. En el primer caso, un hablante usa el deíctico para pensar acerca de sí mismo. El sentido que asocia es incomunicable. En el segundo caso, el hablante usa el término para comunicarse. El sentido deja de ser privado.

Luego nos dice que Frege no afirma que sea necesario usar el lenguaje para pensar acerca de nosotros mismos, por tanto la alternativa no parece verosímil. Pese a esto sostiene que ese modo originario y privado sería el sentido natural que tendría que asociarse al deíctico 'yo', si éste se usara, en efecto, al pensar acerca de nosotros mismos (Perry 1977, 68). Ese sentido sería privado. Perry abandona el tema y pasa a examinar otras consideraciones. No nos aclara si son sentidos distintos, o si mantiene, en algo, su posición primigenia de que son facetas de un mismo sentido.

Evans pasa de largo el tema. Consideramos que de haberlo tratado, hubiera logrado, al menos, dos cosas. La primera es que hubiera podido utilizar esas consideraciones de Frege para reforzar su propuesta sobre los tipos de sentido. Hubiera podido decir que esta es, en efecto, una prueba a favor de la existencia de tipos distintos y particulares de sentidos. Incluso su propuesta hubiera podido iluminar las posibles relaciones entre ellos. De haberlo logrado, hubiera tenido una herramienta más para objetar a Perry, y a su lectura algo oscura de los dos modos de darse propuestos por Frege. La segunda es que hubiera podido enriquecer y matizar su crítica acerca de la irreductibilidad de los pensamientos acerca de la primera persona. Para Perry, no sólo hay una razón para sostener que aquello expresado por medio de deícticos no es pensamiento. Si bien Perry afirma que el hecho de que no sean comunicables es una de las razones, no es la única. La razón fuerte, a nuestro modo de entender, es que tales pensamientos son irreductibles. Aunque Evans afirma que esto es evidente en la propuesta fregeana (Evans 1981, 341), creemos que está refiriéndose a los pensamientos privados, no a aquellos determinados por el sentido asociado al deíctico 'yo'. Sentido que es público. Para Perry,

76

ambos son irreductibles. Esto debido a la lectura proposicionalista de las nociones fregeanas, que veíamos en los argumentos anteriores. Según vemos, Evans pudo haber entrado al detalle en estos asuntos. No obstante, el punto central de este argumento, a saber, el de la objetividad, queda aclarado, y debidamente objetado.