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De la “insurgencia comunista” a la “guerrilla narcoterrorista”

1.2 La visión del Estado colombiano

1.2.3 De la “insurgencia comunista” a la “guerrilla narcoterrorista”

Dentro de la construcción discursiva de su enemigo, el Estado colombiano ha recurrido a concepciones negativas a través de las cuales se hace mucho más factible deslegitimarlo y con ello, atacarlo. Al mismo tiempo, este proceso de deslegitimación del enemigo ha surgido en contextos particulares, caracterizados por la influencia de concepciones externas que se condicionan a la realidad nacional con el propósito de justificar la lucha. En los años en que surgen las FARC, en la década de 1960, la lucha anticomunista está en auge. Los Estados Unidos se han erigido como los abanderados del modelo capitalista y el enemigo a vencer es el comunismo representado por la Unión Soviética. Como ya es sabido, la lucha entre estas potencias no se dio de manera directa, sino en sus territorios de influencia. Para el caso de América Latina, la triunfante Revolución Cubana había generado un gran impacto pues era casi inconcebible que el comunismo floreciera a escasos kilómetros de las costas estadounidenses. Por esto mismo, los Estados Unidos lanzaron una política exterior denominada Doctrina de Seguridad Nacional, cuyo propósito principal era destruir cualquier movimiento revolucionario de izquierda puesto que el comunismo era el enemigo y por lo tanto, debía ser evitado en una zona que

74 históricamente los Estados Unidos han considerado como su zona “natural” de influencia.

Los efectos de esta doctrina se vieron en América Latina. Sólo basta recordar las dictaduras del Cono Sur, por ejemplo. En el caso de Colombia, esta significó el apoyo logístico e ideológico a las posturas de derecha y a los militares, para contrarrestar los incipientes pero peligrosos movimientos revolucionarios de origen campesino que se estaban conformando.153

En segundo lugar, en el marco de la llamada Alianza para el Progreso, programa de carácter social y económico lanzado por el presidente Kennedy, sirvió durante la década de 1960 como revulsivo para contrarrestar la propagación de la ideología comunista por medio de programas de alfabetización, modernización, reformas agrarias y construcción de infraestructura, con el propósito de quitarle al comunismo las razones de su lucha. Colombia hizo parte de este programa.

Las Fuerzas Militares colombianas tuvieron un gran impulso durante este período y fueron modernizadas en tácticas, estrategias, así como armas y tecnología. Además, su comandante, el General Alberto Ruiz Novoa, veterano de la Guerra de Corea y por lo tanto, con experiencia en la lucha anticomunista, dio relevancia al discurso de las “causas estructurales” de la violencia subversiva, o sea, el atraso económico y los grandes problemas sociales que aquejaban a la sociedad colombiana de ese tiempo. Por lo tanto, las Fuerzas Militares lanzaron un programa que incluía ofensivas militares junto con acciones sociales denominado “Plan Lazo”, con el propósito de derrotar a la insurgencia y además, ofrecer soluciones a los problemas estructurales de la sociedad.154

Por otro lado, desde la órbita política también se generó un proceso de deslegitimación del enemigo. Un ejemplo de esto es la acusación lanzada por el entonces senador por el partido conservador Álvaro Gómez Hurtado, quien en un famoso debate denunció la existencia de “repúblicas independientes” en algunas zonas de Colombia para ilustrar cómo la naciente insurgencia comunista estaba ejerciendo control y soberanía sobre algunos territorios. Al poco tiempo de esta denuncia fue lanzado el famoso

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Velásquez Rivera. Édgar de Jesús. “Historia de la Doctrina de Seguridad Nacional”. En Convergencia.Revista de Ciencias Sociales, Vol. 9, No. 27, enero-abril 2002, pp. 11-39.

154 Leal Buitrago. Francisco. El oficio de la guerra. La seguridad nacional en Colombia. Bogotá: Tercer

75 ataque a Marquetalia y otros territorios con presencia insurgente, con el resultado ya conocido.

Las FARC y los otros grupos guerrilleros sobrevivieron a los ataques de la Fuerzas Militares y la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Durante la década de 1970 las guerrillas consolidaron, de manera progresiva, su estructura militar y política y definieron su ideología y carácter de lucha. Luego, en la década siguiente irrumpe el narcotráfico. De nuevo, son los Estados Unidos quienes definen la naturaleza y la forma de un nuevo enemigo que entraría a reemplazar al comunismo, especialmente desde 1989: el narcotráfico. Teniendo gran parte del consumo en su territorio, los Estados Unidos se lanzan en una lucha frontal y global contra las drogas. Colombia estaba de nuevo en la mira, pues en el país se producía gran parte de la cocaína que ingresaba a ese país.

En 1984 se produce un hecho relevante. El embajador de Estados Unidos, Lewis Tambs acusó a las guerrillas colombianas de ser grandes productores y comercializadores de cocaína y las denominó como “narcoguerrilla”. Según, la historiadora María Fernanda Benítez, este suceso tuvo dos efectos: por un lado, se continuó operando bajo la lógica intervencionista de los Estados Unidos en su labor de contención y derrota del viejo enemigo comunista, todavía representado por las guerrillas, pero, adicionalmente, condenó a la lucha insurgente a un “vaciamiento” de su lucha por la inclusión social y política, por cuanto las convirtió en un cartel de delincuentes comunes dedicados a enriquecerse por medio del tráfico de drogas ilícitas.155 De esta manera, se fortaleció la idea de combatir a las guerrillas pero bajo la lógica de delincuentes comunes, con quienes no se negocia ni se dialoga, sino se les reprime y se les destruye.156 Bien es sabido los niveles de

155 Benítez Ballesteros. María Fernanda. Narcotráfico e intervención en Colombia. 1980-2000. Trabajo

para optar por el título de Historiadora, Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2009, pp. 26-27.

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Este es un punto sensible que afecta la percepción general sobre las FARC y atraviesa la concepción general que sobre su lucha social existe. Muchos críticos de las FARC señalan que ésta tuvo en sus inicios una ideología “buena” y luego, con el auge del narcotráfico, perdieron su rumbo y se convirtieron en puros delincuentes, buscando más el lucro económico que la justicia social. Ante las acusaciones sobre su carácter de narcotraficantes, las FARC han señalado a los Estados Unidos y al Estado colombiano de difamar sus reales propósitos, en el marco de la estrategia de desprestigio y estigmatización de la lucha insurgente. Sin embargo, también ha sido comprobado que las FARC se han lucrado del negocio de las drogas ilícitas. Ahora bien, cada vez que a estas se les ha confrontado sobre el tema, afirman que su involucramiento hizo parte del esquema de tributación que exigían en las zonas de influencia con el propósito de solventar los gastos de la guerra. En ese sentido, justifican el cobro de impuesto por la producción, de la misma manera que lo han hecho con ganaderos, industriales y terratenientes.

76 degradación que alcanzó la violencia en Colombia durante los años de 1980 cuando irrumpió en la escena el narcotráfico.

No obstante, en la misma década de 1980 se inauguran los diálogos de paz con el Estado y diversas guerrillas, con éxitos relativos. Después, en la década de 1990se proclama la nueva constitución política y con esta, la posibilidad de mayor apertura democrática e inclusión social. Sin embargo, las FARC se marginan del proceso e incluso su cuartel principal es bombardeado el día de la proclamación de la nueva constitución. Además, el paramilitarismo alcanza su auge en esta década y con este, se acrecienta la complejidad del conflicto aún más, llegando a niveles terribles de muertes, desplazamiento y destrucción. Los Estados Unidos mantienen firme su lucha contra las drogas y Colombia continúa en el centro del problema. A finales de esta década se inician los diálogos de El Caguán con las FARC, y durante tres años se intenta generar un acuerdo de paz.

A la par del proceso, el Estado colombiano entra en una nueva fase de la guerra antisubversiva y contra el narcotráfico. El denominado Plan Colombia, un paquete millonario de ayuda militar proveniente de Colombia entra en acción en 2002 luego de los fallidos diálogos de El Caguán, y con este se consolida la doctrina puramente militar contra las FARC. Son diez años, hasta los inicios de los diálogos exploratorios y la instalación de la mesa de diálogos en 2012, que el aparato militar del Estado colombiano logra consolidar una estrategia efectiva contra la guerrilla, logrando golpes contundentes a su estructura.

Durante este período, el discurso oficial continuó siendo el mismo: la guerrilla de las FARC es una banda de narcotraficantes que no tienen más ideología que el lucro privado a costa de negocio de las drogas ilegales. Era el discurso oficial de la política externa de los Estados Unidos y por supuesto, la postura del Estado colombiano que recibía, a través del Plan Colombia, el dinero y el apoyo suficiente para “ganar” la guerra contra la insurgencia. Adicionalmente, como ya le hemos citado arriba, luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001, los Estados Unidos se embarcan en una lucha contra el terrorismo global. Las FARC ingresa al listado de organizaciones terroristas del Departamento de Estado y con esto, el discurso ahora apunta a la configuración de las FARC como una organización que no tiene ni

77 persigue ningún fin político y aparte de lucrarse del narcotráfico, busca generar el terror y desestabilizar el orden democrático.157

La administración de Álvaro Uribe se mantuvo alineada a este discurso antiterrorista y durante los ocho años de su gobierno, las FARC no dejaron de ser terroristas y narcotraficantes. Aún hoy, siendo Uribe senador y cabeza visible de la oposición al proceso de paz con las FARC, mantiene el mismo discurso y se apoya en cifras y estadísticas para acusar a esta guerrilla de ser el “mayor cartel de cocaína del mundo”.