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El debate metodológico en torno al Estudio de Caso

CAPÍTULO III. METODOLOGÍA: EL ESTUDIO DE CASO

3.2. El debate metodológico en torno al Estudio de Caso

El estudio de caso ha generado posturas divergentes en torno a su utilidad para crear conocimiento teórico, esto porque, a juicio de sus críticos -línea encabezada por los comparativistas-, se centraría sólo en un país o unidad de análisis, a partir de la cual buscaría alcanzar explicaciones y, en consecuencia, gozaría de una limitada validez metodológica. La presente sección apunta a exponer los planteamientos a favor y en contra de dicha crítica y tomar un posicionamiento metodológico al respecto.

El recorrido histórico presentado por Coller (2000:26) señala que el estudio de caso en sus inicios, a partir de los trabajos de Weber, gozó de prestigio y fue considerado una forma crucial para generar conocimiento teórico en las ciencias sociales. Sin embargo, a partir del giro cuantitativista en las escuelas norteamericanas de investigación desde la segunda mitad del siglo XX, en que se legitima el saber científico basado en los métodos estadísticos, el estudio de caso cualitativo habría caído en el descrédito, siendo acusado de carecer de objetividad y representatividad (Simons, 2011:32).

Otras críticas argumentan que este método no sería analítico, prevaleciendo los estudios monográficos y descriptivos y cuestionándose su capacidad de crear teoría, en tanto serían incapaces de aislar la verdadera relación causal que explica un fenómeno. El

supuesto tras este argumento es que un sólo caso no permite explicar un gran número de variables (Lodola, 2009:16). Se plantea, además, que el estudio de caso es un método oneroso en términos de recursos y tiempo, ya que realizar un estudio acabado y configurativo sobre una unidad de análisis determinada conllevaría una fuerte planificación (Arzaluz, 2005: 119). En suma, las críticas de los detractores del estudio de caso se focalizan en que no permitiría generar proposiciones generalizables.

Sin embargo, si atendemos a las tipologías de casos creadas por los metodólogos y citadas en el apartado previo, podemos comprobar la postura de Gerring y McDermott (2007: 688-689) donde, si bien el estudio de caso es generalmente percibido como el desarrollo de una investigación descriptiva observacional, también puede ser eminentemente experimental y muy útil para el testeo de hipótesis o teorías. Aquellos académicos que abogan por la capacidad del estudio de caso para generar conocimiento empírico con el fin de comprobar, crear y refutar teorías, argumentan que ello depende prioritariamente de una adecuada selección del caso (en función de los objetivos de investigación) y un buen diseño de investigación. A este respecto, la principal defensa del estudio de caso como método válido para crear, testear o refutar teorías ha sido encabezada por Flyvbjerg (2004). Para la autora es incorrecto concluir que no podemos generalizar a partir de un sólo caso. Su propuesta es que depende del caso del que se trate y de cómo haya sido elegido, adhiriendo a la tesis del caso crucial de Eckstein (1975), ligado además, a la propuesta del caso crucial de Gerring (2007): un caso que contribuye a la confirmación o refutación de una teoría determinada; en palabras del autor, “un caso es crucial si sus hechos son fundamentales para la confirmación o refutación de una teoría” (Gerring, 2007:2).

De este modo, académicos sostienen que los estudios de caso son valiosos en todas las fases del proceso de la construcción de teoría, pero sobre todo en la fase de contrastación teórica donde las teorías candidatas se someten a prueba (Eckstein, 1975:80). Incluso hay quienes sostienen, como John Walton (1972), que los estudios de caso tienden a producir una teoría mejor (Citado en Flyvbjerg, 2004:42). Además, la construcción de un caso se liga estrechamente a la teoría, porque implica una reflexión crítica sobre los límites convencionales y las categorías comúnmente aceptadas de los fenómenos sociales y políticos. En este contexto, el investigador rompe la representación de un proceso con sentido común; es capaz de conceptualizar un problema. Así, el caso se define y se

construye mediante un enfoque teórico, que proporciona un marco de hipótesis para poner a prueba los diversos aspectos de los datos empíricos (Della Porta y Keating, 2008:245).

Es importante considerar que, como plantea Flyvbjerg, existe una sobrevaloración a la generalización estadística, no obstante es sólo una de las muchas formas mediante las cuales la gente obtiene y acumula conocimiento, obviando que, como admite Coller (2000), el estudio de caso permite alcanzar generalizaciones analíticas que trascienden la mera enumeración de frecuencias: el estudio de casos no permite que los resultados se extrapolen a todo el universo –como en el método estadístico-, sino que al conjunto de teorías a que el caso se dirige (Coller, 2000: 56; Stake, 1998:20). Así, la generalización analítica implica un juicio razonado sobre la medida en que los hallazgos de un estudio se pueden utilizar como guía para lo que podría ocurrir en otra situación (Kvale, 2008:163).

En definitiva, y por lo hasta aquí expuesto, el estudio de caso poseería varias ventajas metodológicas, a saber: brinda la posibilidad de estudiar fenómenos reales y contemporáneos, de manera que el investigador tiene la posibilidad de construir los datos; permite obtener información de varias fuentes con el fin de generar estudios holísticos y entender cómo funcionan las variables; y lo más importante, permite la generalización teórica pero no entendida desde una perspectiva estadística/cuantitativa, sino que es una generalización analítica (Coller, 2000; Arzaluz, 2005; Yin, 1994). Si el caso es elegido adecuadamente, el método de investigación analizado hace que los resultados del caso sean generalizables y comparables dentro del marco otorgado por la teoría general que orienta el estudio y a la cual éste busca realizar un aporte.