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Los nuevos aportes y las discusiones

CAPÍTULO II. MARCO TEÓRICO

2.1. LAS ELECCIONES DE SEGUNDO ORDEN

2.1.7. Los nuevos aportes y las discusiones

¿Qué motivaciones individuales subyacen a estos cambios electorales? La respuesta parece ser sencilla: reducción de los beneficios esperados y aumento en los costos esperados de votar por parte del elector individual; por ello es esperable la asistencia de menos votantes (Marsh, 1998: 593)

Los votantes cambian sus preferencias sinceras en términos del sistema político nacional. Si esto sucede, se verá reflejado en la elección europea sólo en la medida en que el nivel de las preferencias nacionales sea importante. La otra fuente del cambio es que los votantes realmente tengan diferentes preferencias sinceras en las dos elecciones, lo cual puede ser si se buscaran diferentes asuntos y con diferentes personas en las respectivas elecciones. En este caso, sin embargo, la elección europea es menos claramente una elección de segundo orden (Marsh, 1998: 594)

Una de las figuras más aceptadas es que las elecciones al parlamento europeo son una manifestación de oscilación contra los gobiernos. Reif y Schmitt sugieren tres principales razones para esto:

1. La pérdida de apoyo de descontentos que pueden elegir abstenerse o apoyar a otros partidos en protesta contra el gobierno.

2. La pérdida de apoyo de descontentos que prefieren algún partido a votar por ellos. 3. La pérdida de votantes tácticos quienes votan por partidos en el gobierno sólo en elecciones nacionales (Marsh, 1998: 596)

Definiendo CICLO como la proporción del ciclo de la elección nacional que ha pasado cuando se realizan las elecciones europeas, Reif sugiere que la función cuadrática del término CICLO (CICLO2) provee un dato adecuado, pero solo sugiere que una función cúbica (CICLO3) realiza y captura bien el periodo postelectoral de luna de miel de los gobiernos. Ambas formas, cuadrática y cúbica, pueden ser un poco generosas con los gobiernos, los cuales tienden a sufrir el costo de gobernar como la pérdida de votos en las elecciones subsecuentes. El simple término de ciclo puede aprehender la posibilidad de la tendencia al descontento de una administración. Lo que no queda claro es si el descontento manifestado contra los gobiernos tiene una forma cíclica (Marsh, 1998: 596).

Oppenhuis et. al. (1996) proponen un modelo diferente, bajo el cual los votantes están más incentivados a retirarse tácticamente en tanto la elección previa está más lejana y la siguiente se acerca, porque la elección de parlamento europeo puede estar más en mente de los políticos como un predictor de las próximas elecciones nacionales (Marsh, 1998: 597).

Cuando los análisis abordan los partidos individuales en lugar de los gobiernos, hay tres principales patrones empíricos a examinar:

1. El cambio en el apoyo de grandes a pequeños partidos.

2. El cambio en el apoyo de partidos gobernantes a no gobernantes.

3. El cambio en el apoyo de partidos de centro a partidos más extremos. (Marsh, 1998: 600)

Los modelos basados en las proposiciones de la teoría de las elecciones de segundo orden explican buena cantidad de la varianza en el performance de los partidos y los gobiernos en el parlamento europeo. Tales modelos son más efectivos en países donde las elecciones de primer orden tienen, en general, un impacto significativo y directo en la formación del gobierno, y donde, en consecuencia, las diferencias en la importancia relativa de las elecciones generales y las elecciones europeas es grande (Marsh, 1998: 606-607).

Finalmente, Marsh sostiene lo siguiente: primero, en términos de las pérdidas actuales de los partidos, las elecciones europeas comienzan a ser cada vez más serias para los gobiernos; segundo, las elecciones europeas al parlamento resultan tener algún efecto independiente en la política nacional subsecuente (Marsh, 1998: 607).

En la misma línea surge la siguiente interrogante: ¿Es en las elecciones de segundo orden más importante el asunto por el qué se vota que en las elecciones de primer orden? (Heath, McLean, Taylor y Curtice, 1999: 395)

Butler & Stokes (1963) enfatizan tres condiciones que deben ser cumplidas si el voto por el asunto tiene efecto: los votantes deben estar desigualmente divididos en torno al asunto; ellos deben considerar el asunto como importante; ellos deben percibir las diferencias de postura entre los partidos respecto al asunto (Heath, McLean, Taylor y Curtice, 1999: 397).

En las elecciones de segundo orden el voto es menos instrumental y más expresivo que en las elecciones de primer orden (Heath, McLean, Taylor y Curtice, 1999: 406). Según Eijk y sus colegas, este voto expresivo es, al mismo tiempo, táctico, pues los votantes de las elecciones de segundo orden usan su voto para comunicarse con los partidos (Heath, McLean, Taylor y Curtice, 1999: 407)

Otra autora relevante en el análisis de las elecciones de segundo orden es Pippa Norris. Para ella la opinión pública acerca de las elecciones europeas puede dar señales de problemas más amplios de “déficit democrático” (Norris, 1997: 110). Según la autora, varios estudios concluyen que las elecciones europeas son decepcionantes, porque los partidos fracasan en sus campañas y los temas de las elecciones también fracasan al no despertar interés en los votantes (Norris, 1997: 110).

Se puede analizar cómo asuntos claves del comportamiento político –tales como las diferencias intranacionales en los niveles de asistencia a elecciones europeas, el apoyo a los partidos o los alineamientos sociales- están relacionados con variaciones significativas en el contexto institucional, político y socioeconómico de las elecciones europeas (Norris, 1997: 110). La crítica de Norris es la poca estandarización en los artículos usados en los estudios de las elecciones nacionales como para hacer análisis comparativos (Norris, 1997: 111). Por ende, será necesario considerar cómo elaborar análisis con encuestas de panel, las cuales permitan la comparación del comportamiento electoral en diferentes niveles: elecciones europeas, nacionales, regionales y locales (Norris, 1997: 113).

Sin embargo, el concepto de elecciones de segundo orden tiene ciertas implicaciones, las cuales van al corazón de asuntos normativos de la representación política. (Norris, 1997: 113).

El significado más común de representación política está profundamente enraizado con la tradición parlamentaria europea basada en el modelo de “partido responsable”. Éste ubica a los partidos como la conexión crítica entre los ciudadanos y el Estado. En este modelo de gobierno democrático, las ramas legislativa y ejecutiva son elegidas por el pueblo, ya sea directa o indirectamente, en una competencia entre partidos con diferentes posturas ante los mismos asuntos. El electorado vota retrospectivamente de acuerdo a los resultados y prospectivamente de acuerdo con las políticas, y los partidos se comprometen a cumplir sus programas propuestos (Norris, 1997: 113-114).

Una de las soluciones que se ha propuesto para reducir los costos de la participación electoral en las elecciones al parlamento europeo y elevar el nivel de asistencia a las elecciones de segundo orden, es el voto electrónico (Schmitt, 2002).