COMUNICACIÓN, CIUDADANÍA Y POLÍTICA
DEL EDITOR AL LECTOR: CIRCUITOS LITERARIOS EN CÓRDOBA Lucía Coppar
Becaria Secyt, UNC
Maestría en Comunicación y Cultura – Centro de Estudios Avanzados, UNC [email protected]
Introducción
La propuesta de investigación se origina en el interés por los procesos de mediación que intervienen en los modos en que la literatura contemporánea se vuelve pública y se inscribe en las configuraciones culturales de nuestro tiempo. Por definición, es el dispositivo editorial el que se ocupa de la selección, factura y puesta en circulación de los libros que, a través de variados canales, llegan a manos de los lectores. De esta manera, la edición media entre los momentos de producción y recepción de las obras, y es considerada como una práctica a la
vez simbólica y de mercado (Bourdieu, 1999) que se sitúa en el continuum que
va del privilegio de lo cultural a lo comercial. Hoy la diversidad de actores y modos de intervención es considerable: grandes editoriales de capitales trasnacionales que arbitran la producción de literatura de circulación masiva,
editoriales locales profesionalizadas y con alcance en los circuitos mainstream,
editoriales pequeñas cuyos ámbitos de circulación son más reducidos, micro- editoriales de corte artesanal, entre otros.
La compleja configuración de la actividad editorial constituye un punto de entrada para analizar las formas en que la literatura circula públicamente. Resulta necesario concentrar la mirada en los procesos de estructuración del mercado editorial, como también en las emergencias y transformaciones que han venido ocurriendo en los últimos años, en el contexto abierto por la crisis de 2001 en Argentina, la mayor distribución de bienes simbólicos en el comercio mundial (Yúdice, 2002) y el avance de los medios digitales sobre la producción cultural (Vigna, 2014).
En concreto, el repertorio de prácticas de diversas editoriales autogestionadas de formación reciente constituye un fenómeno novedoso en varios sentidos: sus propuestas en materia de estéticas y formatos, la apuesta por autores nóveles o experimentales y las instancias de inscripción de lo literario en los espacios públicos (Ruffel, 2015), a partir de la organización de eventos de lectura, festivales literarios, ferias de publicaciones, entre otros. Dicho fenómeno convoca a repensar los vínculos entre la producción literaria, sus modos de visibilidad/reconocimiento y las dinámicas culturales que los atraviesan, prestando atención a la presencia ahí no sólo de los imperativos del mercado sino al entrecruzamiento de lugares de interpelación diversos (Martín- Barbero, 2010).
Algunos lineamientos teóricos para el análisis cultural
Los estudios culturales y particularmente la perspectiva materialista cultural de Raymond Williams (1980) contribuyen a este proyecto en desarrollo porque se encuentran centralmente preocupados por las prácticas culturales manifiestas, haciéndolas converger con los sistemas significantes que constituyen la totalidad social. En este planteo el foco está puesto sobre la compleja relación entre el proceso social material y la producción cultural. La comprensión de este vínculo se completa con la introducción de la noción gramsciana de hegemonía, que debe ser comprendida en sus procesos activos y formativos, pero también en sus procesos de transformación. Así como es renovada y defendida, puede ser desafiada y alterada por elementos persistentes de la práctica (Williams, 1980). De esta manera, un aporte central de la lectura de Williams es que habilita la comprensión de experiencias que no son completamente articuladas por la hegemonía y producen desacoples en relación a la organización dominante de la cultura.
El lenguaje aparece como un concepto fundamental en el marco de esta teoría, en tanto es concebido como actividad práctica constitutiva de lo social. A propósito de ello, el rescate que Williams realiza del pensamiento marxista en
torno a la literatura tiene que ver con su reconocimiento como forma particular del desarrollo histórico y social del lenguaje. Del problema de la definición y los límites de lo literario se ocupa Jacques Rancière (2009b), para quien las prácticas artísticas no pueden ser disociadas de los discursos que definen su percepción en tanto tales en cada contexto. La literatura es entonces “el modo histórico de visibilidad de las obras del arte de escribir” (2009b: 13). De manera complementaria, Roger Chartier (2008) afirma que los procesos de mediación de la cultura escrita –las decisiones de publicación, las formas materiales de las producciones, las comunidades en que tienen lugar las apropiaciones– intervienen en la asignación y creación de sentidos.
La productividad de los desarrollos teóricos de Rancière para la investigación en curso va más allá de las definiciones en torno a la literatura, en tanto permite examinar cómo la experiencia sensible común, configurada por procesos culturales hegemónicos, es a la vez permeable a prácticas micropolíticas que abren el juego a subjetividades que no contaban y a discursos que hacen visible aquello que no lo era (2009a). A partir de tales desarrollos, los procesos de mediación que intervienen en la apertura de circuitos literarios novedosos pueden interpretarse como líneas de fuga y/o de disputa en relación a las políticas disciplinadoras del Estado, el mercado y la institución artística. Los primeros acercamientos al objeto de estudio permitieron relevar instancias donde la literatura se comparte por fuera de la mediación de la industria cultural o las políticas de lectura estatales, produciendo reconfiguraciones en las subjetividades fundantes de la modernidad literaria: se descolocan las jerarquías, el lugar de lector como consumidor pasivo de obras cerradas y plenas, y también la identidad del autor, el editor y la crítica como dominio especializado.
Breve estado del arte
Un conjunto de investigaciones recientes ofrece lecturas sobre editoriales autogestionadas surgidas en las últimas décadas. Entre los primeros abordajes,
Adriana Astutti y Sandra Contreras (2001) sistematizan las reflexiones de algunos editores sobre los riesgos y desafíos de sus prácticas de edición en el contexto de concentración del sector en América Latina. Uno de los estudios de mayor densidad conceptual es el de Hernán Vanoli (2009), quien rastrea las especificidades de la producción de pequeñas editoriales de Buenos Aires que intervienen el espacio de publicaciones de literatura argentina post 2001. Otra referencia fundamental es el trabajo dirigido por José Luis De Diego. Dentro de este grupo, Malena Botto (2014) examina el proceso de concentración editorial en Argentina durante los noventa, el impacto de la crisis de 2001 y el escenario que se abrió para la emergencia de nuevas editoriales. Por su parte, el trabajo de Matías Moscardi (2015) contribuye a la comprensión de los vínculos entre producción literaria y mediación editorial. El autor observa de qué maneras se interpreta la trama literaria del presente, heterogénea y cambiante, e introduce la figura de la máquina como analogía de los procesos de edición: cortar, extraer, reagrupar y producir algo nuevo.
A partir de esta reconstrucción bibliográfica se reconocen áreas de vacancia en dos niveles. Por un lado, la necesidad de atender a los modos en que las nuevas editoriales autogestionadas hacen circular sus publicaciones, tomando en cuenta las actividades de socialización de literatura, de inscripción de lo literario en los espacios públicos (Ruffel, 2015). En concreto, la organización de eventos de lectura, festivales literarios, ferias de publicaciones, entre otros, puede ser leída como operación que apunta a reducir la brecha entre los momentos de producción y recepción, otorgando a los propios sellos mayor intervención en la formación de públicos, comunidades interpretativas y sentidos en torno a lo literario. Por otro lado, la atención está dirigida a lo que ocurre en Córdoba, con intención de examinar prácticas locales que, en comparación con los numerosos estudios en torno al centro editorial que es Buenos Aires, hasta el momento han dado lugar a escasas investigaciones. En los últimos años, la producción literaria en Córdoba se ha expandido y consolidado, y la multiplicación de sellos de origen local es indicio de este
Configuración del problema
A lo largo de las últimas dos décadas, los procesos de producción y circulación de literatura fueron redefiniéndose en función de distintas dinámicas históricas. Las reformas neoliberales sentaron las bases para el crecimiento de la industria editorial trasnacional en el país. Muchas empresas nacionales fueron adquiridas por capitales extranjeros, estableciendo un mercado concentrado y orientado a la producción de novedades vendibles al gran público. Por estos años, paralelamente, comenzaron a formarse editoriales cuyas prácticas se encontraban menos condicionadas por las estrategias del mercado, y dinamizaron el espacio de la edición. La crisis económica de 2001 complejizó el escenario, definiendo condiciones que favorecieron la innovación cultural. En ese marco, proliferaron editoriales constituidas en muchos casos por grupos de escritores-editores, que aparecieron en escena replanteando creativamente las articulaciones entre el proceso social y la producción cultural. Las restricciones que el mercado editorial concentrado interpuso a la participación de escritores que comenzaban a configurar “otras escenas de literatura” (Laddaga, 2008) – aquellos cuyas prácticas de escritura pueden considerarse experimentales o
disruptivas en relación a los cánones del circuito mainstream y las formas típicas
del arte literario en condiciones modernas– abrieron un campo de posibilidades para la autogestión, impulsada a su vez por los nuevos medios digitales.
Si bien la intervención de editoriales autogestionadas en el campo cultural no es nueva –han existido a lo largo del tiempo ligadas a vanguardias
artísticas o políticas y en circuitos underground–, en la Argentina contemporánea
estos actores se han multiplicado y han ganado visibilidad. Los interrogantes que se abren son: ¿Qué características y alcances tiene hoy la participación cultural de las editoriales autogestionadas, en relación con la orientación dominante de las intervenciones del mercado, el Estado y la institución artística? ¿De qué maneras se sostiene y visibiliza el trabajo editorial autogestionado alrededor de la literatura? ¿Qué relaciones pueden establecerse
entre las prácticas de editoriales autogestionadas y la configuración actual de los procesos de producción y circulación de literatura?
Avances del trabajo de campo y primeras hipótesis
Muchas de las editoriales autogestionadas que proliferaron desde fines de los años noventa en la ciudad de Córdoba –Llantodemudo, Pan comido, Documenta, Viento de fondo, Recovecos, Letranómada, Caballo negro, Nudista, De la terraza, Dínamo poético o Borde perdido, por mencionar algunas– pueden ser caracterizadas por la impronta literaria de sus catálogos y la promoción de pactos de lectura diversos. Pueden estar más o menos profesionalizadas, y en función de ello varían la cantidad de personas involucradas, los niveles de producción y los alcances geográficos de los libros. No obstante, en la mayor parte de los casos una de las estrategias implementadas es la diversificación de las formas de circulación, ya que los grandes canales son reductos indiscutidos de la producción masiva. Además de poner los libros a circular por librerías, ferias oficiales e incluso plataformas digitales como tiendas virtuales, muchas de las nuevas editoriales autogestionadas generan espacios de encuentro donde se tejen relaciones y sentidos en torno a lo literario.
En virtud de ello, la hipótesis de trabajo puede ser formulada en los siguientes términos: Las editoriales autogestionadas de formación reciente contribuyen a promover prácticas de circulación diversas con el propósito de sostener y visibilizar formas de escritura que se distinguen de las que son propias de la escena moderna de las letras y de la estandarización que requieren los imperativos comerciales a nivel global. Por tanto, intervienen en la reconfiguración de los actores, las estéticas, las relaciones y los circuitos que conforman la cultura literaria contemporánea.
Los eventos de lectura son una manifestación del modo en que estas editoriales conciben la articulación entre la producción, circulación y recepción de literatura. El público de estos encuentros, que puede variar en niveles de
convocatoria, en general cuenta con referencias sobre los autores invitados o la propia editorial y en muchos casos se trata de lectores considerados profesionales (Lahire, 2004) por su compromiso en el circuito literario: escritores, críticos, periodistas culturales, docentes, estudiantes, libreros, entre otros. Es preciso tener en cuenta que la difusión de estos eventos se vale de
estrategias creativas en los intersticios del circuito mainstream, como el espacio
virtual. En el último tiempo en Córdoba, varios sellos inauguraron ciclos con
propuestas y dinámicas diversas2. Asimismo, las ferias de publicaciones y los
festivales literarios organizados colectivamente por editoriales autogestionadas son ámbitos favorecidos para la circulación y difusión de las publicaciones, y para la atracción de nuevos públicos. En los últimos años vienen
desarrollándose distintas iniciativas3, que en muchos casos trascienden la
intencionalidad comercial y también definen formas de acercamiento a la lectura.
En todos los casos, las instancias de sociabilidad literaria se construyen a partir de acciones que desplazan de los lugares previamente asignados a los sujetos en las relaciones de producción, circulación y recepción cultural. Por un lado, la mediación editorial entre autores y lectores, entre las obras y su público, no queda supeditada a una actividad pasiva, sino que asume un papel también protagónico en el encuentro y la generación de la experiencia. De esta manera, los editores intervienen más activamente en el circuito de sentidos sobre las obras, las estéticas, las formas de escritura, etc. Por otro lado, el momento de lectura no queda exclusivamente confinado al espacio privado y aislado. En cambio, los encuentros promueven el intercambio y la construcción de pactos de lectura con los públicos, los cuales tienden a ensanchar los límites del espacio literario.
Notas
1 Al efectuar un relevamiento exploratorio, el resultado arroja un total
aproximado de 40 editoriales en actividad. Los perfiles y modos de intervención cultural varían considerablemente, aunque pueden observarse regularidades en
muchos de los sellos que proliferaron desde fines de los noventa y los albores del nuevo siglo, signados por el contexto económicamente adverso pero estimulante en términos de producción literaria.
2 Durante 2015, Borde perdido y Dínamo poético, en conjunto con la librería
Volcán azul, organizaron el ciclo “Tres son multitud”. Por su parte, Caballo negro inauguró un ciclo de lectura de poesía llamado “Ciclón”. También tuvo lugar el evento “Lo ajeno - lo propio”, co-organizado por Pan comido y Llantodemudo. Otro evento destacado fue “La gorra literaria”, convocado por Punto de encuentro.
3 Por mencionar algunas, los editores de Caballo negro, Viento de fondo y
Recovecos organizan anualmente el Festival Internacional de Poesía de Córdoba. Libros son es una feria colectiva que se lleva a cabo en forma periódica y convoca a editores para mostrar sus publicaciones, en muchos casos de autor y artesanales.
Bibliografía
Astutti, Adriana y Contreras, Sandra (2001). “Editoriales independientes, pequeñas… Micropolíticas culturales en la literatura argentina actual”. En Iberoamericana, Vol. LXVII, N° 197, pp. 767-780.
Botto, Malena (2014). “1990-2010. Concentración, polarización y después”. En
De Diego, José Luis (dir.): Editores y políticas editoriales en Argentina (1880-
2010) (pp. 219-269). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Bourdieu, Pierre (1999). “Una revolución conservadora en la edición”. En
Intelectuales, política y poder (pp. 223-268). Buenos Aires: Eudeba.
Chartier, Roger (2008). Escuchar a los muertos con los ojos. Lección inaugural en el
Collège de France. Traducción de Laura Fólica. Buenos Aires: Katz.
Laddaga, Reinaldo (2008). “Otras escenas de literatura. Sobre las letras
argentinas en tiempos recientes”. En Iberoamericana, Vol. VIII, N° 29, pp.
Lahire, Bernard (2004). “Conclusión. Del consumo cultural a las formas de la
experiencia literaria”. En Lahire, Bernard (comp.), Sociología de la lectura
(pp. 179-197). Barcelona: Gedisa.
Martín-Barbero, Jesús (2010). De los medios a las mediaciones. Comunicación,
cultura y hegemonía. Barcelona: Anthropos.
Moscardi, Matías (2015). “La editorial como máquina crítica. Siesta en la poesía
de los noventa”. En Estudios de Teoría Literaria, Año 4, N° 7, pp. 35- 44,
Mar del Plata.
Rancière, Jacques (2009a). El reparto de lo sensible. Estética y política. Santiago:
Lom.
Rancière, Jacques (2009b). La palabra muda. Ensayo sobre las contradicciones de la
literatura. Traducción de Cecilia González. Buenos Aires: Eterna
Cadencia.
Ruffel, Lionel (2015). “Los espacios públicos de la literatura contemporánea”. En Cuadernos Lírico, N° 13. Traducción de Florencia Justo. Disponible en: http://lirico.revues.org/2112
Vanoli, Hernán (2009). “Pequeñas editoriales y transformaciones en la cultura
literaria argentina”. En Apuntes de investigación del CECYP, N° 15, pp. 161-
185.
Vigna, Diego (2014). “Discusiones en torno a la tensión literatura-mercado en la Argentina de la última década: los nuevos formatos de publicación web”.
En Aposta, N° 60. [En línea]
http://www.apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/vigna1.pdf
Williams, Raymond (1980). Marxismo y literatura. Barcelona: Península.
Yúdice, George (2002). El recurso de la cultura. Traducción de Gabriela
DEL ÁGORA AL ESTUDIO DE TV: LO MEDIÁTICO EN LOS ACTOS