COMUNICACIÓN, CIUDADANÍA Y POLÍTICA
DEMOCRÁTICA ¿CIBERDEMOCRACIA? EL CASO PLAN IBIRAPITÁ, DE URUGUAY
Romina Verrua
Maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea – CEA, UNC [email protected]
El siguiente ensayo procura reflexionar sobre la construcción democrática en las sociedades actuales, específicamente intentaremos realizar un abordaje crítico sobre la relación entre las dimensiones política y tecnológica. Una de las
preguntas que orienta el siguiente trabajo es ¿vivimos en sociedades más
democráticas ahora que existen dispositivos tecnológicos que facilitan la participación y la publicidad de actos de gobierno, de modo más rápido y transparente? Así planteada, supone varios conceptos que es necesario desmontar.
La tecnología, otra dimensión
En principio, realizando un recorrido rápido sobre algunas miradas estructuralistas que pretenden comprender lo social, entendemos que uno de los aportes fundamentales a la teoría marxista, fue realizado por Antonio Gramsci con su concepto de hegemonía; por introducir la dimensión cultural a la hora de pensar por qué se mantiene el orden social. Tal transformación de la mirada, también trajo consecuencias en la manera de relacionar política y cultura (Dagnino, 2001). De este modo, pensar lo social implica reflexionar en torno a las dimensiones económica, política, social y también cultural; así como los diálogos y tensiones entre ellas. Sin embargo, resulta necesario reflexionar en torno a otra dimensión: la tecnológica.
Siguiendo a Wiebe Bijker (2005), se hace necesario definir tecnología,
mas no de manera aislada sino de modo relacional, junto a la política. Cuando pensamos en tecnología no nos referimos a miradas clásicas que la entienden
como herramienta o actividad aséptica. Nos paramos desde una perspectiva constructivista: no puede pensarse la esta dimensión como aislada de lo social, es necesario pensarla en su contexto. Tecnología son los aparatos `técnicos´; y también los conocimientos que las personas tienen sobre las máquinas, lo que hacen con ellas y todos los procesos de producción en torno a las mismas (Bijker, 2005:21). Pensarla desde una mirada constructivista implica abandonar la pretensión de objetividad, de un conocimiento aislado (y superior) del resto de las dimensiones de lo social ya “que la tecnología no sigue su propio
momentum, ni un camino racional orientado por las metas y por la mecánica problema-solución, sino que adquiere su forma a partir de factores sociales” (Bijker, 2005:23).
Definir política resulta más complejo, es un concepto que está en
permanente disputa y transformación. Recuperamos la propuesta de Hanna Pitkin (1984), la define como `aquello que haremos todos juntos´, y en tal sentido retomamos el planteo de Dagnino que considera que no es un ámbito circunscrito al Estado, sino que también la sociedad civil forma parte del juego político. Dagnino define democracia como un sistema político en el que diferentes actores disputan derechos, entre los que se cuenta el Estado -como garante- y la ciudadanía como sujeto político activo en la conquista de nuevos
derechos1. Resulta importante considerar aquí las advertencias de Bijker (2005),
quien sostiene que también en el campo de la política se corre el riesgo de caer en determinismos que reduzcan el sujeto político a un experto, reemplazando la política por la tecnocracia.
Retomando la pregunta por qué es importante pensar la tecnología en relación a la política (y viceversa), dice el autor: “la tecnología forma básicamente el mundo político, desde el lenguaje y las metáforas, a las condiciones económicas estructurales y las tecnologías de la comunicación” (Bijker, 2005:37). Es necesario considerar, entonces, que no existe tecnología sin dimensión política, ni régimen político sin tecnología. En este sentido, y en relación a la pregunta inicial, no es este un rasgo distintivo de las sociedades actuales; toda sociedad implica una organización política, un régimen de lo
público y una dimensión tecnológica que la hace posible2. Así como algunas propuestas teóricas profundizan sobre el vínculo cultura y política, o política y
economía, Bijker sostiene entonces, que los gobiernos3 han realizado diferentes
experimentos en torno a la democracia digital, “esperando que las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación ayudaran a resucitar la participación ciudadana en la vida política que se encontraba en declive, dando nuevo vigor a la política local” (Bijker, 2005:39).
Entendemos, entonces, que las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación no pueden ser recetadas como inyecciones de participación universal. Tomar decisiones políticas desde esta mirada, entraña un modo más bien tecnocrático del ejercicio de la política, así como un concepto determinista de la tecnología. Por último, además, preguntamos ¿hablar de democracia
digital no sería ya una manera de pensar la vida política determinada por la tecnología?
Sociedades mediatizadas
Entonces, resulta necesario pensar los sistemas tecnológicos de nuestras sociedades desde perspectivas críticas, que busquen complejizar las respuestas y evitar los determinismos. Habiendo aclarado lo anterior, resulta importante
incorporar otra dimensión: la comunicativa. Si pensamos que la política refiere
a `aquello que haremos todos juntos´, está implicado aquí algún tipo de consenso, resultado de disputas comunicativas entre las personas y colectivos participantes. En este sentido, nos parece importante recuperar el concepto de
mediaciones de Jesús Martin-Barbero. Entendido como “una nueva forma de
estructuración de las prácticas sociales, marcada por la existencia de los medios” (Mata, 1999:84-85). María Cristina Mata, siguiendo a Martín-Barbero, plantea que se dan tres grandes transformaciones en la escena que tienen que ver con la preponderancia que adquieren los medios de comunicación: se sustituyen las instituciones tradicionales de participación ciudadana por los medios de comunicación, se sustituyen también los sujetos clásicos de la política
por sujetos mediáticos y ocurre un cambio de escenario dentro del espacio público: de la plaza a la televisión (Mata, 2000). Se articula la producción de sentido en torno a los medios masivos de comunicación y otras prácticas de significación. Es decir, los sujetos se encuentran atravesados en sus prácticas y sus producciones de sentidos, de manera más compleja y completa que mirar televisión o -podríamos decir también- estar conectados a una red social. Se dio así un salto teórico, se deja de hablar de culturas masivas y comienza a hablarse
de culturas mediáticas, de sociedades mediáticas.
Entendemos que es potente hacer dialogar este concepto con el análisis que venimos desarrollando sobre tecnología y política, ya que el concepto de mediaciones propone pensar que las relaciones sociales se ven transformadas por la existencia de nuevas tecnologías de información y comunicación, que incluye los medios de comunicación, pero también otros dispositivos, como las redes sociales. Siguiendo a Mata (2000) esto configura otro mapa que transforma los espacios y modos de producción de sentidos compartidos, así como los espacios de circulación y de recepción:
La mediatización de la sociedad -la cultura mediática- nos plantea la necesidad de reconocer que es el proceso colectivo de producción de significados a través del cual un orden social se comprende, se comunica, se reproduce y se transforma, el que se ha rediseñado a partir de la existencia de las tecnologías y medios de producción y transmisión de información y la necesidad de reconocer que esa transformación no es uniforme (Mata, 2000: 84-85).
Recuperar esta mirada, entendemos, implica considerar que todos los sujetos están atravesados por la existencia de tecnologías de la información y comunicación. Su estar en el mundo, sus representaciones, significados, maneras de interpretación, modos de relacionarse, están condicionados por la existencia de estas tecnologías. En coincidencia, siguiendo a Bijker, la dimensión tecnológica se considera como otro aspecto relevante en lo social pero que
incide no de modo unilateral -determinista- sino de manera relacional y contextual.
Ibirapitá ¿para qué?
De este modo, nos interesa pensar en los regímenes tecnopolíticos de sociedades actuales. Elegimos el Plan Ibirapitá, un programa aprobado en mayo de 2015 en la República Oriental del Uruguay, que tiene como fin la entrega gratuita de tablets a jubilados y pensionados del país. El programa tiene como destinatarias a las personas mayores que perciban como máximo ocho bases de prestaciones y contribuciones ($26.720 uruguayos en 2016), y prevé la entrega de una tablet, la conexión a internet (inalámbrica o por fibra óptica) y el dictado de un taller de capacitación para el uso del dispositivo.
Primero nos preguntamos ¿por qué resulta relevante para el gobierno nacional garantizar que la población anciana de su país acceda a un dispositivo con conexión a internet? La página oficial del programa, así como los decretos
que lo aprueban sostienen que se persigue la inclusión social, la integración en el
ámbito familiar y social, la igualdad de oportunidades y el acceso al conocimiento. Siguiendo la propuesta de Mata, los adultos mayores también son sujetos
mediados por los nuevos sistemas de información y comunicación. Es decir, no a partir del acceso a esta tablet sino porque las maneras de relacionarse y de producir en el mundo se ven transformadas por la existencia de aquellos. El acceso universal a los cajeros automáticos, la exhibición de los tweets en programas televisivos de entretenimiento, la difusión de videos virales de youtube en los noticieros, las conversaciones en el almacén sobre lo último de las novelas, pueden servirnos de ejemplos. Ahora bien, si retomamos la propuesta de Bijker, resulta necesario pensar que las decisiones son tecno- políticas, es decir, la pretensión de que existan sujetos en todo el país con su
dispositivo tecnológico personal4 entraña objetivos tecnológicos y búsquedas
políticas por parte del gobierno nacional. Es posible considerar esta medida como un `experimento´ (Bijker, 2005) que persigue dinamizar la vida política
mediante la distribución de dispositivos tecnológicos. Al mismo tiempo, podemos pensar que mantener la hegemonía del sistema (Dagnino, 2001) requiere de la conflictiva estabilidad de todas las dimensiones sociales. Se ejerce poder librando batallas y sorteando tensiones permanentes, disputas de las que participa el Estado, pero también la sociedad civil. En este sentido, si recuperamos la mirada de Mata, acceder a los medios de comunicación masivos podría pensarse como un modo privilegiado de acceso a la esfera de lo público. Lo que no significa la anulación de las disputas mencionadas, sino que los medios masivos de comunicación tendrían mayor incidencia en la escena pública. Sin embargo, es importante ubicar también los espacios de expresión que posibilita internet en los cuales participa la sociedad civil. Así, el acceso a las tecnologías de la comunicación e información podría considerarse objeto de disputa para toda la sociedad.
A nuestro criterio, entonces, acceder a estas tecnologías se constituye como una manera de `formar parte´. En un doble sentido, como forma de
construir nueva ciudadanía (Dagnino, 2001) para disputar derechos en el espacio
de lo público. Así como otra propuesta para mantener la hegemonía desde el Estado. En las sociedades mediatizadas existen
«dispositivos a través de los cuales la hegemonía transforma desde dentro el sentido del trabajo y la vida de la comunidad»; los lugares «de los que provienen las constricciones que delimitan y configuran la materialidad social y la expresividad cultural» de los medios masivos (Martin-Barbero en Mata; 2000: 84-85).
Entendemos que el Plan Ibirapitá podría pensarse de manera dual, como una tensión entre sujetos que “quieren formar parte” de aquella nueva ciudadanía y gobiernos que procuran que los sujetos sean ciudadanos, satisfaciendo sus objetivos tecnopolíticos, manteniendo la hegemonía.
Desde esta mirada, entonces, inclusión y acceso que propone el sitio oficial
decisión de entregar tablets gratuitas a jubilados y pensionados no puede ser
pensada como la manera de construir ciudadanía; sería una forma más de
inclusión, mas no la única. Desde la mirada que optamos, las modificaciones la dimensión tecnológica no pueden ser traducidas como transformaciones en
otros ámbitos. De ahí que el término inclusión digital de la página nos haga
preguntarnos ¿es posible que exista inclusión sólo digital?
En ese sentido, no sólo deberíamos afirmar que -como afirma Eliseo Verón- no todas las prácticas sociales se mediatizan de manera homogénea, sino que debería reconocerse que esa capacidad transformadora se revelará en grado desigual y operando distintas alteraciones según los particulares actores de esas prácticas; según los desiguales -y profundamente desiguales- universos materiales en que ellas se desarrollan (Mata, 2000:88).
Entendemos que el desafío es pensar cómo las transformaciones en el ámbito de las tecnologías dialogan con el resto de las dimensiones sociales y producen cambios en las sociedades contemporáneas. En estos tiempos en los que la ilusión de dominar las tecnologías pareciera significar dominar las sociedades, recuperamos las palabras de Hacker y Van Dijk:
una colección de intentos para practicar la democracia sin los límites de tiempo, espacio y otras consideraciones físicas, usando tecnologías de la información y la comunicación, o comunicación mediada por computadora, como un anexo, pero no un reemplazo a las tradicionales prácticas políticas “analógicas” (Hacker y Van Dijk, en Bijker, 2005:25).
Notas
1 En este sentido la autora propone el concepto de nueva ciudadanía, como
aquella que disputa por su `derecho a tener derechos´ y nueva democracia como
un concepto no estático sino transformado históricamente por los sujetos en la arena política.
2 Recuperamos las propuestas de Sergio Caletti en Repensar el espacio de lo
público, sobre la relación entre lo político, lo público y lo tecnológico.
3 Menciona los gobiernos estadounidense y europeos, mas entendemos que
podemos incluir a los latinoamericanos en esto específicamente.
4 El programa Ibirapitá es la propuesta para jubilados y pensionados, y el Plan
Ceibal es el programa que otorga netbooks a niñas y niños escolarizados. Bibliografía
Bijker, Wiebe (2005). ¿Cómo y por qué es importante la tecnología? Buenos Aires:
[s.n.]. [En línea] http://arno.unimaas.nl/show.cgi?fid=5227
Caletti, Sergio (2007). “Repensar el espacio de lo público. Un esbozo histórico
para situar las relaciones entre medios, política y cultura”. En Boletín de la
Biblioteca del Congreso de la Nación N° 123 (pp. 195- 252). Buenos Aires. Escobar, Arturo, Álvarez, Sonia y Dagnino, Evelina (2001). “Introducción: Lo
cultural y lo político en los movimientos sociales latinoamericanos” y “Cultura, ciudadanía y democracia: los discursos y prácticas cambiantes
de la izquierda latinoamericana”. En Política cultural y cultura política. Una
nueva mirada sobre los movimientos sociales latinoamericanos. Colombia: Taurus.
Mata, Ma. Cristina (1999). “De la cultura masiva a la cultura mediática”. En
Revista Diálogos de la Comunicación N° 56, pp.80-91.Lima.
Mata, Ma. Cristina (2000). “De la Presencia a la exclusión. La obliteración del
conflicto y el poder en la escena mediática”. En Revista Diálogos de la
Comunicación N°59-60, pp.166-173. Lima.
Plan Ibirapitá. Inclusión digital de jubilados (2015). “Acerca del Programa
Ibirapitá”. [En línea] http://ibirapita.org.uy/acerca-del-programa-
ibirapita/ [Consulta: 20 de abril de 2016].
Pitkin, Hanna (1984). Wittgenstein: el lenguaje, la política y la justicia. Madrid:
Presidencia de la República Oriental del Uruguay (2015). “Decreto 130/015”.
[En línea] http://ibirapita.org.uy/acerca-del-programa-ibirapita/
[Consulta: 19 de abril de 2016].
Presidencia de la República Oriental del Uruguay (2015). “Decreto175/2015”
[En línea] https://medios.presidencia.gub.uy/legal/2015/resoluciones/09/mef_1
75.pdf [Consulta: 19 de abril de 2016].
Stiegler, Bernard (2002). La técnica y el tiempo, volumen I: El pecado de Epimeteo.
POLÍTICAS DE PROGRAMACIÓN Y PRODUCCIÓN LOCAL EN LA