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Democratizar el empleo y el trabajo dignos

La segunda premisa que plantea el Informe sugiere actuar en el ámbito de la democratización de un ingreso digno y de condiciones laborales adecuadas. La relevancia que adquieren las acciones en este campo radica en que en la estructura de los ingresos de los hogares no sólo inciden las desigualdades históricas —las brechas de género, etnia y lugar de residencia—, sino que a éstas se suman nuevas desigualdades que atañen al tipo de inserción ocupacional, el nivel de educación alcanzado, la mayor o menor cercanía a los mercados nacionales, la mayor o menor inserción en el comercio internacional y, en los últimos tiempos, las posibilidades de acceder a remesas de familiares del exterior, aspectos desarrollados a lo largo del Informe.

El limitado logro educativo, la baja calidad de la educación y una currícula poco adecuada a las vocaciones productivas locales y a las especificidades de la demanda laboral, constituyen también importantes restricciones para centenas de jóvenes profesionales a quienes la baja competitividad del mercado laboral formal les impide generar una dinámica propia que motive la calificación laboral y genere incentivos para construir una economía intensiva en mano de obra. ¿Cómo resolver esta segunda restricción?

15 Para una referencia sobre distintas experiencias mundiales, en especial las de Noruega, Venezuela y Kuwait, ver Katherina Capra y Pablo Ernesto Evia, 2007. “Fondo de estabilización”.

La complejidad en este campo es evidente. Bolivia ha avanzado mucho en años recientes en la democratización del acceso a la tierra, la capacitación laboral y el acceso a capital. En especial los esfuerzos de distribución y sanea- miento de tierras desde el año 2005, permi- tieron el saneamiento de 46 millones de hec- táreas hasta el año 2010, cinco veces más que en el periodo 1996-2005. Los esfuerzos futu- ros debieran concentrarse en políticas que se detengan en la eficiencia de los factores de manera que se logre una mejor distribución de la riqueza a través de mejoras en la pro- ductividad.

Fortalecer el régimen de bienestar de los hogares

En Bolivia, el comportamiento de los hogares en torno a las posibilidades de generar ingresos es complejo. La decisión de participar en el mercado laboral tiene implicaciones en el régimen de bienestar del hogar, pues afecta las posibilidades de conciliación entre el trabajo remunerado y no remunerado, especialmente en el caso de las mujeres. Dos aspectos parecen clave en este ámbito: políticas orientadas a la reorganización del tiempo de trabajo y acciones orientadas a la “economía del cuidado” que abarca tanto el trabajo no remunerado como el cuidado infantil y de adultos mayores.

La evidencia internacional sugiere que más que cambios orientados específicamente al mercado laboral —flexibilización laboral en particular—, intervenciones integrales tienen mayores probabilidad de éxito porque hacen más atractiva la especialización laboral en el mediano plazo. Las intervenciones integrales incluyen políticas sociales, políticas de género, políticas de asistencia financiera, y de capacitación laboral que complementen el régimen de bienestar asociado a la informalidad, a los emprendimientos familiares y a la inserción laboral de jóvenes y mujeres.

Más que una política unidimensional (laboral), la creación de una economía intensiva en mano de obra requiere políticas que atiendan a todas estas dimensiones (al régimen de bienestar en general, más que al mercado laboral en particular).

oportunidades de empleo y generación de empleos de alta productividad

Nuevos pactos productivos entre los sectores transables y no transables de la economía podrían ligar incrementos de la productividad laboral con mejoras en estándares laborales y ambientales. Los sectores dinámicos de la economía tienen un potencial de expansión que incentiva la calificación laboral y mejoras en la remuneración.

Bolivia importa millones de dólares en pro- ductos textiles, alimentos y productos agríco- las que podrían ser producidos en el país y los excedentes redistribuidos entre miles de pro- ductores, comunidades y empresarios nacio- nales, a través de políticas agresivas que pro- muevan la productividad de estos sectores y motiven el consumo de productos bolivianos. Apostar por el mercado nacional en térmi- nos de consumo puede ser una alternativa de redistribución de ingresos al interior del país. Las importaciones de productos cuya produc- ción y transformación, además, depende fuer- temente del uso de mano de obra, muestran que existe mucho espacio aún para promover el desarrollo productivo en el país a través de mercados locales.

La economía boliviana no necesita seguir basada en la abundancia de recursos naturales primarios y mano de obra barata; tiene dentro si sectores y bolsones de crecimiento que identifican vías alternativas de desarrollo. El informe La Otra Frontera, publicado por el PNUD en 2008, describe una veintena de experiencias exitosas de desarrollo que no dependen de mano de obra barata y recursos naturales primarios. Estas experiencias son percibidas como procesos aislados en localidades y comunidades dispersas, pero juntas describen el embrión de un motor dinámico y altamente movilizado de la economía boliviana.

Las políticas laborales y productivas debe- rían orientar los esfuerzos para impulsar aquellas actividades económicas que usan de manera intensiva mano de obra, generando articulaciones entre los sectores que crecen más, y los que son más intensivos en gene- ración de empleo. El año 2007, cinco sec-

tores de la economía nacional: agricultura, comercio, servicios, industria manufacturera y construcción, generaban el 89% del empleo y contribuían con 64% del PIB. Al mismo tiempo, ocupaban 4,1 millones de personas generando ingresos para 831 mil hogares.

Nuevas alianzas entre actores productivos de la industria, la agricultura y el comercio pueden ser la base para un “pacto productivo” con efecto multiplicador y sinérgico al inte- rior de la propia economía boliviana. Políti- cas que combinen el “compro boliviano” y el “vendo boliviano” permitirían articular secto- res y actores de la economía boliviana.

No olvidar la

institucionalidad laboral

Finalmente, un campo con alto poten- cial de trabajo en Bolivia es el de la conci- liación entre la eficiencia del mercado y la protección de los trabajadores. Este ámbito adquiere una importancia particular en el caso boliviano ya que las características del mercado laboral combinan una baja protec- ción laboral, con una baja protección social. La formalización de las relaciones laborales puede ser un primer paso para el reconoci- miento y ejercicio de los derechos labora- les. Entre los instrumentos que se sugiere a nivel internacional, las opciones abarcan el desarrollo de un sistema de regulación de actividades informales que incorporen los derechos laborales en empresas informales, la protección y seguridad de relaciones con- tractuales difusas, y la protección social para los trabajadores informales.

Fortalecer la interculturalidad