la migración temporal, los patrones de presti- gio que introducen los residentes, la generali- zación de ingresos monetarios55 y los mejores
ingresos en la ruralidad emergente se tradu- cen en cambios en los valores y hábitos de la población, según sus protagonistas.
“
Trabajo año redondo, pero me doy también semanitas de vacación. Voy a Santa Cruz a pasear con mi familia cada año una sema- nita. También voy a otros lugares. Este año me he ido al Chapare. Una vez al año, por- que no hay tiempo para salir. Hay que tra- bajar fuerte.”Agricultor, sevAruyo don Liderato y doña Herminia lideran la expansión de la pro-
ducción de quinua en sevaruyo, una localidad en la que 35 em- presas se dedican a recolectar y comercializar quinua, según el Pnud. Propietarios de dos tractores confiesan soñar, como muchos otros productores, con obtener certificación de calidad que garantiza el cumplimiento de normas internacionales du- rante toda la cadena productiva y que resulta imprescindible para exportar a mercados de europa, estados unidos de nor- teamérica y Japón, entre otros. eludirían así a las empresas que acopian y comercializan quinua y se convierten en intermedia- rias entre ellos y el mercado.
La ampliación del cultivo de quinua sin duda ha mejorado el nivel de ingresos de los indígenas, sin embargo esta historia de éxito productivo desvela otra cara, que es descrita por sus prota- gonistas:
“ antes las llamas abonaban los bosques, pero ahora los dueños están liquidando a sus animales para sembrar quinua y pronto no va haber abono”.
“ Por eso los terrenos están irreconocibles. antes estaban llenos de leña, de pasto. esa protección había. ahora todo está pela- do. el viento todo se va a llevar y con el tiempo creo que no va a producir mucho.”
“ sembramos quinua, pero le estamos chupando todo el alimen- to que había”.
La expansión del cultivo de quinua parece imparable aunque, como se desprende del anterior relato, está produciendo un tri- ple desequilibrio ecológico. Primero, el uso intensivo de la tierra impide la rotación cíclica de cultivos, lo que acelera la erosión del suelo; segundo, la sustitución de la ganadería por la agricultura está liquidando la producción de abono animal, imprescindible para evitar la degradación de la tierra, así como su reemplazo por insumos químicos; y, tercero, la combinación de ambos factores está incidiendo en la deforestación y erosión de la tierra.
“Ganado y quinua tienen que ir como chacha-warmi”
Conscientes de que la producción extensiva de quinua está dañando la tierra, el productor más grande de sevaruyo plan- tea la combinación de agricultura y ganadería para el manejo agropecuario sostenible. usa el término aymara chacha-warmi,
que se refiere a la complementariedad armónica hombre-mujer en las relaciones.
Fuente: Pnud, 2008. Pnud, 2009 y María eugenia Choque, 2009. reCuadro
La práctica del turismo interno entre los agricultores globalizados habla no sólo de mejoras en sus ingresos, sino de la introduc- ción de un hábito propio de consumo urbano que supone la incorporación del concepto de tiempo de ocio en la mentalidad andina.
Por otra parte, el relato siguiente muestra la discriminación de los bolivianos en el exte- rior, que se refleja en la desvalorización del territorio de origen, de la propia identidad y en las negociaciones de identidad que reali- zan los emigrantes en el proceso de inserción en los destinos trasnacionales, que muchas veces suman pérdidas más que ganancias.
“
Mi hermana se ha ido al Brasil. Ya tiene su esposo brasilero. Mi hermana viene pero su esposo no. Mi hermana dice que tiene vergüenza traerle por este lado. ‘Tengo ver- güenza’ dice ‘que me diga que soy de este lado. Es mucha tierra’.”Agricultor, sevAruyo
3.3. una nueva ruralIdad es PosIble. accIones PúblIcas frente a los retos de las desIgualdades en el mundo Indígena orIgInarIo
“
Hay que agarrar al toro del desarrollo por las dos astas: la de la tradición y expectativa local aymara y la de la sociedad y economía más amplia con la que está íntimamente ensam- blada. Años atrás se hablaba de la articula- ción de modos de producción. Ahora de inter- culturalidad. Pero en el fondo el problema es el mismo: cómo afrontar un desarrollo que ni nos encapsule en un pasado que ya pasó —valga la redundancia— ni nos diluya en un futuro ajeno pensado sin actores.”xAvier Albó
Visiones de desarrollo en comunidades aymaras. Tradición y modernidad en tiempos de globalización
Muchos de los casos de movilidad social estudiados en este capítulo muestran una asociación poderosa con esfuerzos indivi- duales más que con dictámenes de política
56 Sobre el agotamiento del proceso de urbanización en Bolivia ver la Introducción del presente Informe.
pública. Se trata más del instinto de los acto- res para encontrar nuevos territorios y nichos de mercado en los cuales insertarse laboral- mente que sólo mejoras en la distribución estatal de oportunidades y activos. Cabe pre- guntarse, por ejemplo, si la ampliación de la cobertura educativa o la creación de TCO son suficientes para explicar los esfuerzos desa- rrollados por la constelación de actores de los distintos pueblos originarios que se lanzan a las aguas procelosas de la migración interna o internacional y/o al desarrollo de iniciativas productivas exportadoras; o si se trata más bien de entender que detrás de muchas de las historias de movilidad social ascendente de integrantes de los pueblos originarios pesa más su capacidad de trabajo y de privación que la gestión estatal. Sus experiencias labo- rales son pistas sobre los elementos que han hecho posible que algunos integrantes de los pueblos originarios hayan logrado cambiar las condiciones de pobreza y desesperanza en las que viven. Su inclusión en el diseño de las intervenciones públicas tendría un impacto importante en los hogares de quienes se man- tienen en sus comunidades para anclar en ellas a las nuevas generaciones. Se aseguraría así que la movilidad individual atomizada se transforme en movilidad estructural.
Frente al reto que suponen, entre otros aspectos: i) el agotamiento del modelo de urbanización, que acercó a un importante número de emigrantes rurales a los servi- cios básicos urbanos56; ii) los fuertes límites
de crecimiento de la economía de subsisten- cia rural; iii) el mantenimiento de los flujos rurales; y iv) el impacto de la inmigración en la calidad de la vida urbana, se rescata de las narraciones de los integrantes de los pueblos indígenas analizadas a lo largo de este capí- tulo, las siguientes propuestas:
~ Políticas públicas territorialmente diferen- ciadas, que reconozcan la especificidad de la desigual distribución de oportunidades.
~ El crecimiento sostenido de la inversión pública en localidades intermedias que fortalezca su infraestructura urbana y apoye emprendimientos productivos, en el marco del sistema autonómico.
~ Políticas productivas que acompañen la conclusión del proceso de redistribución de tierras que aminore la inequidad de oportunidades y mejore las condiciones de reproducción de la economía de los pue- blos originarios.
~ Apoyo a la articulación de la economía de los indígenas originarios al mercado -interno e internacional- como espacio de oportunidad para la ampliación de la escala de su producción agrícola.
~ Fortalecimiento de la protección laboral y de redes de atención a grupos especial- mente vulnerables en el campo boliviano: jóvenes, mujeres y ancianos.
Se produciría así la revalorización del campo como espacio de oportunidades que evite su despoblamiento y el envejecimiento de su población, quebrando el techo de vidrio
de la producción de subsistencia, revirtiendo los procesos migratorios, y permita una nueva ruralidad.
El gráfico siguiente presenta cuatro espa- cios sociales o cuadrantes en los que se encuentran los distintos grupos que los componen, de acuerdo con sus posibilida- des de acceso a oportunidades —entendidas como recursos—, el impacto de la desigual- dad territorial en sus condiciones de vida y el resultado de las estrategias que desarrollan para enfrentarlas. Veamos cómo se sitúan los habitantes de los pueblos indígena origina- rios en el espacio social rural.
En el cuadrante en el que coinciden la desigualdad debida a las características terri- toriales y la dificultad en el acceso a recursos, se identifican dos grupos. Por una parte, los
productores establecidos en territorios cuyas condiciones climáticas —sequías e inun-
gráfiCo
daciones— les obligan de manera cíclica a reiniciar desde cero las bases de su econo- mía. Por otra, los asalariados agropecuarios
que por su difícil acceso al recurso tierra y la desprotección estatal en la regulación de las relaciones de trabajo en las haciendas se encuentra en situación de alta vulnerabili- dad. Son los dos grupos con menores posibi- lidades de movilidad social.
El cuadrante inferior izquierdo marcado por mejores condiciones territoriales pero en el que las barreras a la movilidad son impor- tantes, corresponde a los productores origina- rios tradicionales de tierras altas y tierras bajas, cuyas posibilidades de acceder al mercado limitan las oportunidades de escapar de la escala de sus economías de subsistencia.
Las oportunidades de alcanzar más recur- sos —principalmente mercados y servicios urbanos—, estrechamente ligadas a la emi- gración, colocan en el mismo cuadrante a los
campesinos migrantes quechuas y aymaras que cambian de lugar de residencia y de estrate-
gia de reproducción para dedicarse al comer- cio, junto a los migrantes de tierras bajas que se movilizan a ciudades intermedias cercanas a sus comunidades de origen.
Los grupos indígena originarios que ocu- pan el espacio social con mejores condiciones territoriales y de acceso a recursos correspon- den tanto a quienes han emigrado a centros urbanos pero mantienen un fuerte nexo pro- ductivo y social con sus comunidades, como a quienes en el campo y desde labores agrícolas ligadas a la exportación han logrado expandir sus economías.
La ubicación de los actores sociales en esos cuadrantes define las posibilidades de movi- lidad social, pero al mismo tiempo obliga a reflexionar sobre el hecho de que las diferencias que definen territorio y oportunidades precisan de intervenciones públicas diferenciadas
De la capacidad de responder a los retos estructurales y familiares que implica la des- igualdad de los indígenas originarios depende la posibilidad de una nueva ruralidad más justa.