El cuarto rasgo que caracteriza el patrón de transformación de la sociedad boliviana es la persistencia de las desigualdades his- tóricas (condición étnica, de género y entre áreas urbanas y rurales). Estas desigualda- des son evidentes, como lo refleja la compo- sición de los extremos de la pirámide social resultante de la estratificación de la pobla- ción según el ingreso per cápita del hogar (ver gráfico 5).
El año 2007, el extremo superior de la pirámide, el estrato alto —aquél que agrupa al 5% de los hogares con mayor ingreso per cápita— reúne a 496 mil personas. La pobla- ción es predominantemente urbana (90%) y no indígena (63%). La población ocupada, de la que forman parte 291 mil trabajadores, se dedica principalmente a actividades del sector formal: 22% están insertos en el sector estatal y 44% en el empresarial. La rama de activi- dad económica más común es la de ventas y reparaciones (17%), seguida de la educación (15%), manufacturas (10%) y de la adminis- tración pública y defensa (9%).
En el otro extremo —en el estrato bajo de ingresos— se concentran los hogares cuyo ingreso per-cápita era menor a la línea de pobreza moderada estimada para el año 2007. El perfil de este estrato es predomi- nantemente indígena (58%) y aún mantiene una importante presencia en áreas rurales (47%). Los 2,8 millones de ocupados que componen este estrato se dedican princi- palmente a actividades agrícolas (53%), un importante porcentaje al sector de la indus- tria extractiva (15%), y otro tanto al de servi- cios (12%). El 75% realiza actividades dentro de la economía familiar, en actividades eco- nómicas diversas.
Al mismo tiempo, las brechas en indica- dores de bienestar entre grupos ilustran la persistencia y reproducción de desigualdades que representan restricciones en la acumula- ción básica de capacidades. Estas desigualda- des afectan especialmente a las mujeres, la población indígena, las comunidades rura- les y los hogares más pobres. Así lo refleja la acumulación de desigualdades en el logro educativo calculadas para el año 2007 (ver gráfico 6).
GR áF IC O 5 Di strib uc ión de l a po bl ac ión se gún e str at os de in gr
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5. Ampliación del estrato
medio de ingresos
En medio de profundas desigualdades, la población boliviana encuentra día a día vías concretas de movilidad social: la migración interna y externa, la educación y los emprendi- mientos en el mercado informal son las estra- tegias más comunes. Como resultado de este esfuerzo, entre otros factores, en el periodo 1999-2007, el estrato medio de ingresos cre- ció de 30 a 36%13. Un ritmo de crecimiento
anual promedio de 138 mil personas entre las cuales se incorporan nuevos grupos sociales y nuevas identidades.
El año 2007, 3,6 millones de bolivianos y bolivianas ocupaban el estrato medio de ingresos. El 82% de la población habitaba en áreas urbanas y cuatro de cada diez personas eran indígenas. Aunque la mayor parte de la población ocupada en este estrato (65%), estaba inserta en actividades del sector ter- ciario (servicios y comercio) y un importante porcentaje se dedicaba a actividades del sec- tor secundario (industria manufacturera y extractiva).
La relevancia de este grupo en términos del bienestar no sólo radica en que el nivel de ingresos de los hogares supera la línea de pobreza, sino en que también logra un mejor cumplimiento de los derechos sociales. Esta situación se refleja en la comparación de algu- nos indicadores con relación al estrato bajo: un promedio de escolaridad de nueve frente a seis años; y una afiliación a un seguro médico de salud de 73 frente a 55%.
Este estrato, sin embargo, no está exento de contradicciones y de amplias desigualda- des. Se estima que cerca de 2,3 millones de personas del nuevo estrato medio forman parte de un medio “vulnerable”, población cuyo ingreso per cápita del hogar oscilaba el año 2007 entre una y dos líneas de pobreza.
13 Para propósitos de este Informe se ha delimitado el estrato medio al rango de ingreso per cápita del hogar com- prendido entre Bs. 463 y 2.041, que corresponden a la línea de pobreza moderada del año 2007 y al 95vo percentil de la distribución del ingreso, respectivamente.
GRáFICO 6 La acumulación de desigualdades históricas en educación, 2007
Fuente: elaboración propia sobre la base de eH 2007, iNe.
GRáFICO 7 La ampliación y vulnerabilidad del estrato medio de ingresos (1999-2007)
Las percepciones sobre la desigualdad en los estratos medios que emergen de los estu- dios de caso realizados en las ciudades de La Paz, Santa Cruz, El Alto y Cochabamba, per- miten identificar particularidades en cada una de estas sociedades urbanas. En El Alto este grupo encuentra barreras en el desarrollo de sus actividades como profesionales, por lo que los pequeños emprendimientos produc- tivos y/o comerciales y el doble empleo son adoptados como estrategias para enfrentar los obstáculos de su inserción en el mercado de trabajo. La escasa calificación de la mano de obra y la debilidad del servicio público de for- mación profesional son consideradas como barreras que dificultan contar con la mano de obra necesaria para el crecimiento de sus emprendimientos.
La reducida retribución salarial que reci- ben los trabajadores dependientes de los estratos medios en Cochabamba, figura en su criterio como uno de los principales obs- táculos para mejorar sus condiciones de vida. A este grupo se contraponen los emigran- tes bolivianos que regresan a Cochabamba, irrumpiendo como un nuevo colectivo social con un capital económico y patrones de com- portamiento que compiten con la clase media tradicional.
La profesión altamente calificada es con- siderada entre los estratos medios de la ciu- dad de La Paz como una vía de incorporación competitiva en un mercado de trabajo cada vez más exigente. Mientras que la vía de post- formación de profesionales se percibe como cimiento para entrar o mejorar posiciones en el mercado laboral.
Los hábitos de consumo y las redes sociales son referentes con los que se autodefinen los estratos medios en Santa Cruz, pues operan como factores centrales en el proceso de asig- nación de prestigio social. Al mismo tiempo, la pertenencia a fraternidades y comparsas de car- naval proporciona apoyos para el desempeño de los grupos sociales en el mercado laboral.
6. Nuevas desigualdades
materiales: informalidad,
calificación y remesas
En la estructuración de los ingresos del hogar no sólo inciden las desigualdades tra- dicionales —las brechas de género, etnia
y lugar de residencia—, sino que a éstas se suman disparidades adicionales que atañen a la segmentación del mercado laboral urbano (formal-informal), las posibilidades de gene- rar mayores ingresos a través de remesas internacionales, y las diferencias de acceso y logro educativo.
La inserción en un mercado laboral seg- mentado adquiere una importancia particu- lar. Un ejemplo de la dinámica de las des- igualdades en el mercado laboral se retrata en el gráfico 8, que evidencia importantes bre- chas en el ingreso laboral en el área urbana, según distintas características. El ingreso laboral promedio mensual el año 2007 era de Bs 1.525 bolivianos, monto que se reduce a Bs 1.148 para una persona ocupada en el sector informal, y aumenta a Bs 2.280 en el caso de una persona inserta en el sector for- mal. Las brechas entre hombres y mujeres, y entre la población indígena y no indígena, siguen siendo importantes y reproducen las condiciones de desigualdad ya descritas para el campo de la educación.
Al mismo tiempo, la retribución al empleo revela diferencias importantes entre ocupa- ciones, desigualdades que se asocian a nive- les distintos de calificación. Para el año 2009, el Informe estima que las ocupaciones mejor remuneradas son los profesionales, propieta- rios y gerentes quienes alcanzaban un ingreso promedio mensual de Bs 3.800; seguida de los trabajadores por cuenta propia y profe- sionales independientes en actividades dis- tintas a la agricultura, quienes declararon un ingreso laboral promedio de Bs 3.100. Entre los profesionales y técnicos de nivel medio, el ingreso declarado alcanzaba a Bs 2.500. El ingreso laboral en estas ocupaciones alta- mente calificadas es muy superior al ingreso que generan los trabajadores no calificados de distintas ramas de la economía, para quienes la retribución promedio al trabajo no supera los Bs 1.000.
Un factor que representa una oportunidad real de incrementar los ingresos del hogar son las remesas enviadas desde el extranjero por la población migrante. El año 2008, el valor de las remesas registradas por el Banco Central de Bolivia alcanzó a 1.000 millones de dólares, monto casi tres veces superior a la Ayuda al Desarrollo (AOD) y el doble de
la Inversión Extranjera Directa (IED) regis- tradas para el mismo año. Las remesas cons- tituyen un medio concreto para aumentar el ingreso del hogar. Se estima que en su ausencia el ingreso promedio de los hogares que las reciben se reduciría en 43%, y 160 mil personas caerían por debajo de la línea de pobreza. Si bien el Informe no profun- diza sobre el impacto de las remesas en la desigualdad global, se estima que éstas inci- den en aumentos de la desigualdad, en tanto quienes las reciben pertenecen a los hogares de los quintiles de ingreso medio.
7. Nuevas desigualdades
simbólicas: estilos de vida
que transforman identidades
La emigración rural, el consecuente creci- miento de las ciudades, la reconfiguración de los mercados de trabajo urbanos, los cambios políticos y el impacto de la globalización eco- nómica, de la información y la comunicación virtual, están transformando a la sociedad boliviana contemporánea. En este contexto emergen nuevas desigualdades simbólicas. ¿Cómo perciben los bolivianos y las bolivia- nas que viven en las ciudades los cambios ocurridos en las identidades?
La etnicidad figura en el imaginario de la población boliviana como el componente más fuerte de las identidades. Piel, indumentaria, habla y riqueza son nombrados como los elementos sobre los que transitan la discri- minación y las tensiones sociales. Al mismo
tiempo, los bolivianos han construido en los últimos años una serie de nuevas identidades en las que se reconocen o con las que descri- ben a los demás.
Así, Jailones nombra a los estratos socioeco- nómicos más altos de La Paz mientras que
Negociantes es como se denomina la nueva burguesía popular de El Alto. Provincianos
es como se reconocen a sí mismos quienes llegan del campo a La Paz, en tanto que son llamados Paisanos los migrantes andinos en el Beni. Las Familias tradicionales de Cocha- bamba están integradas por profesionales. Los estratos medios en la ciudad de El Alto se designan a sí mismos como los Buenos Alte- ños, y la cruceña como Gente bien.
Esas identidades reflejan los desplaza- mientos poblacionales, las experiencias de los emprendedores bolivianos y la persisten- cia de desigualdades materiales, porque son formas de señalar las diferencias entre ricos y pobres. También muestran desigualdades simbólicas, que resultan de la desigual distri- bución del poder social basado en la clasifica- ción que las personas realizan de bienes a los que atribuyen ciertos valores, así como de los individuos que los poseen. Estas desigualda- des intervienen como obstáculos en algunos casos, y como oportunidades de movilidad social en otros.
La desigual distribución de poder social se expresa en integración social pero tam- bién en exclusiones y discriminaciones. Unas veces el éxito material no coincide
GRáFICO 8 Desigualdades en el ingreso laboral promedio en áreas urbanas (Bs/mes), 2007
con el social, como es el caso de las Nego- ciantes de El Alto quienes sienten discrimi- nación por su baja escolaridad, situación que compensan con el reconocimiento social que obtienen por su participación en cada vez más lujosas fiestas patronales. En otras, como en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, el logro económico se fortalece por la vía de la integración/exclusión en las redes sociales formadas por comparsas y fraternidades sociales. En Cochabamba, al igual que en otras ciudades, el control del territorio urbano marca los límites entre los grupos sociales.
ImplIcacIonEs y campos dE accIón para un cambIo socIal con Igualdad
¿Qué desafíos de política pública emer- gen de esta radiografía de nuevas y viejas desigualdades en Bolivia? Sin duda el desa- fío central apunta a la necesidad de extender a todos los bolivianos y bolivianas, el ejerci- cio de los derechos a una educación y salud de calidad, buenos ingresos, buenas condi- ciones laborales, y que sean reconocidos por sus pares como iguales. Los hallazgos de este Informesugieren una reflexión sobre la urgencia de reducir las desigualdades en los próximos años, e invocan a realizar nuevos pactos territoriales a favor de una “sociedad de iguales”.
La desigualdad debería ocupar un lugar central en las decisiones de políticas futuras. Por ello, el primer paso radica en comprender que con la desigualdad, todos perdemos. El segundo paso implica reconocer que los suje- tos de las políticas públicas son actores diver- sos. Y el tercero consiste en definir tres pre- misas guía para acciones futuras: la universa- lización de los derechos sociales, la democra- tización del empleo y el trabajo dignos, y el fortalecimiento de la interculturalidad.
1. Con la desigualdad
todos perdemos
La primera noticia, en materia de polí- ticas públicas, que emerge de este análisis apunta a promover acciones en pos de la
igualdad en los distintos niveles territoria- les. El Informe estima que la pérdida en desarrollo humano que produce la desigual- dad en los municipios oscila entre 4 y 34% (0,033 y 0,230 puntos) del índice de Desa- rrollo Humano. Según este ejercicio, rea- lizado para el año 2001, el municipio con mayor desarrollo humano corregido por desigualdad sería Cobija, capital del depar- tamento de Pando; y el con menor índice, el municipio Tacobamba, perteneciente a la provincia Saavedra del departamento de Potosí. Como resultado de esta pérdida, la posición de los municipios en el ranking de desarrollo humano plantea nuevos desafíos a las políticas públicas locales.
Resaltan las posiciones que ganan algu- nas ciudades intermedias y del área metro- politana de Santa Cruz, como Pailón, Cotoca y La Guardia, que se ubican entre los veinte lugares del ranking municipal. En el otro extremo, la desigualdad afecta a munici- pios de varios departamentos del país. Así, la mancha de municipios con menor desa- rrollo humano, esta vez penalizado por desigualdad, abarca varios municipios de los departamentos de Chuquisaca, Potosí y Cochabamba.
Asimismo, las capitales de departa- mento que sufrirían las mayores pérdidas serían Sucre y Potosí, que caen de los pues- tos 12 y 16 a los puestos 38 y 40, respecti- vamente. Cochabamba cae del primero al quinto lugar, La Paz del tercero al cuarto y Oruro del noveno al onceavo, en tanto que Santa Cruz se mantiene en la segunda posición. Las capitales de departamento que suben son Trinidad, Tarija y Cobija, cuatro, diez y trece posiciones, respectiva- mente, alcanzando esta última el primer lugar con el ajuste, desplazando incluso a los municipios capitales del eje central del país.
En este escenario de profundas brechas entre departamentos y municipios, y al inte- rior de los mismos, la incorporación de medi- ciones de desigualdades en el logro de indi- cadores sociales en la planificación departa- mental y municipal parece una tarea inelu- dible para asegurar un proceso autonómico democratizador de derechos.
2. Los sujetos de políticas,
actores diversos
La segunda noticia objeto de atención de políticas públicas es la nueva estructura social emergente de la transformación de la socie- dad que plantea nuevos retos para la acción. Los sujetos de políticas orientadas a reducir desigualdades son actores diversos y enfren- tan distintas restricciones a su bienestar.
El primer grupo enfrenta restricciones que impiden la acumulación básica de capacidades
para el desarrollo humano. El año 2007, cerca de seis millones de personas vivían en condiciones de pobreza, y cerca de 3,7 millones en condiciones de pobreza extrema. Las limitaciones asociadas a la pobreza incluyen problemas de desnutrición, bajo nivel educativo y baja esperanza de vida, que son privaciones de derechos fundamentales y a la vez se constituyen en las mayores restricciones al logro de oportunidades a lo largo del ciclo de vida. Son sujetos de políticas aquellos habitantes urbanos de los estratos de ingreso más bajos, que independientemente del origen étnico, viven en condiciones de
pobreza. Se suman también a este grupo los pueblos indígenas que habitan áreas rurales alejadas y que enfrentan serias limitaciones al crecimiento de la economía rural de subsistencia. En muchos casos se trata de poblaciones expuestas a vulnerabilidades climáticas, inundaciones y sequías. Las políticas para estos actores se mueven sobre todo en el ámbito de la política social y territorial donde predomina la pobreza extrema en el país.
Para el segundo grupo las limitaciones estructurales se relacionan con el mercado laboral, y se traducen en restricciones de pro- ductividad, capacidad de emprendimiento, espe- cialización y educación. Se trata de la pobla- ción que hoy forma parte del estrato medio de ingresos, es decir, cuyo ingreso familiar per cápita mensual supera la línea de pobreza, pero que aún enfrenta una alta vulnerabilidad de caer por debajo de la misma. Este grupo de actores, que reúne a 2,3 millones de personas, agrupa a un millón de ocupados con una edad promedio de 36 años, y una escolaridad que no alcanza la secundaria. Un gran número de
MAPA 3 IDH municipal 2001
trabajadores en este sector se dedica a acti- vidades semiempresariales y familiares. Las políticas para estos actores se mueven sobre todo en el ámbito de las políticas laborales y productivas que promuevan una distribución más equitativa del ingreso.
El tercer grupo de actores, no se concentra en un estrato en particular, reúne a los diez millones de bolivianos y bolivianas, quienes enfrentan restricciones que limitan la intercul- turalidad. Esta temática involucra a toda la población boliviana porque es un requisito indispensable para la convivencia armónica en una sociedad diversa. Cerca de tres millo- nes de bolivianos y bolivianas habitan en una localidad distinta a la de su lugar de origen. Al mismo tiempo, tres de cada diez bolivia- nos se sienten discriminados; las causas más frecuentes de dicha discriminación son: “el color de la piel”, “la manera de hablar”, “el origen étnico” y “el no tener dinero”. Esta situación de discriminación plantea la impo- sibilidad de convivir en armonía en una sociedad que acoge a una diversidad de cul- turas. Las acciones para fomentar la inter- culturalidad deberían promoverse en varios campos, y requieren acciones con especial intensidad en las ciudades y centros urbanos intermedios receptores de flujos migratorios importantes.
3. tres premisas para asegurar
un cambio social con igualdad
Frente a este complejo escenario, ¿qué priorizar? Tres premisas pueden ser orien- tadoras de un cambio social con igualdad: i) la universalización de los derechos sociales, ii) la democratización del empleo y el trabajo dignos y iii) la interculturalidad como condi- ción de convivencia, reconocimiento y unidad en la diferencia.