Introducción
Este Capítulo ayuda al profesional de la psicoterapia a considerar el difícil pero muy importante proceso de desarrollar un estilo terapéutico, un tema que continúa recibiendo mínima atención en la literatura psicoterapéutica. Por lo tanto hemos intentado aquí mostrar un procedimiento inicial para ayudar a los terapeutas a conceptuar, y luchar con el desarrollo de un método de trabajo, esto es un estilo.
Panorama
Como formador de terapeutas, me preocupa mucho en nuestra profesión la falta de atención a varios elementos básicos que fundamentan el desarrollo de un estilo terapéutico. Estos elementos incluyen la necesidad de:
• honestidad intelectual
• una terapia competente para terapeutas
• entrenamiento de posgrado de suficiente magnitud y amplitud para permitir a los terapeutas desarrollar habilidades en psicoterapia de profundidad
• desarrollar habilidades de evaluación del self a través de introspección y supervisión.
Sin compromiso con estos elementos, no puede construirse el estilo necesario para ser verdaderamente un terapeuta efectivo. Como fundamento de la construcción de un estilo está el concepto básico de darse cuenta (awareness). Este Capítulo presupone que, en su entrenamiento, los terapeutas han desarrollado suficientes habilidades de darse cuenta para ser capaces de experimentar y reportar su proceso interno momento a momento, y comprometerse de por vida a aprender acerca de la aventura del autodescubrimiento. En este proceso, la terapia y la supervisión juegan un papel fundamental. Este Capítulo fue concebido basado en el marco de una relación profunda de psicoterapia para el desarrollo de un estilo terapéutico. Sistemas teóricos opuestos colocan al terapeuta en diferentes roles. Esta discusión se dirige específicamente a terapeutas que:
• Están comprometidos intelectual, filosófica y teóricamente con la participación persona a persona del encuentro terapéutico.
D.R. © DPO, Instituto Universitario Carl Rogers, 2012.
• Creen que la relación terapéutica puede ser la arena para la emergencia y experimentación de nuevas experiencias así como la expansión de las fronteras.
• Creen que exponerse a sí mismos en función del proceso (pero solamente del proceso) es importante.
Con estas ideas en mente, podemos empezar ahora a revisar el proceso de desarrollar un estilo terapéutico.
Plantearte las preguntas básicas
En nuestro modelo, la introspección y la evaluación constante del self son partes importantes para construir un estilo de terapia. Siguiendo esta idea, planteamos una serie de preguntas para que el terapeuta interesado en construir su estilo de terapia responda y discuta con sus colegas en un programa de entrenamiento para encontrarse a sí mismo. Estas preguntas actúan como un marco de referencia para fundamentar los aspectos que un terapeuta debe plantearse antes de comenzar a comprometerse en un proceso de construcción de su estilo.
¿Ha sido adecuada mi propia terapia?
Esta pregunta surge de la creencia de que el darse cuenta de uno mismo es la base para construir un estilo. Esta pregunta debe tomarse de dos maneras. Primera: Cuando se le pregunta a los terapeutas si han estado en terapia, en general contestan “por supuesto”, pero muy pocas veces se preguntan si la pregunta incluye “esta experiencia ha sido de ayuda?”,”aprendiste a conocerte a ti mismo?”,”llegaste a un punto en que te hayas sentido a gusto (en el momento) contigo mismo como terapeuta?”. Segunda: estar en terapia es una acción propositiva para un terapeuta. Más allá de tratar con situaciones personales, uno se prepara emocionalmente para comprometerse en un proceso terapéutico que implica una tremenda responsabilidad. La respuesta “por supuesto” no es suficiente si consideramos la seriedad que esta pregunta implica.
Mientras entrevistaba a un aspirante a ingresar al Instituto Gestalt, exploré su necesidad para recibir terapia, de acuerdo al requisito establecido en el tríptico de nuestro programa. El aspirante indicó que había pasado dos años en terapia y por lo tanto sentía que ya había realizado su cometido para esta profesión. Cuando le pedí que explicara con más detalle su experiencia, ella dijo “aunque no cambié mucho, aprendí algo sobre mis antecedentes familiares. Creo que soy mejor
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terapeuta que mi terapeuta”. “Bueno, esto es muy alentador”, le respondí. Este intercambio puede parecer absurdo, pero lo que no es inusual es el escenario. Nuestra profesión esta plagada por la idea de que se trata simplemente de tiempo, en vez de que sinceramente se trate de lograr el darse cuenta. La terapia se presenta simplemente como otro obstáculo a vencer, y no como uno de los aspectos más significativos en la preparación y en el proceso de formación. Talento, entrenamiento para posgraduados, supervisión y actualización son todas necesarias, pero ciertamente están por debajo del darse cuenta como requisito en la preparación para la profesión de psicoterapeutas.
Mi batalla
A menudo les digo a mis estudiantes que “yo empecé muy atrás en el camino”, significando que yo vengo de una familia extremadamente disfuncional donde aprendí muy poco sobre el amor y el cuidado. Yo quería ser un psicoterapeuta, y empecé a trabajar hacia esa meta desde temprana edad, motivado por el hecho de que mi mamá, una esquizofrénica, fue hospitalizada repetidamente a lo largo de su vida. Al luchar con las situaciones engendradas en mí, empecé a entender que el cambio es posible ya que presencié cómo cambié yo a medida de que trataba de manejar las cicatrices causadas por los modelos de mi infancia. Pero sólo en las manos de un terapeuta competente el cambio puede ocurrir realmente. Observé cómo mis padres, en especial mi mamá, eran vistos por una variedad de psiquiatras y otros profesionales de la salud mental con diferente grado de habilidad. Para mí fue claro que había aspectos fundamentales que los hacía diferentes a unos de otros. Empecé a pensar sobre las características que definen un buen estilo terapéutico. Tristemente, mi mamá nunca recibió un tratamiento adecuado y continuó deteriorándose a lo largo de su vida.
Esta situación, aunque trágica, me motivó a pensar más profundamente sobre la cuestión de la competencia terapéutica, en particular las diferentes formas en que los profesionales de la salud mental trataron a mi mamá. Desde mi infancia, el estilo terapéutico ha sido algo de gran interés para mí.
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Evaluar honestamente la terapia personal
Mientras estaba en mi propia terapia, y también al trabajar como terapeuta, empecé a comprender la relevancia del daño que tuve en el funcionamiento de mi self a través de las experiencias de mi infancia. (Ver Shub, 1995, para más información sobre este tema.) Fue claro para mí a medida que pasaba el tiempo, que yo tenía un gran problema para enfrentar la vida día a día. Estas dificultades fueron ya evidentes para mí después de casarme y participar en una relación íntima. En mi propia supervisión y observaciones clínicas, fue claro que mis pacientes tendrían grandes dificultades para crecer en áreas donde yo estaba severamente limitado. En su propio intento por crecer mis pacientes no podrían trascender mis limitaciones personales. Esta fue una revelación impresionante para mí. Si uno lo piensa, esta reflexión parece obvia, pero fue muy significativa para mí y me motivó aun más a tomar de manera más seria mi propia terapia. Empecé a trabajar aun más duro para ser la persona que necesitaba y quería ser. Después de muchas salidas en falso y decepciones, empecé a ser honesto conmigo mismo sobre el punto en que me hallaba en mi proceso de crecimiento. Esta honestidad fue difícil de obtener debido a situaciones de carácter con las que estaba tratando en mi terapia, las cuales eran extremadamente dolorosas y disruptivas en mi vida diaria. Por lo tanto, una evaluación seria de mi progreso como persona, mi nivel de darse cuenta, mis habilidades para interactuar, mi habilidad para ser vulnerable —todos aspectos necesarios para ser un terapeuta competente-requerían que me comprometiera en niveles de trabajo del carácter que eran extremadamente dolorosos. Finalmente reconocí que la terapia es una tarea de toda la vida para mí, y ahora soy menos defensivo sobre mi progreso y más responsable y responsivo sobre las situaciones que emergen.
Como se dijo previamente, desarrollar un compromiso con el propio proceso terapéutico es esencial en la construcción del estilo personal como terapeuta. Hacer esto requiere honestidad y también es doloroso, pero es un reto intelectual. Parte de la habilidad para desarrollar el estilo terapéutico es la capacidad de reconocer tus propias limitaciones, así como el margen de tus fronteras de contacto que limitan lo que tú eres en el proceso de contacto y por lo tanto en el proceso terapéutico. Comprometerte a evaluar honestamente tu propia terapia y reconocer la necesidad de terapia en diferentes periodos, y cuando la terapia no te está llevando a donde necesitas ir, son cosas necesarias para desarrollar tu estilo como terapeuta.
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La terapia como entrenamiento
Un estudiante que había estado conmigo hace algunos años, me dijo que había obtenido gran parte de su estilo terapéutico de mí.
Es claro que una forma de desarrollar el estilo terapéutico es imitar un modelo que se admira. Como en todas las profesiones, los maestros son parte del proceso de aprendizaje para el terapeuta. Sin embargo, una vez que el terapeuta ha integrado un sistema teórico y ha desarrollado su sentido del seIf el estilo imitado debe ser descartado en favor de un estilo más auténtico que vaya a favor del crecimiento de la personalidad del propio terapeuta. La imitación da al nuevo terapeuta una sensación de forma, estilo y estructura que de otra manera sería difícil desarrollar. Por lo tanto, una persona en entrenamiento debe buscar un terapeuta efectivo cuyo estilo sea un modelo positivo y también vaya de acuerdo a los propios esfuerzos del nuevo terapeuta de desarrollar su estilo.
¿Qué tan bien comprendo el impacto de mi comportamiento en otros?
Para desarrollar un estilo terapéutico se debe partir de una línea base que requiere comprender el impacto que uno tiene sobre el otro. Esto es tan importante como el darse cuenta de uno mismo en el desarrollo de un estilo terapéutico. Por ejemplo, en terapia y en otras situaciones de la vida, es importante considerar las siguientes cuestiones:
• ¿Sabes escuchar a la otra persona?
• ¿Comprendes la intensidad de tus movimientos? • ¿Tienes idea de la calidad de tu mirada?
• ¿Reconoces de qué áreas de tu vida se te dificulta hablar? • ¿Eres consciente de tu sintaxis?
• ¿Sabes cuál es el impacto de tu forma de vestir?
Sólo a través de experiencias profesionales de crecimiento, terapia y retroalimentación de sus compañeros el terapeuta puede continuar creciendo y ganando conciencia acerca de sus características personales y cómo afectan a otros. Este prerrequisito para la construcción de un estilo es una responsabilidad básica de todo terapeuta.
Una vez traté a un experto muy conocido en restauración de violines clásicos. Un día llegue tarde a su cita y lo encontré sentado en la sala de espera viendo un bello violín que había colocado sobre la mesa de centro. Lo observé por un rato,
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tan embebido estaba que no se dio cuenta de que había entrado en la habitación. Cuando finalmente hice un ruido y me moví, me miró y dijo: “Hola, estaba conociendo a mi amigo. No puedo empezar a trabajar con un instrumento hasta que realmente sé quién es, cómo canta y cómo vibra” No puedes ir a ningún lado si no sabes quién eres. Observando ese violín tocándolo y conociéndolo le daba a mi cliente una base de partida. Necesitaba experimentar cómo le impactaba este violín antes de empezar a restaurarlo.
Los terapeutas también deben estar conscientes de su efecto en otros para poder afinar sus violines en una frecuencia que sus pacientes puedan escuchar. Además de comprender el impacto que tú tienes en otros, necesitas una línea base para aprender a graduar y registrar tu trabajo y poder hacerlo accesible a tus pacientes. Los terapeutas deben mantener un compromiso continuo para crear un clima en que puedan aprender más y más sobre el impacto de su comportamiento en otros. Este compromiso de aprender acerca de su impacto ayuda a crear el sentido de seguridad tan necesario para las relaciones terapéuticas competentes.
¿Puedo aceptar los errores como un modelo valioso?
Nuestra responsabilidad como personas falibles es conocernos a través de nuestros errores, defectos y limitaciones y utilizarlos como un efecto de cambio. La falta de voluntad para reconocer los errores y admitir que uno es falible bloquea el desarrollo de un estilo convincente. Ricoeur (1985) postula que una cualidad esencial del hombre es que es frágil y con posibilidad de equivocarse. Como Ricoeur, enfatizamos la importancia de que el terapeuta sepa admitir sus propios errores y defectos. Para mí, hacer esto es muy difícil debido a que crecí en un ambiente donde constantemente me decían que yo no era suficientemente bueno y que no sabía de qué estaba hablando. Cuando estos introyectos emergen hacía el presente, me causan dificultad para admitir que no sabía, que estaba equivocado o que tuve un error, y que ellos han bloqueado mi crecimiento. Descartes, como Ricoeur, enfatiza la exploración de las imperfecciones de una persona para que pueda estar preparada a enfrentar sus propios errores. El concepto de falibilidad trata precisamente de la forma en que el hombre es capaz de aceptar sus propios errores y aprender de ellos. Como dijo Perls, los errores no son pecados. Son formas de ser diferente, e incluso formas totalmente nuevas de hacer las cosas. Sin falibilidad, uno no puede comprender el impacto de uno sobre otros.
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¿Qué tan claramente podemos experimentar nuestra propia debilidad, que es parte natural del ser? Necesitamos una vara de medida para comprender nuestra falibilidad, una que nos provea de un sistema teórico específico para medir nuestro progreso a través del tiempo. Muy pocos terapeutas utilizan un sistema para ayudarse a definirse a sí mismos y a su trabajo. Muchos terapeutas trabajan en forma casual, caprichosa, mezclando diversos enfoques sin comprender los conceptos fundamentales de cada modelo diferente que pueden ser contradictorios. Si los terapeutas desean desarrollar un estilo terapéutico convincente que les permita evaluarse a sí mismos y notar sus errores, sus sistemas teóricos deben incluir los siguientes aspectos:
• un sistema comprensivo que tome en cuenta el universo de pacientes que vienen a terapia, así como el universo de personas que están potencialmente interesadas en crecer
• una perspectiva de las personas que incluya la habilidad para medir o notar el cambio y el crecimiento positivos
• una comprensión clara de cómo las patologías son descritas en el momento presente
• un sistema que clara y convincentemente tome en cuenta la fase intermedia, las diferentes partes del self y que también describa claramente y en términos observables los diferentes fenómenos que se manifiestan en la persona y cómo están interrelacionados
• un sistema teórico comprensivo que contenga un modelo de psicoterapia atemporal, un modelo que utilice enfoques específicos para tratar con los diferentes fenómenos y diagnósticos.
Es importante tener una forma de medir los efectos de la terapia, en especial con pacientes de larga duración. Para evaluar honestamente si una persona borderline está avanzando de una fase a otra del tratamiento, o saber si una persona disociativa (fragmentada) está entrando a un callejón sin salida, uno debe estar dispuesto a utilizar un sistema teórico como medida para evaluar momento a momento lo que está sucediendo. Esto requiere el compromiso de la honestidad intelectual y la disposición para utilizar un modelo coherente para hacer un escrutinio de nuestro trabajo. Una parte importante para desarrollar un estilo es tener un modelo, así como la humildad de utilizarlo.
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También es importante que el terapeuta asimile un sistema teórico básico al grado que pueda llegar a ignorarlo y utilizarlo sin pensar en él mientras trabaja. Por ejemplo, en el contexto de la gestalt, el término “resistencia” tiene varias acepciones. En la mayoría de los casos significa una forma momentánea de evitar el contacto. Los terapeutas guestálticos en general incluyen el proceso de resistencia en sus construcciones teóricas y pueden reconocerlo en sus pacientes al momento, pero raramente están claros acerca de sus propias resistencias en el momento presente. Parte de aceptar totalmente un sistema teórico es ser capaz de notar las resistencias tanto en el paciente como en uno mismo. Sin pensar en ello, debemos conocer el sistema lo suficientemente bien para medir, por ejemplo, cuándo se presenta una resistencia, cuándo es necesario que esté allí, cuándo se intensifica, cuándo disminuye y cuándo necesita atención. Aprender un sistema teórico a fondo y suficientemente bien, para ser capaz de trabajar con él sin que se tenga que pensar en ello, es una parte esencial para desarrollar un estilo. Estas son algunas de las preguntas básicas que son esenciales y que requieren una respuesta seria. El desarrollo de un estilo de terapia requiere pelearse con estas preguntas como un trabajo de base. Estas preguntas son difíciles y problemáticas. Pueden ser molestas y requieren pensarse, dialogarse y discutirse, así como procesarse internamente con tu grupo de entrenamiento o tu supervisor. Quédate con estas preguntas hasta que las respondas de manera que te satisfaga. No tomes atajos ni te des por vencido antes de haber hecho la lucha hasta el final.
Empezar a conceptualizar tu estilo
Después de habernos referido a algunas de las cuestiones básicas, ahora vamos a cosas más concretas. Construcción de un estilo en el proceso clínico. En esta sección, realizamos un proceso complejo paso a paso para ayudar a los terapeutas a través del tiempo — tal vez a lo largo de toda la vida - a participar en autogenerar un programa de desarrollo de su estilo. Les invitamos a leer esta sección completa y concienzudamente antes de iniciar el proceso. Una vez que te has familiarizado con el proceso completo, te animamos a empezar tu propia batalla con los principios básicos para desarrollar tu estilo.
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Utilización de una metáfora animal
Ahora que hemos discutido la importancia de tu propia terapia y examinado las cuestiones acerca del darse cuenta personal y profesional, nos centraremos en el proceso de conceptualizar tu propio estilo y vamos a proponer una serie de experimentos diseñados para ayudarte a realizar este proceso por ti mismo en grupos pequeños o grandes. Identificar tu estilo significa estar consciente de las partes fuertes de tu personalidad, ser sensible a tus limitaciones y desarrollar un enfoque que ponga en balance tus áreas fuertes así como vulnerables. El estilo también se delinea por medio del sistema teórico en que uno opera y por las limitaciones que el sistema plantea en la propia expresión creativa.
El animal
Como ayuda para empezar a conceptualizar nuestro propio estilo, vamos a experimentar pensando en nosotros como un animal único. La metáfora de un animal nos permite capturar la esencia de lo que imaginamos que somos en nuestro proceso con los pacientes. También nos da una construcción verbal y visual de nuestra conceptualización y de las características específicas que la constituyen. La metáfora animal es una forma de observarnos desde fuera y mostrar a la luz nuestro estilo para verlo y entender las características que lo