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DESARROLLAR EL CARÁCTER.

In document Pastoreando El Corazón-2014 (página 94-97)

Es importante dirigirse al corazón y apelar a la conciencia por el interés que tenemos en el desarrollo del carácter durante estos años intermedios de la vida del niño. El carácter podría definirse como vivir coherentemente con quien es Dios y con quien soy yo.

INSTRUIR EL CARÁCTER.

Tomemos una cualidad del carácter como la formalidad. ¿Cómo encaja la enseñanza de la formalidad en esta definición?

QUIÉN ES DIOS

Él me creó. Él me colocó aquí en esta época. Él es la razón última. Debo presentarme delante de Él un día. Deberé dar cuentas ante Él. Ha prometido acercarse a aquellos que son humildes y contritos de corazón. Él me ayudará a conocer Su fuerza y Su ayuda. Puedo conocerle y tener la capacidad de obedecerle. Él ha prometido bendición a aquellos que son formales y serios.

QUIÉN SOY YO

Yo soy una criatura. He sido creado por Dios. y para Dios. Él me ha colocado aquí en esta época y me ha dado estas oportunidades. Debo glorificarle. Estoy hecho para glorificarle. Cuando más me acerco a Él y busco Su rostro, Él me hará capaz de obedecerle. Puedo llegar a conocer Su fuerza y Su ayuda. Dios promete dar gracia a todos los que le invocan.

El material de fondo en las dos columnas de arriba forma la base de tu comunicación con tu hijo cuando le vas ayudando a aprender a ser alguien en quien se puede confiar. Quieres dejar claro quién es Dios como la base que le permita elegir lo que debería hacer y lo que debería ser.

Su llamamiento como criatura es a ser alguien en quien se pueda confiar. Dios no pone su regla para que se siga y ya está, sino que ha enviado a Su Hijo para cambiar a las personas desde el interior hacia fuera, de manera que puedan llegar a ser aquello que Él les ha llamado a ser. Dios estará luchando durante todo el camino al lado y en beneficio de Su hijo. Ofrécele tus exhortaciones y tu aliento de un modo que sea coherente con la naturaleza de tu hijo y la de Dios

.

Con integridad, no puedes decirle a tu hijo que si intenta hacerlo lo mejor que pueda, si es lo bastante bueno, si lo desea de verdad, puede llegar a ser lo que Dios le ha llamado a ser. No puede. No está en su naturaleza hacerlo, al margen de la gracia y la capacitación de Dios. Ni tú tampoco puedes cometer el mismo y tan corriente error. No puedes intentar construir buenas cualidades del carácter dentro de él sin ninguna referencia a Dios. Mucha gente acaba pensando que si su hijo no es creyente, ellos no pueden convencerle de su deber a la luz de quién es Dios.

Si no le llamas a ser lo que Dios le ha llamado a ser, acabarás dándole un nivel de realización que esté dentro del reino de sus habilidades naturales, al margen de la gracia. Es un nivel que no requiere conocer y confiar en Dios. En otras palabras, o llamas a tus hijos a ser lo que no pueden ser al margen de la gracia, o rebajas el nivel, dándoles uno al que sí puedan llegar. Si lo haces, también estarás reduciendo su necesidad de Dios.

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Debes estar dispuesto a contar con que tu hijo tendrá que dar cuentas de aquellas tareas que se le hayan asignado. Enseñar a ser alguien en quien se pueda confiar es un proceso, no un

acontecimiento puntual. Llega después de días de paciencia y ensayos coherentes de las cosas que hemos señalado antes. Puede que haya veces en las que este proceso de enseñanza tenga que subrayarse con unos azotes. Pero debes comprometerte a llevar a cabo una instrucción paciente.

Antes mencioné que uno de mis hijos pasó por un periodo en el que criaba cerdos. La boca de riego que le aseguraba el agua durante el invierno estaba situada a unos doscientos pies del edificio donde guardaba los cerdos. Los cerdos requieren una gran cantidad de agua. Había que transportar el agua, porque si utilizase una manguera, se quedaría helada. Llevar el agua era una tarea fundamental todos los días. Requería una hora de transporte para un chico de once años. A veces tropezaba y se derramaba gran parte de su carga. Nosotros le animábamos diciéndole que el trabajo estaba dentro de su capacidad, que era su deber cuidar correctamente de sus animales y que Dios podría ayudarle a hacer este trabajo aunque fuera tan duro.

En todos los años transcurridos desde entonces, he tenido dos conversaciones sobre aquel periodo de la vida de mi hijo. Una fue con un vecino que le observaba luchando con su carga y quería ayudarle. Por aquel entonces, este hombre pensaba que yo había puesto una carga demasiado pesada sobre mi hijo. La otra conversación fue con mi hijo, que desde entonces ha repetido muchas veces que aquellos fueron días valiosos para él. Fueron como los días de dificultad de la juventud de David, enfrentado a osos y a leones. Le habían preparado para presentar batalla ante Goliat en el poder del Señor.

David, aunque sólo era un muchacho (ver 1ª Samuel 17:33), dijo: “El Señor que me libró de las garras del león y del oso me librará de la mano de este filisteo” (1ª Samuel 17:37). ¿Por qué

podemos ver que David aprendió a confiar en Dios en todo lo que le sucedió de niño con el león y con el oso, y sin embargo pensamos que nuestros hijos no pueden aprender estas lecciones de fe también? Y lo que es peor, presentamos ante nuestros hijos una vida que ni siquiera requiere fe. Les damos un nivel que pueden cumplir que les empuja a depender de sus propios recursos y de sus habilidades y talentos naturales – alejándoles de Cristo y de Su cruz.

Consideremos otra cualidad del carácter. Una preocupación para los padres de todas las épocas es la pureza moral. Recuerda, el carácter es vivir coherentemente con quién es Dios y con quién soy yo.

QUIÉN ES DIOS

Dios me creó. Le pertenezco. Él ha fijado los límites de las relaciones. Ha prometido gran bendición y protección para los que le honran en todas sus relaciones y nos ha advertido contra la esclavitud y la ruina, que caen sobre aquellos que no honran Sus deseos. La relación que tengo en la vida debe ser una imagen de Su relación con la iglesia. Dios da lo que exige. Por tanto, se le puede conocer de una forma que me dé auto-control.

QUIÉN SOY YO

Soy una criatura. Estoy hecho por y para Dios, que es infinitamente sabio. Tengo necesidades que sólo puedo satisfacer en el contexto que Él ha dispuesto. Estoy llamado a una forma de vida de fidelidad. Soy responsable ante Dios por la calidad de las relaciones que tengo. Cuando honro a Dios, encuentro plenitud en Él y en la persona que Él tiene para mí. Si le deshonro o me permito hacer lo que Él ha prohibido, entonces sufro una pérdida irreparable de dignidad, vergüenza y degradación.

Estoy convencido de que podemos educar a nuestros hijos para ser puros moralmente incluso en una cultura que ha explotado el sexo de todas las maneras posibles.

Leer el libro de los Proverbios diariamente aporta un marco natural para discutir la pureza moral. En Proverbios 5, hay una descripción de la impureza moral y de sus frutos, así como de los

beneficios y las delicias sexuales de la pureza. El pasaje advierte sobre el peligro de enredarse y quedar atrapado en las redes del pecado.

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La lectura frecuente de Proverbios nos da cientos de oportunidades para pensar sobre los peligros del pecado sexual y del disfrute de la libertad sexual sin matrimonio.

Proverbios 7 describe a la mujer adúltera. Retrata la seducción y sus resultados. Estos pasajes nos dan un contexto para una discusión sincera de la sexualidad. Están repletos de advertencia, discernimiento y dirección. He visto a niños que han comprendido estos elementos convertirse en adolescentes prudentes y cuidadosos. Están convencidos de que Dios nos ha dado la alegría de la sexualidad unida al contexto en el que se experimenta.

Algunos cristianos tienen la idea equivocada de que sus hijos nunca deberían ver a Mamá y Papá en ningún abrazo íntimo. Pero es importante que tus hijos estén al tanto del hecho de que existe una dimensión sexual en la relación de Mamá y Papá. El resultado es que las únicas expresiones de sexualidad que los niños hayan visto nunca son los asuntos escabrosos de la televisión y los de las vidas de personas impías. No estoy hablando de invitar a los niños al dormitorio, sino de la

importancia de que ellos sepan que existe una dimensión sexual en la relación de Mamá y Papá. Además de este papel de enseñanza, debes estar preparado para abordar conceptos distorsionados sobre la sexualidad que veas expresados en las vidas de tus hijos. Por ejemplo, muchas niñas pequeñitas aprenden a caminar y a sentarse de maneras coquetas y sugerentes. De alguna forma, los adultos piensan que ser una seductora en miniatura resulta muy mono, y

refuerzan un comportamiento así. En vez de esto, esta es una oportunidad de oro para enseñar a una niñita cómo y por qué conducirse con modestia.

Las ocasiones en que los niños pequeños se enredan en actividades que tienen que ver con el flirteo sexual son fantásticas oportunidades para ayudarles a formarse estos conceptos bíblicos sobre la sexualidad. Estos son momentos para comentar las cosas maravillosas que Dios tiene

preparadas para su gente, que puede disfrutar de una vida de plenitud y de alegría sexual. También es un buen momento para hablarles del horrible daño que puede afectar a la persona que se abre a la experiencia sexual fuera del contexto que Dios ha dispuesto. Cuando los niños van captando estas verdades, desarrollan controles internos contra el pecado sexual. Reconocen que no se trata de explotación sexual, sino de una falsificación del gozo sexual dado por Dios.

Aunque sólo hemos analizado dos áreas del desarrollo del carácter, los métodos que hemos ejemplificado podrían encajar en cualquier área del crecimiento del carácter.

INTERPRETAR EL COMPORTAMIENTO EN TÉRMINOS DEL CARÁCTER.

Nos encontramos con un par de problemas al analizar el carácter. Uno es fracasar en discernir los elementos de los que estamos hablando. Este fracaso nos lleva a la consecuencia de ni siquiera esforzarnos por los objetivos del desarrollo del carácter a largo plazo. El otro escollo es la

incapacidad para trabajar a partir de la conducta hacia los elementos adecuados del carácter. La consecuencia de esto es ver únicamente ejemplos aislados de comportamiento y, de nuevo, el fracaso en abordar las metas del carácter a largo plazo.

Los padres tienden a ver la conducta de sus hijos en términos bastante ingenuos. Vemos una pelea por un juguete como simplemente eso, una pelea por un juguete, cuando de lo que se trata en realidad es del defecto de preferir a los demás a uno mismo. Se trata de egoísmo. Se trata de decirles a lor osqor, “No me mmhoqsa ctáler rean utersqor kereor, ptmeqo seneq lo pte io ptmeqo”. Se trata de una decisión de vivir en el mundo de una forma que aprovecha cualquier oportunidad que se presente para servirse a uno mismo. No estoy sugiriendo que soltéis este análisis a vuestros hijos en forma de diatriba, pero debe estar presente en vuestra visión interior cuando estáis tratando de pastorearles y ayudarles a verse a sí mismos y a sus necesidades.

¿Smenker a conrmkeqaq lor cokmcmoror “Yo ptmeqo” ke sts hijos como idolatría de las

posesiones? ¿Crees que simplemente se trata de algo natural- algo que desaparecerá? Si es así, no estás ayudando a tus hijos a agarrarse a la realidad espiritual. Nunca te enfrentarás con la tendencia pecaminosa de encontrar sentido y significado en las cosas materiales. La vida no consiste en la abundancia de las posesiones.

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Susie iba a celebrar su cumpleaños. Contando con todo el dinero que iba a recibir de sus tíos y tías, ya había empezado a planear lo que se compraría. De hecho ya se sentía feliz por anticipado con todas aquellas cosas nuevas. Estaba planeando a quién se las iba a enseñar e imaginando lo que le dirían.

Los padres de Susie estaban preocupados por que aprendiera a estar agradecida a la bondad de Dios. De modo muy sabio y amable, comenzaron a dirigirse hacia estas cosas. Empezaron hablando de cuánto disfrutaría las cosas que ya había recibido en su anticipada imaginación. Luego siguieron recordándole cómo cada objeto nuevo trae una alegría

temporal. Susie podía recordar las veces en que había recibido cosas nuevas que parecía que iban a llenarla de una alegría así. Juntos, observaron que mientras que podemos estar

agradecidos por las cosas nuevas, rápidamente pierden su encanto. Hicieron una lista de todas las cosas que alguna vez habían hecho tan feliz a Susie.

Pronto tenían una lista tan larga que era un momento lógico para pararse y orar, dando gracias a Dios por todo lo que Él le había dado. Suavemente habían pastoreado su corazón, alejándolo del orgullo de las posesiones y llevándolo hacia una perspectiva más bíblica y realista de las bendiciones de Dios.

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