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DIRIGIRSE AL CORAZÓN.

In document Pastoreando El Corazón-2014 (página 92-94)

La tentación es centrarnos en la conducta. La conducta es visible (o quizá audible). Parece más accesible en cualquier momento. Recuerda conmigo el principio que vimos en el primer capítulo: EL CORAZÓN CONDICIONA EL COMPORTAMIENTO. El comportamiento es una manifestación de lo que está sucediendo por dentro. Lo que una persona dice o hace es un reflejo del corazón. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45).

Los principios de comunicación que tratamos en los capítulos 8 al 10 se hacen palpables aquí. La conktcsa smene tn “ctánko”, tn “pté” i tn “hoq pté”. El “ctánko” kercqmbe lar cmqctnrsancias en las pte rtcekmó ere comhoqsammenso. El “pté” kercqmbe lar corar pte re kmneqon o re lmcmeqon. El “hoq pté” describe las cuestiones interiores del corazón que empujaron o presionaron para que se diera esa conducta específica. Debes explorar con tus lmnor no rólo el “ctánko” o el “pté” ke rt conktcsa, rmno sambmén el “hoq pté”. Deber aitkaqler a fmnaqre en el “pté” ke rt conktcsa kerke la heqrhecsmua kel “hoq pté”. St mmrmón er aitkaqler a ensenkeq el arhecso ke la “abtnkancma kel coqazón” pte lai en su conducta.

Carrie gruñía y se quejaba aquella tarde. Era difícil distinguir la causa del problema. La tentación de sus padres fue simplemente abordar su conducta- “¡Deja de quejarte!” o “¡No quiero oírte otra palabra de queja más!” Podrían haber recurrido a la práctica, tantas veces utilizada y comprobada, de silenciar a su hija avergonzándola – “Deberías avergonzarte por quejarte cuando tienes tantas y tantas bendiciones”.

En lugar de ello, empezaron a bucear en su comportamiento y a sacar a la luz todos aquellos ladrillos de excusas y razones por las que estaba tan gruñona. Poco más tarde, llegaron a la cuestión de la “abundancia del corazón”.

Carrie estaba furiosa porque las cosas no estaban saliendo como ella quería. Y lo que ella quería era jugar a ser Dios. Quería tomar las decisiones. Quería gobernar la tierra. Había decidido cómo debían marchar las cosas y no estaban sucediendo así.

La cuestión de “la abundancia del corazón” en este caso era que estaba insatisfecha con el trabajo que Dios estaba haciendo gobernando el mundo.

Ella no era consciente de todo esto, pero estas eran las raíces del asunto.

A menos que atiendas el corazón del comportamiento, acabarás siempre tratando lo exterior. Serás como el hombre que intenta solucionar un problema de malas hierbas en su jardín cortando la hierba. Las malas hierbas siempre vuelven a crecer.

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APELAR A LA CONCIENCIA.

Tus hijos necesitan un cambio de corazón. Este cambio de corazón comienza con una convicción de pecado. La convicción de pecado llega a través de la conciencia.

Tus hijos necesitan convencerse de que le han fallado a Dios y han quebrantado el pacto.

Deben llegar al convencimiento de que el hombre interior, que se relaciona con Dios, es un idólatra- culpable delante de Dios. Para ayudarles, debes apelar a su conciencia.

Como ya mencionamos en el capítulo 12, disponemos de un modelo para apelar a la conciencia en el ministerio de Jesús. Él trató con la conciencia de un modo coherente, forzando a los hombres a juzgarse a sí mismos y a sus motivaciones. Tratar con los asuntos del carácter requiere aprender cómo apelar a la conciencia. Si lo que quieres es tratar con el carácter y no sólo con la conducta, debes tratar con el niño a un nivel más profundo que le permita ver las implicaciones de su comportamiento y acusarse a sí mismo.

En Lucas 10, un maestro de la ley (experto en las Escrituras hebreas) vino a Cristo y le probó hqegtnsánkole, “Maersqo, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?” Jerúr le hqegtnsó cómo entendía él la ley, y él respondió con los dos grandes mandamientos: Amar a Dios y al prójimo. Jesús le alabó por su respuesta correcta. Entonces el maestro de la ley intentó justificarse a sí mismo hqegtnsanko, “¿Y quién es mi prójimo?” El kerafío ke Cqmrso eqa aitkaq a erse lombqe a kaqre cuenta de que en cualquier momento en que fuera consciente de una necesidad, tenía la obligación de responder a ella. Si fracasaba, había quebrantado la ley. Jesús le enseñó esto por medio de la parábola del Buen Samaritano. La historia desarmó al hombre y le permitió entender cómo había fallado. Jesús apeló a su conciencia al final de la historia, preguntándole quién era el prójimo del infortunado viajero. El maestro de la ley había pasado de preguntar quién era su prójimo a evaluar correctamente quién había sido el prójimo.

La respuesta de Cristo a Pedro en Mateo 18 nos da otro ejemplo del uso que el Señor hace de esta llamada a la conciencia. Pedro preguntaba acerca de los límites últimos del perdón. “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano cuando peque contra mí?” (Mt. 18:21).

Jerúr hokía labeqle consersako rmmhlemense, “Pekqo, rm hteker laceqme era hqegunta, es que no ensmenker naka kel heqkón”. En uez ke laceq erso, Jerúr le consó tna lmrsoqma pte le kemorsqó poderosamente las implicaciones de ser alguien que ha sido perdonado.

En Lucas 7, una mujer que había vivido una vida de pecado ungió a Jesús y lavó Sus pies con sus lágrimas. Simón, un fariseo, juzgó a Jesús por su falta de discernimiento. A Simón le repugnaba aquella mujer pecadora. Jesús, conociendo sus pensamientos, le contó una historia que apelaba a su conciencia. En la historia, había dos hombres y un prestamista. Uno tenía una gran deuda, el otro una ketka hepteña. Ambor fteqon heqkonakor. “¿Cuál de ellos amará más?”, hqegtnsó Jerúr.

Rmmón consersó, “Rthongo pte aptel a ptmen re le heqkonó tna ketka maioq”. “Har ntzgako coqqecsamense”, kmno Jesús.

Jesús utilizó aquella historia para acusar a Simón por sus pensamientos tan confiados en su propia justicia. La llamada se hacía a la conciencia de Simón. Simón se juzgó a sí mismo con sus propias palabras. El objetivo de la historia de Jesús era que aquella mujer le amaba más que el auto- suficiente y justo Simón.

Debes aplicar la misma metodología a las necesidades de tus hijos. Debes llegar a las cuestiones que están en la raíz de todo, tratando con la conciencia. Romanos 2:14-15 indica que la conciencia es tu aliada en la tarea de enseñar a tu hijo a entender su pecado. La conciencia de cada hombre siempre está excusándole o acusándole. Si haces aquí tu llamamiento, evitarás hacer de la corrección una lucha entre tú y tu hijo. Las controversias de tu hijo son siempre con Dios.

Tratar con niños de esta manera te evita darles un nivel de exigencia al que pueden llegar y con el que se sienten superiores y justos. Se enfrentan con los caminos de Dios y con cuánto necesitan la obra radical y renovadora de Cristo.

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Cuando tu hijo haya llegado a ver su pecaminosidad (por la obra del Espíritu Santo y el ejercicio de los medios que Dios ha ordenado para tratar con los niños), debes señalarle a Cristo, el único Salvador de la humanidad.

Esfuérzate por ayudar a tu hijo, que es un pecador egoísta, a ver su necesidad de la gracia de Cristo y Su misericordia en la cruz. Ocuparte de la rabieta del niño por tener ese juguete él primero (especialmente si hemos caído en la trampa de “¿Quién lo tenía primero?”), rmn centrarte en el corazón egoísta del que fluye, nunca le conducirá a la cruz de Cristo.

Tratar directamente con los asuntos reales del corazón abre el camino constantemente hacia la cruz, donde se encuentra el perdón para los niños y las niñas desviados, torcidos y pecadores. No se pueden producir reacciones auténticamente cristianas de una manera legalista porque se trata de actitudes, no sólo de la conducta externa.

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