6. Las TIC y sus implicaciones en la enseñanza y aprendizaje de lenguas
6.5. Desarrollo de nuevos conceptos
Kenning (2008: 155) destaca que existe una dicotomía entre el aprendizaje y el uso de la lengua, pero esa definición no se corresponde con la realidad. El aprendizaje de la lengua y el uso de la lengua a nivel real están estrechamente relacionados, ya que uno no puede aprender una lengua sin hacer uso de ella y, a la vez, la competencia del aprendizaje mejora con el uso. No obstante, existe una diferencia esencial entre los dos conceptos: el aprendizaje se refiere al estadio previo y preparatorio, es decir, a la ad- quisición de los procedimientos del uso de la lengua motivados principalmente por ne- cesidades eventuales que descansan en el presente y miran al futuro. En otras palabras, el aprendizaje de una lengua mirando hacia adelante. Por el contrario, el uso del lenguaje forma parte de una actividad integrada en la vida que no es esporádica y que surge de la necesidad o del deseo de comunicar en ese momento. Teniendo en cuenta que el aprendizaje de la lengua empieza antes que el uso del lenguaje, se puede decir que el aprendizaje es cronológicamente previo a su uso, aunque enseguida se entrecruzan. El hecho de que el aprendizaje de la lengua precede al uso del lenguaje crea problemas pe- dagógicos. Durante las últimas décadas, los esfuerzos de la enseñanza de lenguas extranjeras se han dirigido a intentar conectar el vacío entre el aprendizaje y el uso me- diante actividades que promocionaban un uso más auténtico de la lengua extranjera como las simulaciones, el teatro y los intercambios de escuelas, etc. En los últimos años, las TIC han contribuido a esta tendencia con las CMC («Computer Mediated Comunication») como los chats y los juegos de realidad virtual de páginas MUD («Multi- User-Dungeon»), lo que ha significado una plataforma introductoria en los contextos formales del aprendizaje de lenguas.
Little y Ushioda (1998) recalcan que la tecnología tendría que emplearse para facilitar el aprendizaje del lenguaje y que ésta tendría que basarse, en primer lugar, en las teorías pedagógicas y lingüísticas que tratan el tema de los procesos de aprendizaje de lenguas. Estos autores creen que es necesario que los docentes y las instituciones de enseñanza de lenguas reflejen la naturaleza de los procesos de aprendizaje de lengua extranjera y el papel que tendrían que desempeñar las nuevas tecnologías.
Actualmente, los avances en la tecnología computacional hacen posible combinar diferentes tipos de medios y tener un control exacto sobre las condiciones que operan,
lo cual evita que los alumnos se enfrenten a materiales que no tienen en cuenta su nivel de competencia; asimismo, permiten manipular una serie de variables como la velo- cidad, el ritmo y el acceso a la información adicional, entre otros. Las TIC nos ofrecen oportunidades sin precedentes para implementar la estrategia de Johnson (1996) de incrementar la dificultad de las tareas de forma progresiva y gradual. Es posible crear estadios intermedios: presentar actividades individualizadas para los estudiantes que necesitan más atención y actividades en grupo para los que requieren interaccionar e intercambiar la experiencia educativa (Johnson, 1996: 139), sin que les cause pánico y cansancio y que, además, puedan manipular y controlar la información en el momento oportuno de acuerdo con sus intereses y necesidades.
Uno de los motivos para integrar las TIC en la educación de lenguas es el papel crucial que éstas tienen en la comunicación diaria. Sin embargo, su aplicación requiere desarrollar las competencias en TIC, lo que supone que los estudiantes hayan adquirido los conocimientos necesarios para poder manejar la tecnología moderna. Se habla de la alfabetización electrónica como competencia global y transferible, pero realmente lo que está en juego es algo más específico y se refiere al hecho de que en el mundo actual la lengua tiende a recibirse como una comunicación mediada a través de las nuevas tecnologías y de los medios de comunicación (Kenning, 2008: 157).
Kenning (2008: 159) destaca dos aspectos en una lengua extranjera: la exposición y la comunicación. En cuanto a la exposición, dice que el satélite, la televisión, el teléfono e internet nos han acercado las lenguas extranjeras sin necesidad de desplazarnos, mientras que la globalización ha creado nuevos contextos comunica- tivos en los que ha aumentado el contacto con hablantes de otras lenguas cercanas. Pero, paradójicamente, cada vez hay una mayor movilidad de personas para aprender lenguas. Esa movilidad tanto de gente joven como mayor no se limita a ciertas profe- siones o clases sociales y se extiende más allá de las vacaciones ocasionales o de los periodos de residencia en el extranjero. En relación al segundo aspecto, el de la comu- nicación, la estancia en el extranjero requiere el desarrollo de la competencia comunicativa e intercultural, incluyendo la habilidad de llevar a cabo tareas y activida- des habituales y dentro de la vida diaria como puede ser mirar las noticias locales.
En vistas a la evolución de la sociedad y al impacto de los avances en TIC en la comunicación, nos encontramos ante la necesidad de reconceptualizar el término de «alfabetización». La enseñanza de la lengua en ese nuevo contexto no trata de recrear el mundo exterior y que los alumnos se enfrenten a situaciones que todavía no son capaces de afrontar, sino que se centra en seleccionar y manipular el entorno de forma apropiada. Lo más importante es determinar qué tipo de intervención es necesaria, ase- sorando a los alumnos sobre lo que es razonable que aprendan, lo que es necesario que se les explique y qué cantidad de repetición es deseable.
A pesar del creciente interés por los entornos tecnológicos, todavía escasean los estudios que demuestren que el uso de las TIC motiva el aprendizaje de lenguas y produce cambios cualitativos y cuantitativos. La evidencia es limitada y, además, existe una idea extendida de que la investigación se centra básicamente en las capacidades y en la eficiencia de las TIC y en el ahorro de tiempo y de dinero, más que en su efectividad en el ámbito de la enseñanza y que se basa de forma insuficiente en las teorías de la enseñanza de lenguas y en el diseño de principios: «más que centrarla en los beneficios y en las potencialidades de la tecnología informática, la investigación tiene que moverse
en cómo los ordenadores pueden apoyar el aprendizaje de la lengua extranjera, por ejemplo, y qué tipo de tareas o actividades y herramientas tendrían que emplearse (Liu y otros, 2003: 264).