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DESARROLLO E INSTITUCIONALIDAD TERRITORIAL

2.2. Desempeños territoriales

Han existido determinantes históricos, políticos, institucionales y económicos que han obrado como factores estructurales en la explicación de los rasgos diferenciales asumidos por el nivel intermedio en cada país. A partir de este reconocimiento, podemos aceptar que existen limitantes en la aplicación de formulaciones acerca del desempeño de los niveles intermedios.

Desde nuestra visión el nivel intermedio en nuestro país y para efectos de este trabajo, se puede definir, en primer lugar por negación de lo nacional (país) y de los local (municipal, provincial o distrital); y afirmando en positivo, tendría la dimensión física y geográfica de asentamiento de actores territoriales y de potencialidades de eslabonamientos para una oferta competitiva; y junto con ello la necesidades de un arreglo institucional que facilite la mejora en su desempeño, es decir de pactos y procesos de reducción de costos de transacción y un correlato público que lo promueva y retroalimente.

Es importante por ello, considerar que la redefinición de los límites entre el Estado y el mercado, las tendencias descentralizadoras y el carácter de la

política fiscal, han sido los elementos que han marcado los rasgos de la evolución del nivel intermedio.

El factor espacio, el territorio, queda casi siempre al margen de los estudios de convergencia regional cuando lo cierto es que bastante de los factores cuya importancia se destaca porque explican o pueden explicar el mayor crecimiento de una economía, están localizados. Es decir, que son factores que no son objetivamente trasladables a otro lugar; son poco móviles o tienden a permanecer en un área determinada (Cuadrado: 2001).

Con la presencia de territorios competitivos e innovadores, es posible intentar establecer qué tipo de políticas son probablemente las mejores en función a las características particulares de cada uno de ellos. Para ello sería conveniente tomar en cuenta algunos antecedentes:

a. Las capacidades técnicas, humanas y de liderazgo, son desiguales entre los actores de un determinado territorio.

b. Disparidades territoriales que exigen distintos tipos de intervención en términos de políticas públicas.

c. Es preciso que el proceso de descentralización se efectúe también con los instrumentos de fomento productivo y desarrollo empresarial.

d. No todos los territorios y sus actores están igualmente preparados para enfrentar un proceso de descentralización y una ruta de desarrollo competitivo.

e. Los planos de competitividad macro y micro económicos deben estar acompañados y refrendados por políticas nacionales de fomento productivo e impulso a los procesos de innovación tecnológica.

Cobra vigencia, en esta línea de definiciones y aproximaciones conceptuales, una vieja aseveración: ““Haré una reflexión final, derivada de mi contacto en

tendencia a imaginar que el desarrollo es algo cuantificable, cuyo sustrato es la acumulación, la inversión, la formación de capacidad productiva. Sin embargo, la experiencia ha demostrado ampliamente que el verdadero desarrollo es principalmente un proceso de activación y canalización de fuerzas sociales, de mejoría de la capacidad asociativa, de ejercicio de la iniciativa y la inventiva. Por lo tanto se trata de un proceso social y cultural, y solo secundariamente económico. El desarrollo se produce cuando en la sociedad se manifiesta una energía capaz de canalizar, de forma convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas.

Una verdadera política de desarrollo tendrá que ser la expresión de las preocupaciones y aspiraciones de grupos sociales que toman conciencia de sus problemas y se empeñan en resolverlos. No obstante, sólo la actividad política puede canalizar esas energías de forma de producir los fenómenos de sinergia a que hice referencia. Qué otra cosa sino la rarefacción de la vida política explica que, entre nosotros, los problemas del desarrollo hayan pasado a ser encarados como simples cuestiones técnicas, prevaleciendo una visión simplificada de los procesos sociales y culturales” (Furtado: 1982).

Estas son palabras, cuya relectura en el contexto en que debatimos el tema cobran una nueva fuerza, que muy bien se deben considerar en las relaciones que se aplican al plano territorial, ya que es en la vecindad de las relaciones, donde se canalizan, de forma convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas. De lo que se trata entonces, es de desarrollar ciertos capitales sinérgicos, normalmente asociados a capitales intangibles, que permitan efectuar una canalización convergente de fuerzas dispersas para, con la misma dotación de recursos ya disponibles, avanzar más rápido en función a los objetivos trazados.

En cualquier caso, siendo el desarrollo un resultado intangible, habrá que identificar su causalidad en esa misma dimensión. Es decir, ahora se trata de identificar, en el lugar y en el tiempo, cuáles son los factores intangibles que

están detrás del desarrollo. Como esos factores son muy variados, pero agrupables en categorías relativamente homogéneas, no resulta inapropiado introducir el concepto de capital intangible para referirse a grupos de factores intangibles (Boissier. 2000). Entendiendo como capitales intangibles como capital cognitivo, simbólico, cultural, cívico, institucional, psicosocial y humano. Estos desafíos están pendientes y resulta claro que es posible contar en no pocas experiencias territorialmente localizadas, con identidades locales muy afianzadas; comunidades con culturas de cooperación bastante desarrolladas; procesos de descentralización en marcha en diversas etapas de desarrollo; actores conscientes de la necesidad de liderar y articular procesos de desarrollo local – regional y sobre todo, los elementos indispensables que nos permitan tener la certeza que hay una empresarialidad sólida y con perspectiva.