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“En Génova, los caseros y parciales, más amigos de componer que de romper. Que sin fausto mantengan la autoridad. Que sufran y contemporizen, sirviendo al tiempo y a la ocasión”75.

La situación política que vive Europa hace que la Reina Gobernadora y el Consejo de Estado consideren necesario mejorar sus vínculos con la república ligur, especialmente tras estar abandonada esa embajada desde 1666. Es en ese año cuando se le notifica a don Mateo Francisco Ordoño de Rosales, I conde de Vailate, embajador en ese momento en Génova, que se retire a Milán, dejando vacante la embajada genovesa ante los problemas y desacuerdos que se habían sucedido con el gobierno del Dux76. Igualmente, se le

específica a don Francisco del Castillo y Mercado, secretario de la embajada, que no pase ningún negocio con los genoveses hasta que se le notifique lo contrario desde Madrid.

Como se puede observar, la situación ha llegado a un punto extremo, abandonado el tradicional vínculo de unión entre los dos estados, para pasar a un momento de gran tirantez entre Génova y la Monarquía. Según se detalla en la consulta del Consejo de Estado de diciembre de 167177, se decidió en 1665 mandar al conde de Vailate a Génova

debido a que se preveía que la Emperatriz iba a pasar por esa ciudad en su viaje a Viena desde Madrid. Don Mateo Francisco Ordoño de Rosales era un conocido “jenízaro” milanés, hijo de un español y una italiana, que comenzó su carrera como pagador de la Tesorería General, llegando incluso al puesto de secretario del Consiglio Segreto78. En

1650 compró el título y señorío de Vailate, una pequeña localidad a treinta kilómetros de Milán, y pocos años después, en 1657, el marquesado de Castelleone79. Una de sus hijas,

doña Beatriz Ordoño de Rosales, contraerá nupcias con don Lucio Patiño de Ibarra,

74 Ibídem, pp. 115-151.

75 SAAVEDRA FAJARDO,D. [Ed. facsímil], Idea de un príncipe político christiano en cien empresas,

Imp. Iuan Bavtista Verdussen, Amberes, MCILXXVIII, Valladolid, Editorial Maxtor, 2004, pp. 323-324.

76 Archivo General de Simancas, (AGS), Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636,

109.

77 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 111.

78 GARCÍA CUETO,D., «Donaciones españolas al Tesoro de la Santa Casa de Loreto durante el

siglo XVII», Atrio, nº 18, (2012), pp. 73-94.

79 WERUAGA PRIETO,A., “Aulas de la Monarquía Católica. Internacionalización y nobleza en la

matrícula universitaria salmantina (siglos XVI-XVII)”, en RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES,L.E.,POLO

RODRÍGUEZ,J.L.(eds.), Historiografía y líneas de investigación en historia de las universidades: Europa

miembro del Consiglio Segreto, de cuyo matrimonio nacerán los famosos Patiño del siglo XVIII80.

El conde de Vailate tenía órdenes de llevar a cabo las negociaciones con los genoveses relativas al desembarco de la Emperatriz, siempre siguiendo las instrucciones que le diera el gobernador de Milán. Sin embargo, ante los problemas que presenta el gobierno genovés para la llegada de la Emperatriz, se decide trasladar el lugar de desembarco al marquesado del Finale. Este cambio provocó un gran malestar en el gobierno de la República, que ofendido por el traslado no designa como estaba previsto a Juan Lucas Spínola como embajador ante la corte madrileña. No obstante, lo que más ofenderá al gobierno español, enturbiando las relaciones entre los dos estados, será la ausencia de un embajador genovés a la muerte de Felipe IV, pues el gobierno ligur no envió ningún emisario para dar el pésame a doña Mariana de Austria. Esta ruptura del protocolo habitual será la que provoque la decisión en Madrid de que Vailate se traslade a Milán, abandonando la embajada genovesa con el pretexto de ir a besar las manos a la Emperatriz en el Finale.

A pesar de estas ofensas al protocolo, Génova sigue siendo esencial en el entramado imperial de la Monarquía, además de un importantísimo centro de noticias del Mediterráneo occidental. El valor de Génova no podía ser olvidado o desdeñado por Madrid, con lo que la corte madrileña encomienda al secretario de la embajada, Francisco del Castillo, que se encargue de remitir todos los avisos y noticias a Madrid, ayudado por el veedor y contador de la escuadra de galeras de Génova81. De esa manera se continúa

con una de las funciones principales que tenía el embajador en esa república, que no es otro que mantener informada a la Monarquía Hispánica de las principales noticias que se produjeran o que llegasen a la capital ligur.

Sin embargo, las relaciones todavía empeorarían más entre los dos estados. Es en 1668 cuando el secretario Castillo acude al Dux por orden del duque de Osuna, gobernador en ese momento de Milán, con el encargo de darle las gracias por dos motivos; el primero haber liberado un barco que habían capturado unos corsarios españoles y que fue apresado finalmente por los genoveses; y el segundo para agradecerle también el paso franco que se había otorgado a la ropa de la viuda de don Luis Ponce, doña Mencia de

80 BORJA DE AGUINAGALDE,F., “Curiosidades genealógicas. Tomás de Egurza († 1546), agente

del Señor de Loyola en Roma (1529) y ascendiente de las Casas Reales europeas (págs. 91-115, con ilustraciones y árboles genealógicos)”, Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía,

Homenaje a don Faustino Menéndez Pidal, vol. VIII/1, (2004), pp. 90-116.

Guzmán. El problema surge cuando al secretario, como él mismo cuenta, no solo se le hace esperar “más de una ora y dado audiencia a todos”82, sino que incluso se “le hizo

despedir sin dársela”83. El desplante hacia el enviado español no termina ahí, sino que,

como él mismo secretario relata, poco después un mensajero le trae a Castillo el oficio que había enviado al Dux, pero sin la habitual respuesta del gobernante ligur, teniendo que ser el mismo mensajero el que le cuente a don Francisco que el secretario genovés no había considerado conveniente transmitírselo al Dux. Estas ofensas en el protocolo provocan el enfado de la corte madrileña, reiterándosele al secretario las órdenes de no despachar con el gobierno genovés ningún asunto y continuándose con la idea de dejar la embajada vacante, sin designar a un sustituto para el conde de Vailate a pesar del tiempo transcurrido. Hay que tener en cuenta que este año es crucial para Europa, estando la Monarquía amenazada por el poderío francés y sin aliados internacionales, con lo que Génova muy posiblemente no quisiese retomar el tradicional vinculo de amistad con la Monarquía Hispánica, ni realizar ninguna acción que pudiese inducir a Francia a pensar en ello, temiendo la amenaza que Luis XIV puede representar para Génova.

A pesar de estos problemas, a comienzos de la década de los 70 en Madrid se vuelve a considerar más importante para la Monarquía restablecer las buenas relaciones con Génova, comenzando por destinar a la República un nuevo enviado que pueda intentar volver a entablar unas relaciones de concordia con el estado ligur. Incluso, si fuese posible, a la situación de preeminencia que el monarca Católico tenía en el pasado. No obstante, todos estos movimientos de acercamiento a Génova, como ya hemos explicado, están motivados por “ver al rey de Franzia armado con numerossas tropas, le mueve a poner en considerazión a Vuestra Magestad será muy de su servizio que en la coyuntura pressente haya en Génova ministro”84. No es, por tanto, otro motivo que el

miedo a Luis XIV lo que genera un acercamiento a Génova, pues la deriva de la República hacia Francia afectaría a todo el entramado imperial de la Monarquía, e incluso al domino español sobre la península Itálica.

Se puede ver en la consulta como el Consejo de Estado se muestra preocupado por las posibles negociaciones que puedan entablar Francia y Génova, pues se especifica que el objetivo principal que debe tener este nuevo embajador es “descubrir assi las negociaçiones de la República como las de los otros Príncipes para que con los avissos

82 Ibídem. 83 Ibídem. 84 Ibídem.

que diere se prevenga lo combeniente”85. Si bien, aunque no se nombra a Luis XIV, queda

claro que el Consejo ve con preocupación una posible intromisión de Francia en los asuntos italianos, y especialmente en Génova. La pérdida de la influencia española en la república ligur y su sustitución por la francesa ocasionaría el consiguiente alejamiento de la Republica de la órbita hispana, acarreando con ello numerosas dificultades, tanto económicas como logísticas a la monarquía de Carlos II86.

Tras la consulta, parece que esa misma tarde, el secretario del consejo de Estado, don Pedro de Medrano, escribe un billete a don Pedro Fernández del Campo, el secretario del Despacho Universal y futuro marqués de la Mejorada del Campo, pidiéndole que consulte con la reina si los votos para designar al futuro embajador ante Génova debían hacerse por medio de voto secreto o público, resolviéndose al final que se hagan de modo secreto. Comienza de esta manera un proceso para designar al embajador, un proceso que se solventó de manera rápida, quizá ante el temor a la situación que se vivía en Europa87,

que parecía desembocar a un conflicto armado, y la necesidad de contar con la república genovesa en el bando hispano. En los siguientes días se remitirán a la Reina, y luego al Consejo, sendos memoriales en los que se glosan los servicios de las personalidades que solicitan el puesto.

El carácter de receptor y transmisor de noticias será tan relevante dentro de las funciones del nuevo embajador que incluso en una primera enumeración de las personas que se han interesado por el cargo se recalca que debe ser alguien “noticioso de las cossas de todas partes y especialmente de las de Ytalia”88. Es, por tanto, muy importante el

carácter italiano de este nuevo embajador, algo que no parece cuadrar mucho con el futuro marqués de Villagarcía, que no había estado nunca en Italia ni consta que tuviera ninguna relación con personalidades destacas allí antes de su designación. Aun así, según se indica, se le considera para el cargo junto al conde de Calzada, el conde de Legarda89,

don Baltasar de Fuenmayor, don Fernando de Abarca y don Pedro de Ribera. A esta relación de nombres se adjuntarán en otra posterior los del Conde de Vailate y el del príncipe de Savelli, aunque este último tachado90.

85 Ibídem.

86 HERRERO SÁNCHEZ, op. cit. (nota 59), pp. 115-151. 87 MAURA,op. cit. (nota 12), pp. 133 y ss.

88 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 119.

89 Se trataría del título otorgado por Felipe IV el 21 de febrero de 1664 a don Juan José de Peralta,

Hurtado de Mendoza y Salcedo. BERNI Y CATALÁ,J., Creación, antigüedad y privilegios de los títulos de

Castilla, Valencia, en la imprenta particular del Autor para sus obras, 1769, p. 354.

Como se puede apreciar, hay una disparidad de origen y condición social entre los solicitantes, la mayoría proceden de la corona de Castilla, pero también encontramos al conde de Vailate que proviene de Milán y al príncipe de Savelli que es romano. Entre los demás, se encuentran nobles ya titulados, como Calzada y Legarda; otros que proceden del ámbito letrado, como don Baltasar de Fuenmayor91, don Fernando de Abarca y don

Pedro de Ribera; y el otro, don Antonio de Mendoza, que es el heredero de un título aristocrático. Será el 9 de enero de 1672, menos de un mes después de que se decidiese en el Consejo designar un nuevo embajador para Génova, cuando se proceda a la votación secreta para el nuevo nombramiento, que recayó en la persona de don Antonio de Mendoza92. Debido al carácter secreto de la votación no se conoce el número de votos

que pudo lograr el futuro marqués de Villagarcía, ni las razones que hubo para su designación por encima de otros candidatos que presumiblemente contaban con más experiencia, con más encumbre social o con una mayor preparación. Sea como fuere, tras la aceptación de la Reina Regente, será don Pedro de Medrano el encargado de comunicar a don Antonio su elección a través de un billete fechado a 16 de enero93.

La siguiente noticia que tenemos del desarrollo del nombramiento es del 4 de febrero de 1672, cuando se trata en el Consejo de Estado un memorial enviado por don Antonio de Mendoza en el cual pide ser enviado a Génova con el título de embajador extraordinario, arguyendo que de no ser de este modo se trataría de un descenso de grado, puesto que anteriormente ya había sido enviado a Francia, a la corte del rey Cristianismo, como enviado extraordinario del monarca Católico94. Añadiendo, además, que no mira a

un aumento de sueldo, “sino solo a la mayor decençia de tratar los negocios”95.

Conjuntamente, quizá para recalcar que no quiere ver su sueldo incrementado, pide de salario y ayuda de costa lo mismo que se ha estipulado a otros enviados de la Monarquía. El Consejo de Estado se mostró conforme con las demandas de don Antonio, considerando que la Reina Gobernadora podría otorgarle dicho título, además de los quinientos escudos de sueldo al mes, lo mismo que se otorgó al conde de Fernán Núñez y a don Manuel de Lira. A esta cantidad se le añadirían los seis mil ducados de ayuda de costa para su traslado.

91 Uno de los diplomáticos más relevantes de finales del siglo XVII, de origen aristocrático y cuya

carrera comienza en universidad de Salamanca. ARCHIVO HISTÓRICO DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

(AHUS), Libros de Matrículas, 350, folio 3, r.

92 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 125. 93 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 126. 94 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3633, 1. 95 Ibídem.

Tras la merced de nombrarle embajador extraordinario ante la República de Génova, el 23 de febrero de 1672 don Antonio envía un billete, escrito de su propia mano, agradeciendo a la Reina y al secretario la designación como enviado y asegurándoles que partirá hacia Génova inmediatamente, si bien matizando a continuación que si el presidente del Consejo de Hacienda no se lo impide, pues espera la ayuda de costa para poder trasladarse a Génova96. Con esta puntualización, don Antonio queda a expensas de

que se le proporcione la ayuda de costa para comenzar su viaje hacia Italia, siendo en ese mismo papel donde se anota al margen la orden de que se escriba al presidente del Consejo de Hacienda, don Lope de los Ríos, en la medida de que se pague rápidamente a don Antonio la ayuda de costa que se le ha otorgado con el fin de que se acelere su traslado a la capital ligur.

Será a partir de este momento cuando surgen los problemas para don Antonio, por otra parte habituales a todos los embajadores, pues queda a expensas de la ayuda de costa para su traslado a Génova, con la consiguiente desesperación del Consejo de Estado, deseoso de que se produjera el viaje de Madrid hacia Génova. A pesar de las reiteradas ordenes de doña Mariana que se le envían a don Lope de los Ríos y de las presiones del Consejo de Estado, don Antonio no conseguirá la ayuda de costa hasta pasados más de seis meses. Durante este tiempo, se produjo un intercambio de billetes y cartas entre don Pedro de Medrano, don Antonio y don Lope, en los que se volcaran reproches y acusaciones mutuas ante el retraso que produce el impago de la ayuda de costa en la marcha de don Antonio a Génova.

Ya desde su designación, don Antonio de Mendoza deja clara su posición en todos sus billetes, no puede partir hacia Génova sin la ayuda de costa. Ante esta situación el Consejo de Estado no dejó de elevar quejas a la Reina Gobernadora para que presionara a don Lope y se le facilitase el dinero a don Antonio97, puesto que “don Antonio hace

falta en Génova al servicio del Rey nuestro Señor en el presente estado de las cosas universales”98.

Don Pedro de Medrano, para presionar de igual manera a don Lope, llega a escribirle que con la permanencia de don Antonio en Madrid “no solo se malogran los presupuestos de su ida a Génova, en coyuntura tan importante, pero se da, al mismo tiempo, notable escandalo a los ministros de prínçipes que asisten en esta corte con

96 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 127. 97 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 129. 98 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 131.

semejante situación y caresía, después de los muchos días que Su Magestad mando que passase a aquella República y de las repetidas ordenes que ha tenido Vuestra Señoría para pagarle su ayuda de costa”99. Como se puede ver, no solo se apela a la necesidad que se

tiene de que don Antonio se encuentre en Génova, algo que ya habían realizado en anteriores billetes, sino que ahora también se le presiona con la reputación y descredito del gobierno ante los embajadores que sirven en Madrid. Es en este papel, además, donde se da una cantidad diferente de ayuda de costa, pues se dice que la cantidad debe de ser de 4.000 escudos100, aunque en la consulta del 19 de junio se hablará de 6.000 escudos101,

cantidad a la que también se había hecho referencia en los billetes anteriores de febrero. El Consejo de Estado se muestra seriamente preocupado por la situación en Génova, puesto que, para complicar más la situación, ha llegado a la capital ligur un embajador extraordinario de Luis XIV, mientras don Antonio continúa en Madrid esperando la ayuda de costa, lo que puede desembocar en un problema serio para la Monarquía si este embajador francés consigue influir en la República102. No obstante, no

será hasta el 3 de agosto de 1672, casi 8 meses después de que se aprobara su nombramiento como embajador ante la república ligur, cuando el Consejo de Estado certifica que don Antonio ha recibido ya la ayuda de costa y que dispone de todos los documentos y cartas para los principales genoveses, así como para otros señores y estados italianos, además de para diversas personalidades de la Monarquía que se encuentran en Italia o en otras partes de Europa103. Como viene siendo habitual, don Antonio recibe

cartas para los genoveses más relevantes, así como para los principales estados italianos, cartas que le presentan y le permiten comenzar a tener con ellos una relación, ya fuese oral o escrita. Será, además, en esta consulta donde se discute la cifra que debe usar don Antonio en sus cartas, arguyendo que los embajadores en Génova suelen usar la general, pero al ser don Antonio un enviado extraordinario se piensa que convendría darle una particular para que la usaran con él todos los que le escribieran104.

Será el 7 de agosto cuando don Antonio escriba un billete a don Pedro comunicándole que está pronto para partir y que lo hará en diligencia hacia Barcelona,

99 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 136. 100 Ibídem.

101 AGS, Consejo de Estado, Negociación de Génova, Leg. 3636, 138.