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4. Del servicio regio al interés privado La red epistolar del segundo marqués de

4.1. Red de oficio:

Como se ha podido apreciar en las instrucciones dadas a Villagarcía, uno de los principales cometidos de don Antonio era conseguir información a través de su correspondencia, manteniendo informada a la Reina Gobernadora y al Consejo de Estado de toda noticia que pudiera ser relevante para el gobierno de la Monarquía Hispánica. Es por ello que se le detallan claramente las personalidades, o más bien los cargos, con los que debe instaurar esos canales de información, incorporándose a esa red epistolar que ya existía entre los principales oficios de la Monarquía Católica. Estos cargos, como ya mostramos, son los siguientes: el gobernador de Milán, con el que se le escribe que debe ser su principal interlocutor, pero también con los embajadores ante la Santa Sede, el Imperio, Francia, Inglaterra y Venecia, así como los del Norte, donde se hallarían los que se encuentran ante los reinos de Suecia y Dinamarca, así como ante la república de las Provincias Unidas, pero también con los virreyes de Nápoles y Sicilia y el gobernador de Flandes.

Son, como se puede observar, los principales oficios de la Monarquía Hispánica en Europa, las personalidades más importantes fuera de la península Ibérica, cargos que se encargaban del gobierno de los principales estados de la Corona Católica y de su representación ante las más destacas cortes del continente. Bien es cierto que falta algún

oficio, pero su importancia sin duda era menor y por eso no se introdujo dentro de este conjunto de corresponsales, como podrían ser el virrey de Cerdeña. Sin duda los cargos incluidos en las instrucciones son los que más información proporcionarían al marqués de Villagarcía, pues desde sus destacados puestos son observadores privilegiados de la política europea y de los movimientos cortesanos154. De esta forma don Antonio podía

conocer de primera mano las más importantes noticias que recorrían en continente, a lo que se le añadían las reflexiones personales que adjuntas a las cartas enriquecen el conocimiento de la situación. La correspondencia creaba unos importantísimos canales para que los servidores regios puedan conocer todo aspecto relevante dentro del ámbito europeo.

Durante los algo más de cinco años que don Antonio Domingo se encuentra en Génova la red de oficio sufrirá diversos cambios debidos a los relevos en esos puestos claves, pero lo más significativo es que se mantuvieron los canales abiertos a pesar de los reemplazos que se produjeron. Uno de esos cambios, por ejemplo, es el que se lleva a cabo en el principal interlocutor de Villagarcía, el gobernador de Milán. A la llegada de don Antonio a Génova ocupa el puesto milanés el V duque de Osuna, don Gaspar Téllez Girón, pero en 1674 será sustituido por el príncipe de Ligne, don Claudio Lamoral, que abandona el virreinato de Sicilia que ocupaba hasta ese momento para hacerse cargo del gobierno ducado de Milán, que desempeñó durante el resto de la embajada de Villagarcía en Génova.

Otro oficio de especial importancia para la Monarquía Hispánica es la embajada ante la Santa Sede, no solo porque Roma en esos años seguía siendo un relevante centro para la diplomacia europea y de la autorepresentación de las monarquías, frecuentemente ocupada por nobles de primer rango o importantes diplomáticos155, sino también por ser

Roma uno de los principales centros de noticias de toda Europa156. La embajada ante el

154 Por poner un ejemplo, muchos de los movimientos cortesanos de la época de Carlos II aparecen

en la correspondencia diplomática de los embajadores en Madrid. LUZZI TRAFICANTE,M., “Memoria y

Corte en la España de Carlos II”, Tiempos modernos: Revista Electrónica de Historia Moderna, vol. 8, nº. 31, (2015), pp. 423-443. KELLER,K., “Spanish Politics and Cultural Transfer in the Diaries of Ernst Adalbert of Harrach”, en MARTÍNEZ MILLÁN,J., GONZÁLEZ CUERVA,R. (coord.), La dinastía de los

Austria: las relaciones entre la Monarquía Católica y el Imperio, Madrid, Editorial Polifemo, vol. 2, 2011,

pp. 1023-1044.

155 VISCEGLIA,M.A., “L’ambasciatore spagnolo alla corte di Roma: linee di lettura di una figura

politica”, en VISCEGLIA,M. A. (Cur.), Diplomazia papale e politica della Spagna a Roma. Figure di

ambasciatori, Roma, CROMA-Università Roma Tre, 2008, pp. 3-27. VISCEGLIA,M.A., Roma papale e

Spagna. Diplomatici, nobili e religiosi tra due corti, Roma, Bulzoni editore, 2010.

156 INFELISE, M., “Roman avvisi: information and politics in the Seventeenth Century” en

SIGNOROTTO,G.,VISCEGLIA,M.A.(Eds.), Court and Politics in Papal Rome (1492-1700), Cambridge,

Pontífice será una de las que más cambios sufrirá en estos años, pero manteniéndose siempre la correspondencia regular entre ambas ciudades. A la llegada de Villagarcía a Génova se encuentra al frente de la diplomacia romana el cardenal Nithard, con el Villagarcía mantendrá correspondencia durante toda su embajada a pesar de la sustitución de Nithard157. Será en el año de 1676 cuando ocupará el cargo el conde de Melgar durante

unos pocos meses, hijo del Almirante, que después desempeñaría el gobierno de Milán, pero ya durante la embajada de Villagarcía en Venecia. Asimismo, durante unos meses don Antonio mantuvo correspondencia con el marqués de la Mejorada del Campo, aunque en este caso desde Madrid. Finalmente será el marqués del Carpio el que ostente la embajada en el año de 1677, cuando se produce el traslado de Villagarcía a Venecia.

La embajada en Londres será otro oficio que sufrirá bastantes cambios durante los años setenta del siglo XVII. En 1672 desempeñaba el puesto de embajador ante el reino de Inglaterra el marqués del Fresno, don Pedro Fernández de Velasco, que será también sustituido en 1674 por don Pedro Ronquillo, primo de Villagarcía y uno de sus más cercanos confidentes. Ronquillo es uno de los mejores y más valorados embajadores de finales del siglo XVII. Entre sus puestos diplomáticos podemos encontrar las paces de Nimega o algunas embajadas extraordinarias, como las que lleva a cabo en Viena o en Polonia. En 1676 será designado para el cargo en Londres don Bernardo de Salinas, último embajador con el que Villagarcía mantuvo correspondencia hasta su traslado a Venecia en 1677.

No todo, sin embargo, son cambios, durante estos años también hay embajadas que no sufren relevos, manteniéndose estable la correspondencia con una misma persona durante toda la estancia genovesa de don Antonio. Es el caso, por ejemplo, de la embajada en el Sacro Imperio, ocupada en estos cinco años por don Pablo Doria, marqués de Los Balbases; o el de la relevante embajada ante la república de Venecia, cuyo embajador será el marqués de la Fuente, don Gaspar de Teves Tello de Guzmán. La embajada veneciana tiene un valor especial dentro del tráfico de noticias por el importante centro de información que era la ciudad de Venecia durante la Edad Moderna.

157 OLIVÁN SATALIESTRA,L., “Nithard en Roma (1672-1677): orgullo y ambiciones”, en ANSELMI,

A. (a cura di), I rapporti tra Roma e Madrid nei secoli XVI e XVII: arte diplomazia e política, Roma, Gangemi Editore, 2015, pp. 586-605. NOVO ZABALLOS,J.R., “De confesor de la reina a embajador

extraordinario en Roma: la expulsión de Juan Everardo Nithard”, en MARTÍNEZ MILLÁN, J.,RIVERO

RODRÍGUEZ,M.(Coords.), Centros de poder italianos en la Monarquía Hispánica (siglos XV-XVIII), II,

Otro caso especial es la embajada ante el reino de Francia. En 1672 se encuentra en París el conde de Molina, don Antonio de Mexía de Tovar y Paz, tío de don Antonio de Mendoza. Sin embargo, esta embajada quedará vacía con la declaración de guerra de Luis XIV a la Monarquía Hispánica. Bien es cierto que durante unos meses don Antonio se carteó con el secretario de la embajada, don Francisco Ruiz, pero tras ese periodo y alguna carta más de Molina, no se volverá a establecer contacto epistolar con ningún diplomático que se encuentre en París hasta la llegada del marqués de la Fuente tras su embajada en Venecia158.

Los últimos embajadores a los que se nombra en las instrucciones con los que Villagarcía debe mantener correspondencia son los que se encuentran en el norte de Europa, englobándose así a diferentes estados en los que la Monarquía no tenía o había tenido habitualmente un embajador ordinario. En Suecia se hallaba por esos años don Francisco de los Ríos, conde de Fernán Núñez, del que se conserva también, al igual que de Villagarcía, una abundante correspondencia. En Dinamarca, en cambio, estaba designado desde 1674 don Baltasar de Fuenmayor159. Conjuntamente, se puede

considerar dentro de esta categorización del norte de Europa a los embajadores en las Provincias Unidas, puesto que de no ser así sería muy extraño su exclusión dentro de la correspondencia de noticias, y especialmente con las buenas relaciones que en ese momento hay entre los dos estados frente al peligro que representa para ambos la Francia de Luis XIV. En La Haya servirá durante toda la embajada genovesa de Villagarcía don Manuel de Lira, otro de los más famosos embajadores españoles de finales del siglo XVII. Por otro lado, también dentro de esa red de oficio que se le pide a Villagarcía en las instrucciones se encuentran los virreyes de Nápoles y Sicilia. Estos dos canales epistolares cobrarán especial importancia con la rebelión de la ciudad de Mesina en 1674 y la entrada de Francia en el conflicto. En el momento en que don Antonio llega a Génova ocupa el cargo de virrey de Nápoles el marqués de Astorga, don Antonio Pedro Dávila Osorio. Sin embargo, en 1675 será sustituido por el marqués de los Vélez, don Fernando Fajardo de Zúñiga, que ya se mantendrá en el cargo napolitano hasta 1677, cuando Villagarcía se traslade a Venecia. La relación con don Fernando, si bien consta de una correspondencia muy nutrida, provocará las constantes quejas de Villagarcía ante el impago del dinero que don Antonio consideraba esencial para su embajada.

158 FERNÁNDEZ NADAL, C. M., La política exterior de la monarquía de Carlos II: El Consejo de

Estado y la embajada en Londres (1665-1770), Gijón, Ateneo Jovellanos, 2009, p. 81.

159 Don Baltasar está emparentado con el segundo marqués de Villagarcía por medio del conde de

El gobierno de Sicilia, cuyos virreyes tienen a la relación epistolar con Villagarcía como algo esencial para la llegada de noticias del continente a la isla, sufrirá numerosos cambios en su gobierno en estos pocos años. Al comienzo de la embajada de Villagarcía se encuentra en el cargo el príncipe de Ligne, que tras ser designado para el gobierno de Milán abandona Sicilia dejando el cargo de virrey al marqués de Bayona, don Francisco Diego Benavides Bazán y Pimentel, aunque con un carácter interino. En 1675 llegará el marqués de Villafranca, don Fadrique Álvarez de Toledo y Ponce de León, que será relevado del gobierno por el marqués de Castel Rodrigo, don Francisco de Moura y Corte Real, ante las quejas por su desempeño en la guerra contra Mesina. Unos meses después, ante la repentina muerte de Castel Rodrigo, el cardenal don Luis de Portocarrero, virrey en ese momento de Cerdeña, se convertirá en el nuevo virrey de la isla.

Por último, en el gobierno de Flandes, otro de los principales puntos importantes dentro de la red de noticias de Villagarcía por las sucesivas agresiones de Luis XIV a esos territorios y por el conflicto armado que va a tener lugar durante la estancia de Villagarcía en Génova, vamos a encontrar a dos gobernadores. En 1672 en encuentra en Bruselas el conde de Monterrey, don Juan Domingo de Haro y Guzmán, que será sustituido en 1674 por el duque de Villahermosa, don Carlos de Aragón y Borja, que ya lo ocupó hasta el traslado de Villagarcía en 1677.

Sin embargo, el punto central del universo epistolar de Villagarcía es el envío a Madrid de toda la información disponible, el traslado de todas las noticias a la corte por medio de las cartas. Dentro de este apartado tendríamos a la propia Reina Gobernadora, doña Mariana de Austria, y a Carlos II, aunque todas estas cartas en verdad estaban destinadas al Consejo de Estado. Asimismo, se podrían considerar dentro de este punto los secretarios del Consejo de Estado, don Pedro de Medrano, don Bartolomé de Legasa y don Matías Vázquez de Mendoza, cuya correspondencia es muy abundante durante toda la embajada genovesa, aunque son cartas sin demasiadas noticias, salvo el envío y recepción de correos. También estaría dentro de este ámbito el marqués de la Mejorada del Campo, don Pedro Fernández del Campo, secretario del Despacho Universal. En la correspondencia conservada de Villagarcía para Madrid se puede observar como el embajador hace referencia a cualquier noticia que ha recibido de sus corresponsales, estando muy atento a comunicar toda la información de la que dispone a la corte madrileña, como se le pedía en las instrucciones.