4. Del servicio regio al interés privado La red epistolar del segundo marqués de
4.2. Red particular impulsada por Villagarcía:
La relevancia de la red epistolar que despliega don Antonio con su llegada a la embajada genovesa no se explica solo por esa red de oficio, sino por la ampliación de la misma a toda una serie de corresponsales de muy diferente ámbito, pasando de esas treinta personalidades que podemos considerar dentro de la red de oficio a las más de doscientas que encontramos como interlocutores de Villagarcía, aunque bien es cierto que dentro de este número se encuentran muy diferentes clasificaciones, desde las personalidades con un asiduo intercambio epistolar con don Antonio a los que solo envían unas pocas cartas. No obstante, a pesar de este factor, no podemos dejar de considerar al segundo marqués de Villagarcía como una de las figuras más relevantes del tráfico de información epistolar de finales del siglo XVII.
Dentro de estas casi doscientas personas, apartando a las treinta ya nombradas, podemos destacar a grandes figuras de la época, tanto de dentro como de fuera de la Monarquía Hispánica. Mantenía, por ejemplo, una asidua correspondencia con dos cardenales genoveses, el cardenal Aldeano Cibo y el cardenal Lorenzo Raggi, ambos miembros de la curia romana, lo que le facilitaba tener noticias de primera mano de los movimientos y acontecimientos dentro de la Santa Sede. También dentro de su red epistolar podemos encontrar a príncipes soberanos italianos, como el Gran Duque de Toscana o el duque de Parma, así como cartas con las duquesas de Mantua y Módena, llegando incluso a despachar correspondencia con la república de Lucca, una cartas que le sirven para presentarse ante el escenario italiano. Encontramos, asimismo, otras importantes personalidades italianas o cuya influencia en el ámbito italiano se deja sentir, como la duquesa de Sermoneta, el príncipe Doria, el príncipe de Piombino, don Fadrique Doria, don Vicente Gonzaga, Vitaliano Borromeo o el conde de Troto.
Por otro lado, el marqués de Villagarcía también expande su red epistolar entre los principales nobles y cargos al servicio de Carlos II, aunque estos no se especifiquen en las instrucciones, como el embajador en Saboya, duque de Giovinazzo, o el gobernador del Finale, don Cristóbal de Aponte160. Igualmente, don Antonio Domingo de Mendoza
era muy consciente de la importancia de mantener unas buenas relaciones con la corte madrileña a pesar de su alejamiento, y que nada era mejor para reducir el distanciamiento que las cartas, con las que podría congraciarse con los grandes actores políticos del
160 Posiblemente esta correspondencia se deba a las pretensiones que había tenido Génova sobre
el marquesado y por las continuas disputas entre la República y el Finale. AGS, Est. L.3636, 147.
momento en Madrid. Es por ello que para Villagarcía tiene una especial relevancia la correspondencia que mantiene con los consejeros de Estado y con los presidentes de consejos. Entre los consejeros podemos encontrar al Almirante y al Condestable de Castilla, a los condes de Peñaranda, Santisteban y Ayala o a los duques de Alba, Infantado, Pastrana o Medinaceli. A su vez, entre los presidentes de consejos se hallan el de Hacienda, don Lope de los Ríos, el de Órdenes, duque de Sessa, los de Italia, duque de Peñaranda y de Alba, el de Indias, duque de Medinaceli, y los de Flandes, conde de Monterrey y marqués de Castel Rodrigo.
Tampoco es nada despreciable sus contactos por medio de las cartas con el círculo íntimo de la Reina Gobernadora, en el cual, como ya se ha visto, se encuentran su hermana y su madre. Don Antonio pudo establecer contacto epistolar regularmente con algunas de las damas y dueñas de doña Mariana de Austria, como son la condesa de Eril, que además fue camarera mayor de la emperatriz Margarita de Austria, la condesa de Siruela y las marquesas de Castropinos, de Lanzarote o de Montana.
Don Antonio, junto con las figuras ya nombradas, tiene también correspondencia con otros actores políticos o personalidades de gran renombre, aunque en ciertos momentos estos no tengan un cargo destacado, simplemente por el hecho de ser importantes personajes para la Monarquía Hispánica. Villagarcía sabe que para volver a la corte de Madrid bien posicionado debe congraciarse con muchas personalidades, como el propio don Juan José de Austria, el conde de Cifuentes, el duque de Albuquerque, el marqués de Asentar, el conde de Puñonrostro, el conde de Fuensalida, el patriarca de Indias, el Inquisidor General, el duque de Montalto o el Vicecanciller de Aragón. Llegará a tener incluso correspondencia con la ciudad de Santiago de Compostela, lo que le permitiría también mantener un cierto contacto con el reino donde se asientan sus posesiones. Todas estas personalidades le acercaran a la corte, ya sea transmitiéndole las novedades a cambio de recibir ellos las noticias que Villagarcía les envía de toda Europa, o simplemente estableciendo un vínculo escrito que le permita estar siempre en contacto con figuras destacadas dentro de la nobleza y el clero hispanos. Villagarcía sabe que a través del intercambio epistolar puede crear una conexión entre ambos corresponsales, colocándose de esta manera en una posición inmejorable para ascender en sus esperanzas áulicas y en el cursus honorum de la Corona Católica.