La genealogía de la subjetividad de Foucault no hace de la Anti- güedad una «Edad de Oro». La predominancia de una sociedad viril, la disimetría y la exclusión del otro como pasivo en la rela- ción sexual no son propias de una sociedad libre. Sin embargo, cabe encontrar allí elementos para una propuesta de concepción estética de la subjetividad, exenta de código. El souci de soi es pri- vilegio, deber y técnica muy valorado en Grecia. El souci de soi comprende una tarea reglada, dotada de procedimientos y objeti- vos filosóficos. Foucault ha señalado cómo para Séneca, Plutarco y Epicteto el cuidado o gobierno de sí mismo implica un recogi- miento, una forma de habitar en uno y establecer con uno ciertas relaciones. Estas relaciones de recogimiento estoico se conciben de acuerdo con un modelo jurídico-político: quien se gobierna es soberano de uno mismo, es plenamente independiente, y ejerce una dirección perfecta sobre el mismo. Además, este género de relaciones encarna una alegría posesiva: goce de la propia indivi- dualidad y satisfacción en ella de toda su voluptuosidad. En la Antigüedad, esta práctica de la subjetividad artística reunía tres funciones. En primer lugar, comprende una función crítica por la que el sujeto desaprende todas las malas costumbres y las falsas opiniones procedentes del entorno. En segundo lugar, guarda una función de lucha inculcadora de una concepción de la vida como un combate permanente con aquella parte de la exterioridad que le es adversa. En tercer lugar, el cultivo de uno mismo posee una función curativa y terapéutica dirigida a sanar las enfermedades del alma. Estas tres funciones coinciden en dotar al sujeto de un ejercicio de askesis. El sujeto debía comportarse de la misma ma- nera que un atleta: éste no derrocha sus energías con esfuerzos in- necesarios o inútiles. El sujeto ascético se ejercita estrictamente en aquellos ejercicios que le son necesarios en la lucha para ven- cer a sus adversarios. Como el buen luchador, debe ser diestro en aquellos movimientos que le permitan resistir a los acontecimien- tos acaecibles de manera inconmovible. Quien no guarda una rela- ción de askesis se abandona a un estado de akracia.
Las prácticas que configuran una «estética de la existencia» se vieron luego postergadas por otras prácticas, si bien no desapare-
cieron. El uso de los placeres y El cuidado de uno mismo dan cuenta del solapamiento que se produjo con el cristianismo del épiméleia heautoû (gobierno de uno mismo) por el épiméleia tôn allôn (gobierno de los otros). El gobierno de uno mismo quedó anulado por el poder pastoral cristiano desde los siglos IVyV. La competencia de la institución pastoral, en todo lo relativo a la sa- lud del individuo y el cuidado de las almas, produjo la pérdida de autonomía de la cultura de uno mismo antigua. La escisión entre placer y deseo y las prevenciones que se interpusieron a la satis- facción del placer mediante su sometimiento a un régimen de verdad provocaron la superación de las técnicas paganas de cons- titución de la individualidad por las técnicas cristianas de subjeti- vación. La austeridad estoica deja de ser una técnica de gobierno de uno mismo para convertirse en un fin en sí mismo, incompati- ble con la satisfacción de los placeres y la pureza de los deseos. La crisis de la ética antigua y su reformulación grecorromana (siglosIyII) no evitó la reaparición de la «estética de la existen- cia» en diferentes momentos históricos: la visión de la individua- lidad del héroe renacentista, el estilo artístico del revolucionario ilustrado o la vida del artista del siglo XIX. Sólo el intervalo del cristianismo medieval borró cualquier vestigio de «estética de la existencia» o «cultura de uno mismo» (épiméleia heautoû). En otros periodos históricos reaparece la construcción artística de la existencia. La constitución del sujeto deja de ser, así, un producto o efecto para ser la superficie receptiva a múltiples revoluciones inesperadas. Esta «estética de la existencia» propone una subjeti- vidad sin sujeto o un sujeto en continuo despliegue y transforma- ción. La ascesis filosófica, desarrollada en El uso de los placeres y El cuidado de uno mismo, transgrede las manifestaciones do- minantes de la subjetividad para procurar una individualidad li- berada. Se trata de un «sujeto anárquico» que encarna la búsque- da infatigable de la diferencia, más allá de los efectos del poder y del saber. Esta transgresión de las formas de subjetivación domi- nantes no son mero rechazo de la autoridad. Felix Guattari señala cómo esta gran transformación comprende varias modificacio- nes. En primer lugar, la transversalidad de atravesar los límites de un territorio particular donde se constituya la subjetividad como un producto. En segundo lugar, oponerse a todas las categorías producto del poder, las que están relacionadas con la lucha social
visible y las que se ejercen sobre el cuerpo y la salud. En tercer lugar, las transformaciones de la subjetividad son inmediatas y concernientes a las más cercanas luchas de poder. No remiten a programas de partidos políticos o a futuras e hipotéticas solucio- nes. En cuarto lugar, tales luchas cuestionan el estatuto del indi- viduo normalizado y afirman un derecho inalienable a la diferen- cia, compatible con muchas estrategias comunitarias. En quinto lugar, estas transformaciones de la subjetividad sortean los privi- legios del saber y sus funciones mistificadoras. Finalmente, toda revolución de la subjetividad comprende un rechazo de la violen- cia económica e ideológica del Estado y de todas sus formas de inquisición científica y administrativa.
Para Foucault, ser un intelectual no consiste en arrogarse una representatividad especial sobre cualquier grupo o colectividad. La tarea del intelectual consiste, más bien, en prepararse para en- carnar nuevas formas de subjetividad inexploradas. Por ello, el intelectual que desempeñe un trabajo crítico debe realizar una continua reproblematización de las técnicas del yo, una transfor- mación de las estrategias del saber y poder que producen la iden- tidad. A la introspección del confesional «conócete a ti mismo», Foucault opone el valor de «desprenderse de uno mismo». Tal fi- losofía no pretendía ser aleccionante o edificante pues no se ma- terializa en profecía o promesa alguna. Pretende la construcción de una voluntad política singular que cuestione todas las eviden- cias y universalidades que organizan la «experiencia» de determi- nado momento histórico.
Esta cultura de uno mismo no pretende una vuelta a los grie- gos. Se trata de una infinita reproblematización que no admite descanso: la Antigüedad tampoco puede ser hoy, para nosotros, una Edad de Oro a la que puedan apuntar futuras formas de vida. Gilles Deleuze supone que trata, más bien, de recordar el olvido moral en que cayeron los modos antiguos de subjetivación. Un olvido favorecido por las viejas creencias y modos de individua- ción cristianos. Un olvido moral que nos sumió en una ética ina- decuada para resolver nuestros problemas cotidianos. El uso de los placeres y El cuidado de uno mismo nos recuerdan el olvido moral en que nos internamos un día. Quizás a la constancia de nuestro olvido moral deba corresponderle una inquietud —cierto abismo— por encontrar las fuerzas necesarias para sobreponer-
nos a tanto alejamiento moral. Foucault encontró, en los últimos años, el coraje de su voluntad política singular en las formas de subjetividad antiguas. Deleuze ha señalado cómo el legado de los griegos consiste en una propuesta de irreductibilidad de la subje- tividad al poder y al saber. La enkrateia —como capacidad para gobernarse a uno mismo y gobernar a los otros— aportaba en- tonces la capacidad para invertir las fuerzas externas de constitu- ción de la subjetividad en fuerzas internas fortalecientes de la vo- luntad de autogobierno. En este sentido, el pasado de los griegos nos proporciona la posibilidad de pensar el pasado, resistir al pre- sente y vislumbrar un tiempo por venir. En «The Subject and Po- wer» (1982), Foucault precisa que el objetivo de sus reflexiones no ha sido el poder sino las formas de subjetividad. Promover nuevas formas de subjetividad todavía inéditas es el urgente im- perativo moral que se apunta en una filosofía del porvenir.
acontecimiento Suceso que señala una discontinuidad en la historia. Posee una periodicidad y ritmos propios no explicables por las re- glas de causalidad propuestas por los historiadores seguidores de la idea de continuidad y progreso. En el periodo arqueológico, el aconte- cimiento es asociado a lo que se enuncia (acontecimiento discursi- vo), mientras que en el periodo ge- nealógico es vinculado a lo que acaece como revolucionario (acon- tecimiento revolucionario). La re- volución iraní se produce cuando se dan series de acciones que con- fluyen con otras series de actuacio- nes en series de series y provocan un suceso inédito e inexplicable mediante causalidades económicas, religiosas, sociales o políticas. El acontecimiento es radicalmente ex-
traño, inexplicable y azaroso. Exis- te una teleología negativa del acon- tecimiento, pues sin ser sustancia, accidente, calidad, o proceso de un cuerpo, tampoco es inmaterial. No se da una definición positiva del acontecimiento sino que se postula un descarte de realidades que no es. Véase revolución.
alteridad Experiencia alterna, extra- ña o diversa a la razón occidental. La experiencia de la locura, de la enfermedad, la muerte, la delin- cuencia, la no integración social, la perversión sexual configuran la ex- periencia de la alteridad, de lo Otro. El sujeto moderno se forma en el rechazo de esta alteridad.
analítica de la finitud Análisis de las condiciones de posibilidad del
Glosario
sujeto finito que se constituye en el espacio y en el tiempo. La vida, el trabajo y la lengua delimitan la finitud del hombre sin que pueda superponerse una concepción tras- cendental del hombre en el análisis arqueológico de las ciencias huma- nas.
analítica del poder Análisis estraté- gico del poder que estudia el supli- cio, el castigo, las disciplinas y el examen como mecanismos pro- ductivos de constitución histórica del sujeto moderno actuando so- bre el cuerpo de los individuos. Esta analítica del poder considera la compenetración del poder mo- derno con las ciencias humanas modernas —medicina, psiquiatría, pedagogía, criminología, psicolo- gía...— en el espacio institucional del psiquiátrico, la cárcel, el cuar- tel, el hospital o la escuela.
anormalidad Desviación, anomalía en los comportamientos respecto de un desarrollo normativo. A tra- vés de la fijación de la psiquiatría en los estados de desequilibrio en el instinto de los individuos, en vez de en las enfermedades, la psiquiatría se extendió al campo general de las conductas bajo pre- texto de tratar la anormalidad. En torno a 1860, el poder médico re- cae sobre lo no patológico, la anormalidad, y sólo secundaria- mente en la enfermedad. A partir de esta determinación laxa de la «anormalidad», la psiquiatría, en primer lugar, no clasifica y des- cribe el síntoma sino el síndro-
me anormal, donde se incluyen conductas aberrantes y desviadas —agorafobia, claustrofobia, clep- tomanía, tendencia incendiaria, homosexualidad, masoquismo...—; en segundo lugar, convierte lo anormal en patológico a través del delirio; y, en tercer lugar, consti- tuye un «fondo psíquico» sobre el que intervenir preventivamente, pues puede dar lugar a la enfer- medad. La rentabilidad política de la persecución del anormal es ma- yor que el castigo del monstruo, dado que aquel se extiende a todo el cuerpo social, mientras éste es excepcional. Véase monstruosi- dad.
anticiencias Conocimientos genea- lógicos que escapan a la jerarqui- zación y compartimentación del saber moderno. Son anticiencias todas las experiencias forjadas en las luchas políticas de las expe- riencias marginales, tradicional- mente sometidas por la experien- cia racional, donde se produce el hombre moderno por las ciencias humanas. A estas ciencias huma- nas se les objetó su no posesión de estatuto científico alguno para su- brayar su matriz política. Las anti- ciencias adolecen de igual caren- cia, claro está, dentro de las luchas políticas sostenidas en el interior de los juegos de verdad en que se constituye nuestra experiencia.
Véase ciencias humanas y contra-
ciencias.
archivo Conjunto completo de los discursos pronunciados en una
época. Su elaboración es la tarea propia de la arqueología, ya que consiste en el registro de todos los enunciados pronunciados o escri- tos en discursos diversos pero manteniéndolos en su propia dis- persión. Lo dicho y escrito en cada época determina lo que luego pueden manifestar los individuos. El sentido trágico de la tarea de «nuevo archivista» viene dado por la inabarcabilidad de su cometido. Sólo caben los archivos concretos de dominios de saber particulares: psiquiatría, medicina, biología, linguística, economía, criminolo- gía...
arqueología Saber liberador del discurso de todas las síntesis, cla- sif icaciones, agrupamientos y unif icaciones que pretenden los historiadores convencionales para agrupar a los saberes de cada épo- ca. Se trata de devolver los sabe- res y lo enunciado en cada discur- so a su discontinuidad previa a las reunif icaciones debidas funda- mentalmente a un sujeto y un tiempo histórico fundados en el progreso. No se trata de analizar los saberes como debidos a un su- jeto ominicapaz sino de estudiar- los en el contexto de las prácticas en que aparecen.
arqueología del silencio de la locura
Descripción del sueño, de lo irra- cional o de lo no dicho como expe- riencia propia de la alteridad, de lo diverso, lo otro, que escapa a la ra- zón moderna y a sus saberes pro- pios.
biopolítica de las poblaciones Una de las dos estrategias dispuestas por el poder moderno para incre- mentar la población y acrecentar su rendimiento efectivo. Se trata de un control intensivo y descentrado so- bre la población, denominado «gu- bernamentalidad», no atribuible al Estado. Coincide la necesidad del capital en mejorar la calidad del trabajo como factor de producción con el incremento y la salud de la población a través de una interven- ción constante y capilar sobre los individuos (nacimiento, procrea- ción, longevidad, enfermedad, muerte). Véase disciplina.
campo discursivo Concepto que de- termina el deslizamiento de una supuesta autonomía del discurso respecto de las instituciones. Es el contexto institucional donde el dis- curso encuentra buena parte de sus reglas de formación y transforma- ción.
ciencias humanas Ciencias surgidas en la consideración del hombre como objeto científico: psicología, sociología y análisis de las literatu- ras y las mitologías. Señalan al hombre como fundamento del sa- ber y subrayan sus límites alre- dedor del lenguaje, la vida y el trabajo que lo condicionan. Véase anticiencias y contraciencias.
condiciones de posibilidad del saber
Objeto de estudio de la arqueología como desentrañamiento del a priori de saberes como la psiquiatría, la medicina o la psicología.
contraciencias El psicoanálisis y la etnología como conocimientos que esclarecen las condiciones de posi- bilidad de unas ciencias sobre el hombre o «ciencias del hombre».
Véase anticiencias y ciencias hu-
manas.
defensa de la sociedad Objetivo que se trazan la psiquiatría y la crimi- nología cuando elaboran un tipo social «peligroso» que justifica los controles permanentes e individua- lizados sobre el conjunto del cuer- po social.
degenerado Tipo social creado por la psiquiatría más apropiado a la mayor extensión del poder moder- no sobre el cuerpo social. Sirvió a la protección del grupo bajo el pre- texto de que esta anomalía indivi- dual cuestionaba la sana herencia del grupo. La psiquiatría nazi y eu- genésica hizo de la defensa del grupo frente a la herencia degene- rada su particular implantación del orden.
delincuencia Factor de desviación social producido en un circuito cerrado de cárcel, delincuencia, policía, cárcel, delincuencia... que se retroalimenta indefecti- blemente y alcanza su mayor rentabilidad en la justif icación de la vigilancia constante de la población marginal. El éxito ma- yor de la cárcel es la perpetua- ción de este medio delincuente, allí reforzado, por encima del constante fracaso de la resociali- zación.
derecho de vida y muerte Dispo- sición del poder sobre la vida característica de la Antigüedad. Subsiste en las guerras moder- nas y en la aplicación de la pena de muerte por países como Es- tados Unidos, Arabia Saudí y Guatemala, sin efecto disuasorio alguno y sin ninguna ejemplari- dad moral por parte del Estado por la venganza disimétrica que comporta. Véase poder sobre la vida.
disciplina Procedimiento de control social basado en la regulación e in- tensificación de todos los ritmos corporales del día, así como la compartimentación de las horas de trabajo y descanso, en poblaciones custodiadas o tratadas en institu- ciones cotidianas como son la es- cuela, el hospital, el cuartel, la pri- sión, el psiquiátrico, donde se ejercen relaciones de poder y ex- tracción de saberes configuradores de la experiencia del hombre mo- derno.
discurso Práctica de habla sometida a controles, apropiaciones y luchas en la sociedad. Cada vez más obje- to de detentación según una distri- bución jerárquica de la palabra, el discurso es susceptible también de su liberación horizontal mediante una ruptura política de los meca- nismos de distribución desigual. La concesión de la palabra en las sociedades modernas es también ordenada no tanto mediante su re- presión sino a través de su produc- ción controlada.
discurso autónomo Ilusión de una explicación de las funciones y regu- laridades del discurso mediante el estricto estudio de su práctica, sin acudir a su contexto institucional externo. La genealogía marca la sa- lida de un excesivo cierre en torno al discurso para vincular el discurso al poder como matriz de su crea- ción, reparto y distribución social.
dispositivo Disposición provocada por el poder a hablar, decir, produ- cir verdad. Sirve para ofrecer un modelo productivo y no represivo de funcionamiento del poder. La palabra, la verdad, los comporta- mientos sexuales se incitan de acuerdo a estrategias de encauza- miento diferenciadas y más tena- ces que la mera represión.
documento Tratamiento que recibe un texto o un suceso cuando quiere extraerse la supuesta significación que encierra. La hermenéutica o la historia tradicional se ocupan habi- tualmente de los significados, de los sentidos de las creaciones o de las acciones humanas. Véase mo- numento.
enunciado Dominio discursivo de estudio de la arqueología. La ar- queología se dedica a describir las condiciones externas de posibili- dad del enunciado sin acudir a los recursos de la historia de las ideas —autor, obra, tradición, influen- cia, desarrollo... El enunciado es la materialidad de lo dicho sin valor lógico, significación o corrección gramatical, en su extrañeza, no re-
conducible a la frase, la proposi- ción o el acto de alocución.
episteme «Condición de posibili-
dad» de los saberes de una épo- ca determinada. Estructura las re- glas de formación de saberes diversos entre los cuales se produ- cen unos isomorfismos propios de cada episteme e incompatibles en- tre sí. Segmentan el tiempo históri- co en tres a prioris diversos entre los cuales no hay leyes de transfor- mación o tránsito: los cambios de una episteme a otra —Renacimien- to, época clásica, modernidad— son enigmáticos.
estética de la existencia Disposi- ción autoexigente de los sujetos virtuosos que desean hacer de su