gran poder, y la tierra quedó iluminada con su resplandor.
2Gritó con potente voz diciendo: «¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se
ha convertido en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en guarida de toda clase de aves inmundas y detestables. 3Porque del vino de sus prostituciones han bebido todas
las naciones, y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mer- caderes de la tierra se han enriquecido con su lujo desenfrenado.»
El vidente contempla un Ángel resplandeciente que baja del cielo (18,1) y grita (18,2a). Sus palabras son una solemne proclamación (pasado profético): «Cayó, cayó la Gran Babilonia» (cf. Is 21,9). Se describe la situación de Babilonia, tras su caída, con términos que expresan el simbolismo de la ruina: morada de demonios, espíritus impuros y aves inmundas (18,2a).
El motivo de la caída se centra en los siguientes delitos: embria- guez; fornicación; lujo (18,3). Como aparece por todo el contexto, son imágenes que indican la idolatría, el dominio despótico, el ansia de placer y el desenfreno de la capital del imperio pagano.
Huida del pueblo de Dios (18,4-8).
4Luego oí otra voz que decía desde el cielo: «Salid de ella, pue-
blo mío, no sea que os hagáis cómplices de sus pecados y os alcan- cen sus plagas. 5Porque sus pecados se han amontonado hasta el
cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades. 6 Dadle como ella
ha dado, dobladle la medida conforme a sus obras, en la copa que ella preparó preparadle el doble. 7En proporción a su jactancia y a
su lujo, dadle tormentos y llantos. Pues dice en su corazón: Estoy sentada como reina, y no soy viuda y no he de conocer el llanto... 8
Por eso, en un solo día llegarán sus plagas: peste, llanto y hambre, y será consumida por el fuego. Porque poderoso es el Señor Dios que la ha condenado.»
La gravedad del desastre de Babilonia se pone de relieve median- te la invitación al pueblo de Dios a salir de la ciudad, que va a ser arrasada. Así lo dice la voz del cielo: «salid de ella, pueblo mío».
a) Sentido de la huida y de la separación (17,4). La huida tiene como finalidad no hacerse cómplices de los pecados de Babilonia (Roma). En cuanto a la interpretación de la huida, las opiniones son muy diversas entre los exegetas. Algunos autores ven en ella una alusión a la huida de los cristianos de Jerusalén a Pella. Esta opinión tiene como punto de partida la suposición de que nuestro capítulo sería el resultado de la fusión de un doble Apocalipsis: uno referente a Jerusalén como Babilonia y otro referente a Roma como Babilonia. Tendríamos el reflejo de una doble interpretación en dos estadios sucesivos. La opinión parece no tener base suficiente.
Algunas sectas (p.e. Testigos de Jehová) ven una invitación a huir de la Iglesia organizada, especialmente de la Iglesia Católica.
Los comentaristas cristianos, en general, piensan en la huida en sentido espiritual (evitar la contaminación con los pecados de la Gran Ciudad).
b) Descripción de los pecados y del castigo (18,5-8). La invitación a huir de Babilonia está motivada por sus maldades, merecedoras del castigo divino.
·
El clamor de los pecados llega hasta el cielo (18,5). El autor usa la metáfora bíblica (antropomorfismo) del clamor que sube hasta el cielo, como en el caso de Sodoma y Gomorra (Gn 18-19) y asimismo el clamor de los sufrimientos del pueblo de Egipto (Ex 3,9). También es bíblica la forma de hablar de Dios indicando que se acuerda de las iniquidades para darles su justo castigo, como en el caso de la inter- vención divina contra los egipcios ante los gemidos de los israelitas (Ex 2,24).·
Babilonia tendrá un castigo doble (18,6). En proporción a su jactancia y lujo, tendrá tormentos y llantos (18,7a). Su soberbia, al proclamarse reina y dichosa (18,7b), tendrá como consecuencia las plagas, peste, llanto y hambre (18,8a). La frase final «será consumi- da por el fuego» (18,8b) puede hacer alusión al incendio de Roma por Nerón. El juicio de Babilonia se inspira en el juicio de los tiranos de la Biblia (Tiro, Gog de Magog). Ese juicio consiste en la venganza de los derechos de Dios (cc. Ez 27-28), la reivindicación de la justicia y el castigo del imperialismo. Las lamentaciones por Tiro se aplicarán en seguida a Babilonia: los reyes (18,9); los mercaderes (18,11.15); los capitanes (18,17b).La razón que se da de este castigo es la proclamación de la justi- cia divina: «Poderoso es el Señor Dios que la ha condenado» (18,8b).
Lamentaciones ante la caída de Babilonia (18,9-20).
9Llorarán, harán duelo por ella los reyes de la tierra, los que con
ella fornicaron y se dieron al lujo, cuando vean la humareda de sus llamas; 10se quedarán a distancia horrorizados ante su suplicio, y
dirán:
«¡Ay, ay, la gran ciudad! ¡Babilonia, ciudad poderosa,
que en una hora ha llegado tu juicio!»
11Lloran y se lamentan por ella los mercaderes de la tierra, por-
que nadie compra ya sus cargamentos: 12cargamentos de oro y plata,
piedras preciosas y perlas, lino y púrpura, seda y escarlata, toda clase de maderas olorosas y toda clase de objetos de marfil, toda clase de objetos de madera preciosa, de bronce, de hierro y de mármol; 13
cinamomo, amomo, perfumes, mirra, incienso, vino, aceite, harina, trigo, bestias de carga, ovejas, caballos y carros; esclavos y mercan- cía humana. 14Y los frutos en sazón que codiciaba tu alma se han ale-
jado de ti; y toda magnificencia y esplendor se han terminado para ti, y nunca jamás aparecerán. 15 Los mercaderes de estas cosas, los
que a costa de ella se habían enriquecido, se quedarán a distancia horrorizados ante su suplicio, llorando y lamentándose:
16«¡Ay, ay, la gran ciudad,
vestida de lino, púrpura y escarlata, resplandeciente de oro,
piedras preciosas y perlas,
17que en una hora ha sido arruinada
tanta riqueza!»
Todos los capitanes, oficiales de barco y los marineros, y cuan- tos se ocupan en trabajos del mar, se quedaron a distancia 18y gri-
taban al ver la humareda de sus llamas: «¿Quién como la gran ciu- dad?» 19 Y echando polvo sobre sus cabezas, gritaban llorando y
lamentándose:
«¡Ay, ay, la gran ciudad,
con cuya opulencia se enriquecieron cuantos tenían las naves en el mar; que en una hora ha sido asolada!»
20Alégrate por ella, cielo, y vosotros, los santos, los apóstoles y
los profetas, porque al condenarla a ella, Dios ha juzgado vuestra causa.
La sección comprende en primer lugar una patética lamentación por Babilonia pronunciada por reyes, mercaderes y marinos. A con- tinuación escuchamos una invitación a la alegría de los justos. Después seguirá una proclamación angélica sobre la caída de Babilonia.
A) Lamentación por Babilonia de reyes, mercaderes y marinos (18,9-19)
Una serie de lamentaciones describen poéticamente la desolación y ruina de la ciudad.
La sección se estructura en torno a una triple exclamación: «Ay, ay, la gran ciudad» (vv. 10.16.19), proclamada por:
·
Los reyes de la tierra (18,9-10). Estos son descritos como «los que con ella fornicaron y se dieron al lujo» (18,9b). Se trata, pues, de los reyes que han compartido la idolatría del imperio romano y su lujoso refinamiento. La sección se cierra con la exclamación «Ay, ay, la gran ciudad». Tras esta exclamación se da la razón de su caída: «En una hora ha llegado tu juicio» (18,10). Se trata, pues, de un cas- tigo (un juicio) por su actitud idólatra y de derroche.·
Los mercaderes (18,11-17). Es notable la descripción de toda clase de mercancías (18,12-14): metales preciosos, vestidos y objetos de lujo, perfumes, alimentos, animales de carga y transporte, escla- vos y frutos en sazón. Todo ello nos da idea del refinamiento de una cultura urbana del placer y del lujo. Es penoso encontrar también la enumeración de los esclavos entre todas las cosas que se poseen. Seguidamente vemos y escuchamos el gesto de horror de los merca- deres al contemplar la gran ciudad (18,15). La sección contiene de nuevo la exclamación «Ay, ay, la gran ciudad» (18,16). Tras esta segunda exclamación, viene asimismo una indicación del motivo de su caída: el lujo, los vestidos y piedras preciosas («¡En una hora ha sido arruinada tanta riqueza!», 18,17a).·
Los marinos (capitanes y gentes de barco; 18,17b-19). El autor nos hace oír en primer lugar una exclamación que la BJ traduce «¿Quién como la gran ciudad?». Esta pregunta (en tono de exalta- ción) no tiene sentido por el contexto. Por ello, nosotros creemos que la traducción coherente sería: «¿Qué ciudad es semejante [en su des- gracia] a esta gran ciudad?». Se describe a continuación el gesto de dolor (echar polvo sobre la cabeza), y la sección termina, como en lasdos escenas anteriores, con la exclamación «Ay, ay la gran ciudad». Tras esta tercera exclamación, se añade también como causa de su caída la opulencia: «en una hora ha sido asolada» (18,19).
El conjunto de elementos descriptivos tiene como función hacer- nos comprender las dimensiones de la caída de la ciudad. La excla- mación “La Gran Ciudad” es una mezcla de ironía y de lamentación.
B) Alegría de los justos ante el juicio divino (18,20).
La alocución de 18,20 (que ya no pertenece a la sección anterior de los lamentos) es una especie de paréntesis que invita a la alegría de los justos ante el juicio divino. La alegría en el cielo tiene un claro motivo: «al condenarla a ella (a Babilonia), Dios ha juzgado vuestra causa» (18,20; cf. 19,2). Aquí aparece un elemento fundamental de la estructura profunda del Apocalipsis, un tema que recorre todo el libro: la intervención de Dios contra las fuerzas hostiles al pueblo santo es un acto de defensa de los elegidos. Como síntesis de ese pue- blo de Dios (los santos), se enumeran a los apóstoles y los profetas. De esa manera se nos da una información sobre las dos dimensiones de la Iglesia cristiana (o quizá sobre el conjunto de AT y NT).
La proclamación angélica sobre la caída de Babilonia (18,21-24)
21Un ángel poderoso alzó entonces una piedra, como una gran
rueda de molino, y la arrojó al mar diciendo: «Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y no aparecerá ya más...»
22Y la música de los citaristas y cantores,
de los flautistas y trompetas, no se oirá más en ti;
artífice de arte alguna no se hallará más en ti; la voz de la rueda de molino no se oirá más en ti;
23La luz de la lámpara
no lucirá más en ti;
la voz del novio y de la novia no se oirá más en ti.
con tus hechicerías se extraviaron todas las naciones; 24 y en ella
fue hallada la sangre de los profetas y de los santos y de todos los degollados de la tierra.
Esta vez es un ángel el que proclama la caída de Babilonia con un gesto simbólico (arrojar una piedra de molino), acompañado de una palabra de anuncio: «Así... será arrojada Babilonia». Sigue la descrip- ción del cese de música, de artistas, de luz y de fiesta.
La sección termina con dos frases que indican la culpabilidad de Babilonia. Primero una acusación directa: «con tus hechicerías se extraviaron todas las naciones» (18,23b); después una constatación de la inmensa mancha de sangre: «en ella (en Babilonia) fue hallada la sangre de los profetas y de los santos y de todos los degollados de la tierra» (18,24). El clamor de los degollados por la Palabra de Dios (6,9-10) tiene ahora su respuesta en el castigo de Babilonia.
Con el castigo de Babilonia prosigue la puesta en marcha del jui- cio divino de castigo para con las fuerzas hostiles al pueblo de Dios, que a la vez es el juicio de liberación de los elegidos.
En su conjunto, la sección sobre el castigo de Babilonia (vv. 17-18) que acabamos de comentar emplea la imagen clásica de la tradición bíblica, que anunciaba el castigo de la Babilonia destructora del pue- blo de Dios, y la aplica al imperio romano, anunciando su caída. La Roma pagana caerá inexorablemente. En ello el autor ve ya una rea- lización anticipada del Fin.
Cantos triunfales en el cielo (19,1-10).