LAS CARTAS A LAS IGLESIAS DE ASIA (1,4 – 3,22)
17 Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto Él puso su mano
derecha sobre mí diciendo: «No temas, soy yo, el Primero y el Último, 18 el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los
siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades.
19Escribe, pues, lo que has visto: lo que ya es y lo que va a suceder
más tarde. 20 La explicación del misterio de las siete estrellas que
has visto en mi mano derecha y de los siete candeleros de oro es ésta: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros son las siete iglesias.
Visión inaugural y Cartas a las siete Iglesias
La sección 1,9 - 3,22 es llamada “parte exhortatoria”: el Señor re- sucitado se aparece a su siervo Juan y le encarga comunicar siete mensajes en forma de cartas a las siete Iglesias de Asia Menor, que de alguna manera representan a la Iglesia universal.
En nuestro texto encontramos, en primer lugar, la presentación del vidente (1,9): se autopresenta como hermano y como compañero en la tribulación, en el Reino y en la paciencia (esperanza). El térmi- no “tribulación” indica el tema general del libro. El vidente es com- pañero en el sufrimiento y en el reino. El término “reino” es central en la obra que proclama el Reinado de Dios y de Cristo (11,15; 12,10). Por la tribulación se va al “reino”. Finalmente la paciencia (o espe- ranza) es la actitud fundamental ante la tribulación. El Apocalipsis es “el evangelio de la esperanza”. La expresión «compañero de la tribu- lación, del reino» puede considerarse como indicativa del carácter apostólico del vidente (cf. 1 P 5,1).
Juan cae en éxtasis (1,10a). Es el Día del Señor. La fórmula indi- ca que la comunidad cristiana celebra ya el Día de la Resurrección del Señor. Además, apunta a la dimensión litúrgica de la obra. El vidente escucha algo así como una voz de trompeta que le dice: escri- be (1,10b-11).
La visión del Hijo del hombre
La visión del Hijo del hombre en medio de los siete candelabros de oro (1,12-16) domina, de alguna manera, los tres primeros capí- tulos y está presente a lo largo de toda la obra.
En primer lugar, son mencionados los siete candelabros (1,12), que forman como el espacio en que se mueve el Hijo del hombre. En seguida se nos dirá (1,20) que los siete candelabros son las siete Iglesias.
El vidente contempla como a un Hijo de hombre (1,13a). Esta figura había sido utilizada por Daniel (7,13) para indicar el Reino de Dios contrapuesto a los reinos idólatras representados por cuatro bestias. La figura recibió una interpretación mesiánica en las
Parábolas de Henoc y en Qumrán. Los evangelios emplean el término
en labios de Jesús para indicar su origen trascendente, a la vez que su condición de Juez escatológico, con referencia a la figura de Daniel (cf. Mt 24, Mc 13; Lc 21). El tema del Apocalipsis, tanto por la dimensión de reinado como por la de juicio divino, evocaba la repre- sentación de Jesucristo como la figura profetizada por Daniel. El Hijo del hombre aparece con los siguientes rasgos:
·
Es Sacerdote y Rey (túnica talar y cinturón de oro, 1,13b).·
Los detalles de su cabeza y cabellos blancos, y ojos como de lla- mas de fuego (1,14), nos recuerdan los atributos divinos (cf. Dn 7,9: el Anciano de días).·
También la descripción de los pies y de la voz (1,15) nos condu- ce a la misma consideración.·
En las manos tiene siete estrellas. En 1,20 se nos indica que las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias (¿ángeles tute- lares?, ¿obispos?, ¿personificación de la Iglesia?). Cristo es, pues, el Señor de la Iglesia (1,16a).·
De su boca sale una espada aguda de dos filos (1,16b). Se alude a Cristo como Palabra de Dios (cf. 19,13).Palabras de Jesús al vidente (1,17-20)
El vidente cae como muerto. Jesús pone la mano derecha sobre él. Este gesto implica ánimo y fortaleza. La fórmula «No temas» es corriente en los oráculos de salvación. Sigue (1,17-18) una serie de predicados aplicados a Jesús, que son los motivos para fundamentar ese oráculo de salvación. Se trata de fórmulas de autopresentación, de apelativos de gran densidad teológica:
·
El Primero y el Último (1,17; cf. Is 44,6; 48,12). Se aplica a Cristo el atributo divino de la eternidad y la preexistencia.·
El que vive (1,18a); el resucitado. «Estuve muerto, pero ahora estoy vivo» (1,18b): Cristo es el dueño de la vida y la muerte (1,18c). Todo indica la victoria de Cristo sobre la muerte y su señorío sobre la vida y la muerte.·
Juan recibe el mandato de escribir (1,19).·
Finalmente se nos da la explicación del simbolismo de las siete estrellas (ángeles) y de los siete candelabros (Iglesias). Como hemos dicho, Cristo es el Señor de la Iglesia (1,20).3. LAS CARTAS A LASIGLESIAS(CC. 2-3)
Consideraciones introductorias
El Jesús que habla en las siete cartas es el mismo que envía el saludo inicial y que se presenta al vidente en la visión inaugural. El hecho de que al comienzo de las siete cartas Cristo se autopresente con los mismos atributos con que aparece en la visión inaugural nos indica la estrecha relación entre el c. 1 y los cc. 2 y 3. De hecho, las siete Iglesias son las destinatarias del saludo trinitario inicial del autor (1,4-5).
Cristo, que ha amado a los suyos, los ha lavado de sus pecados con su sangre y los ha hecho reino y sacerdotes para su Dios y Padre (1,5- 6), es quien envía su mensaje a las siete Iglesias. Asimismo las siete Iglesias son las destinatarias del mensaje del conjunto del libro (1,10- 11).
En la propia visión inaugural hay dos elementos que están rela- cionados con las siete Iglesias, a saber, los siete candeleros en medio de los cuales está el Hijo del hombre (1,12-13) y las siete estrellas que
están en su mano (1,16). Así lo explica después el mismo autor (1,20). Estos rasgos se repiten en el comienzo de la carta a Éfeso (2,1).
En seguida veremos cómo también el resto de los rasgos de la pre- sentación de Cristo en el c. 1 se reflejan en los títulos de las otras Cartas. Así:
·
El Primero y el Ultimo (1,17) y el Viviente (1,18), en la carta a Esmirna (2,8).·
El que tiene la espada aguda de dos filos (1,16), en la carta a la Iglesia de Pérgamo (2,12).·
Aquel (el Hijo de Dios) cuyos ojos son como llamas de fuego y cuyos pies parecen de metal precioso (cf. 1,14-15), en la carta a la Iglesia de Tiatira (3,18).·
El que tiene los siete Espíritus de Dios (cf. 1,4) y las siete estre- llas (1,16), en la carta a la Iglesia de Sardes (3,1). En cuanto al significado de los siete Espíritus, para algunos (cf. BJ) se trata aquí de los siete ángeles. En nuestra opinión, sin embargo, aquí el Espíritu septiforme remite al Espíritu de Dios.·
El que tiene la llave de David (si él abre, nadie puede cerrar; si él cierra nadie puede abrir, cf. 1,18), en la carta a la Iglesia de Filadelfia (3,7).·
Finalmente el título “Testigo fiel” (1,5), en la Carta a la Iglesia de Laodicea (“Testigo fiel y veraz”, 3,14). Sobre el título “El Prin- cipio de las criaturas de Dios”, que hay en esta misma presenta- ción, hablaremos más adelante.El saludo inicial y la visión inaugural, con la figura majestuosa del Hijo del hombre, sacerdote y rey (vestido de una túnica talar, ceñido al pecho con un ceñidor de oro, 1,13) contienen, pues, concentrados los elementos cristológicos que después se distribuyen en las siete cartas. Únicamente los títulos de Hijo de Dios, de la carta a Tiatira (2,18; cf. sin embargo 1,6), de “Santo y veraz”, en la Carta a Filadelfia (3,7), y de “Amén”, en la Carta a Laodicea (3,14), son explicitaciones. El mensaje del Apocalipsis, aunque consignado en un libro inspi- rado y en consecuencia destinado a la Iglesia universal, está encar- nado en unas comunidades concretas.
Las siete Iglesias estaban localizadas en la provincia de Asia del Imperio romano, conocida también como Asia Menor (península de Anatolia) y que hoy pertenece a Turquía.
La estructura de las cartas
Cada una de las siete cartas tiene una configuración casi idéntica, con los siguientes elementos:
·
Destinatario: «Al Ángel de la Iglesia de... escribe» (o al revés).·
Presentación de Cristo como remitente del mensaje: «Esto dice....». Ya hemos visto los títulos con que se presenta y su rela- ción con los rasgos de la figura del Hijo del hombre descrita en el c. 1.·
Descripción de la situación de la Iglesia con la frase «conozco» o «sé».·
Exhortación a la fidelidad y a la conversión donde es necesario. Los verbos usados son «recuerda», «arrepiéntete», «manténte firme».·
Mensaje del Espíritu con la promesa al vencedor: «El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias... Al vencedor...». Este elemento constituye el final de la carta. En las tres primeras cartas la frase «El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias» se encuentra antes de la promesa; en las cuatro últimas, des- pués de la promesa.Dentro de este marco estereotipado se encierra el contenido de cada una de las siete cartas. De este contenido nos ocupamos a con- tinuación.
Carta a la iglesia de Éfeso (2,1-7)