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y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los

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LAS VISIONES PROFÉTICAS (4,1 – 22,21)

15 y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los

poderosos, y todos, esclavos o libres, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes. 16 Y dicen a los montes y a las peñas:

«Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero. 17 Porque ha llegado el gran Día

de su ira, y ¿quién podrá sostenerse?»

Podemos distinguir en el texto tres unidades. La primera está for- mada por los cuatro primeros sellos, que tienen un esquema idénti- co; la segunda unidad la forma el quinto sello, que nos transporta al altar del cielo; la tercera unidad literaria es el sexto sello (del séptimo hablaremos más adelante).

a) Los cuatro primeros sellos (6,1-8).

En primer lugar consideramos los cuatro primeros sellos, porque forman una sección bien definida, con un esquema determinado. Se abre el sello, uno de los cuatro Vivientes dice “ven”, sigue la visión de un jinete sobre un caballo y se describe el encargo que se le asigna. Así pues, estos cuatro primeros sellos (cada uno anunciado por un Viviente del trono) hacen entrar en escena a los cuatro jinetes que anuncian el fin. Son plagas preparatorias y admonitorias.

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El primer sello es anunciado por el primer Viviente: león. Se trata de un jinete que monta un caballo blanco (6,2); el jinete lleva un arco, que significa la victoria. Según algunos autores, el jinete victo- rioso se contrapondría a los otros tres caballos que siguen. Haría referencia al jinete victorioso de 19,11. La dificultad para esta inter- pretación es que no acaba de verse cómo en una enumeración de cuatro sellos (cuatro jinetes) el simbolismo del primero no se corres- ponde con los tres siguientes. Por ello, otros autores piensan que la referencia es a una de las plagas de la humanidad, a saber, al impe- rialismo avasallador (arco), quizá con referencia a los Partos. En ese caso tendrá el mismo carácter punitivo que los otros tres sellos.

Ciertamente, a nuestro entender, sería extraño que el vidente, al hablar de un jinete victorioso montado en un caballo blanco, no lo relacionara con el que después describe en 19,11ss. Por ello, pensa- mos que el simbolismo de este jinete indica la victoria de Cristo sobre las fuerzas del mal. Esa victoria se prolongaría a través de los tres siguientes sellos, que son los castigos divinos a la humanidad peca-

dora. De esta manera no habría contraposición, sino implicación mutua. Así pues, el primer sello no sería la plaga del imperialismo, sino una síntesis inicial que daría su sentido al conjunto del septena- rio. Pero la posibilidad de que se represente la plaga del imperialis- mo no puede descartarse en absoluto. En este caso, el jinete del caba- llo blanco, a pesar de su parecido con 19,11ss, no simbolizaría a Jesucristo, sino a un ejército invasor que trae una secuela de plagas, al igual que los otros tres jinetes.

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El segundo sello es anunciado por el segundo Viviente: toro. El jinete sobre un caballo rojo lleva una espada. El significado es la gue-

rra (6,3-4).

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El tercer sello es anunciado por el tercer Viviente: hombre. Se trata de un jinete sobre caballo negro, con una balanza en la mano. El significado es el hambre (6,5-6).

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El cuarto sello es anunciado por el cuarto Viviente: águila. Se trata de un jinete sobre un caballo verde-ceniciento. El significado es la Muerte: la Peste (el Hades lo seguía, 6,7-8a).

Se advierte (6,8b) que se les da poder sobre la cuarta parte de la tierra (un poder limitado) y, con un texto de Ezequiel (14,21), se resu- men las plagas: espada, hambre, peste, bestias de la tierra. Quizá este último elemento haga ya alusión a las plagas de las trompetas quin- ta y sexta (c. 9) y a la Bestia que sale de la tierra (c. 13).

Estos castigos que aquí se anuncian son el juicio de Dios sobre los pecados de la humanidad. Así lo ha comprendido el Targum Palesti- nense, que conecta las plagas anunciadas en Ezequiel con la trans- gresión de los mandamientos. He aquí la forma con que el Targum Neófiti termina el desarrollo a cada uno de los mandamientos de la segunda tabla:

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Ex 20,13... «porque por la culpa de los asesinos sale la espada sobre el mundo».

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Ex 20,14... «porque por las culpas del adúltero viene la peste sobre el mundo».

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Ex 20,15... «porque por las culpas de los ladrones viene el ham- bre sobre el mundo».

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Ex 20,16... «porque por las culpas de los testigos mentirosos las fieras del campo dejan sin hijos entre los hijos de los hombres».

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Ex 20,17... «porque por las culpas de los codiciosos los reinos atacan a los hijos del hombre».

Los cuatro jinetes del Apocalipsis (y su interpretación a la luz de Ezequiel y del Targum Palestinense) anuncian el castigo de la huma- nidad pecadora. Aunque el Apocalipsis piensa en los últimos tiempos, es preciso reconocer que sus palabras y las del Targum Palestinense tienen ya una primera realización en la historia. ¿Acaso las realidades de la guerra, del hambre, de la peste (en sus formas modernas de enfermedades nuevas) no son ya una desgraciada constatación de estas palabras proféticas? Como veremos después, con motivo de la sexta trompeta, estos pecados de la humanidad son la causa que aca- rrea los castigos divinos: «No se convirtieron de sus asesinatos ni de sus hechicerías ni de sus fornicaciones ni de sus rapiñas» (9,21).

b) El quinto sello (6,9-11).

El vidente contempla debajo del altar del cielo a los mártires, es decir, a las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron (6,9). Es curioso constatar la cone- xión del sacrificio de los mártires (degollados) con el sacrificio de su Maestro (el Cordero degollado). Las almas claman juicio, venganza de su sangre (6,9-11). En respuesta se les da un vestido blanco y se les dice que tengan paciencia, hasta que se complete el número. El IV de Esdras tiene asimismo una visión en la que las almas de los fieles reservadas en sus mansiones preguntan “¿Hasta cuando?”, y el Arcángel Ieremiel les responde “Hasta que esté completo el número de vuestros semejantes” (IV Esd 4,35ss).

c) El sexto sello (6,12-17).

La apertura de este sello da lugar a una serie de fenómenos cósmi- cos: un terremoto, el sol ennegrecido, la luna enrojecida y la caída de los astros; desaparición del cielo y trastornos de montes e islas. Son señales cósmicas y anuncio del fin; son signos del gran día de la Cólera. Se describe la reacción de los habitantes de la tierra (grandes y pequeños, 6,15-17); se llenan de pavor (cf. Is 2,6-21). El terror les invade y tratan de ocultarse de la vista del que está sentado en el trono y de la cólera del Cordero. Dicen a los montes «caed sobre nosotros... porque ha llegado el gran Día de su ira». La expresión “ira” (cólera) aplicada a Dios indica su justicia vindicativa. Dios como justo juez no tiene más remedio que castigar el mal.

Estamos, pues, en el corazón de la parte que hemos llamado “Apocalipsis del Día de Yahvé” (cf. nota de la BJ a 6,12, que remite a

Am 8,9 y Mt 24,1). Estas perturbaciones cósmicas son las señales clá- sicas de la apocalíptica intertestamentaria y sinóptica para indicar la inminencia del Día de Yahvé.

Todavía no se habla del alcance de estas señales como invitación a la conversión. En seguida, en la sección de las trompetas, se habla- rá de ello (cf. 9,21).

Los servidores de Dios serán preservados (c. 7)

7

1 Después de esto, vi a cuatro ángeles de pie en los cuatro extre-

mos de la tierra, que sujetaban los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara el viento ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol.

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