siete copas y me habló: «Ven, que te voy a mostrar el juicio de la célebre Prostituta, que se sienta sobre grandes aguas; 2 con
ella fornicaron los reyes de la tierra, y los habitantes de la tierra se embriagaron con el vino de su prostitución.» 3 Me trasladó en espí-
ritu al desierto. Y vi una mujer, sentada sobre una Bestia de color escarlata, cubierta de títulos blasfemos; la Bestia tenía siete cabe- zas y diez cuernos. 4 La mujer estaba vestida de púrpura y escarla-
ta, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y también las impurezas de su prostitución, 5 y en su frente un nombre escrito
–un misterio–: «La gran Babilonia, la madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra.» 6 Y vi que la mujer se embriagaba
con la sangre de los santos y con la sangre de los mártires de Jesús. Y me asombré grandemente al verla; 7 pero el ángel me dijo: «¿Por
qué te asombras? Voy a explicarte el misterio de la mujer y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos.
[Simbolismo de la Bestia y de la Prostituta (17,8-18)]
8«La Bestia que has visto, era y ya no es; y va a subir del abis-
mo, pero camina hacia su destrucción. Los habitantes de la tierra, cuyo nombre no fue inscrito desde la creación del mundo en el libro de la vida, se maravillarán al ver que la Bestia era y ya no es, pero que reaparecerá. 9Aquí es donde se requiere inteligencia, tener
sabiduría. Las siete cabezas son siete colinas sobre las que se asien- ta la mujer. «Son también siete reyes: 10 cinco han caído, uno es, y
el otro no ha llegado aún. Y cuando llegue, habrá de durar poco tiempo. 11 Y la Bestia, que era y ya no es, hace el octavo, pero es uno
de los siete; y camina hacia su destrucción. 12 Los diez cuernos que
has visto son diez reyes que no han recibido aún el reino; pero reci- birán con la Bestia la potestad real, sólo por una hora. 13 Están
todos de acuerdo en entregar a la Bestia el poder y la potestad que ellos tienen. 14 Éstos harán la guerra al Cordero, pero el Cordero,
como es Señor de Señores y Rey de Reyes, los vencerá en unión con los suyos, los llamados, los elegidos y los fieles.»
15 Me dijo además: «Las aguas que has visto, donde está senta-
da la Prostituta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.
16 Y los diez cuernos que has visto y la Bestia, van a aborrecer a la
Prostituta; la dejarán sola y desnuda, comerán sus carnes y la con- sumirán por el fuego; 17porque Dios les ha inspirado la resolución
de ejecutar su propio plan, y de ponerse de acuerdo en entregar la soberanía que tienen a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. 18 Y la mujer que has visto es la gran ciudad, la que tiene
la soberanía sobre los reyes de la tierra.
El introductor de la visión es uno de los siete ángeles que llevaban las siete copas. Las primeras palabras nos llevan al sentido del con- junto del relato: «Ven que te voy a mostrar el juicio de la célebre Prostituta» (17,1). Se trata, pues, del castigo de la Roma idólatra per- seguidora de los cristianos (recuérdense las persecuciones de Nerón y Domiciano, esta última sufrida probablemente por el autor del libro). Todos los rasgos con que se describe a la Prostituta giran en torno a dos grandes vicios: prostitución y ebriedad (17,2).
La mujer que aparece es una Prostituta (17,1b-2a), establecida sobre grandes aguas (= aguas caudalosas; 17,1b; cf. 17,15: los pue-
blos) y sentada sobre una Bestia roja con siete cabezas y diez cuer- nos, cubierta de títulos blasfemos (17,3). Es, pues, el imperio roma- no, con su colosal fuerza y con los títulos blasfemos que implican la divinización de Roma y del emperador.
Esta representación de Babilonia-Roma como una célebre Prosti- tuta montada sobre una Bestia (¿Nerón?) es otra manera de describir el poder idólatra (diabólico) perseguidor de los cristianos. Del mismo modo que en el c. 13 se describía el poder rival de Dios en forma de una Bestia, que sintetizaba las cuatro Bestias del libro de Daniel, así ahora se funde la imagen de Babilonia con la de la Bestia. Es, pues, la Bestia de 13,1: el imperio idólatra perseguidor de los cristianos.
La mujer está lujosamente vestida (púrpura, escarlata y piedras preciosas y perlas, 17,4). Tiene en la mano una copa llena de abomi- naciones e impurezas. Lleva en la frente un nombre: la Gran Babilonia (17,5), nombre simbólico para los imperios perseguidores. Babilonia no es símbolo del Mal en cuanto entidad política, sino en cuanto enti- dad religiosa. Es el reino del mal, de la idolatría y de la injusticia; es el príncipe de este mundo en cuanto adverso a Dios; es el señorío y dominio del maligno (el reino de Babilonia) en cuanto contrapuesta al pueblo de Dios; es el símbolo de los paganos idólatras. Tampoco es una entidad geográfica (al igual que la Jerusalén mesiánica), sino reli- giosa. La mujer bebe (se emborracha) de la sangre de los santos y de los mártires de Jesús (17,6a). Claramente se alude a las persecuciones que sufren los cristianos bajo el imperio romano.
Explicación de la visión (17,6b-18)
Ante el asombro del vidente (17,6b), el ángel explica el misterio de la Mujer y la Bestia.
·
La Bestia es descrita con la siguiente frase: «era y ya no es; y vaa subir del abismo, pero camina hacia su destrucción» (17,8). Dos veces se repite este título (cf. también 17,11). Estamos ante una paro- dia del título divino «Aquel que era, que es y que va a venir» (1,4.8). La Bestia es, pues, Nerón (ver nota de la BJ a 17,3).
En este lugar se inserta una llamada de atención del autor: «Aquí es donde se requiere inteligencia, tener sabiduría» (17,9a). Recordemos que una llamada semejante se encuentra en 13,18 para calcular la cifra de la Bestia.
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Las siete cabezas son siete colinas (17,9b) y siete reyes (17,9c- 11). Esta doble interpretación es muy propia del estilo apocalíptico de doble sentido. En cuanto a los siete reyes, teniendo presente que el autor, según parece, considera a Nerón como el octavo (aunque forma parte de los siete), la identificación del resto es muy distinta entre los autores. Unos piensan en los siguientes nombres: César, Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio, Nerón, Galba, Nerón redivivo; otros creen que el número siete es un número simbólico para indicar la totalidad de los predecesores de Nerón.·
Los diez cuernos son los reyes de las naciones satélites (17,12-13).·
A continuación el autor anticipa el contenido de la futura guerra (combate escatológico) de la Bestia y los reyes de la tierra contra el Cordero, y anuncia la victoria del Cordero, porque es Señor de seño- res y Rey de reyes (17,14; cf. 19,16: Rey de reyes y Señor de señores).·
Prosiguiendo su explicación de la visión, el ángel aclara al viden- te que las aguas sobre las que está asentada la Prostituta son los pue- blos, naciones y lenguas (17,15). Es, pues, el conjunto del Imperio Romano.El ángel precisa que los diez cuernos y la Bestia van a aborrecer a la Prostituta, la van a abandonar y la consumirán por el fuego (17,16). Algunos ven una alusión al incendio de Roma perpretado por Nerón. Otros piensan en la rebelión de los pueblos sometidos a Roma; otros, en la leyenda de Nerón redivivo, que vuelve con los ejér- citos de Oriente para arruinar a Roma.
Como razón de este castigo infligido a Roma por la Bestia y por los reyes satélites, se habla de un designio divino que permite que los reyes entreguen su soberanía a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios (17,17). Es difícil saber cómo la Bestia actúa contra la Prostituta. Quizá de nuevo tengamos una alusión al incendio de Roma por Nerón.
La explicación del ángel termina con la identificación de la Mujer con Roma (17,18). Este cuadro al que acabamos de asistir es impre- sionante. El autor del Apocalipsis se enfrenta a la poderosa Roma mandada por Nerón y después por Domiciano. Su poderío es bestial; la persecución de los mártires la muestra como una mujer ebria de sangre. El castigo merecido está a las puertas. La victoria será del Cordero. Roma será destruida. ¿Se alude al incendio de Nerón? ¿Se anuncia proféticamente la caída del imperio romano? El autor, que lo da por hecho, canta su caída.
Un ángel anuncia la caída de Babilonia (18,1-3)