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Capítulo 2: Dime cómo me llamo y te diré cómo me lees: sobre El aprendiz de Mago y

2.2 Aproximación a las narraciones

2.2.5 El diablo al cuello

una voz a mi lado” (81). Era la voz de Lucía que también había estado buscándolo. Y así, tras encontrarse los dos, son conscientes de que todo a su alrededor ha desaparecido, como desparece el recuerdo de los objetos que antes se extrañaban. Por ello, es indispensable que la memoria, la capacidad de recordar a quienes ya no están, permanezca intacta para pensar en un “nosotros”, en la posibilidad de que el otro exista en la medida en que es recordado por alguien.

En este cuento es interesante la forma en que se abordan algunas de las principales problemáticas de la realidad colombiana comprendidas como: la situación de los desaparecidos, la fluctuación de los valores y la transición de los mismos dentro de las particularidades del mundo interno y externo del individuo. El énfasis que, en este relato, se ejerce sobre el mundo interno de los personajes y “su única realidad … forma la propuesta de los cambios, no por la certeza de esta realidad, sino porque este énfasis traslada la violencia de algo abstracto, externo e independiente al sujeto, hacia la responsabilidad que este debe asumir” (Golovátina y López 224), en este caso, la de no olvidar, la de mantener intacta la memoria para que Lucía no desaparezca como los objetos que la rodeaban y, en fin, como el mundo mismo. En este sentido, “podemos decir que la violencia no tiene nacionalidad o ciudadanía, sino que es humana. Esto no necesariamente significa que la violencia sea inherente a la condición humana, sino que resulta de la ausencia del interés y cuidado sobre el otro, que a fin de cuentas es la ausencia del interés en sí mismo” (224).

2.2.5 El diablo al cuello

Pocas veces se ha configurado la idea de que el encuentro con el diablo sea un hecho natural o, por lo menos, que la actitud de quien tiene el infortunio de hallarlo en su

camino sea otra distinta a la de perder el aliento o huir despavorido por el terror. En este cuento el diablo, además de ayudar al personaje a encontrar el camino a la ciudad, le solicita que este pueda llevarlo a sus espaldas.

El diablo le explica al personaje que le gusta posarse en el cuello de los hombres enamorados y que solo de esta manera lo llevará directamente a la ciudad. Después de un largo camino el diablo entra a la ciudad subido en el cuello del hombre enamorado y, al llegar, la gente se horroriza al ver que esta horrible criatura ha engañado a un enamorado y ha logrado ingresar a la ciudad para hacer sus pilatunas. Aun así, el horror no impidió que la gente encerrara al hombre y lo señalara como “el servidor de todos los diablos”.

Mientras es conducido al calabozo este le reclama al diablo por el engaño de haberle permitido entrar en su cuello a la ciudad valiéndose del hecho de ser un hombre enamorado, pues solo de esta manera el diablo pudo cumplir su cometido. Sin embargo, el horrible ser incita al hombre a reconocer que podrá encontrar la libertad si se vale de la misma fuerza que utilizó para cargarlo hasta la ciudad, la fuerza del amor.

La fuerza de tu amor te permitió cargar con las doscientas treinta y dos toneladas que yo peso. Emplea la misma fuerza para escapar de esos mentecatos. Huye de sus cárceles, o rómpelas. Tú eres un enamorado, y puedes con todo. No me odies. Recuérdame con cariño. Recuerda que los diablos también fuimos ángeles, y que somos malos porque nunca nos imaginaron buenos (Rosero, El aprendiz 92).

Esta fuerza es la que emplea el personaje para liberarse, pues ya en la cárcel, y tras justificarse una y otra vez en el hecho de ser un enamorado, establece con el carcelero una relación cercana que, posteriormente, le permitirá la libertad. El carcelero le pide al hombre enamorado que lo escuche cantar, este acepta con beneplácito, y mientras el gordo verdugo lanza sus cánticos al aire, abre, sin mediarlo, la puerta de la jaula y lo deja completamente libre. La libertad y la alegría de saberse comprendido no solo la

experimenta el hombre que ha salido de la cárcel sino el carcelero que durante años ha pedido ser escuchado.

En este relato se difumina la barrera entre el bien y el mal, el diablo que, en definitiva, no representaría más que la perversidad, es un ser considerado que no busca nada más allá de la libertad de los humanos y reconoce que el amor puede romper cualquier barrera. Si llevaba años esperando entrar a la ciudad, y no lo había logrado, era precisamente porque no había encontrado un personaje que estuviese enamorado, esta razón distingue al personaje principal de los demás humanos y lo muestra como un ser excepcional, de los pocos que quedan y, por tanto, odiado por los demás.

Los sentimientos del personaje, que lo hacen único, contrastan con la presentación de la ciudad como un espacio homogéneo en el que no hay flores ni jardines, donde las casas parecen cajones dispuestos uno sobre otro, donde los colores que predominan son el gris y el negro y pocos saben lo que piensan y sienten los demás. Aquí hay una nueva apuesta del autor por estructurar la idea de que la única herramienta que permitirá el desvanecimiento de la violencia es el amor y la compasión por el otro. La falta de amor y comprensión es la limitante en la creación de lazos sociales, impide que se escuche, que se entiendan las razones por las que se realizan las acciones, evita que sepamos quiénes tienen encerrado en el pecho el poder de una dulce melodía, tan dulce que puede conducirnos a la libertad.

Por eso, es el diablo, el objeto del desprecio humano, quien se pregunta lo que los hombres no. No entiende por qué la gente odia a los enamorados. Y sabe que, si todo el mundo los amara, incluso los diablos serían tratados con consideración (El Aprendiz 97). Así pues, es violento el acto de no escuchar, de juzgar y asumir lo que el otro es solo porque no comparte lo que los demás piensan.

2.2.6 El contador de recuerdos

Este cuento, narrado en primera persona del singular, relata la historia de un viejo, muy viejo, que afirma haber sido cocinero de un barco, náufrago, expedicionario y haber recorrido los valles más desolados de la tierra, pero que ahora vive a la orilla de un río y pasa sus días hablando solo, como queriendo contar un gran secreto. El viejo es un contador de historias para los niños del pueblo, sin importar que en ocasiones deba inventar los finales. Sin embargo, un día el viejo confiesa que ha perdido todos sus recuerdos, que se desvanecieron por completo y requiere ir a buscarlos. Así, emprende un viaje que tarda seis años, y vuelve al pueblo a contar cómo logró recuperar aquello que había desaparecido sin razón alguna.

Para recuperarlos debió emprender un largo viaje y llegar a un campo de metal, gris y sin vida. Allí, en la cima de un árbol, y dentro de una jaula, se encontraba un enano violinista, la representación de sus recuerdos, que era vigilado por un guardián de metal. Al ver quién era el guardián el anciano decide ocultarse sin buenos resultados, pues es descubierto por este y se convierte rápidamente en objeto de su ira. Contra todo pronóstico, cuando el guardián estaba próximo a arrancar de un tajo la cabeza del anciano, él y el caballo desaparecen inexplicablemente ante los aterrados ojos del viejo.

Los niños que escuchaban el relato estaban expectantes por saber la razón por la cual el guardián había desaparecido sin explicación alguna, con una risotada e inhalando su cigarrillo el anciano responde “porque yo acababa de olvidarlos” (El aprendiz 108). Así,

todos mis recuerdos aparecieron frotándose los párpados, como después de un gran sueño, y me saludaron cantando y hasta brindaron por mi salud. Nos acercamos a los escombros del guardián (que yo desaparecí olvidándolo) y descubrimos algo que brillaba. Se trataba del corazón de campana que el guardián llevaba entre su pecho. Brillaba desfalleciente, a manera de una lágrima de gua, la única y última lágrima del guardián. De ella emergía,

suavemente, una mariposa que aleteaba dibujando piruetas y se alejaba después entre los bosques, que ya no eran de metal (108).

En este relato se construyen los hechos a partir de la perspectiva de un niño, el adulto se representa por un abuelo o anciano, asunto recurrente en los cuentos del autor. Este abuelo es una manifestación de la memoria, de la capacidad de construir realidad a partir de sus narraciones y una manifestación clara de que aquello que no pertenece a la memoria de un colectivo, no existe.

La idea de que aún la situación más compleja y dolorosa puede transformarse si somos conscientes de la existencia de quienes la padecen, es una propuesta que revela la necesidad de entender cuáles son las necesidades de quienes nos rodean, qué hace que un hecho se transforme y que la pérdida de las cosas, de los recuerdos, no sean situaciones naturalizadas y, por tanto, pierdan su trascendencia. Esta es la diferencia esencial entre la violencia que es representada en este tipo de escritos y la que sucede en otros contextos o a través de otros medios como “la pantalla chica, porque es inmensa la violencia que esta regala todo los domingos por la tarde y que, todavía peor, enaltece, haciendo de la guerra y sus asesinos una gesta digna de unos héroes” (Rosero, Sobre el arte 25).

2.2.7 Pobre Vampiro

En este cuento reaparece una figura mítica cuyas narraciones han estado permeadas por la representación del mal, por su constante necesidad de apoderarse de la fuerza vital de otros seres que no comparten su inmortalidad ni la atávica condición de ser un cadáver sediento de sangre. Si bien la imagen y creencia sobre la existencia de este ser ha permeado las concepciones mitológicas y supersticiosas de pueblos europeos, orientales e incluso americanos. La concepción que ha prevalecido y caracterizado la imagen de este ser mítico

es producto de la obra Drácula (1897) de Bram Stoker, la idea de un ser poco compasivo, solitario y atemorizante, se configura en “Pobre vampiro” desde una perspectiva completamente distinta.

El relato cuenta la historia de un vampiro atrapado por una comunidad que lo condena a la guillotina, sin una aparente razón más allá de considerar que su condición de vampiro era suficiente para ocasionarle la muerte. Mientras el vampiro se preguntaba por qué no se le concedía realizar una llamada telefónica, aunque fuese la última, el pueblo se preparaba para disfrutar el espectáculo. Cuando olvida la preocupación de realizar la última llamada, el vampiro se percata de que entre los asistentes se encuentra una anciana que la gente golpea, empuja y lastima solo por obtener un mejor lugar en el espectáculo. En ese momento, su preocupación ya no radica en el hecho de saber que en unos minutos su cabeza será cortada de un tajo, sino en la inexplicable actitud de los asistentes por retirar de la primera fila a la anciana que, según cree el vampiro, debió madrugar para asistir a su ejecución.

Contra las súplicas del vampiro, porque le sea concedido el deseo de darle un lugar privilegiado a la anciana, el general decide crear un decreto que impide al vampiro tener invitados especiales el día de su muerte. Sin embargo, y antes de que el vampiro chistara la decisión del general, el verdugo interrumpe su labor y pide tras varias súplicas que le sea concedido el último deseo del vampiro. El verdugo le pide al pueblo entender al condenado y les solicita

ser comprensivo con un reo- dijo entonces el verdugo-. Ponerse en su lugar. Dijo eso como un verso y el mundo entero enmudeció.

-Soy comprensivo con este vampiro- siguió luciéndose el verdugo-. Me pongo en su lugar, me lo enseñó mi abuelo, a quien se lo enseñó mi bisabuelo, a quien se lo enseñó mi tatarabuelo, que parece que fue poeta, y repito esta tragedia para que admiren mi honestidad. Yo, señores, soy

comprensivo con este vampiro y me pongo en su lugar. Perdónenme todos (El aprendiz 119).

Aunque el discurso del verdugo no buscaba más que la compasión de los asistentes, la respuesta a sus súplicas fueron un par de zapatos lanzados directamente a la cabeza, los asistentes no toleran que aquel que ha dedicado su vida a aniquilar a los condenados, esté ahora abogando por despertar un sentimiento de conmiseración hacia uno de ellos.

Es interesante observar que en este cuento aparece nuevamente la referencia a los poetas como esos seres que, a diferencia de “El esqueleto de visita” que eran admirados por su sensibilidad y sus emociones, son presentados aquí irónicamente y como la muestra de un sentimiento que ya pocos experimentan. La negativa de los asistentes frente a la solicitud del verdugo no impidió que la anciana tomara un lugar privilegiado para presenciar la ejecución. En ese momento, la anciana se acerca al vampiro y, como si fuese una revelación, le recuerda que puede convertirse en murciélago para salvarse. El vampiro sorprendido responde “Oh, sí-…-me había olvidado de mí” (Rosero, El aprendiz 137).

Esta narración confronta al lector con dos situaciones particulares. La del vampiro que desconoce las razones por las cuales está siendo condenado y que, independiente de la situación en la que se encuentra, enfoca sus pensamientos hacia la anciana que tiene problemas para ubicarse en el lugar adecuado, y, por otro lado, la del verdugo quien contraría su rol de asesino y busca generar compasión por su próxima víctima. Estas dos situaciones reciben la misma respuesta de los asistentes que no pueden asumir que el vampiro no sea perverso, ¿acaso qué más puede ser un vampiro sino un posible asesino?, un ser despreciable que nació condenado a ser ignorado o detestado por su condición. Así como tampoco comprenden por qué el verdugo cambia de rol y se convierte, de un momento a otro, en un ser compasivo.

En este cuento, como en los demás relatos que componen el libro, se apela a lo monstruoso como representación estética que responde a la nombrada des/a-personificación del ser humano producto de la modernidad (Golovátina y López 220). Por ello, Rosero “responde al fenómeno creando una oposición individuo-objeto en sus cuentos, mediante la cual los lazos afectivos con los objetos toman formas diferentes. Un ejemplo de ello son… las bicicletas y los perros como objetos de lujo y de estatus en “Una bicicleta encantada” … un tesoro en “El monstruo mentiroso”; seis gramos de peso que definen la suerte del acusado en “Pobre vampiro”, así como las costumbres inertes, la opinión pública, los oficios, los comportamientos aceptados socialmente y el dinero en “El aprendiz de mago” (220).

Nadie comprende la elección del vampiro, así como no entienden la razón por la cual lo defiende el verdugo. Este misterio se aclara al final del texto cuando se le revela al lector quién es la anciana. La mujer es el único lazo afectivo del verdugo, la única razón que lo hace transformar su rol de asesino.

El vampiro eligió a esta persona porque para él la gente, la luna, la noche, la naturaleza es algo vivo y amado por todos, en cambio la viejita es rechazada por los otros porque para ellos no es una persona sino un objeto de estatus. La última frase del cuento revela quiñen es la invitada, la mamá del verdugo, que es quien personifica la violencia. Ella salva al vampiro y es “la única que parecía disfrutar” de su salvación (221).

2.2.8 El aprendiz de mago

Este cuento que da título al libro aquí analizado, es quizá uno de los relatos más reconocidos del autor. En él se configura la imagen de un mago borracho que, aunque ha logrado dar grandes espectáculos y sonríe constantemente frente a los sorprendidos ojos de su público, horas después reposa solitario y absorto frente a un plato de comida. El

narrador, un joven aprendiz de panadero, se interesa por la figura de este triste personaje, sabe que, aunque el público sueña con él, él no desea más que escapar de su condición. El joven afirma que, a diferencia de los demás, sólo él ha “visto al mago comiendo a media noche, en el hotel más pobre de [su], siempre solo, siempre preocupado, o melancólico (según la noche), y lo he visto pedir una y otra copa de vino hasta caer borracho en la mitad de otra extraña magia” (El aprendiz 144).

El joven que suele ayudarle al mago a subir al cuarto cuando los tragos le han obnubilado el pensamiento, desea ya no ser un aprendiz de panadero sino convertirse en un aprendiz de mago. Le parece que el mago, a pesar de sus borracheras, es un ser excepcional, admira su capacidad de transformar los objetos, de cruzar paredes y puertas o de desaparecer cuando lo considera necesario. Por ello, el joven decide pedirle consejo al mago y persuadirlo para que este le comparta sus conocimientos. El mago acepta y le cuenta cómo adquirió dichas capacidades, le dijo que

aprendió magia desde muy niño, una tarde, en el patio de la casa de sus abuelos. Hacía sol y lluvia. Un arcoíris cruzaba los techos y jardines de la ciudad. Él se encontraba sentado a la orilla de un estanque, mirando volar los pájaros en el reflejo azul de las aguas, y fue entonces cuando le pareció que para poder volar solo le hacía falta echarse a volar, y de inmediato se echó a volar (El aprendiz 148).

A pesar de que el joven intentó, por todos los medios, convencerse de que podría hacer lo mismo que el mago, le fue imposible lograrlo. No hizo más que crearse golpes y abolladuras sin aprender una sola de las lecciones del mago. Unos días después la tristeza y borrachera del mago ya no solo eran parte de sus noches solitarias, sino que llegaron al escenario, allí la magia incontrolable del deplorable narizón no fue más que el motivo de burla de algunos asistentes y de furia para otros que consideraban una ofensa la pérdida del dinero del boleto de entrada.

Este cuento muestra que las posibilidades de creer, de reconfigurar el mundo están dadas por la capacidad que tiene el niño de imaginar y considerar que todo, desde su mirada, es posible. El mago audaz (el niño) se confronta con el mago borracho (el adulto) que no sabe utilizar las herramientas adecuadas para lograr que los trucos prosperen. Por ello, podemos hablar de dos niños presentes en cada uno de los relatos, “el de la realidad (literaria) y el que se presenta como un “ideal”, que es la base de la propuesta de la

literatura transparente (Golovátina y López 227). Esto implica que el mago es un

personaje dual en el que se encuentran dos características, la de creer que todo puede hacerse si nos dejamos convencer por la idea de que así será y la del hombre que ya no encuentra salida alguna a la condición de saberse solitario, abandonado, desarraigado de la vida y, que vio en el alcohol la opción más factible para salir de su tristeza.

Por ello, el mago afirma que “el único requisito para volar y atravesar paredes y ser