Capítulo 2: Dime cómo me llamo y te diré cómo me lees: sobre El aprendiz de Mago y
2.2 Aproximación a las narraciones
2.2.3 Una bicicleta encantada
emociones y sentimientos que representa. Ya no prevalece el temor de su presencia en el pueblo ni la posibilidad de que su existencia sea un signo inmediato de perversidad y maldad. Al contrario, es él quien resulta temiendo del comportamiento de aquellos que creía serían la salida de su tristeza y soledad.
Junto con los elementos mencionados, nos encontramos con la transformación contundente del tipo de narrador. Entendemos que la historia está siendo narrada por un niño, sin embargo, las descripciones, el lenguaje y los términos utilizados no corresponden con su edad. En este sentido, el lenguaje del texto no es necesariamente un lenguaje construido para ser comprendido y leído por un público infantil, sino que a través de él se consolida un proceso dialógico con todo tipo de lector. Pues,
si bien la categoría de literatura infantil y juvenil significa literatura sobre niños o literatura dirigida al público infantil y juvenil, no se debe olvidar que, mientras sus autores no sean los mismos niños y jóvenes, es una producción de un mundo de experiencias, percepciones y objetivos adultos. (Golovátina y López 226)
2.2.3 Una bicicleta encantada
Aunque este texto no aborda una imagen o personaje arquetípico de la literatura infantil, sí construye un sentido de ficcionalidad a partir de la presencia de un objeto encantado, la bicicleta. La realidad es creada, nuevamente, desde la mirada del niño, quien no se ubica, en un primer momento, dentro de un contexto imaginario, irreal o fantástico. Por el contrario, crea la visión y perspectiva del mundo a partir de su propia imaginación, pues, su percepción respecto a los objetos es el elemento fundamental en la relación que este establece con el mundo.
En este espacio real se presentan eventos y situaciones que percibimos como tal gracias al uso coloquial del lenguaje y las expresiones utilizadas por los personajes que intervienen en el texto. Vemos la realidad a través de los ojos de Saél Montes, un niño que vive con sus dos abuelos y siente una infinita curiosidad por una niña que ve cada tarde pasar en una bicicleta, que asegura, está encantada. El imaginario de Saél es irrumpido en el momento en que pregunta a sus abuelos por la niña de la bicicleta encantada, recibe de su abuela una respuesta seca, fría y desconcertante: “Mi abuela me señala el plato de sopa: - Más encantado quedarás tú, si no te acabas la sopa” (38). Mientras el abuelo expresa sin exaltarse “Una bicicleta es costosa-dice-. Tal vez cuando seas mayor puedas comprarte una bien grande, que te sirva hasta cuando viejo. Yo tuve una, casi veinte años, pero me la robaron” (38).
Aquí se identifican dos elementos propios de la propuesta estética de Rosero, en primer lugar, hay una clara estratificación a partir del lenguaje y de las expresiones usadas por los abuelos, pues en ellas resulta inevitable que el lector identifique el contexto e incluso reconozca las condiciones económicas de la familia Montes. Allí, el proceso de enunciación da cuenta de la estratificación social al reconocer que el lenguaje no es solo
un sistema de categorías gramaticales abstractas, sino como un lenguaje
saturado ideológicamente, como una concepción del mundo, e, incluso,
como una opinión concreta que asegura un máximum de comprensión recíproca en todas las esferas de la vida ideológica (Bajtín, 88-89).
Es decir, los límites impuestos por los personajes adultos conceden al lector un panorama claro de las condiciones en las que vive la familia Montes. La sentencia de la abuela parece tener como finalidad irrumpir en el universo imaginativo de Saél y devolverlo a la realidad, pues lo importante es tomarse el plato de sopa y no pensar en cosas que carecen de lógica y relevancia. Mientras el abuelo, un poco más calmo, pero no menos contundente, muestra un
panorama que trastoca aún más el incorruptible mundo imaginario del niño, la relación con el objeto está determinada por su valor económico, un costo que “tal vez” Saél algún día podrá pagar. Si bien Saél es consciente de que la situación económica de su familia le impide tener en sus manos una bicicleta, reconoce que su mecanismo de escape es la capacidad de imaginar mundos posibles, aunque sus abuelos opinen lo contrario.
Asimismo, el texto presenta características que distinguen la relación establecida con el contexto del lector. En primer lugar, el narrador apela a la opinión de este último al describir la sensación que le provoca ver a la niña con su bicicleta encantada
Y por fin los veo venir, lentas, plateadas, como si flotaran desde los más alto de la colina. No tardarán en pasar. El corazón me palpita rápido, como si tú
subieras corriendo una montaña, o como si ayudaras al abuelo a cortar leña
(Rosero, El Aprendiz 39. énfasis).
El lector es transportado a la emoción que puede producirle de niño la experiencia de correr por una montaña y de los lazos afectivos creados al compartir la labor de cortar leña con el abuelo. Así como la referencia al imaginario colectivo sobre la existencia de Dios, y la posibilidad de que, independiente de las dificultades económicas, el niño puede establecer una relación con el mundo distinta a la forma en que lo hace el adulto. Poco importa si no se tiene el dinero para adquirir un bien que le proporcione felicidad, pues esta puede encontrarse incluso en elementos que para el adulto resultan intrascendentes, como una mascota o la admiración del paisaje.
Cuando Saél logra, finalmente, hablar con Tatiana, la dueña de la bicicleta, se da cuenta que mientras él admiraba la posesión de Tatiana, ella siente aún más admiración por la pulgosa mascota que lo acompaña. Y mientras Tatiana acaricia el lomo del animal, Saél le cuenta cómo y gracias a quién logró tenerla:
Es una perrita. La encontré hace tres meses, sola, dando vueltas dentro de la iglesia, y como no tenía dueño el padre Franco me dijo que yo
era el dueño, porque la había encontrado; que Dios puso a la perrita en mi camino para que yo la cuidara, y que me la llevara cuanto antes de la iglesia, porque no era bueno que los perros andarán tan tranquilos dentro de la casa de Dios (40).
La concepción de la existencia de una bicicleta encantada se mezcla con las expresiones contundentes de los abuelos, pues, “los adultos (representantes aquí del orden social) solo ponen límites ilógicos que sorprenden el pensamiento del niño” (Golovátin y López 228). Los primeros han dejado en el camino la posibilidad de soñar, de creer que el mundo es algo más allá de las cadenas impuestas por ellos mismos, pero los niños están aquí para recordarles que estos límites pueden sobrepasarse y que no hay más salida que re-establecer el orden de las cosas.
De esta manera, se configura un segundo elemento de la narración, lo violento no es precisamente el austero contexto en el que vive el niño, finalmente su capacidad de imaginar, a pesar de las condiciones, está intacta, sino la falta de comunicación entre él y sus abuelos. El temor a que el niño crea que puede trastocar su realidad y construir una nueva percepción del mundo es una forma de infundir violencia, de resignarse a la idea de que no es posible el cambio gracias a la comprensión de las necesidades del otro y la superación de sus propias necesidades.
En este sentido, se consolida un marco de lectura a través de la aproximación entre el lector y el universo subjetivo-psicológico del personaje principal. Pues,
En la vida real del lenguaje, toda comprensión concreta es activa: abarca lo que debe ser comprendido en el propio horizonte objetual-expresivo y está indisolublemente ligada a una respuesta, a una objeción y a un consentimiento motivado. En cierto sentido, la supremacía pertenece a la respuesta como principio activo: crea un terreno propicio al entendimiento, lo dispone activo e interesante. La comprensión solo madura en una respuesta. La comprensión y la respuesta están dialécticamente fundidas entre sí, y se condicionan recíprocamente; no puede existir la una sin la otra. (Bajtín 99)
El contraste entre el mundo real (externo) y el imaginario (interno) creado desde la perspectiva del niño, traducen su relación con el mundo a partir de la necesidad de crear un diálogo entre estas dos dimensiones, en apariencia, completamente discordantes;
Con la bicicleta a mi lado voy hasta el centro de la carretera. Es como si me dispusiera a volar. Pero una vez en la mitad del camino recuerdo, con desesperación, que no sé montar bicicleta. Como si antes de volar tú recordaras que no tienes alas (Rosero, El aprendiz 50).
Solo el diálogo entre estos mundos permitirá al lector comprender que la imposibilidad de soñar, y de obtener bienes, no es una limitante para establecer vínculos con los objetos, más allá de su valor utilitario, y con las personas, más allá de intereses netamente particulares.
Posteriormente, el cuento muestra un evidente contraste social entre la familia de Tatiana y la de Saél, pero un vínculo entre los dos niños, indiferente a la capacidad económica o de posesión que cada uno de ellos tiene. Ya sea por la naturaleza del lenguaje o por la carga contextual-semántica de las expresiones usadas por cada uno de los personajes, el texto manifiesta, expresamente, el distanciamiento entre el universo del adulto y el niño. Estos parecieran dividirse por la forma en que para cada uno las cosas adquieren valor o trascendencia. Trazando la distinción entre el mundo fantástico creado por la imaginación de Saél y el mundo real de los adultos que connota tristeza, pobreza y ausencia de.
En un contrato verbal que para los adultos es irrisorio, Saél y Tatiana decidieron intercambiar la mascota y la bicicleta. Para ellos el valor de las cosas no está determinado por el costo de las mismas sino por los momentos de felicidad que estas proporcionan, situación que para los abuelos de Saél y la madre de Tatiana es completamente incomprensible por ser negocios de niños, pues finalmente algún día aprenderán el verdadero costo de las cosas (Rosero, El aprendiz 62). Aquí lo relevante no resulta ser,
entonces, la construcción del espacio fantástico, producto de la imaginación del niño, sino la forma en que se construye su perspectiva del mundo a través de las palabras. En ellas es clara la carga violenta ejercida por los adultos, gracias a la necesidad de distinguir entre clases sociales, a la falta de interés por las necesidades del otro y a la incomunicabilidad de dos contextos que parecieran ser irreconciliables.
2.2.4 Lucía o las palomas desaparecidas
Para la selección de cuentos del libro Mil bosques en una bellota (2012) se le solicitó al escritor Evelio Rosero elegir un texto que consideraba relevante dentro de su creación literaria y las mejores páginas de la misma. Decidió pensar en “Lucía o las palomas desaparecidas” como el texto que aborda y esboza su propuesta narrativa posterior. La selección atendió a un hecho anecdótico sucedido en un evento de lectura realizado en un colegio de la ciudad de Cali, un niño le entregó al autor el libro El aprendiz de mago y
otros cuentos de miedo y le solicitó leer, en voz alta, el cuento que quisiera. Mientras el
autor se debatía por realizar una selección que pudiera entretener al complejo público con el que se encontraba, sus dedos se deslizaron por azar en una de las páginas del libro, al abrirlo se encontró con las primeras líneas del cuento mencionado y se dispuso a leerlo. Esta experiencia significó, para Rosero, leer un texto que se le ha prefigurado como todo aquello que ha buscado bosquejar en sus novelas para adultos, sobre todo en El Lejero y en
Los Ejércitos. La experiencia lo llevó a “entender que definitivamente el cuento para niños
concluía de más viva manera todo lo que durante [su] vida [le] ha rodeado y aterrado en el alma: los desaparecidos, los desaparecimientos en [el] país” (Mil bosques 64).