Edad (en meses)
Percepción Conducta mo- tora
Lenguaje Cognición
4
Observación activa
Sigue los objetos con la vista; percibe los colores, discrimina las formas y enfoca casi tan bien como un adulto; responde a sonidos de apenas 43 dB; voltea la cabeza hacia los sonidos (campanas, voces)
Mantiene erguida la cabeza y el pecho; coge objetos; rueda sobre el estómago y queda boca arriba
Balbucea, susurra; imita sus propios sonidos
Recuerda los objetos y los sonidos; descubre y examina sus manos y dedos; comienza a participar en juegos de interacción social (reproduce la imitación que quien lo cuida hace de sus sonidos) 8 Empieza el movimiento Responde a sonidos de 34 dB; tiene una visión y una audición integradas; domina ya el alcance guiado por la vista
Se sienta y se pone de pie sin apoyo; gatea, se arrastra, se desplaza en andaderas; se pasa los objetos de una mano a otra
Imita algunos sonidos repetidos del habla “ma-ma”, “pa-pa”; balbucea sonidos más complejos
Discrimina entre rostros conocidos y desconocidos; muestra ansiedad ante extraños; busca los objetos escondidos; participa en juegos sociales más complejos; imita algunos gestos y acciones de los adultos
12
Primeras pala- bras, primeros pasos
Camina con apoyo; puede atenazar; comienza a comer sin ayuda
Entiende y emplea unas cuantas pala- bras, entre ellas “no”
Busca un objeto escondido en su lugar habitual, no en el lugar donde lo vio por última vez; conoce la separación entre él y el cuidador, y ejerce la decisión; comienza a simular mediante la representación simbólica de actividades conocidas (comer, beber, dormir)
18 Juego de simulación
Camina sin sostén; logra un mejor dominio al alimen- tarse; puede apilar dos o más bloques; sabe garabatear
Combina dos pala- bras para formar una oración; menciona las partes del cuerpo e imágenes conocidas
Entiende el concepto de permanencia del objeto; trata de usar las cosas en sus aplicaciones comunes; incluye a una segunda persona en el juego de simulación que comprende juegos de imitación (“lectura”)
24 Final de la infancia
Camina, corre, sube escaleras; pedalea un triciclo; puede lanzar por encima de la mano
Sigue instrucciones verbales simples; combina tres o más palabras
Se sirve de unos objetos para representar otros (una escoba para representar un caballo, un saco para representar un sombrero)
Por ejemplo, al bien coordinado reflejo de marcha lo reemplaza un pataleo menos coordinado (Thelen, 1989). La transición de los reflejos al control de los centros superiores del cerebro marca el periodo en que ocurre con mayor fre- cuencia el síndrome de muerte repentina del infante (“Tema de controversia”, página 134).
El descubrimiento personal también suele comenzar en este periodo. El niño descubre sus manos y sus dedos; pasa mucho tiempo observándolos, estu- diando sus movimientos, juntándolos y cogiendo una mano con la otra.
Estatura (en centímetr
os)
Peso (en kilogramos)
91 86 81 76 71 66 61 56 51 2 4 6 8 10 12 14 16 18 20 22 24
Edad (en meses) Edad (en meses)
Estatura (del nacimiento a los 24 meses) Peso (del nacimiento a los 24 meses)
14.5 13.6 12.7 11.8 10.9 10 9.1 8.2 7.3 6.3 5.5 4.5 3.6 2.7 2 4 6 8 10 12 14 16 18 20 22 24 0 0 2 meses (fetal) 5 meses (fetal)
recién nacido 2 años 6 años 12 años 25 años
A cierta edad, en cerca de 50 por ciento de los infantes, el peso y la estatura disminuyen en las regiones más oscuras de la gráfica; en tanto que para cerca de 15 por ciento, disminuyen en las regiones más claras. Por tanto, en promedio, 80 por ciento de ellos tendrá un peso y una estatura situados entre las regiones oscura y clara de la gráfica. Advierta que, con el tiempo, aparecen diferencias mayores de peso y estatura dentro del intervalo normal del crecimiento.
Figura 4-1
El desarrollo cefalocaudal (de la cabeza hacia abajo) y proximodistal (del centro hacia el exte- rior) que vimos en el crecimiento prenatal con- tinúa después del nacimiento; las proporciones del cuerpo del recién nacido cambian en forma radical durante la infancia.
De los cinco a los ocho meses
A los ocho meses, el aspecto general del niño no difiere sustancialmente del que tenía a los cuatro meses, aunque ha ido ganando peso de manera gradual. El cabello es más espeso y largo. Las piernas están orientadas de modo que las plantas de los pies ya no quedan una frente a otra.Hacia los cinco meses, la mayoría de los niños logran un importante hito de- nominado alcance guiado por la vista: pueden extender las manos, tomar un ob- jeto atractivo y acercárselo; a menudo se lo meten a la boca. En cambio, durante el primer mes de vida reaccionarán ante éste abriendo y cerrando las manos, agitando los brazos y, quizás, abriendo la boca, pero todavía sin conseguir la coordinación de esos movimientos en un acto completo. Alcanzar con éxito algo exige una percepción precisa de la profundidad, control voluntario de los movimientos de los brazos y poder ejercer presión, así como la capacidad para organizar estas acciones en una secuencia (Bruner, 1973). Durante los prime- ros cinco meses de vida, el niño se sirve de la información visual para realizar exploraciones directas con los dedos (Rochat, 1989). Con el tiempo combina, en una secuencia, movimientos de alcance, prensión y se lleva los objetos a la boca; entonces, su mundo se transforma: puede explorar de modo más siste- mático los objetos —utilizando las manos, los ojos y la boca de manera indi- vidual o combinada (Rochat, 1989). Las habilidades motoras finas, que exigen el uso de manos y dedos, siguen perfeccionándose. A los cinco meses, el niño ha pasado de una prensión refleja a una prensión articulada voluntaria. A los ocho meses casi todos los infantes pueden pasarse objetos de una mano a otra;
EL SÍNDROME DE MUERTE INFANTIL REPENTINA
Este síndrome es la causa más frecuente de muerte entre los niños de dos sema- nas a seis meses de edad. Cada año se registran cerca de 10,000 fallecimien- tos. Se define como la muerte repentina de un infante o niño sin que se descu- bra una causa médica en la necropsia. Algunas veces llamada “muerte de cuna”, el síndrome suele ocurrir sin previo aviso mientras el niño duerme.
Si bien los investigadores han tra- tado en vano de detectar la causa exacta, han identificado las circunstancias en que tiende a ocurrir. El riesgo aumenta si la madre estuvo enferma durante el embarazo o si no recibió atención pre- natal. Con el síndrome se relacionan a menudo el tabaquismo y el consumo de drogas. El riesgo es elevado entre niños cuya madre fuma y sufre anemia (Bul- terys y otros, 1990). Se ha comprobado que el tabaquismo duplica el riesgo.
Muchos de los niños que fallecen presentan graves problemas respira- torios y digestivos una semana antes. Los hijos segundo y tercero también presentan mayor riesgo que los primo- génitos. Se ha observado que los que mueren más tarde por el síndrome han sido menos activos y responsivos que sus hermanos.
La muerte suele ocurrir por la noche cuando el niño duerme, cualquiera que sea su posición (Shannon y otros, 1987). Las investigaciones recientes, sin em- bargo, indican que el riesgo puede ser mayor en los niños a quienes se pone a dormir en decúbito prono (sobre el estómago) (Dwyer y otros, 1991). Por esta investigación y otros estudios que relacionan la posición y el síndrome, la Academia Estadounidense de Pediatría recomienda colocar al niño sobre la es- palda o apoyarlo de costado sobre la almohada (AAP Task Force on Infant Positioning and SIDS, 1992). No obs- tante, observe que la recomendación es
más importante para los niños con alto riesgo que para el resto de la población.
El síndrome de muerte infantil repen- tina parece ocurrir con mucho mayor frecuencia en el invierno. Aunque los in- vestigadores aún no descubren la causa fisiológica, se sospecha la existencia de irregularidades en el sistema nervioso autónomo, sobre todo en su relación con las funciones respiratoria y cardiaca (Shannon y otros, 1987). Las investiga- ciones recientes revelan que algunos infantes nacen con un centro respirato- rio inmaduro. Este defecto, combinado con otros problemas como enfermedad, enfriamientos de la cabeza o exposición al aire frío o al humo, puede cesar la respiración. Se ha comprobado que la estimulación vestibular por el meci- miento contribuye a disminuir la apnea (interrupción de la respiración) que a menudo se asocia con el síndrome.
TEMA
DE
CONTROVERSIA
ha bi li da des mo to ras fi nas Com pe ten cia
y algunos saben utilizar el pulgar y el dedo para asir. Por lo común, pueden golpear dos objetos, a menudo con alegría y sin interrupción.
También se perfeccionan las habilidades motoras gruesas, aquéllas en que se emplean los músculos más grandes o todo el cuerpo. La mayoría de los niños de ocho meses pueden sentarse y permanecer sentados sin apoyo si se les pone en la posición adecuada. Si se les pone de pie, muchos pueden man- tenerse erguidos sosteniéndose de algún apoyo. Algunos caminan apoyán- dose en los muebles. Se recomienda poner fuera de su alcance todas las cosas valiosas y los objetos pequeños que pueden llevarse a la boca. Algunos niños aprenden a gatear (con el cuerpo sobre el suelo) o a arrastrarse (sobre manos y rodillas). Otros se desplazan sirviéndose de las manos y de los pies. Y otros “se deslizan” sentados.
En relación con el gateo que se da a los ocho meses y después, conviene mencionar la interesante serie de estudios efectuados por Karen Adolph y sus colegas (1977), que demuestran las capacidades de los niños cuando ga- tean hacia arriba y hacia abajo de pendientes de diversos ángulos. Por ejem- plo, sin entrenamiento previo, niños de ocho meses y medio de edad subie- ron pendientes muy inclinadas sin dudarlo; después, quizá tras examinar la bajada, siguieron subiendo y tuvieron que ser rescatados por los experimen- tadores. En cambio, los niños mayores (de 14 meses) discriminaban más: su- bían caminando por las pendientes y luego se deslizaban hacia abajo con mucha cautela.
A los ocho meses, muchos niños empiezan a participar en juegos socia- les que los hacen reír, y a casi todos les gusta darle y quitarle un objeto a un adulto. Otro juego que aprenden con rapidez consiste en dejar caer un objeto, ver a alguien recogerlo y volverlo a tirar —otra fuente de interminable deleite para algunos pequeños.
De los nueve a los 12 meses
A los 12 meses, la mayoría de los niños pesan el triple de lo que pesaban al nacer. Las niñas tienden a pesar un poco menos que los varones.habilidades motoras gruesas Destrezas
en que intervienen los músculos más grandes o todo el cuerpo y que también muestran perfeccionamiento.
Muchos niños de ocho meses empiezan a participar en juegos sociales como “esconderse tapándose los ojos”.
En general, la mitad de los niños de 12 meses se sostienen de pie sin ayuda y empiezan a caminar. Como ya mencionamos, la edad en que comienzan a caminar depende del desarrollo individual y de factores culturales.
La capacidad de pararse y caminar le da al niño una nueva perspectiva visual. La locomoción le permite una exploración más activa. Puede meterse en las cosas, subirse o colocarse debajo de ellas. Su mundo se ha ampliado una vez más. El desarrollo motor se ve estimulado por cosas nuevas e interesantes que lo invitan a verlas y examinarlas. La exploración de otros niveles y habilidades favorece el desarrollo cognoscitivo y perceptual (Bushnell y Boudreau, 1993; Thelen, 1989). A los 12 meses manipula en forma activa su entorno. Deshace nudos, abre ar- marios, jala juguetes y trenza los cables de las lámparas. Su recién adquirida capacidad de atenazar con el pulgar frente al índice, le permite recoger pasto, cabellos, cerillos, insectos muertos, casi cualquier cosa. Ahora puede encender la televisión, abrir ventanas e introducir objetos en los enchufes, por lo que es nece- saria una supervisión más o menos constante y una casa “a prueba de niños”.
Ahora, los niños juegan y se “ocultan” de la gente cubriéndose los ojos. Jue- gan con un adulto a rodar un balón hacia atrás y hacia delante, y arrojar ob- jetos pequeños, compensando con persistencia su falta de habilidad. Muchos comienzan a comer sin ayuda, usando una cuchara y sosteniendo su vaso. Sus modales en la mesa no son los mejores, pero marcan el inicio del cuidado per- sonal independiente.
Dieciocho meses
A esta edad los niños pesan cuatro veces más que al nacer, pero se ha reducido la tasa de incremento de peso. Casi todos caminan solos. Algunos no son capaces de subir escaleras y les cuesta mucho patear un balón, porque no pueden sostenerse sobre un solo pie. También les resulta casi imposible pedalear triciclos o brincar.A los 18 meses los niños pueden apilar dos o cuatro cubos o bloques para construir una torre, y a menudo se las arreglan para garabatear con una cra- yola o un lápiz. La capacidad de comer sin ayuda ha mejorado en forma consi- derable, y pueden quitarse algunas prendas de vestir. Muchas de sus acciones imitan lo que ven hacer a la gente: “leer” una revista, barrer el piso o charlar en un teléfono de juguete.
Veinticuatro meses
Al celebrar su segundo cumpleaños, los niños suelen pesar cuatro veces más que al nacer y la tasa del crecimiento sigue estabilizándose.El niño de esta edad, por lo general, pedalea un triciclo, salta con los dos pies en el mismo sitio, logra hacer equilibrio por poco tiempo sobre un pie y arroja un balón. Sube escaleras. Gatea y se mete en los objetos y a los muebles, se coloca debajo o arriba de ellos. Vacía agua, moldea barro, estira lo que puede estirarse, dobla lo maleable. Transporta objetos en carros y vagones. Explora, prueba y manipula su mundo físico en todas las formas imaginables. Los niños de dos años también pueden vestirse y desnudarse sin ayuda.
Si les dan una crayola o un lápiz, garabatean y se sienten fascinados con las marcas mágicas que aparecen. Pueden apilar seis a ocho bloques o cubos para construir torres así como construir también un “puente” de tres bloques. Su juego espontáneo con bloques muestra correspondencia de formas y simetría.
En suma, los desarrollos físico y motor son procesos complejos y dinámicos durante los dos primeros años de vida. Para que el niño crezca, es necesario atender sus necesidades básicas. Debe dormir lo suficiente, sentirse seguro, re- cibir cuidados adecuados y tener experiencias idóneas y estimulantes. Los siste- mas de desarrollo —por ejemplo, las habilidades motoras y las perceptuales— se complementan. También el desarrollo del cerebro depende de la información que el niño recibe de sus acciones y exploraciones sensoriales (Lockman y Thelen, 1993). El contexto social en el que crece el niño favorece u obstaculiza estos sis- temas interactivos (Hazen y Lockman, 1989; Thelen y Foge, 1989). Sin embargo,
atenazar Método por medio del cual se
sostienen objetos, desarrollado hacia los 12 meses de edad, y que consiste en que el pulgar se opone al índice.
A los 12 meses muchos infantes exploran de manera activa su ambiente.
A los 18 meses, la mayoría de los niños pueden caminar solos y les gusta llevar o empujar juguetes.
todavía queda mucho por conocer sobre cómo interactúan la maduración del ce- rebro y la experiencia en las incontables formas en que se modifican las estructu- ras cerebrales (vea, por ejemplo, a Nelson y Bloom, 1997).