CAPÍTULO 1. LA UNIVERSIDAD Y SUS DIMENSIONES INTERNACIONALES.
1.4. Las dimensiones internacionales en las Universidades: aportes desde las teorías de
La cooperación entre los estados ha sido abordada, en el ámbito de las relaciones internacionales, por distintos paradigmas como el (neo)realismo, el transnacionalismo, el marxismo y el constructivismo (Jiménez González, 2003). En principio, la teoría realista17 asegura que los principales actores de la política mundial son los estados
17En este punto cabe señalar la existencia de un realismo clásico y un realismo estructuralista, el primero
centrado en las características de la naturaleza humana y el segundo, como su nombre lo indica, en los condicionamientos de la estructura (Waltz, 1959).La teoría neo-realista “presta atención especial a las influencias y condicionamientos de la estructura del sistema internacional sobre la política de los
caracterizados por su racionalidad y su carácter unitario, los cuales ansían su supervivencia y seguridad, ser poderosos y actuar a favor del interés nacional, competir por el poder y dominar otros estados. Este hecho los conduce a realizar alianzas en situaciones de conflicto contra las naciones que amenazan el orden mundial. El realismo considera que la política se caracteriza por una coalición de intereses y el divorcio entre la ética, la moral y la política18. Además, considera al hombre egoísta por naturaleza, rechaza la armonía natural de intereses entre los Estados y considera al conflicto y la anarquía como inherentes al sistema internacional, sólo superables mediante políticas de equilibrio de poder. En este marco, niega la posibilidad de progreso, posee una visión determinista del proceso histórico, se muestra pesimista, conservador y pragmático (del Arenal, 1994; Dougherty y Pfaltzgraff, 1993; Jiménez González, 2003; Gino Pauselli, 2013).
Desde esta perspectiva, la anarquía y la consecuente falta de un poder centralizado dificultan la cooperación, dando lugar a la formación de un sistema de autoayuda. Por tanto, el realismo explica la política de cooperación oficial al desarrollo como un mecanismo impulsado por los estados con el objetivo de promover su propio interés nacional. Los estados donantes buscan asegurarse su propia seguridad y generar mayor riqueza nacional mediante la cooperación y la consolidación de alianzas con los estados afines o cercanos19. De acuerdo con el principal exponente del realismo,
Morgenthau, la ayuda externa puede ser utilizada en forma de soborno para “comprar” las voluntades de los receptores (Pauselli, 2013). Cabe señalar que esta teoría se desarrolló entre 1940 y 1950 como reacción a fracasos políticos e intelectuales del período entreguerras así como de las desastrosas experiencias de la Segunda Guerra Mundial (Jiménez González, 2003).
Ahora bien, en la década de 1970, al presentar una visión limitada de la coyuntura internacional, el realismo entró en crisis. Esta situación de fragmentación paradigmática, acompañada por el surgimiento de un nuevo orden mundial de relaciones trasnacionales, dio lugar al resurgimiento del liberalismo, el cual había perdido estados” (Jiménez González, 2003: 124). Así, esta teoría reconoce que las modificaciones y transformaciones que se dan en las estructuras del sistema internacional pueden ocasionar cambios en la distribución del poder entre los estados.
18Es decir, la actuación del hombre de Estado no se encuentra limitada por las normas éticas y morales que rigen a los particulares (del Arenal, 1994: 110).
19En otras palabras, la transferencia de recursos hacia estados cercanos contribuye a aminorar la potencial tensión entre el receptor y el donante, mejorar la situación socio-económica, evitar conflictos internos desestabilizadores del statu quo y reducir olas de inmigración (Pauselli, 2013: 81).
credibilidad con el desencadenamiento de la Primer Guerra Mundial (1914-1918) y el fracaso de la Liga de las Naciones (1919). Los representantes de este resurgimiento del liberalismo, Keohane y Nye (1988) caracterizaron la década de 1970 como el inicio de una era de interdependencia y formación de una “aldea global”, en la que los intercambios sociales y económicos fueron dando lugar a la creación de un mundo sin fronteras. En este marco, el Estado territorial se vio eclipsado por actores no territoriales como corporaciones multinacionales, movimientos sociales transnacionales y organizaciones internacionales. Así, hubo una mutación en la naturaleza de la política mundial.
El paradigma de interdependencia compleja propuesto por estos autores surge como una alternativa al paradigma tradicional buscando dar respuesta a los nuevos problemas de liderazgo económico que deben enfrentar los Estados Unidos a partir de la década del 60. Estos autores critican al paradigma tradicional realista, al considerar que el mismo ignora los procesos transnacionales así como a los actores no estatales, los cuales poseen un papel central en las relaciones internacionales. Estos autores consideran a su vez que no se puede limitar el ámbito de las relaciones internacionales a las relaciones políticas y militares entre estados exclusivamente sino que se deben abarcar también dimensiones como la económica y la científico-tecnológica (del Arenal, 1994: 31). Estos autores, si bien reconocen el carácter conflictivo de las relaciones internacionales, niegan que las mismas sean por naturaleza esencialmente conflictivas y basadas en la lucha de poder; por el contrario, creen que la cooperación otorga a los estados la posibilidad de transformarse a sí mismos y al sistema internacional a través de ella.
Los principales postulados del paradigma de la interdependencia compleja son la existencia de una mayor interdependencia y cooperación a nivel mundial, como consecuencia del desarrollo social, económico, científico-técnico y comunicacional acelerado que exige nuevas demandas y plantea nuevos retos y problemas, ya no estrictamente interestatales y políticos, sino basados también en factores culturales, tecnológicos y económicos, donde intervienen nuevos actores. Esto impide que haya una jerarquización clara en los temas de la agenda. Asimismo, señalan el debilitamiento del Estado como unidad soberana capaz de garantizar el orden y la aparición de nuevos actores. A su vez, indican la desaparición de la distinción y separación entre las esfera
interna e internacional, lo que conduce a una redefinición y ampliación del campo de estudio (Keohane y Nye, 1988).
La mayor interdependencia, así como el cambio de naturaleza de una sociedad internacional, a una mundial o universal, y no esencialmente conflictiva, sino también cooperativa, donde cualquier acontecimiento tiene repercusiones mundiales provoca una ampliación de las dimensiones, estructuras y procesos, objeto de consideración. Como consecuencia de lo anterior lo que se genera es una “(...) ampliación de la problemática característica del estudio de las relaciones internacionales” (del Arenal, 1994: 33). A los problemas militares, se le suman ahora los de carácter económico, social, cultural, del desarrollo y subdesarrollo, de la desigualdad, de la violación de los derechos humanos, entre otros. A la vez que se da también una ampliación en la cantidad y diversidad de actores participantes, y un cambio en los valores imperantes, pasando de los de carácter individualistas y nacionalista a otros de carácter global, comunes y universales.
Estos autores consideran que la interdependencia implica costos, ya que reduce la autonomía de los estados, al mismo tiempo que no se puede considerar a la misma como mutuamente equilibrada, ya que hay actores más fuertes, y por lo tanto menos dependientes que pueden manipular las relaciones de interdependencia y utilizarlas como fuentes de poder en la negociación, o incluso para incidir en otras cuestiones. A la vez, para Keohane y Nye las fuentes que generan poder se han vuelto más complejas, y no es ya el poder militar el dominante de todas las demás formas: “El poder puede pensarse como la habilidad de un actor para conseguir que otros hagan algo que de otro modo no harían (…) también puede concebirse en términos de control sobre los resultados” (Keohane y Nye, 1988: 25).
Por su parte, el marxismo se presenta como una crítica a los procesos de cooperación internacional, al considerar que el libre comercio es el principal determinante del conflicto internacional y que las relaciones entre países son de explotación. Dentro de este paradigma, el actor central de las relaciones internacionales son clases sociales y el método de análisis de la sociedad es el materialismo histórico (Jiménez González, 2003). De acuerdo con esta perspectiva, existe una lucha por esferas de interés económico, donde las naciones más ricas y poderosas explotan a las más pobres. Sobre estos pilares se sostiene el imperialismo así como la división entre países desarrollados y países en desarrollo (Jiménez González, 2003; Pauselli, 2013).
La tradición marxista en relaciones internacionales hace hincapié en las relaciones Norte-Sur entre los estados y las relaciones de desigualdad o dependencia en el sistema internacional. En dicho contexto, los estados subdesarrollados, por características propias del capitalismo y del proceso de acumulación que este genera, son dependientes o se encuentran en situación de inferioridad mientras que los países industrializados del Norte son los beneficiarios de este sistema desigual. La vida económica de las naciones más débiles está penetrada por los intereses de las naciones poderosas (Cox, 1983). Esta perspectiva comprende la ayuda al desarrollo como soborno para influir en las estructuras de autoridad internas del país receptor, lo cual fortalece las relaciones de dependencia y genera mayores condiciones de desigualdad en el intercambio comercial internacional (Pauselli, 2013). Por su parte, la presencia de multinacionales también refuerza la explotación y dependencia de los países de la periferia (Cardoso y Faletto 1977).
Los constructivistas entienden al proceso de cooperación como un proceso dual, donde al mismo tiempo que los agentes aprenden a cooperar reconstruyen sus intereses, al compartir sus compromisos mediante el establecimiento de normas sociales. Así, el constructivismo se ha concentrado en la influencia que las ideas y normas poseen en el comportamiento de los estados, en especial aquellas compartidas, a las cuales ajustan su comportamiento los diferentes actores del sistema internacional (Wendt 1999; Finnemore y Sikkink 2001; Pauselli, 2013). Para estos teóricos las estructuras sociales son creadas gracias a la interacción recíproca y en ellas se definen las identidades e intereses de los sujetos, las cuales son cambiantes y dependen del contexto histórico, cultural, político y social. Esto da lugar a que los estados tengan intereses diversos (Hopf 1998; Jiménez González, 2003; Pauselli, 2013).
Desde esta perspectiva, la cooperación es una institución formal creada por el hombre y no una estructura dada. Los constructivistas agregan que las instituciones pueden transformar las identidades e intereses de los estados y viceversa. Las ideas y las normas poseen la capacidad de evolucionar, modificarse, lo que posibilita el paso de sistemas competitivos a sistemas de cooperación o ayuda en las relaciones entre estados. Para el constructivismo hay una construcción de la identidad colectiva en las relaciones entre estados, en la cual el interés propio y el interés colectivo son efectos de un proceso de identificación con el otro. En este marco, la identidad nacional da forma a los
intereses nacionales y estos a su vez generan las preferencias estatales en situaciones o áreas específicas (Pauselli, 2013).
Otro concepto relevante aportado por las Relaciones Internacionales es el de política exterior, el cual ha ido cambiando conforme se han dado modificaciones en el ámbito de las relaciones internacionales. López Hernández (2005) considera que si bien existen diversas definiciones de política exterior, las mismas coinciden en los aspectos esenciales como la defensa de los intereses nacionales y la línea de acción ante el escenario internacional con limitaciones tanto internas como externas. Entre los autores que han realizado definiciones del concepto podemos mencionar a Calduch (1993), quien define a la política exterior como:
aquella parte de la política general formada por el conjunto de decisiones y actuaciones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros actores de la sociedad internacional (Calduch, 1993: 3).
Entre sus elementos, el autor menciona su carácter estatal, ya que son los estados los únicos actores capaces de desarrollarla plenamente por el hecho de reunir dos requisitos. El primero de ellos es su capacidad jurídica reconocida internacionalmente y, el segundo, es su capacidad política plena, autónoma y eficaz. La política exterior se caracteriza a su vez por su incapacidad de disociación con la política interna, por formar parte de una misma realidad política. Finalmente cada Estado debe determinar cuáles son los fines y objetivos que busca alcanzar a través de su política exterior y que medios utilizará para alcanzarlos. En este marco, propone tres etapas para dividir la política exterior: elaboración, ejecución y control, las cuales muchas veces se encuentran solapadas y suelen ser difíciles de identificar o diferenciar20.
Otra definición indica que la política exterior refiere a un programa de decisiones y acciones llevadas a cabo por la dirigencia de un Estado para modificar o preservar las condiciones del contexto internacional y así promover los intereses y valores de ese Estado y crear las condiciones favorables para la estrategia de desarrollo vigente (Colombo, 2011). La forma de inserción internacional de un país resulta de la proyección externa de su modelo de político-institucional y económico-social interno a
20La primera consiste en la definición de los objetivos y la elección de los medios mediante los cuales se pondrá en marcha la política exterior, buscando diversas alternativas y seleccionando una de ellas. En la etapa de ejecución los estados realizan sucesivas acciones para intentar realizar la política exterior que fue previamente elaborada. La última etapa es la de evaluación de los resultados alcanzados.
la vez que conforma una pieza indispensable para consolidar dicho modelo (Araya et al., 2015).
Ojeda (1976) agrega que es importante tener en cuenta, que si bien los estados tienen libertad e independencia para diseñar y manejar su política exterior, los mismos se encuentran condicionados por una realidad compleja que delimita su accionar y sus alcances reales. Por su parte, el diccionario de Relaciones Internacionales de Plano y Olton agrega que la política exterior emprendida por un Estado puede ser tanto una iniciativa del mismo como una reacción a iniciativas emprendidas por otros estados. Por su parte, Rafael Velázquez Flores (1995) sostiene que la política exterior se encuentra integrada por las conductas, posiciones, actitudes, decisiones y acciones que adopta un Estado más allá de sus fronteras. Las mismas se fundamentan en el interés nacional y en objetivos concretos de carácter económico y político. Los condicionantes internos y externos así como la capacidad de negociación internacional del Estado y de la sociedad civil afectan su desarrollo.
Sorensen (1973) nombra a la diplomacia como el instrumento utilizado para poner en práctica las decisiones tomadas por el gobierno en relación a la posición del Estado frente a sus pares o dentro de organizaciones internacionales. Sin embargo, López Hernández (2005) menciona la existencia de otros instrumentos a los que también recurren los estados para ejecutar su política exterior tales como la guerra, la negociación, las sanciones o la ayuda económica y las organizaciones internacionales, entre otros.
Calduch plantea la dificultad de delimitar la política exterior, ya que se suele recaer en tres errores. El primer error aparece cuando se identifica la política exterior de un Estado con la política exterior desarrollada por su Gobierno. El segundo se produce cuando, al referirse a la política exterior del Estado, se contempla únicamente su acción exterior sin tener en cuenta también la toma de decisiones y las evaluaciones o controles que se producen antes y después de la acción exterior. Por último, algunos autores suelen equivocarse al plantear el análisis de la política exterior como un ámbito teórico desconectado de la política interna de los estados (Calduch, 1993).
A su vez, Miranda (2005) hace énfasis en el hecho de que en el último tiempo, los estudios de política exterior han tenido que re-direccionar sus análisis, ya que en la actualidad es preciso considerar la influencia de las relaciones transnacionales sobre el Estado. Así, la presencia de actores tradicionalmente no internacionales o ajenos a las
relaciones interestatales, ha modificado la esencia del examen y el balance de las políticas exteriores. En la actualidad, la política interna y la exterior se encuentran relacionadas y tienen gran interdependencia, ya no se entienden como radicalmente opuestas.