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EL DINERO VIRTUAL

In document Solución a las CRISIS MONETARIAS (página 100-102)

Capítulo IV BIENES ECONÓMICOS

EL DINERO VIRTUAL

Pero donde considero se materializa la confusión básica de Mises es cuando dice en “La teoría del dinero y del crédito” (p. 84):

“Como no existe una relación directa entre el dinero como tal y las necesidades humanas, los individuos no pueden formarse una idea de su utilidad, y por consiguiente de su valor, más que suponiéndole un determinado poder de compra.”

Si algo podemos catalogar como síntesis del desvío de Mises sobre Menger es esta expresión, la cual está en total contradicción con la destacada más arriba en este libro, con estas expresiones del mismo Mises:

“El hombre solamente procede al cambio indirecto cuando de ello obtiene un beneficio; sólo si los bienes que adquiere son más negociables que los que él ya posee”, siendo que el dinero surge sí o sí del intercambio interpersonal, lo cual deriva de la misma definición de intercambio de Mises. En otras palabras, esta desafortunada expresión de Mises es la que nos indica el por qué de su extravío respecto a la teoría que muy bien venía desarrollando Menger. En este pasaje es donde Mises yerra el camino al no reconocer la vendibilidad o liquidez directamente como una necesidad más, en lugar de iniciar todo el laberinto que implica el intento de dar al dinero un aspecto místico y extra económico; esto no debe ser así, ya que el dinero deriva de la necesidad humana de intercambiar interpersonalmente, tal como sucede con todas las mercancías, hasta el punto de que hoy en día y cada vez más todos los humanos laboran para producir mercancías; es decir, casi nadie trabaja para producir los bienes de uso propio final.

Este pasaje es también la mejor expresión del aspecto teórico que lo acerca o asimila totalmente a los que él cree que tienen teorías distintas, como los llamados keynesianos, quienes opinaban lo mismo que la corriente que él sostenía (que yo llamo la teoría del “dinero-virtual”); por lo visto en este pasaje, debemos adscribir allí a Mises, aunque esto no es más que corroborar todo lo que vengo desarrollando en este libro. Creo que aquí se observa por qué opté por contrastar mi teoría con la de Mises: creo precisamente que de todas las que considero equivocadas porque encierran el concepto del “dinero-virtual”, la de Mises está mucho más profundizada, mucho más elaborada y, por ende, es mucho más consistente que las adoptadas por las “presuntas” teorías distintas.

Pero cabe reiterar la reflexión de fondo por la cual Mises está desacertado y por lo que yo llamo a su teoría del “dinero-virtual”: en el fondo de su teoría confusamente no trata la liquidez -la vendibilidad de Menger- como una necesidad humana, y por ello no ubica al bien económico que la satisface, el dinero, ni siquiera en la calidad de bien, y menos aun en la de bien económico; luego no tiene valor económico para el ser humano, motivo por el cual se ve obligado a “ir a buscarlo en otros bienes económicos por los que podrá ser canjeado -poder de compra-, que sí son bienes económicos”, o sea que en el ínterin el dinero es una abstracción humana, aparece económicamente como “virtual”. Pero esto sólo ratifica que Mises está extraviado de la teoría económica, al igual que los que se supone piensan distinto, los cuales están siempre preocupados por “ir a buscar el valor” del dinero en su poder de compra, es decir, en la cantidad de bienes económicos por los que se podrá intercambiar interpersonalmente; con esto reitero, entonces, que debemos adjuntar valor de compra a todas las mercancías.

En síntesis, todo el camino equivocado de la teoría económica se soluciona adoptando la teoría aquí expuesta, la que reconoce al dinero como un bien económico presente que satisface una específica necesidad humana y está en relación inferior de cantidad disponible a la demanda. No hay que ir más allá: no hacen falta categorías económicas como sustitutos del dinero; asimilar el crédito al dinero; retornar al valor objetivo; ir a buscar el valor del dinero a otro lado, ni al pasado, como veremos en el teorema de la regresión, ni al futuro, cuando hablamos del poder de compra, porque en ambos casos no agregamos nada al aspecto temporal del hombre ni de los bienes en general, ya que esa condición está presente en todo, no sólo en el dinero; teoría cuantitativa del dinero; separar el acto de vender del acto de comprar; distinguir entre intercambio de trueque y dinero; etc. En otras palabras, si para la explicación de nuevas necesidades que se le presentan al hombre y los consecuentes bienes económicos que las satisfacen hacen falta teorías específicas, ello es muestra de que las teorías existentes no tienen el nivel de generalidad que las convierte en tales, o todavía están en un estado de desarrollo muy elemental.

En síntesis, podemos decir que, como consecuencia de que Mises (y los “rivales que piensan igual”) sostiene que “como no existe una relación directa entre el dinero como tal y las necesidades humanas”, nos pone frente a la situación de que no considera al intercambio interpersonal, del cual surge el dinero, como bien económico en sí -que, por otro lado, convalida con su expresión de que nadie intercambia si no obtiene un beneficio-; decir que su carácter de bien económico es derivado no agrega nada, ya que es la característica de toda mercancía, pero lo que sí agrega complicaciones es profundizar confusamente esa condición de bien económico derivado, siendo que lo único especial es ser una mercancía con mayor vendibilidad, de más fácil intercambio interpersonal, el cual, ya vimos, lo ubica sólo como un tema financiero.

Todo este planteo aleja el concepto del dinero de Mises del mundo económico y lo lleva a una abstracción tal -cuya mayor expresión creo es el final de su “cadena de sustitutos del dinero” que llama “dinero fiat” y lo lleva a preguntarse si existirá alguna vez- que lo introduce en la concepción de un dinero que no es un

se presentará cuando se cambie por un bien económico; esto nos pone frente a dos opciones: 1) que se produzca el intercambio interpersonal de bienes que no son económicos, cosa que no puede darse en la economía (en caso contrario, el intercambio interpersonal no es un bien económico); o 2) que en determinados “instantes” pueda darse la enorme contradicción de que “existe el dinero que no existe”. De esta confusión se derivan conceptos extraños para la economía, como “el velo del dinero” o “la ilusión monetaria” y otros más a los que referiré.

Todo esto podemos expresarlo de la siguiente forma: el dinero virtual es algo así como concebir que durante cierto período el dinero no es un bien económico presente, sino que lo va a ser cuando con él se pueda adquirir un bien económico, lo que da en llamarse poder de compra. Pero hay que advertir que nos estamos refiriendo veladamente al crédito, el cual hace entrar en juego en el intercambio interpersonal a un bien económico futuro, que hoy no existe concomitantemente con la existencia del agente económico que intercambia, pero que por ello se compromete a que ese bien económico que hoy no existe cobre existencia presente en un futuro. Ésta es otra forma de expresar la diferencia entre dinero y crédito o, más precisamente, entre contado y crédito.

Por último, deseo reiterar por qué no puedo aceptar que se considere que el dinero no tenga valor por sí mismo a pesar de su carácter de “medio indirecto”; con ese criterio, no deberíamos aceptar ni valor ni precios de los bienes económicos de orden superior ni de las mercancías. Además, ningún bien económico puede tener precio si no es en relación con otros bienes económicos, de cualquier tipo que éstos sean, lo que, a su vez, es la esencia del concepto de relatividad del valor y de los precios; pensar lo contrario es como estar en contra de la relatividad en general.

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