Capítulo IV BIENES ECONÓMICOS
EL TEOREMA DE LA REGRESIÓN DEL DINERO
Después de mencionar tantas veces mi rechazo al teorema de la regresión de Mises, ha llegado el momento de expresarme concretamente sobre el tema.
Mises nos sigue diciendo en “La teoría del dinero y del crédito” (p. 85):
“... El valor originario del dinero está ligado al valor-mercancía del material monetario...”
Estamos en presencia del camino de retorno de Mises a Menger. Sí, en los apartados anteriores nos mostraba todos sus argumentos para separar al metal que se había “transformado” en dinero ahora nos dice que no debemos olvidar que el dinero era primero metal; pero su reconocimiento intrínseco del extravío lo lleva a expresar seguidamente, en un intento de conciliar lo acertado de su intuición con lo desacertado de su teoría (p. 85):
“Pero desde entonces el valor del dinero ha estado influido no sólo por los factores dependientes de sus usos `industriales´, que determinan el valor del material del cual está hecha la mercancía dinero, sino también por los que resultan de su uso como dinero. No sólo su oferta y demanda para fines industriales, sino también su oferta y demanda para usarlo como medio de cambio, influyeron en el valor del oro desde el momento en que se empleó por vez primera como dinero.”
Evidentemente su implícita reflexión sobre el dinero género y el dinero especie está en línea con mi posición, así como que el uso alternativo de un bien económico aumenta el valor subjetivo de éste cuando se descubren nuevas utilidades, lo cual influye en los precios que obtenga en los intercambios interpersonales. Pero seguidamente, Mises nos introduce directamente en su teoría de la regresión y lo hace bajo el título “La necesidad de un valor independiente de la función monetaria antes de que un objeto pueda servir como moneda”, que no es más que definir el dinero como un bien económico presente.
Conviene recordar una vez más que no es indispensable en mi teoría que el bien económico que satisfaga la necesidad de liquidez haya sido previamente un bien económico que satisficiera previamente otras necesidades, aunque “pareciera” que implícitamente está reconocido en el concepto de “mayor vendibilidad” de Menger; pero la vida nos ha mostrado que nuevos bienes económicos pueden gozar de mayor vendibilidad que los preexistentes, y es así porque tienen las cualidades necesarias para ser dinero. Este aspecto es muy importante, porque no entenderlo es lo que llevó a Hayek a pensar en canastas de bienes para conservar la “constancia del valor del dinero” y que, por último, y dada su enorme capacidad intuitiva, lo llevó a declarar que no sabía cuál era la teoría del dinero y sólo atinaba a decir que “por allí era el camino”, en lo que, a mi entender, era el no desviarse de la teoría subjetiva del valor para explicar el dinero; pero intuía que la salida de Mises que él aceptara no lo había conducido a caminos sólidos. Mises comienza bien este apartado cuando dice (p. 85):
“... la conclusión lógica es que un objeto no puede utilizarse como dinero a menos que, en el momento en que empieza su uso como tal, posea un valor de cambio objetivo anterior basado en cualquier otro uso. Esto implica al mismo tiempo una refutación de aquellas teorías que derivan el origen del dinero de un acuerdo general para dar un valor ficticio a cosas intrínsecamente sin valor y una confirmación de la hipótesis de Menger referente al origen del uso del dinero”.
No podemos menos que estar de acuerdo con lo que expresa Mises aquí, pero recordemos que en el resto de su teoría convalida la existencia del dinero virtual. No obstante, deseo destacar que él hace mención a Menger a fin de sostener su teoría, específicamente cuando menciona el concepto de éste en lo que hace al origen del dinero; pero creo que Menger hace alusión a él en tanto desea conservar su idea principal de que el dinero es un bien económico presente que satisface la necesidad de liquidez derivada de la necesidad del intercambio interpersonal; no creo que tuviera reparo alguno en aceptar la aparición de un bien económico que naciera exclusivamente para satisfacer la liquidez, que él llama vendibilidad, sin necesidad de que tuviera existencia como bien económico para satisfacer otras necesidades previamente. En otras palabras, no es necesario que el plástico rígido haya sido previamente acero para que cumpla las funciones de éste.
Debe quedar bien en claro que mi concepto de que el dinero es un bien económico presente es más general que el de Menger, a la vez que más preciso, ya que no recurre al pasado, y no lo hace por dos aspectos: primero, porque no es necesario, y segundo, porque bien puede haber tenido pasado como bien económico y hasta como dinero, pero en el presente ya no tenerlo, como bien económico o como dinero. Luego Mises continúa en su error, lo cual no podría ser de otra forma, ya que asimila el dinero-crédito y el dinero-signo al dinero-mercancía, cuando dice (p. 85):
“Esta vinculación a un valor de cambio preexistente es necesaria, no sólo para el dinero-mercancía, sino también para el dinero-crédito y el dinero-signo. Este último no habría existido nunca si no hubiera satisfecho esa condición.”
Sobre lo cual no me extiendo, porque ya me he expresado lo suficiente al destacar que las categorías mencionadas aquí por Mises son crédito y no dinero, excepto el dinero-mercancía; pero a él no se refiere precisamente en su intención expositiva, lo que manifiesta una vez más su extravío, al no detectar que aquéllos son crédito y no dinero, e incomodidad con su propia teoría, de la cual intenta salir pretendiendo dar calidad de bien económico preexistente a lo que es crédito, cuya característica es precisamente la opuesta: se formaliza por ser en el intercambio interpersonal presente un bien económico futuro. Seguidamente menciona más “alternativas de dinero”, como el “dinero-signo puro”, lo que no es más que un nuevo e innecesario intento por volver a Menger.
En el apartado siguiente que Mises titula (p. 86) “El significado de los precios anteriores en la determinación de las relaciones de cambio del mercado”, vemos nuevamente que lo que intenta reflejar como características específicas del dinero es aplicable a todo bien económico que para el agente económico tiene como origen ser mercancía: “Hay aquí un contraste entre la determinación del valor de
cambio del dinero y el valor de cambio de otros bienes económicos. Por lo que respecta a éstos, todas las relaciones de cambio preexistentes son completamente irrelevantes”, lo cual resulta totalmente inconsistente con todo lo expresado aquí y específicamente con la definición por él aceptada también del concepto de mercancía de Menger.
En el apartado siguiente nos habla de “la aplicabilidad al dinero de la teoría de la utilidad marginal”, lo que no es más que un intento por volver al camino del que nunca debió desviarse, y en tal sentido expresa (p. 101):
“La demostración de que la búsqueda de los determinantes del valor de cambio objetivo del dinero nos retrotrae al momento en que el valor del dinero no estaba en modo alguno determinado por su uso como medio de cambio, sino solamente por sus otras funciones, allana el camino para desarrollar una completa teoría del valor del dinero sobre la base de la teoría subjetiva del valor y su peculiar doctrina de la utilidad marginal.”
Vemos que no es más que un intento de Mises de “justificar” su teoría invocando a la teoría del valor subjetivo, que él considera un pilar en la economía; esto es muy destacable en él, no obstante no haber advertido que su teoría del dinero lo alejaba de aquélla, y ésta es una expresión más del intento de reconciliación de sus equidistantes posturas, la de la teoría del valor subjetivo en general que él acepta, y la de la teoría del valor objetivo que rechaza pero imprime al dinero, sin advertirlo, al buscar el origen del valor subjetivo del dinero en su antepasado. Este volver al pasado para indagar sobre el origen genético del valor subjetivo del dinero es tan contradictorio como el de ir a buscar su valor subjetivo hacia adelante en su poder de compra. Por lo demás, sólo deseo reiterar que esta tarea retrospectiva es la misma que se
Seguidamente, Mises destaca que existen dos teorías referentes al valor del dinero: una objetiva, totalmente capaz de ocuparse del “dinero-mercancía” pero incapaz de hacerlo con el “dinero-crédito” y el “dinero-signo” (sin advertir que manifestaba la misma incapacidad pero desde otro ángulo -consideraba dinero a lo que es crédito, y su error deriva de ello ya que pretendía explicar desde la teoría del dinero lo que en realidad es crédito-); y la otra que, en términos generales, refiere a las distintas versiones de la teoría cuantitativa del dinero (sobre ella me explayaré más adelante por ser muy cara a los sentimientos de la teoría económica del dinero). Nuevamente aclaro que en el capítulo IX se despejarán todas las dudas al respecto.
Mises nos introduce de lleno en su teorema de la regresión cuando expresa (p. 95):
“La teoría del valor del dinero como tal sólo puede remontarse en la búsqueda del valor de cambio objetivo del dinero hasta aquel punto en que deja de ser el valor del dinero para convertirse simplemente en el valor de una mercancía.”
Ya me he explayado sobre los errores que considero contiene esta teoría -como el concepto de objetivo-, así como que no considero indispensable retrotraernos en nada para la búsqueda del valor, más que en lo que hace a los motivos por los cuales un bien económico adquiere la calidad de tal, cosa que, por otro lado, no es característica exclusiva o distintiva del dinero.
Sí deseo destacar que estimo totalmente aceptable la respuesta que da Mises a las críticas que se le hacen a su teorema, cuando se lo tilda de ser un círculo vicioso de regreso al infinito -al estilo de las definiciones epistemológicas-, a lo cual Mises responde en “La acción humana” (ps. 612/3):
“... Pasan, sin embargo, por alto esos críticos que dicho proceso regresivo no prosigue sin fin. Llega, en definitiva, a un punto en el que el razonamiento queda completo y resueltas todas las incógnitas. Si, en efecto, hacia atrás, paso a paso, recorremos ese repetido proceso seguido por el poder adquisitivo, llegamos finalmente, a aquel instante en que el bien de referencia comenzó a ser utilizado como medio de intercambio. Alcanzado tal punto, el poder adquisitivo del bien en cuestión es exclusivamente función de aquella demanda de índole no monetaria -industrial- desatada por quienes pretenden utilizar la mercancía de referencia en función distinta a la propia de medio de intercambio...”
En esta oportunidad, Mises reconoce explícitamente que el poder adquisitivo lo tiene cualquier bien económico de intercambio interpersonal y que no es exclusivo del dinero, como antes sostenía; lo hace al expresar: “... el poder adquisitivo en cuestión es exclusivamente función de aquella demanda de índole no
monetaria -industrial- ...”. En otras palabras acepta aquí (aunque implícitamente) en las mercancías el poder de compra que reconoce confusamente sólo en el dinero.
Mises nos sigue diciendo (p. 617):
“Esa relación existente entre la demanda y la oferta de dinero, que podemos denominar relación monetaria, determina la capacidad adquisitiva de la valuta. La relación monetaria de hoy, estructurada sobre la base de la capacidad adquisitiva de ayer, determina la capacidad adquisitiva de hoy.”
Se observa una vez más el intento de Mises de asignar un rol “especial” a la “continuidad” que el tiempo le incorpora al dinero, como si fuera distinta de la de otras mercancías.
De lo que no puede caber duda es de que Mises sostenía que al dinero hay que aplicarle la ley de la utilidad marginal del mismo modo que a los otros bienes económicos; el error que destaco es el que surge de su teoría, no de su intencionalidad o su “intención final o última”; en otras palabras, quiere explicar lo innecesario si no se hubiera extraviado, ya que si hubiera considerado el dinero siempre como un bien económico presente y no virtual, luego todos los bienes económicos (presentes y futuros) estarían sujetos a la teoría del valor subjetivo.