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2.5. LA ENSEÑANZA DE JESÚS

3.1.1. Los discípulos en los evangelios

Sobre las características del discípulo se pueden presentar algunos rasgos comunes que, gracias al testimonio de los evangelios, se pueden describir. Vamos a hacer mención de dichos criterios para conocer el sentido e identidad del discípulo en los evangelios; teniendo en cuenta además algunas características que salen de los criterios principales, pero que no desvirtúan el sentido del seguimiento.

En primer lugar, en este llamado al seguimiento, es Jesús quien llama126. La iniciativa nace de Jesús, con tono imperativo, quien invita a su seguimiento. La llamada de Jesús va dirigida a personas que todavía no se muestran con la iniciativa del seguimiento. Los evangelios de Marcos y de Juan nos dan una indicación sobre la llamada: ni Jesús, ni los evangelistas, llaman a los primero invitados con la denominación de discípulos; sino que después de estar reunidos en comunidad adquieren ese título (Mc 2, 15; Jn 2,2). Esta llamada no se realiza en una relación individual sino que tiene su «interacción» social: la formación de un grupo en torno al maestro. Es primordial reconocer que la causa principal para ser discípulo es estar llamado por Jesús, la invitación viene de él.

El segundo rasgo del discipulado tiene como consecuencia dejar atrás todas las ataduras del seguidor para adentrarse al objetivo del seguimiento127: ligar a su discípulo en la experiencia

125 Fernández, Diccionario del mundo Joánico, 20.

126 Jesús se mueve entre los pobres y excluidos de la sociedad. Su motivación y misión muestra una alternativa de vida. La conciencia de Jesús de que Dios no «juzga» (como la conciencia de Juan el Bautista), sino que ama a todos, lo impulsa a hacer partícipes a los demás de ese amor que se abre a los demás, y abre a los llamados a una vida liberada. Los llamados, animados con la propuesta de Jesús y al sentirse perdonados, inician una forma de vida marcada por el amor que sienten y, además, por el amor de la comunidad. Sobre la experiencia de Jesús se puede decir que «El Dios de Jesús es Padre que ama y crea por el perdón interhumano», Pikaza, Historia de Jesús, 248.

127 Sobre este punto hay algo que afirmar: La invitación de Jesús a dejarlo todo (familia, ideales, posición) no tieὀe cὁmὁ fiὀalidad demὁstrar hὁstilidad a la pὁsesióὀ de las persὁὀas, siὀὁ que éstas “pὁsesiὁὀes” creaὀ dificultades en el objetivo del seguimiento. La búsqueda de Jesús, por medio del grupo de seguidores, es instaurar una nueva familia de Reiὀὁέ Idea que tieὀe cὁmὁ fuὀdameὀtὁ llegar a superar la “familia patriarcal”

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del reino de Dios, a la relación íntima con Jesús y con el Padre. La invitación al seguimiento es un seguimiento literal de Jesús; lo cual implica dejar todo lo anterior y vincularse con la persona de Jesús, tanto en sus predicaciones como en sus recorridos.

Como último rasgo del seguimiento de Jesús les presenta a sus seguidores la posibilidad de peligros y hostilidades por su permanencia. Seguir a Jesús no está libre de riesgos, la persona tiene que asumir una actitud de vida: negarse a sí mismo y cargar con la cruz (Mc 8, 34). Este tercer rasgo tiene como objetivo que el discípulo pueda discernir sobre el costo del seguimiento, las dificultades y los compromisos que debe asumir. La importancia de esta invitación de Jesús era para que los discípulos puedan vivir lo que Jesús vivió en carne propia. El grupo que se conforma no está desvinculado de una realidad determinada. Dentro de la enseñanza de Jesús a sus discípulos, está la apertura a compartir con otros. Apertura que se da de manera radical hasta compartir con las personas que estaban al margen de la sociedad. Este aspecto lo podemos reconocer en las comidas de compartir que realizaba Jesús; en las cuales no existía discriminación de personas, sino que estaban abiertos a todos.

Sobre la llamada de Jesús a sus seguidores cabe hacer una aclaración: las personas que iniciaron el proceso de seguimiento de Jesús no sólo fueron aquellos de los cuales encontramos relatos de la llamada, los Doce128; existieron, también, otras personas que se vincularon en este seguimiento, aunque no se los denomine con el título de discípulos129. Entre los casos están María Magdalena, a quien Jesús le realizó un exorcismo y se mantiene

que mantenía una opresión en la sociedad, que se fundaba en la posesión de riquezas y la lucha por la misma; para crear uὀa “fraterὀidad” dὁὀde hay espaciὁ para tὁdὁs, dὁὀde se acogen a los expulsados de la sociedad: uὀa “familia mesiáὀica”έ Pὁr ellὁ la cὁὀviveὀcia de lὁs discípulὁs está abierta a las demás persὁὀas y ὁfrece cὁmuὀióὀ cὁὀ aquellὁs “siὀ familia”έ

128 Los Doce tienen la finalidad de representar a las doce tribus de Jacob, lo cuales serían los portadores de la esperanza nacional que no se limitaba al pueblo de Israel, sino que luego se abrirían a toda la humanidad. Podemos considerar que la imagen de los Doce es la representación de toda la humanidad. Los Doce los elige Jesús «para que lo acompañen y colaboren con él, no como portadores inmediatos de una misión universal, sino como expresión de la plenitud Israelita. Pikaza, Historia de Jesús, 266.

129 Además de estas personalidades, no se puede negar el apoyo que le ofrecían a Jesús otras personas, tanto hombres y mujeres que se identificaban con su mensaje, sin haber abandonado sus posiciones y bienes. Estas personas serán las que le ofrecerán hospitalidad y contribución económica. Tanto los hombres y las mujeres aparecen, en el proyecto de Jesús, gozando de las mismas condiciones y sin realizar priorización por causa del sexo. Para mayor profundización ver: Meier, Un Judío Marginal III, 105-108; Pikaza, Historia de Jesús, 257- 268.

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presente en algunos pasajes; y la curación del ciego Bartimeo (Mc 10, 46-52), de quien no se afirma uὀa llamada específica perὁ sí el seguir a Jesús “pὁr el camiὀὁ”έ

Tampoco se puede dejar a un lado la presencia de las mujeres. El camino de seguimiento no se restringe simplemente a varones que son llamados por Jesús. Como nos afirma Meier, «parece muy poco probable que mujeres jodeopalestinas hubieran tomado la insólita –por no decir escandalosa- iniciativa de seguir a Jesús y a sus discípulos varones por los caminos de Galilea durante un periodo considerable, de no haber existido una previa llamada de Jesús o, al menos, una clara aquiescencia por su parte después del hecho»130. Por la mención del título de discípulas no se puede asegurar su presencia en el seguimiento de Jesús, pero a manera implícita, sí se puede hacer dicha afirmación. Los personajes de Martha y su hermana María, de cierta manera, nos presentan ideales del discipulado. María en Lucas presenta el ideal de discipulado: escuchar y retener la palabra de Dios (Lc 2, 19. 51), y Martha, en el evangelio de Juaὀ (11, βι) expresa uὀa fe prὁfuὀda eὀ su respuesta de alta cristὁlὁgíaμ “Sí, Señὁr, creὁ que tú eres el εesías, el Hijὁ de Diὁs, que teὀía que veὀir al muὀdὁ”έ

Los puntos comunes que encontramos en el camino de seguimiento son: En primer lugar es Jesús el que llama/invita y elige a quienes quiere que sean sus discípulos. Esta elección se profundiza en la vivencia comunidad donde ocupa un puesto importante la intimidad con Jesús; lo cual, lleva a dejar tὁdas las cὁsas que lὁ “atabaὀ” al discípulὁ pὁr algὁ mejὁrέ δuegὁ se afirma que dicho seguimiento conlleva hostilidad y dificultades; y, como punto final, está que este grupo-comunidad no se desarrolla como un grupo aislado, sino que son radicalmente abiertos a los otros, con los que compartirán también las enseñanzas de Jesús.

Para Pikaza existen como tal dos tipos de discípulos: por un lado encontramos a un grupo denominado los itinerantes, que no poseían bienes, simplemente poseían el mensaje del Reino. Este grupo es el grupo más visible de Jesús, estaba compuesto por hombres y mujeres que lo acompañaban. Su principal y único cometido era estar al servicio del Reino, y su misióὀ, cὁmὁ la de Jesús, ὀὁ era esperar a que se acercaraὀ las “multitudes”, siὀὁ que ellὁs se ponen en marcha con el Maestro. En segundo lugar están los sedentarios, a quienes los

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itinerantes les anunciaban y ofrecían el Reino. Éstos ofrecían su hospitalidad y alimentación a los itinerantes ya que eran (son) gestores de un don que han recibido; su acogida de los itiὀeraὀtes ὀὁ se da pὁr caridad, siὀὁ pὁr “cὁmuὀióὀ mesiáὀica”131.