3. Los antecedentes ideologicos y políticos del control judicial de constitucionalidad.
3.2. La división de Poderes.
Casi cuarenta años después que Montesquieu plasmara su teoría, en los Estados Unidos los Federalistas, principalmente James Madison y Alexander Hamilton, reelaboraran la misma a la luz de nuevas ideas garantes de la libertad individual, que los conducirán a un modelo coordinado de control y equilibrio de poderes a través de la distribución de competencias constitucionales que pasará a la historia bajo la denominación de ―checks and balances‖.
238 Sentencias McCulloch v. Maryland y Pollock v. Farmer's Loan and Trust
Company, citadas en la edición oficial de la Constitución de los Estados Unidos de América, Washington 1938, p. 66.
239 La obra fue admirada en aquella época por hombres como Washington;
Tocqueville; e incluso Jefferson, cuya enemistad política y personal con Hamilton era pública.
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Esta idea, plasmada en ―el Federalista‖ (ver por ejemplo el N° 47240) será
considerada como una de las fundamentales contribuciones de Madison a la ciencia política.
Madison se propuso defender la Constitución Federal Norteamericana de 1787 de la acusación de que violaba el principio de separación de poderes (el modelo rígido de Montesquieu) al establecer un sistema institucional de toma de decisiones que preveía la existencia de vínculos entre ellos.
Así, argumenta que la mezcla entre poderes es la forma ideal de prevenir el abuso unilateral del poder. Interconectar las actividades de los distintos departamentos gubernamentales no es sólo inevitable en el mundo moderno, sino que es incluso saludable para que la lógica virtuosa de la separación de poderes actúe en toda su plenitud.
Es mediante la vinculación y coordinación entre los poderes cómo la separación de ellos debe funcionar: las cámaras legislativas participan en la selección y remoción del ejecutivo; el ejecutivo tiene capacidad de participar en el nombramiento del poder judicial; el poder judicial revisa las actividades de los demás poderes. En esto consiste la lógica de pesos y contrapesos (checks and balances): en la confianza en que los poderes se controlarán y limitarán, lo que inevitablemente implica cierta intromisión en las actividades de los mismos.
Ahora bien, una primera lectura de las propuestas de Madison acerca del diseño institucional podría inducirnos a pensar que el problema era para él meramente técnico, bastando con restringir al poder legislativo (el más poderoso por representar en forma más clara la voluntad popular) y
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fortalecer a los poderes restantes. Pero el problema es más profundo, ya que se vincula con la gobernabilidad del sistema.
¿Para qué dividir el poder en diferentes departamentos si los encargados de esos departamentos debían responder a los deseos del mismo pueblo?; ¿Cuáles serían sus diferentes motivaciones si todos respondían a la misma fuente de legitimidad?
Si algo preocupaba a Madison tanto como el peligro de un gobierno tiránico era que los gobernantes no actuaran siguiendo los intereses de la ciudadanía. Aunque se suele enfatizar la forma en que las propuestas institucionales de los federalistas estaban encaminadas a impedir el gobierno tiránico, no es menos cierto que una preocupación central era también garantizar un gobierno efectivo, capaz de responder a las demandas ciudadanas.
Esta preocupación es particularmente evidente en el caso de Hamilton, para quien un gobierno enérgico era complementario, no contradictorio, a los ideales republicanos241.
En resumen, la separación de poderes al combinarse con la doctrina de la soberanía popular, creaba dos problemas: la difícil obtención de varias voluntades, requisito necesario para el funcionamiento de la separación de poderes; y el problema que la existencia de poderes separados que compiten por el apoyo del pueblo podía provocar problemas de gobernabilidad.
241 ―Un ejecutivo débil significa una ejecución débil del gobierno. Una ejecución
débil no es sino otra manera de designar una ejecución mala; y un gobierno que ejecuta mal, sea lo que fuere en teoría, en la práctica tiene que resultar un mal gobierno‖, ―El Federalista‖, N° 70 (Alexander Hamilton), op. cit. p. 297/303.
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Este reto central requería de una hábil ingeniería institucional, ya que para Madison los representantes directos del pueblo tenían una irrefrenable tendencia a enredarse en batallas políticas cortoplacistas.
La relectura entonces del principio de división de poderes elaborada por los padres del modelo Norteamericano, transcurrió entonces por la división técnica de funciones entre los poderes y la división política de propósitos entre los mismos. La clave para que la separación de poderes funcione de forma efectiva es que cada uno de esos poderes debía retener una motivación política distinta.
Este argumento, justificó en gran medida, la creación de una segunda cámara legislativa (el senado) también responsable ante la ciudadanía, pero de una diferente dimensión política que la inducía a competir con la cámara naturalmente popular242.
Ciertamente, para Madison el propósito del senado debía ser limitar los poderes de la cámara baja que, por su propia naturaleza, era especialmente proclive a las pasiones y por ende a adoptar malas decisiones243.
242 ―El remedio de este inconveniente consiste en dividir la legislatura en ramas
diferentes, procurando por medio de diferentes sistemas de elección y de diferentes principios de acción, que estén tan poco relacionadas entre sí como lo permita la naturaleza común de sus funciones y su común dependencia de la sociedad‖, ―El Federalista‖, N° 51 (Alexander Hamilton o James Madison), Fondo de Cultura Económica, México, 2001, p. 219/223.
243 ―La necesidad de un senado viene indicada por la propensión de todas las
asambleas numerosas, cuando son únicas, a obrar bajo el impulso de pasiones súbitas y violentas, y a dejarse seducir por líderes facciosos, adoptando resoluciones inconsultas y perniciosas [...] Baste decir que el cuerpo destinado a corregir este achaque, debe, a su vez, estar libre de él y, consiguientemente,
tiene que ser menos numeroso. También es preciso que posea gran firmeza, por lo que debe continuar en sus funciones de autoridad durante un periodo considerable». ―El Federalista‖, N° 62 (Alexander Hamilton o James Madison), Fondo de Cultura Económica, México, 2001, p. 261/266.
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Asimismo, la diversidad de propósitos entre los poderes tendía a canalizar los diferentes intereses existentes en la sociedad: ―En una sociedad grande, la gente se divide entre tantos intereses y partidos, que es poco probable que exista un sentimiento común [...] y que una mayoría actúe de forma concertada. Divide et impera, el reprobado axioma de la tiranía es, bajo determinadas circunstancias, el único principio por el cual una república puede ser administrada bajo principios justos‖244.