HAGA AMIGOS EN LUGARES POCO
R EÚNASE EN TERRENO COMÚN
Aunque el principio de ganar amigos en lugares poco usuales es importante, ¿cómo puede hacerlo? Una técnica que lo ayuda en sus esfuerzos para ganar amigos en lugares poco comunes es su prác- tica de identifi car y resaltar el terreno común, lo que ayuda a la gente a creer que puede fl orecer una alianza benefi ciosa para ambas partes. Ha de- mostrado una aguda destreza para reunir perso- nas con antecedentes muy diversos, ayudándolas a descubrir las características comunes. Logra crear
Una práctica que lo ayuda en sus esfuerzos para ganar amigos en lugares poco comunes es su práctica de identifi car y resaltar el terreno común, lo que ayuda a la gente a creer que puede fl orecer una alianza benefi ciosa para ambas partes.
un sentido de “nosotros” en donde con frecuencia los demás sólo veían “nuestro” y “de ellos”. Varias prácticas le han permitido tender esos puentes para inspirar a la gente de lugares poco comunes a ayudarlo, pues él se mueve más allá de las divisiones tradicionales o de los agra- vios pasados.
Por ejemplo, cuando cultivamos amigos en lugares poco usuales, resalta las experiencias comunes, las aspiraciones comunes, los valores comunes y/o las historias comunes. Incluso más allá de esto, él sabe que debe tener claro en su mente las áreas de características comunes y que debe articular y vender su perspectiva a oyentes escépticos. Debe explicar de manera convincente por qué —a pesar de las diferencias, e incluso en medio de las diferencias— el terreno común que él resalta es sufi ciente y las partes pueden trabajar juntas para producir un re- sultado en donde todos ganen. Obama ha hecho esto una y otra vez de manera excelente.
Un ejemplo extraordinario de esta destreza para transformar en amigos a personas alguna vez renuentes ocurrió después de que ganó las primarias presidenciales demócratas y empezó a lograr el apoyo de los expartidarios de Hillary Clinton. Después de que ésta reconoció que Obama había ganado las primarias presidenciales demócratas, ambos hablaron ante aproximadamente 200 de sus principales do- nantes y recaudadores de fondos en el Hotel Mayfl ower, de Washing- ton, en junio de 2008. Este acto precedió a una presentación pública que harían al día siguiente en Unity, Nuevo Hampshire, lugar selec- cionado por la importancia de su nombre y su ubicación en el estado. Los partidarios de Clinton todavía estaban resentidos, con sus senti- mientos heridos y emociones alborotadas. Habían apoyado a Clinton apasionadamente y sentían que ella no había recibido un trato justo. Creían que se había enfrentado al sexismo durante la contienda, en particular durante uno o dos debates, cuando los moderadores mas- culinos parecían bloquearla de manera injusta con actitudes agresivas que no habían mostrado con sus homólogos masculinos. Obama ex- tendió la mano y se hizo amigo de los partidarios de Clinton de una
manera magistral: primero reivindicó a Clinton y las luchas de las mujeres y luego hizo hincapié en el terreno común, con lo cual creó un sentido de “nosotros”, un sentido de lucha compartida.
Para este fi n, utilizó dos anécdotas cuidadosamente seleccionadas para reconocer los talentos e importancia de la tentativa presidencial de Hillary y para crear el terreno común, mediante las cuales tendió los cimientos de sus nuevas “amistades”. Empezó con una historia sobre la forma en que su abuela reaccionó cuando vio a una mu- jer fuerte y talentosa competir por la Casa Blanca en una campaña tan extraordinaria. Su abuela materna, quien ayudó a criarlo y había trabajado alguna vez en una línea de ensamblado de bombarderos durante la Segunda Guerra Mundial, no había podido ir a la univer- sidad. Mientras veía la carrera por las primarias demócratas, explicó al público del Mayfl ower que “ella hacía campaña por su nieto”, pero creía que Clinton había sido tratada duramente por la prensa. Contó las palabras de su abuela: “Cuando veo en ella ese instinto para pelear en nombre de aquellos que necesitan un campeón, me recuerda un poco a mí misma”. Obama presentó la historia como un ejemplo de “la habilidad de Hillary Clinton para inspirar pasión en nombre de aquellos que habían sido abandonados en el pasado”. Sus palabras ayudaron a atraer a los partidarios de Clinton, mientras reconocía que para muchas mujeres, entre ellas su propia abuela, Hillary Clinton era una inspiración.26
También narró un cuento sobre su hija Malia de nueve años de edad, quien también entendió la histórica naturaleza de la carrera por las primarias presidenciales demócratas entre un hombre afroame- ricano y una mujer. Malia había comentado que si alguno ascendía a la presidencia de Estados Unidos, se habría hecho historia con la primera mujer o el primer afroamericano como presidente de Esta- dos Unidos. Contó cómo ella reconoció esta singularidad, y luego dijo: “Ya era tiempo, dio la vuelta y se fue a la cama”. La historia trajo risas al salón. Obama subrayó: “Entre la generación de mi abuela y la de mi joven hija existe un testimonio de los desafíos que son duros
de ganar y duros de pelear. Hasta el punto que mi hija de nueve años da por hecho que podemos tener una presidenta. Por supuesto pode- mos tener un presidente afroamericano. Pero eso no surge sólo con el paso del tiempo. Surge porque la gente trabaja y lucha de manera permanente”.27
Con sus palabras, Obama creó en el salón una sensación de “nosotros”. Creó el espacio para forjar relaciones fructíferas con los donantes de Clinton. Empujó su causa más allá: instruyó a sus prin- cipales donantes y partidarios “para que sacaran sus chequeras y así asegurarse de que la senadora Clinton pudiese pagar: la deuda está allí y necesita ser saldada”. También ayudó a crear una atmósfera para trabar relaciones sólidas a través de su humildad. Señaló: “Reconoz- co que este salón es compartido con la misma pasión que mostraría un cuarto lleno de mis partidarios. Yo no espero que la pasión se transfi era. La senadora Clinton es única, y sus relaciones con ella son únicas”. Al mismo tiempo, alentó este apoyo: “La senadora Clinton y yo en nuestro corazón estamos profundamente de acuerdo en que este país necesita cambiar…. Yo voy a necesitar a Hillary a mi lado haciendo campaña durante esta elección así como los voy a necesitar a todos ustedes”.28
Obama demostró ser igualmente efi caz al utilizar aspiraciones, metas y valores comunes para ayudar a forjar valiosas alianzas “al otro lado del pasillo”. Como Th e New Republic señaló el 25 de junio de 2008, algunas de sus posturas y metas políticas —que exhortaba a lograr una rápida resolución del confl icto de Irak y su oposición a algunos elementos de la Ley Patriota— le ayudaron a cosechar apoyo entre los conservadores. En su artículo “El Surgimiento de los Obamacons”, el Economist observó que “para muchos conser- vadores, el señor Obama encarna cualidades que su partido había abandonado: pragmatismo, competencia y respeto por la cabeza más que por el corazón. La calma y serena respuesta del señor Obama a la agitación de Wall Street contrastó claramente con la actitud ostentosa del señor McCain…”. De manera similar, publicaciones
conservadoras como Insight Magazine (julio de 2007) y Th e Atlantic (enero de 2008) expresaron profundo interés por su personalidad. Su capacidad para transmitir un sentido de valores y metas comunes valió la pena.
Su trabajo con el VIH/SIDA proporciona un ejemplo de la ma- nera en que ha dirigido la atención a las metas y valores compartidos con éxito, con el fi n de desarrollar relaciones con aliados impensables. Sobre el tema de VIH/SIDA en el mundo en desarrollo, se hizo eco de la opinión del pastor Rick Warren, quien afi rma que en donde existe una meta común, se puede y debe trabajar con la gente con la que no se está de acuerdo en todos los temas. Obama apeló ante los conservado- res religiosos, a los cuales dijo que aunque difi riesen en sus perspectivas sobre el tema del aborto, su compromiso compartido para erradicar el azote del VIH/SIDA entre las comunidades empobrecidas alrededor del mundo proporciona una oportunidad para trabajar juntos por re- sultados positivos. Ha persuadido a muchos líderes claves y trabajado con ellos sobre VIH/SIDA.
También utilizó este enfoque en la arena política exterior. Duran- te su histórico discurso del 4 de junio de 2009 al mundo musulmán, mientras intentaba forjar un terreno común, llamó la atención a los vínculos de Estados Unidos con el mundo musulmán. Dijo:
He venido aquí para buscar un nuevo principio entre Estados Unidos y los musulmanes en todo el mundo, uno que se base en el interés y el respeto mutuos, que se base sobre la verdad de que Estados Unidos y el Islam no son excluyentes y no necesitan estar en competencia. En su lugar, se superponen y comparten principios comunes, de justicia y progreso, toleran- cia y la dignidad de todos los seres humanos.
… Estoy convencido de que con el fi n de movernos ha- cia adelante tenemos que decir abiertamente las cosas que guardamos en nuestros corazones y que con frecuencia sólo se dicen detrás de puertas cerradas. Debe haber un esfuerzo
sostenido para escucharnos los unos a los otros, para apren- der los unos de los otros, para respetarnos los unos a los otros y para buscar el terreno común. Como el Santo Corán nos dice, “Estén conscientes de Dios y hablen siempre la ver- dad”. Eso es lo que trataré de hacer: hablar la verdad lo mejor que pueda, humilde por la tarea ante nosotros y fi rme en mi creencia de que los intereses que compartimos como seres humanos son mucho más poderosos que las fuerzas que nos separan.
… El Islam ha sido siempre parte de la historia de Es- tados Unidos. La primera nación en reconocer mi país fue Marruecos. Al fi rmar el Tratado de Trípoli en 1796, nuestro segundo presidente John Adams escribió: “Estados Unidos no tiene en sí mismo un carácter de animadversión contra las leyes, religión o tranquilidad de los musulmanes”. Y des- de nuestra fundación, los musulmanes estadounidenses han enriquecido a Estados Unidos. Han peleado en nuestras gue- rras, servido en el gobierno, defendido los derechos civiles, abierto negocios, enseñado en nuestras universidades, desta- cado en nuestras arenas deportivas, ganado Premios Nóbel, construido nuestro edifi cio más alto y encendido la Antorcha Olímpica. Y cuando el primer musulmán estadounidense fue elegido recientemente al Congreso, juró defender nuestra Constitución utilizando el mismo Santo Corán que uno de nuestros Padres Fundadores —Th omas Jeff erson— guardaba en su biblioteca privada.
… Eso no signifi ca que debamos ignorar las fuentes de tensión. En efecto, sugiere lo opuesto: debemos enfrentar esas tensiones como es debido.
Con estas palabras, la sustancia ganó el día. Demostró con éxito la historia compartida, hizo hincapié en los vínculos de los que mucha gente no había estado consciente, y cambió el tono del diálogo, ten-
diendo los cimientos para una cooperación más extensa y “amistades” con muchos líderes y países del Oriente Medio.