HAGA AMIGOS EN LUGARES POCO
N O GUARDE RENCORES
Otro principio de tremenda importancia que ha ayudado directamente a la red de amigos de Obama siempre en expansión, es su fi losofía que puede resumirse de manera sucinta: “No guardar rencores”.
Él se ha asegurado de no guardar rencores contra personas que en un momento u otro ha- yan fallado en apoyarlo o se hayan opuesto a él o explícitamente a su trabajo. Su renuencia a tomar las cosas “de manera personal” y su negativa a guardar rencor le han ganado amistades con muchas personalidades poderosas que en un momento estuvieron en desacuerdo con él. Cuando dichas personalidades “se convencen”, él los incluye dentro de su red de amigos y confía en ellos para que hagan
Obama se ha asegurado de no guardar rencores contra personas que en un momento u otro hayan fallado en apoyarlo o se hayan opuesto a él o explícitamente a su trabajo.
un trabajo provechoso. Existen muchos ejemplos de la productividad de este enfoque.
Considere el ejemplo de Warren Buff ett. Este magnate le propor- cionó apoyo público cuando la carrera por las primarias presidenciales demócratas estaba muy avanzada, esperando hasta que pareció seguro que Hillary Clinton perdería la nominación. Buff ett es una persona- lidad de negocios muy respetada, cuya opiniones sobre temas desde la economía y tendencias de negocios hasta la importancia de eventos políticos son palabras santas para millones de personas. Con base en su fi losofía de “no guardar rencores”, Obama extendió una mano abierta a Buff ett y tuvo su compensación, pues obtuvo una mayor credibilidad dentro de los círculos de negocios.
Adoptó esta fi losofía durante su época en el senado de Illinois. Muchos legisladores estatales afroamericanos de ese estado, entre ellos los demócratas Donne E. Trotter y Rickey R. Hendon eran conocidos porque trataban de difi cultarle las cosas. Ellos afi rmaban que Obama no era “un verdadero afroamericano” dados sus antecedentes multirra- ciales y los privilegios de que había disfrutado, como una educación en Harvard. La senadora estatal Kimberly Lightford recordó: “Difícil- mente podíamos tener reuniones en el comité [afroamericano] porque Donne y Rickey le harían pasar un infi erno”. Muchos observadores atribuyeron el confl icto a la envidia por su carisma, educación y alta popularidad. Sin embargo, no guardó rencores y trabajó con estos le- gisladores mientras era punta de lanza para sancionar una importante legislación en Illinois. A la larga, se ganó a la mayoría y ésta le propor- cionó un útil apoyo durante su tentativa para ocupar un escaño en el senado de Estados Unidos.
Tal vez el mejor ejemplo que la fi losofía de Obama de “no guardar rencores” puede producir se manifi esta en su relación con el expre- sidente de Estados Unidos Bill Clinton. Muchos observadores de la contienda presidencial de 2008 recuerdan que mientras luchó por la nominación demócrata para presidente de Estados Unidos, Bill Clin- ton hizo públicas palabras mordaces mediante las cuales denominaba
a la candidatura de Obama “cuento de hadas” e impuso lo que algunos consideraron un insulto racial cuando comparó su candidatura viable con las múltiples tentativas para la Casa Blanca del líder de derechos civiles Jesse Jackson, campañas que nunca fueron viables. Para muchos observadores, la comparación se basaba exclusivamente en la raza y tenía la intención de degradarlo. Con esta serie de eventos, muchos otros líderes habrían considerado que “el hacha no estaba enterrada” sin posibilidad de otra cosa que no fuera la mayor enemistad entre las partes. No fue así con Obama. No guardó rencores y en su lugar forjó una relación productiva con Bill Clinton.
Esto es mucho más impresionante cuando se considera el amplio contexto de la relación de Obama con este expresidente. Mientras que el confl icto entre los dos líderes durante la campaña de 2008 recibió una amplia atención, menos conocida es la historia entre los líderes que se extiende hacia atrás cuando el entonces presidente Clinton le dio un golpe fatal a un Obama más joven y más verde. Barack competía por primera vez para un puesto nacional, con la esperanza de que Bobby Rush perdiera su escaño en el Congreso. Un nervioso Rush le pidió a Clinton su apoyo público, algo que Clinton era conocido por no hacer en las primarias. Sin embargo Clinton lo hizo, con lo cual puso el clavo fi nal en el ataúd de la tentativa de Obama para lograr un escaño en la Cámara. A la larga Rush arrasó en la primaria con más de 61% de los votos, un contundente 2:1 contra Obama.
Para muchos líderes, esta temprana historia de confl icto habría sembrado las semillas del resentimiento que se deberían haber en- conado por años. Sin embargo, apegado a su principio de no guardar rencores, Obama contactó a Bill y Hillary Clinton después de ganar la nominación demócrata para la presidencia de Estados Unidos en 2008. Entendió la importancia que el apoyo de ambos podía tener para su candidatura y para unir al Partido Demócrata. Hillary Clinton se convenció más rápidamente que su esposo. A Bill le tomó mucho más, un tiempo casi vergonzoso, antes de que lo refrendara. En lu- gar de aferrarse a cualquier sentimiento de rencor, mantuvo la puerta
abierta. La inversión pagó un buen dividendo cuando los demócratas cerraron fi las y Obama ganó la presidencia de Estados Unidos por el porcentaje de voto popular más alto desde Eisenhower en 1952. Continuó cultivando una relación positiva con Bill Clinton. Más tar- de puso en sus manos la posibilidad de obtener la libertad de dos periodistas estadounidenses cautivas en Corea del Norte y abrir la puerta para aligerar las tensiones que se habían desarrollado durante los meses anteriores entre ese país y Estados Unidos, luego de que los beligerantes norcoreanos desacataron abiertamente las prohibiciones internacionales y realizaron pruebas con misiles nucleares. Obama, en el camino de cultivar su relación con Bill Clinton, pronunció un dis- curso durante el evento Th e Clinton Global Initiative en septiembre de 2009. Además, aprovecha las perspectivas excepcionales que Clin- ton posee. Los dos se han reunido para almorzar. Como lo explicó el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, los dos tienen “una relación muy sólida” y debido a que muy poca gente entiende por completo las exigencias y desafíos de la presidencia de Estados Unidos, “el pre- sidente Obama valora el tipo de consejo que le proporciona el presi- dente Clinton”.36
CÓMOUTILIZARLASLECCIONES
A lo largo de su exitosa carrera, Barack Obama ha demostrado el valor de hacer amigos en lugares poco usuales. Su habilidad para extender la mano y conseguir el apoyo de aliados inverosímiles le ha ayudado a obtener un apoyo clave, ampliar su base de apoyo y forjar múltiples caminos al éxito.
Mientras piensa sobre las prácticas y principios que le permiten ha- cer amigos en lugares poco comunes, considere si su propio liderazgo po- dría benefi ciarse de estas prácticas y principios. Mantenga en mente estas preguntas:
• ¿Me limito a los amigos en lugares esperados?
• ¿Estoy consciente de quién tiene el poder para ayudar a lograr las metas que busco? ¿He dado la atención adecuada a un “análisis de poder?
• ¿Qué amigos en lugares poco comunes podrían ayudarme a mejorar mi eficacia como líder y ayudarme a garantizar el éxito de mi traba- jo?
• ¿Voy a donde están los amigos potenciales? • ¿Tengo un modo de pensar both and y win win?
• ¿Qué terreno común puedo resaltar para ayudar a forjar relaciones productivas con amigos en lugares poco usuales?
• ¿Mantengo “mi mirada en el futuro” mientras pienso qué amigos cul- tivar en lugares poco usuales?
• ¿Demuestro respeto a los amigos potenciales en lugares poco usua- les?
• ¿Entiendo que “una imagen dice más que mil palabras” y me aseguro de apalancar ese principio de manera excelente para hacer visible el apoyo de mis amigos “inesperados” cuando lo necesito?
• ¿Apalanco de manera eficaz la red de mis amigos en lugares poco usuales?
• ¿Guardo rencores? Si es así, ¿qué amigos adicionales tendría si no lo hiciera? ¿Se beneficiaría mi liderazgo del apoyo de esos amigos? • ¿Cómo puedo apalancar mejor a los aliados que encuentro fuera de
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“ Y a mi director de campaña, David Plouff e… mi jefe de estrategia, David Axelrod… al mejor equipo de campaña jamás reunido en la histo- ria de la política: ustedes hicieron que esto se diera y yo estaré por siempre agradecido por lo que sacrifi caron para lograrlo”.