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E XPERIENCIAS INDIVIDUALES Y COLECTIVAS DE MIGRACIÓN

1.2. M IGRACIONES DE ARGENTINOS A E SPAÑA

1.2.3. E XPERIENCIAS INDIVIDUALES Y COLECTIVAS DE MIGRACIÓN

Las trayectorias de los argentinos en España –para la migración política y económica- viene siendo explorada tanto a través de las experiencias personales de los migrantes como en su dimensión colectiva. Los itinerarios individuales y familiares (la partida de la Argentina, el aterrizaje en la sociedad española, los problemas en el proceso de asentamiento, la inserción en el mundo laboral y, en su caso, el retorno) han sido abordados en distintos trabajos que hacen uso, entre otras, de fuentes orales recogidas por los propios investigadores a partir del diálogo con los protagonistas, bien del flujo del exilio (Del Olmo, 1989; Jensen, 2002; 2004; 2005; 2005b; 2007; Sarrible, 2000a; 2003), bien de la migración reciente (Castellanos, 2006; Checa y Arjona, 2005; Cook-Martin y Viladrich, 2009; Esteban, 2007; Jofre, 2004; Murias, 2004; Novara, 2005). Paralelamente, se ha indagado las actividades desplegadas por la comunidad argentina en España, especialmente por los exiliados de la dictadura, incluso en el postexilio (Del Olmo, 1989; Esteban, 2006;

140 Las autoras también hacen referencia a casos de migraciones “privilegiadas” reflejados en la prensa: la de determinados grupos que viajan con contrato de trabajo: socorristas, instructores de sky, colectiveros, soldados, repobladores (González y Merino, 2008: 96-97).

2007; Jensen 1998; 2002a; 2005; 2005b; 2007; Mira, 2003; 2003a; Mira y Esteban, 2005), aunque también hay trabajos incipientes que enfocan el asociacionismo de los migrantes económicos (Jofre, 2004; Medina, 2006). Veamos los principales avances registrados.

La ya mencionada investigación de Del Olmo (1989) sobre la crisis y reconstrucción de la identidad cultural de argentinos que vivieron el exilio madrileño, propone que estos procesos de reconstrucción, en el terreno individual, siguieron una triple vía. En primer lugar, los testimonios de quienes atribuyen el origen de sus problemas al desplazamiento, transforman el propio desarraigo en una forma de identidad: es decir, reconstruyen su identidad asumiendo precisamente la falta de identidad en ese entorno (Del Olmo, 1989: 220-223). En segundo lugar, quienes los explican a partir de factores anclados en Argentina, asumen la emigración como una forma de identidad: en este caso, la emigración se presenta como una de las primeras manifestaciones del proceso de reconstrucción de la identidad perdida (Del Olmo, 1989: 225). Finalmente, los que atribuyen sus problemas al entorno madrileño, legitiman la propia conducta como una forma de identidad: la negación de la crisis de identidad sería, entonces, una postura de autodefensa (Del Olmo, 1989: 230).

Jensen (2002; 2004; 2005b; 2007) reconstruye los itinerarios del exilio argentino. Traza los múltiples caminos del exilio de quienes, directamente o después de otras estaciones intermedias terminaron recalando en Cataluña. Entre las experiencias de partida diversas se encuentran: huida, deportación, asilo en embajadas de terceros países, refugio bajo la protección de Naciones Unidas, “opción” a salir del país concedida a detenidos sin causa ni proceso bajo estado de sitio; salidas terrestres, en avión –Ezeiza fue la puerta más transitada por los exiliados- o en barco (Jensen, 2007: cap. 1). Las modalidades represivas que precedieron al exilio no fueron menos diversas que las situaciones de partida: desde violencia física (secuestro, detención clandestina, cárcel, tortura, desaparición) hasta exclusión laboral y censura141, pasando por el exilio del miedo por amenazas y la represión sufrida en el entorno relacional (familiares142, amigos, compañeros de trabajo o de militancia). En cuanto al origen político, es característico del exilio en Cataluña que no concentró cuadros superiores de las organizaciones armadas ni figuras conocidas del

141 En otro lugar describe la situación vivida por diferentes represaliados, en función de sus profesiones: psicólogos y psicoanalistas, mundo editorial, escritores, abogados, periodistas (Jensen, 2004: 125-130). 142 Al referirse al exilio de las mujeres muestra que fueron tanto víctimas directas como indirectas de la

represión. “Que las mujeres argentinas de los 60 y 70 tuvieran un protagonismo en el espacio público y que participaran en la militancia barrial, estudiantil, obrera o política, no significa por sí solo un cambio sustantivo en los modos de entender el lugar de la mujer en la sociedad. Si la vida militante resignificó la cotidianeidad, politizando el mundo de las relaciones personales y generando nuevos espacios de sociabilidad, no es menos cierto que gran parte de las mujeres militantes no recuerdan que ese compromiso político en pos de una sociedad nueva haya significado una revolución en cuanto a su condición de género” (Jensen, 2005b: 537).

mundo político y social, sino que aglutinó, más bien, a intelectuales, profesionales y personas de militancia diversa143 (Jensen, 2004: 130; 2007: cap. 2). Al indagar las razones para la elección catalana, aparecen además de los lazos históricos y personales, la imagen de una Barcelona moderna, el referente político a la tradición anarquista o el referente profesional del psicoanálisis. Los problemas cotidianos a los que se tuvieron que enfrentar los argentinos a su llegada a Cataluña pasan por el trauma de la ruptura violenta, la búsqueda de una vivienda, la inserción en el mundo del trabajo –que fue variada en cuanto a su éxito-, la escolarización de los hijos y el bilingüismo, frente al que los argentinos adoptaron actitudes variadas (desde el reconocimiento como lengua represaliada, hasta el rechazo por la barrera que podía suponer para encontrar trabajo). A la par que los exiliados fueron descubriendo la sociedad catalana y su fuerte identidad histórica como nación, sintieron el choque con códigos culturales desconocidos y formas de sociabilidad nuevas. Aunque no parece que pueda hablarse de discriminación hacia los argentinos, sino más bien de hospitalidad pasiva, esto también pareció variar según grupos socioprofesionales. Al mismo tiempo, los testimonios dan cuenta de críticas hacia miembros de la propia colectividad argentina (Jensen, 2004: 142-145; 2007: cap. 3).

Sarrible (2000a) se acerca a la interacción de los migrantes argentinos144 en y con la sociedad que los recibe: analiza las aportaciones profesionales de psicólogos y psiquiatras argentinos arribados a España en la segunda mitad de la década de los setentas. Para ello utiliza la técnica de las entrevistas en profundidad, es decir a través de la perspectiva subjetiva de los implicados. Considera dos tipos de aportaciones: sociales y profesionales. En el ámbito social, los argentinos juegan un rol de otro parecido, promoviendo las relaciones interculturales. Sarrible señala que, antes que con otros colectivos inmigrantes (cuyos problemas, expectativas y demandas no comparten, aunque pueden frecuentarlos

143 Aunque las vidas de quienes tuvieron que buscar refugio en Cataluña giraban en torno a la actividad política, ésta era un concepto muy amplio: “En la Argentina de principios de los setenta, el centro de estudiantes, la comisión barrial, los comités de empresa, la organización político-militar, el catolicismo tercermundista, la práctica profesional, los medios de comunicación, la villa miseria, etc. eran ámbitos propicios donde expresar el repudio ante la injusticia y para apostar a la transformación social, política, económica y cultural” (Jensen, 2004: 132).

144 Caracteriza al colectivo del siguiente modo: “En resumen, como perfil de los argentinos residentes en España se pueden destacar varias características que los distinguen de los otros colectivos de inmigrantes extra-europeos. En primer lugar, sus orígenes están en Europa, por lo que por su aspecto no se los distingue de los locales. En segundo lugar y derivada de la anterior, su situación legal, en general depende de sus orígenes, por lo que resultan privilegiados respecto de otros colectivos. La antigüedad de los primeros flujos también contribuyó a regularizar una situación sin mayores dificultades, o al menos, sin las que se presentan en la actualidad. En tercer lugar, existieron variadas situaciones con la administración, pero no problemas o situaciones de enfrentamiento con las autoridades, debido sobre todo, a que pasaban desapercibidos. En cuarto lugar, su educación, su aspecto, eran signos de clases más favorecidas que otros colectivos, por lo que recibieron un trato preferencial o al menos considerado, lo que contribuyó a evitar problemas o conflictos. En términos externos y como imagen de cara a las autoridades, los argentinos no se diferenciaban de otros pueblos europeos” (Sarrible, 2000a).

por razones de solidaridad u opción política) los argentinos se identifican y relacionan con la población local, con la que comparten valores y cultura de origen. En unos casos comparten el tiempo de ocio con otros argentinos, pero en otros no (bien por desconfianza en un clima de miedo ante posibles espías de la dictadura argentina, bien por rechazo al ghetto). Los psicólogos y psiquiatras argentinos contribuyeron a la apertura hacia nuevas escuelas, al desarrollo de grupos de control y discusión, simultáneos con la actividad profesional; fundaron asociaciones profesionales inscritas en corrientes alternativas, publicaron revistas, promovieron la pluralidad de puntos de vista en la forma de abordar la disciplina y en la metodología de trabajo, y transformaron el imaginario colectivo referente a su profesión.

En otra ocasión, Sarrible (2003) analiza la percepción que de la propia experiencia migratoria tienen un conjunto de argentinos que salieron en la segunda mitad de los setenta y fueron entrevistados por la autora entre octubre de 1999 y marzo de 2000 en Barcelona y Buenos Aires. No todos salieron por razones políticas, aunque la situación general del país influyó en la decisión. El relato se realiza desde un presente en el que la experiencia se considera concluida, bien por la permanencia (relativamente) definitiva en Cataluña, bien por el retorno a la Argentina, después de haber estado residiendo en distintos países europeos, en el caso de los interpelados en Buenos Aires. Unos y otros comparten una valoración positiva de la etapa migratoria145, más allá de que no se hubiera tratado de un traslado voluntario. Señala las ventajas que, frente a otros grupos, tuvieron los migrantes argentinos, gracias a su descendencia europea y a su clase social, lo que les conllevó un trato privilegiado con la sociedad local y hasta con la administración (Sarrible, 2003: 154- 156)146.

El exilio argentino en España se distingue de otros destinos en que además de ser el más numeroso, los exiliados no volvieron masivamente cuando concluyó la dictadura (Mira, 2004: 87), sino que lo hicieron en forma de pequeño goteo “para ver si se podía volver” (Del Olmo, 2007: 142-143), y los que sí retornaron, en realidad se enfrentan a una segunda migración (Del Olmo, 1989: 200). En el caso del retorno desde Cataluña, se

145 Aquellos para los que la migración se presenta como experiencia fundamentalmente dura, insatisfactoria o desagradable, se negaron a hablar de ello. “La percepción de la migración como experiencia completa constituye la puerta de entrada a la entrevista. Ese acceso está cerrado en la medida en que se viva como un conflicto presente y las decisiones de retorno o la discusión de desagradables experiencias pasadas, todavía esté pendiente (Sarrible, 2003: 151).

146 Aunque positiva, la migración no es necesariamente recomendable y, en este sentido, los entrevistados señalan que cuando ellos llegaron a Europa el clima de recepción era favorable (a lo que habría contribuido el prestigio de las causas políticas así como el sentimiento de reciprocidad hacia quienes habían recibido población europea en el pasado), mientras en la actualidad observan un creciente rechazo, en especial a la llegada de migrantes económicos (Sarrible, 2003: 158).

concentró en el trienio 1983-1985. Jensen (2007: cap. 7) rescata sus significados para los argentinos exiliados, las formas que adoptó, las razones esgrimidas para volver o para no volver, al tiempo que dibuja un panorama del encuentro con quienes vivieron la dictadura desde adentro. En Argentina se encontraron, por ejemplo, con la imposibilidad de hablar de la experiencia del exilio (Del Olmo, 2003: 45).

La migración reciente de argentinos hacia España comienza a ser explorada en distintos trabajos que la abordan mediante la recogida de fuentes testimoniales. Ya hemos hecho referencia al trabajo de Jofre (2004) sobre argentinos en Mallorca. Muestra que su inserción laboral es diversa, abarcando una gama muy amplia de actividades: muchas mujeres se dedican al cuidado de personas mayores, muchos jóvenes trabajan en servicios de limpieza o, durante la temporada, como camareros o mucamos; otros en mercadillos, en el sector de la construcción (albañiles, pintores, fontaneros, electricistas) o como empleados en tiendas y cibercafés. También hay comerciantes y pequeños empresarios que, aprovechando la estabilidad económico-jurídica de Mallorca han invertido ahí su capital en comercios diversos: fábricas de pastas y otros productos típicos, textiles, asadores, centros de servicios de comunicaciones, kioscos. De ellos, algunos, especialmente los arribados durante los noventa, han tenido éxito económico y cuentan con cadenas de tiendas. Se refiere también al desarrollo de lo que podríamos denominar actividades económicas transnacionales: “Entre estos capitales se destacan los de comerciantes y pequeños industriales marplatenses, algunos de los cuales tienen intereses en los dos sitios: Mar del Plata y Mallorca. Generalmente, y confirmando la fuerza de las redes en el mercado de trabajo, emplean a jóvenes marplatenses que administran, dirigen y atienden estos emprendimientos. Inclusive hay proyectos comunes entre empresarios hoteleros de los dos sitios en cuestión” (Jofre, 2004: 58). En el éxito o fracaso de la inserción laboral inciden también los heterogéneos puntos de partida147 y aunque constata casos de radicaciones exitosas de profesionales arribados en etapas anteriores, los migrantes recientes se desempeñan en trabajos muy por debajo de sus capacidades y formación. La mayoría de los migrantes argentinos envía dinero a sus familias en Argentina. Finalmente, intenta un acercamiento a la inserción en el sistema educativo: las exploraciones realizadas apuntan

147 No es lo mismo la situación de un médico radiólogo que vino con un contrato conseguido a través de internet y disfruta de la vida tranquila de Acúdia, que la de una pareja de profesionales que perdieron el trabajo y vinieron sin papeles (eligieron Mallorca porque tienen conocidos), o la de una psicóloga que partió hacia Mallorca siguiendo a sus hijas (que a su vez habían tirado de redes sociales para instalarse allí), pero que se encuentra con graves dificultades (no tiene el título homologado, ni papeles, sufrió explotación laboral en Mallorca y decide marchar a Madrid a probar suerte), siendo muy probable que su proyecto migratorio termine en fracaso (Jofre, 2004: 58).

hacia una presencia no problemática de alumnos argentinos en las escuelas (Jofre, 2004: 58- 60).

Murias (2004: 18) califica los proyectos migratorios de sus interpelados de caóticos, impulsivos y poco planificados, iniciados en medio de un estado de desesperación148. En el caso de los encuestados vía internet la mayoría son solteros y migraron solos, mientras para los entrevistados en Valencia la migración fue un proyecto familiar, en el que están involucrados cónyuges e hijos (Murias, 2004: 22). Pero donde uno y otro grupo se diferencian claramente es en la inserción laboral: en trabajos cualificados los contactados a través de internet, en trabajos precarios los radicados en Valencia (Murias, 2004: 19). Del mismo modo, los primeros tienen una percepción muy positiva de la sociedad receptora, valorando la migración como un aprendizaje, mientras los segundos tienen una opinión más reservada al respecto, al tiempo que sienten nostalgia por lo que dejaron atrás (Murias, 2004: 20-21). Coinciden en que la percepción de los argentinos en España es buena y marcan diferencias respecto del trato que reciben otros migrantes.

Los migrantes retornados a Andalucía desde Argentina tienen un doble perfil: jubilados y personas en edad activa; están llegando familias completas o semicompletas, pero también solteros, hijos de migrantes españoles (Checa y Arjona, 2005: 80)149. La “vuelta” de estos hijos, que vienen con un nivel educativo relativamente alto, se produce con mayor incertidumbre que la de los que estuvieron en Bélgica, sin tener resueltas cuestiones básicas como el alojamiento o el trabajo (Checa y Arjona, 2005: 87). En el caso de los argentinos que se trasladan a las Islas Baleares, también se trata muy frecuentemente de migraciones de retorno, tanto de nativos como de hijos y nietos (es decir, de migración transgeneracional). Jofre (2004: 68) rescata la dualidad de pertenencia de quienes, siendo adolescentes llegaron a la Argentina durante la posguerra española (especialmente entre 1949-1952) y sufrieron el desarraigo de su tierra natal. No pocos retornan ahora, con una edad que oscila entre los 55 y los 70 años a las Islas de origen, sufriendo un nuevo desarraigo, agravado los problemas de inserción laboral por la edad.

Novara (2005) ofrece un panorama de las características sociodemográficas de los migrantes argentinos actuales basándose en una muestra formada por las primeras 250 personas censadas en la Comisión de Acogida de la Casa Argentina que se ha puesto en

148 “En una gran parte de los casos, especialmente entre las personas más jóvenes, la emigración es vivida y pensada como un proceso coyuntural y momentáneo” (Murias, 2004: 23).

149 Quienes en su momento partieron a la Argentina lo hicieron, si estaban casados, con la familia completa, incluyendo los hijos pequeños, y con una intención prácticamente definitiva (en cambio, la migración al Bélgica se caracteriza por el establecimiento de familias trasnacionales) (Checa y Arjona, 2005: 81). De hecho, no regresaron de vacaciones desde Argentina y las remesas tendieron a ser exiguas (Checa y Arjona, 2005: 84, 87).

marcha precisamente para recibir a quienes vienen huyendo del corralito a partir de 2001. Aunque están representadas todas las generaciones, la mayoría de los que se acercaron a la Comisión tiene entre 30 y 50 años, predominando las clases medias: tres de cada cuatro tienen finalizados los estudios universitarios y se desempeñan profesionalmente (Novara, 2005: 220-221). Junto a las parejas jóvenes, con hijos pequeños o adolescentes también hay familias monoparentales. En cuanto a la inserción en la sociedad española, Novara (2005: 223-225) destaca que muchos vienen muy desinformados de la realidad laboral española, teniendo que enfrentarse a la frustración de trabajos poco cualificados e inestables, en un mercado laboral dualizado. A esto se unen los problemas con la legalización de los papeles y el precio exorbitante de los alquileres (y fianzas) de vivienda150. De este modo, las posibilidades del retorno son altas, especialmente de los jóvenes que partieron solos. Con todo, frente a otros colectivos de inmigrantes, observa un trato preferencial, así como muestras de solidaridad por parte de distintas organizaciones no gubernamentales. Entre los puntos de desencuentro con la sociedad de acogida, relata los que se producen en el terreno educativo, debido a las características de la escuela española (Novara, 2005: 227- 234).

Castellanos (2006) describe las trayectorias laborales de los argentinos cuyas historias de migración reconstruye, entendiéndolas como variable clave para explicar los movimientos de retorno. En todos los casos pasaron por una situación de precariedad laboral, devenida en permanente o como parte de una transición hacia una mayor estabilidad. Entre los primeros figuran los profesionales (los que tienen estudios universitarios no consiguen insertarse como tales en el mercado de trabajo español o sólo si renunciaron al progreso económico y al ejercicio de su profesión en sentido estricto) y los pequeños comerciantes, que además carecían de experiencia previa en los emprendimientos. En cambio los oficios sí consiguieron insertarse, independientemente de la variable territorial y de la edad. Igualmente, los sectores medios consiguieron insertarse en las zonas productivas más dinámicas de España. La situación jurídica dificulta la inserción, pero la posesión de la doble ciudadanía tampoco la garantiza. Otro factor de fracaso es la escasa planificación, especialmente en aquellos casos que, concebidos como proyectos migratorios familiares, no se evaluaron los tiempos y recorridos laborales de cada miembro de la familia en particular, sino que primó el estar unidos geográficamente. La mayoría de los entrevistados tenían en Argentina una accesibilidad económica que perdieron en el lugar de destino, precisamente –tal y como interpreta Castellanos- porque

150 Este contexto contribuye a despertar un sentimiento de identidad latinoamericana en los migrantes argentinos en España, a que sentirse “inmigrantes” sea un rasgo nuevo del “ser argentino” en España (Novara, 2005: 219).

trataron de mantener “dos vidas de clase media, una aquí y otra allí”. La capacidad de ahorro se hizo difícil y la posibilidad de adquirir bienes que la clase media considera básicos (vivienda en propiedad, auto, ocio) lejana. La ansiada capacidad de hacer planes para el futuro se tornan en una lucha por sobrevivir en el día a día. Sin embargo, es frecuente que los propios entrevistados disfracen o no acaben de explicitar las causas últimas del retorno, evitando hablar de fracaso: en su lugar, recurren a motivos como el elemento afectivo, las limitaciones del sistema educativo español, o los sentimientos de rechazo hacia la sociedad española.

González y Merino (2008: caps. IV-VII) describen el desarrollo del proceso