• No se han encontrado resultados

E SCAPAR A LA PAUPERIZACIÓN Y PROYECTAR EL FUTURO

C APÍTULO 3 R ELATOS DE LA A RGENTINA Y LA BÚSQUEDA DE NUEVOS CAMINOS

3.2. P ROYECTOS MIGRATORIOS

3.2.1. E SCAPAR A LA PAUPERIZACIÓN Y PROYECTAR EL FUTURO

En este primer conjunto de proyectos migratorios incluimos aquellos de personas que consideran que la inestabilidad económica y social que atraviesa la Argentina afecta a sus posibilidades de proyectarse un futuro de crecer en lo personal y profesional. Se trata de migrantes jóvenes –y algunos ya no tan jóvenes- que creen que en España les ofrecerá las condiciones en las cuales construirse una vida y desarrollarse con cierta estabilidad y bienestar. Esto no significa que necesariamente planteen su traslado a España como una decisión definitiva, pero están abiertos, en un principio, a esa posibilidad.

trabajo en un país con salarios más altos, punto de partira de posteriores remesas. La familia exige la separación de alguno de sus miembros por el bien del conjunto”.

276 Sólo en el caso de Inés la voluntariedad podría ser cuestionada, pues al tratarse de una menor de edad, su traslado responde más a un proyecto de los padres, que a una decisión propia.

Estos migrantes tienen en común que escapan de una situación caótica que les afecta en el día a día de la vida cotidiana. A la pregunta acerca de los motivos de su migración, Ramón responde: “Porque el país está destruido. No le veo salida”. Mientras tuvo trabajo estable –recordemos que fue empleado bancario- aplazó, no obstante la decisión.

Como Ramón, o también como Sandra o Esther, se trata frecuentemente de personas que tuvieron un buen empleo, pero que lo perdieron y se vieron en la situación de que volver a encontrar uno equivalente en calidad y remuneración se presentaba complicado. Escuchemos, por ejemplo, la reflexión de Esther que arribó a España con una oferta de trabajo para hacerse cargo del funcionamiento de un restaurante en Madrid:

“Terminó mi contrato. Con un futuro un tanto incierto, porque no tenía ningún contrato inmediato en mano. Y bueno, tenía un ofrecimiento de trabajo aquí, así que me pareció... A parte, más allá de que uno se quede a vivir o no –que es mi idea, quedarme-, creo que es una buena experiencia. Es decir, siempre, salir de la ciudad o del país donde uno vive, y vivir en otro lugar, aunque sea por un determinado tiempo, yo creo que es una buena experiencia. Porque uno también conoce otras cosas, le abre un poco el panorama y ve, es decir, valora las cosas buenas que uno tenía en su país, y se da cuenta cuántas cosas que uno no se da cuenta que eran malas, porque no tenía con qué comparar, y acá –es decir, acá o en cualquier otro país- lo ve y dice: ah no, pero esto la verdad hay posibilidad de hacer las cosas mejor o, por lo menos, distintas, ¿no? Yo creo que siempre es una experiencia muy positiva. Aunque a uno le vaya mal, ¿eh?, aunque uno no se adapte, aunque uno extrañe mucho y tenga que volver, aunque uno no tenga el trabajo que quisiera, yo creo que siempre es positivo. (…) [¿Volverías a Argentina?] En lo inmediato no. Y dentro de un tiempo, no sé. Habría que ver, porque no... Yo no vine con la idea de juntar dinero e irme, como sé que hay otros argentinos que lo están haciendo. Que dicen: ‘Bueno, esto yo lo veo como que estoy dos, tres, cinco años, los que sea, junto dinero y me vuelvo a Argentina’. Yo no lo hice con ese plan. Lo hice con un plan un poco más abierto, mentalmente. Es decir, bueno, es una etapa en mi vida. Entonces, no sé. Pueden pasar muchas cosas. Puede pasar que aquí esté muy, muy cómoda. Y bueno, volver a Argentina a visitar a mi familia y a mis amigos. Pero nada más. La verdad que…, que no sé. Ahora, yo diría –más allá de la situación económica, que sigue siendo la misma que cuando me vine-, no sé si me volvería a Argentina. No sé si me volvería a Argentina. Calculo que lo único que me haría volver sería que extraño terriblemente, no puedo suplir de ninguna manera los afectos que dejé allí. Pero bueno, yo creo, lo que yo... Así como cuando me preguntaban cómo iba a dejar mi casa. Es decir, bueno, porque mi casa, en este momento, en el momento de salir, es la que tengo en Argentina. Pero si el día de mañana vivo en Madrid o dónde sea, mi casa va a ser donde viva. Entonces, este, yo creo que también uno va a hacer nuevas amistades, o nuevas relaciones, o encontrar una pareja, entonces, un poco, estoy abierta a lo que pase. Es decir, creo que eso de ser tan estricta es decir, bueno... A no ser que uno... Pero en este caso uno ya vendría con un espíritu como de decir, bueno, medio de exilado. No político, pero de decir, bueno, exiliado económico. Es decir, bueno, me voy porque no me queda otra. Y yo no, no me fui con esa idea. Yo creo que, bueno, es una etapa en la vida, que aprovecho que estoy sola, que no tengo una familia que mover, y aprovecho la oportunidad y digo bueno, tal vez es positivo. Es decir, estoy seguro que va a ser positivo. Porque bueno, conozco más gente, aunque vuelva a Argentina, uno..., yo creo que las amistades, las relaciones donde uno las haga son importantes. Entonces... En este momento no, no volvería a Argentina. Estoy más viendo como…, a ver cómo establecerme aquí y, llegado el caso, bueno, comprarme un piso y establecerme aquí”.

Ambrosio, antes de tomar la decisión de trasladar su residencia a España, había venido en marzo de 2002 para estar tres meses: por ese periodo tenía espectáculos de sus funciones teatrales compradas. Estando aquí, se quedó sin trabajo en Argentina y lo mismo le pasó a su mujer, Cecilia. Y es entonces cuando decidieron instalarse en España o, al menos, intentarlo.

Testimonios como el de Berta, Jesús, Leandro o Néstor apelan a una “falta de perspectiva” en Argentina que los empuja a buscarla en otro lugar, cambiar antes de que sea tarde para hacerlo. Berta, por ejemplo, explica que a pesar de que tenía un buen nivel de ingresos, su trabajo en una consultora era rutinario y estaba cansada de eso, pero al mismo tiempo habla de la amenaza constante de perder el trabajo y no volver a encontrar uno adecuado, del deseo de seguir estudiando, mezclado con la idea de que pensar en un proyecto familiar en Argentina no es posible. Leandro, harto de su trabajo, se acogió a un régimen de retiro voluntario, aprovechando la oportunidad de recibir el doble de la indemnización que le correspondía, para venirse a vivir a Madrid. Néstor, a pesar que haber experimentado en su propia piel la crispación de la vida cotidiana, partía de buenas condiciones económicas, y tenía algún dinero ahorrado como para traerse una pequeña reserva que asegurar los primeros meses en España. Conrado aprovecha el cierre de su etapa como estudiante para venir a buscarse el futuro como ingeniero.

En casos como el de Gisela la crisis afecta al propio negocio. Lo mismo les ocurría a Elisa y a su marido, que tenían una librería que había dejado de funcionar. Cerrarla les habría empujado a la búsqueda imposible de trabajo, así que optaron por el plan B, que era venirse la familia entera a España, aprovechando que ella tiene la nacionalidad española. Pero el fracaso del negocio no es el único motivo expuesto por Elisa, sino que también se refiere a las consecuencias que el deterioro general tiene sobre instituciones como la escuela pública, de la que quiere que sus hijas puedan disfrutar. Dentro de la trayectoria accidentada y variada de Nemesio, la migración también forma parte de una búsqueda de un proyecto vital.