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A PORTES PARA ABORDAR EL CASO A RGENTINA E SPAÑA DESDE LA

C APÍTULO 2 I NSTRUMENTOS PARA UNA HISTORIZACIÓN DE LAS MIGRACIONES ACTUALES

2.1. T EORÍA DE ESPACIOS TRANSNACIONALES

2.1.2. A PORTES PARA ABORDAR EL CASO A RGENTINA E SPAÑA DESDE LA

H

ISTORIA

Si como afirmábamos en la introducción existe una relación de causalidad circular entre procesos migratorios históricos y creación de espacios transnacionales, el propósito de este trabajo es revelar en qué medida se puede determinar la existencia de estos espacios flotantes entre Argentina y España, qué elementos permiten rastrearlos en la realidad y en qué manera condicionan la migración reciente. El tema de la migración argentina reciente como proceso histórico y social es enfocado, entonces, poniendo el interés en una de sus consecuencias -la construcción de espacios sociales y simbólicos que actúan más allá de las

203 La ciudadanía transnacional no niega la existencia de las fronteras de los Estados-nación, simplemente reconoce la creciente posibilidad de pertenencia doble: se refiere al hecho de ser ciudadano en dos Estados. Esta doble pertenencia estatal puede adoptar dos formas jurídicas: la “doble ciudadanía”, lo que implica que la persona tiene pasaportes de dos Estados-nación y en ambos lugares tiene plenos derechos y deberes, si bien una de las ciudadanías está habitualmente descansando; y la “doble nacionalidad”, que únicamente contempla los derechos de manera más restringida (caso de los poseedores de la Declaration of Mexican Nationality IDs o la “tarjeta rosa” de los turco-alemanes) (Faist, 2000c: 202).

fronteras estatales- sin perder de vista que estos espacios también pueden estar en el origen de aquellos procesos migratorios204.

Sin olvidar la influencia de los procesos globales, como puede ser la constitución de una civilización-mundo205 y que Argentina y España participan también de otros sistemas migratorios, pretendemos analizar en este trabajo los factores que, inscritos en la historia migratoria, vinculan estos dos países y que se hacen visibles en el proceso reciente de migración argentina.

A pesar de que inicialmente se sugirió que el transnacionalismo es una nueva forma de migrar, según ha ido avanzando la discusión teórica distintos autores han reconocido que las prácticas transnacionales de los migrantes no son nada nuevo (Kivisto, 2001: 554- 555; Portes, 2003: 874). En este sentido, se ha señalado que los espacios transestatales son el resultado de procesos históricos que han ido intensificando a lo largo del tiempo los movimientos y contactos transfronterizos: no sólo de movimientos migratorios, sino también del intercambio de bienes e información. De manera que si nos preguntamos por los actores colectivos de estos procesos de transnacionalización, no sólo hay que tener en

204 Recordemos que la teoría de la causación acumulativa señala que la circulación de personas, bienes e ideas está creando una nueva cultura transnacional, una cultura de la migración (“culture of migration”) que combina valores, comportamientos y actitudes de las sociedades emisora y receptora, constituyéndose como un espacio social autónomo, distinto a las culturas a partir de las cuales se formó (Massey et al., 1994: 737-738). Esta cultura migratoria tiende a incentivar nuevos movimientos internacionales y a perpetuarlos en el tiempo. “First, migrants display a widely admired lifestyle that others are drawn to emulate. Materially successful migrants provide a powerful demonstration effect, especially for the young, based on their enhanced ability to consume goods and purchase property, and they are instrumental in spreading the values of consumerism throughout the community. Second, although some of migration’s attractiveness is material, it also acquires a strong normative component. Over time, foreign labor becomes integrated into the structure of values and expectations, and young people contemplating entry into the labor force expect to migrate internationally in the normal course of events. Third, as migration assumes a greates role in the community, it becomes increasingly important as a rite of passage for young men, providing an accepted means of demonstrating worthiness, ambition, and manhood. Finally, as women come to participate in the migration process, they gain greater power and influence within the family through their contributions to household income. While abroad, they come into contact with more egalitarian gender relations and they push for greater equality. Realizing that patriarcal constraints on female autonomy are lower in modern industrial societies, they encourage activities that cement ties to the receiving society, such as the purchase of homes in destination communities, and actively work to promote settlement abroad” (Massey et al., 1994: 737-738). Por otro lado uno de los rasgos de los procesos migratorios contemporáneos son los movimientos de retorno temporal y re-migración. Jackson (1969: 4) pone énfasis en el aspecto de la circularidad migratoria: “Today it is increasingly apparent that a significant number of migrants spend periods of their lives outside their country of birth, returning home and perhaps after a further period setting off again, without the implications of finality usually associated with such moves”.

205 “La mundialización es la extensión planetaria de sistemas de producción complementarios, la integración más o menos caótica de los sistemas de intercambio, la sumisión de las naciones a las exigencias del sistema financiero internacional, la difusión de las técnicas a escala del planeta, la velocidad excepcional de circulación de los capitales, el ritmo endiablado de la innovación tecnológica por efecto de la revolución científica… Pero es también y sobre todo, el surgimiento de una civilización-mundo que se materializa no sólo en los objetos producidos, en la necesaria adaptación mental que requiere su utilización, sino asimismo en las industrias del ensueño, la ficción y la información que transmiten los medios de comunicación, llegando para ello hasta los rincones más recónditos del planeta” (Naïr, 1998: 19-20).

cuenta las organizaciones de migrantes, sino también partidos políticos, empresas, etcétera. (Faist, 2000a: 11). Igualmente, se han reconocido distintos factores que inciden sobre la construcción de espacios transestatales: por un lado desarrollos globales, como pueden ser las condiciones económicas y tecnológicas, y, por otro, variables político-económicas y culturales en los países de origen y destino (Faist, 2000a: 38-43).

Podríamos decir que el transnacionalismo, antes que un fenómeno propio en los tiempos que corren, viene a ser un enfoque nuevo, una mirada inédita sobre la cuestión de los procesos migratorios. Y si algo puede aportar la historiografía a esta discusión es, precisamente, el reconocimiento de que ya en el pasado han existido distintos tipos de actores, relaciones, estrategias, actividades o espacios transnacionales, a la vez que la percepción del cambio social permite reconocer las variaciones observables en el presente y mostrar qué hay realmente de nuevo en las relaciones que los migrantes actuales establecen con origen o en la manera que se conciben los proyectos migratorios de hoy. En tanto prisma teórico-conceptual nuevo, sí es relevante reconocer el significado que tiene para las sociedades implicadas en los procesos migratorios y las consecuencias que esta nueva concepción tiene para el propio desarrollo del fenómeno migratorio. Si los migrantes, los científicos y la sociedad en general piensan la migración en clave transnacional –o como lo llama Beck (2004) en clave cosmopolita- eso va a tener una repercusión sobre la manera en la que se gestionan los intercambios entre origen y destino: la rearticulación que realizan los migrantes de sus relaciones personales y profesionales, los procesos de reconstrucción identitaria que atraviesan, las características del proceso de asimilación, etcétera.

Consideramos que el caso de los espacios entre Argentina y España ofrece una serie de particularidades que hacen interesante su análisis, dado que sus características diferenciales permiten iniciar un diálogo en contrapunto con los casos paradigmáticos que vienen siendo analizados por la literatura del transnacionalismo migrante. En este sentido, ya se ha descrito ampliamente que a las migraciones de argentinos hacia España les precedieron otras de españoles a la Argentina: es decir, se trata de procesos dentro de un sistema migratorio que históricamente comparte una dinámica de movimientos poblacionales en uno y otro sentido.

Desde la Independencia de Argentina, la joven nación ha mantenido una intensa relación de encuentros y desencuentros con su antigua metrópoli y ya hemos mostrado extensamente que en ello los intercambios migratorios vienen ocupando un lugar no menor. Esto tiene su reflejo en los imaginarios, que si, por un lado se configuran lentamente, también son muy persistentes en el tiempo. Al mismo tiempo está claro que Argentina y España están unidas –para bien o para mal- por vínculos de tipo económico

(N. Fernández, 2005: 161), donde los más recientes e importantes en la actualidad son los que parten del despliegue de empresas transnacionalizadas de origen español que invierten sus capitales en determinados sectores de la economía argentina.

Pero quizá lo que más se ha resaltado es la cercanía cultural entre las dos sociedades, la afinidad étnica entre migrantes y autóctonos (que en realidad remite directamente a esa historia compartida de intercambios de ida y vuelta), aspecto que lo diferencia de la migración colombiana en Estados Unidos o de la turca en Alemania, por citar algunos ejemplos a los que se ha aplicado el paradigma transnacional. Frente a estos procesos migratorios, en los que las prácticas transnacionales de los migrantes pueden estar condicionadas por las dificultades en el proceso de asimilación derivadas de las diferencias socio-culturales entre origen y destino, en el caso argentino la inserción en el país receptor no se debería presentar como especialmente traumática (de modo que, de entrada, podría no justificarse la necesidad de mantener anclajes en origen). No obstante, Cook-Martin y Viladrich (2009) argumentan que si bien la similitud entre argentinos y españoles puede actuar facilitando la acogida social de los primeros, en terrenos como el laboral más bien se presenta como un elemento negativo, pues los migrantes esperan una inserción en tanto iguales y no en el segmento secundario del mercado de trabajo, no estando dispuestos a soportar, a la larga, peores condiciones que los autóctonos. A su vez, los argentinos son relativamente invisibles, se “infiltran” en la sociedad de manera subterránea, pero al mismo tiempo algunos representantes del colectivo (como actores, artistas o futbolistas) ocupan un lugar destacado en el imaginario. Lo cierto es que los argentinos mantienen vínculos con origen y que actúan como cabeza de puente para la expansión de lo argentino más allá de las fronteras, al tiempo que aportan influencias externas al país de origen.

Retomando los estudios migratorios en el sistema migratorio formado por España y Argentina analizados en el capítulo anterior, distintas investigaciones se han interesado por la cuestión de los vínculos entre origen y destino generados a partir de estos movimientos. Así, en el apartado 1.1. se mostró cómo en el estudio de la migración de masas de españoles a Argentina se operó un desplazamiento del eje de interés desde los procesos de asimilación –medido fundamentalmente a través de tres variables: patrones ocupacionales, pautas residenciales y matrimoniales, y asociacionismo- hacia los análisis de redes sociales. En los años ochenta la persistencia de lazos étnicos es objeto de análisis por el papel que esto podía jugar en la inserción laboral o como indicador del grado de integración social de los migrantes; el asociacionismo es contemplado ante todo como vía de promoción de las elites comerciales y económicas. A partir de la década del noventa comienzan a desarrollarse nuevos temas: las redes comerciales entre Cataluña y Argentina (Fernández, 2004); la formación de ámbitos sociales complejos que vinculan espacios en origen y

destino a través de cadenas migratorias (Jofre, 2000; 2004); la cultura política de los migrantes (Duarte, 1998); el interés por las identidades étnicas, regionales o nacionales, demostrando la preservación de vínculos con la región de origen (Álvarez, 1995; Duarte, 2006; Marquiegui, 1999; Núñez, 2001a). Por otro lado, los estudios de las migraciones políticas siempre han sido más proclives a tender puentes entre origen y destino, siendo temprano el estudio de las repercusiones de la Guerra Civil española sobre el colectivo español en Argentina (Quijada, 1991) o de los espacios culturales creados entre España y Argentina a partir del exilio republicano (Pastor, 1991206).

En lo que se refiere a la migración de argentinos a España, en el apartado 1.2. se dejó constancia detallada de las investigaciones publicadas sobre la migración, política o económica, de argentinos a España. Analizadas a la luz del paradigma de los espacios sociales transnacionales, encontramos que, aunque también desde la antropología o la geografía se han realizado algunas indagaciones que apuntan hacia la existencia de espacios hispano-argentinos más o menos definidos, es especialmente el enfoque historiográfico el que nos permite avanzar en este sentido. Los pequeños grupos descritos por Del Olmo (1989) en su estudio sobre la colectividad argentina en el Madrid de la década del ochenta, serían, en la denominación de Faist (2000a), “redes temáticas”, tejidos sociales poco institucionalizados articulados por intercambios recíprocos.

El concepto de “espacios sociales complejos” que Jofre (2004) aplica a las recientes migraciones económicas está abierto a distintas interpretaciones considerando la teoría transnacional de Faist (2000a): la existencia de “campos de contacto” en los que circula información mediática; el funcionamiento de “pequeños grupos de parentesco transestatales” a través de los cuales los migrantes envían remesas de dinero a los miembros de la familia que permanecen en origen; el desarrollo de “redes temáticas” de carácter económico por parte de comerciantes y pequeños industriales marplatenses que invierten sus capitales, tanto en Mar del Plata como en Mallorca, en emprendimientos que son administrados y atendidos por jóvenes marplatenses; y la formación de otras “redes temáticas” de índole socio-cultural, como asociaciones de carácter cultural, de ayuda mutua o solidarias, que serían transnacionales en la medida en que sirven a los migrantes para mantener vínculos con origen, involucrando, al mismo tiempo, a miembros de la sociedad de destino.

206 El artículo versa sobre el historiador e intelectual Claudio Sánchez-Albornoz, de origen español y afincado en la Argentina desde comienzos del franquismo. Con su labor académica, no separada de su actividad política como antifascista, demócrata y republicano, creó una escuela de Historia de España que no sólo contribuyó a la renovación historiográfica en la Argentina, sino que también quebró la incomunicación científica que existía entre las corrientes interpretativas de la historia de España en la América hispánica y en la historia peninsular (Pastor, 1991: 128-129).

Los campos de contacto y los grupos pequeños, en la tipología de Faist, son espacios transestatales de duración potencialmente corta, lo que significa que en principio no alcanzarían más allá de una primera generación. Al abordar la migración reciente de argentinos a España, diversos autores han descrito la existencia de estos espacios. Como ya decíamos, Jofre (2004) rastrea en el nivel regional la incidencia del factor histórico. Otros autores hacen referencia a la presencia mediática en origen del hecho migratorio argentino (Castellanos, 2006; Castiglione y Cura, 2007) o inclusive a la creación de una cultura migratoria en la que estos medios tendrían un papel destacado (González y Merino, 2008: 76 y ss.). Igualmente, se ha descrito la migración como un proyecto que afecta a todo el grupo familiar, del que unos miembros se trasladan y otros permanecen en origen (Lambiase, 2004; Castellanos, 2006; González y Merino, 2008).

En el campo de la historia reciente, tanto la amplia investigación de Jensen (2007, etc.) para el caso del exilio argentino en Cataluña como la de Mira (2004, etc.) para el exilio que se radica en Madrid, si bien no descuidan la reconstrucción de las trayectorias individuales de quienes vinieron huyendo de la dictadura de 1976, enfocan de manera especial las actividades de lucha social y política que desplegaron y despliegan los argentinos en el exilio y postexilio. Las publicaciones de ambos historiadores son las que nos permiten, con mayor profundidad, rastrear el desarrollo de acciones colectivas de carácter transnacional por parte de estos migrantes políticos. Y, de este modo, avanzar en la definición del alcance y los límites de esos espacios hispano-argentinos que condicionan la realidad migratoria que nos ocupa y, a su vez, son transformados por ésta. Lo innovador de la historiografía del exilio argentino es que viene a apuntar a la conformación de espacios transestatales de larga duración, tanto de redes temáticas como de comunidades y organizaciones207. Tanto Jensen como Mira han mostrado con profusión cómo la comunidad de este exilio fue desplegando distintas redes temáticas como parte de la lucha antidictatorial: organizaciones no gubernamentales de diverso carácter y alcance con el fin de desarrollar estrategias de solidaridad con las víctimas de la violencia del Estado terrorista

207 Ya Mira y Esteban (2007) sugieren la utilización de la clave transnacional en el abordaje del activismo asociativo desplegado por los argentinos en Madrid. Por su parte, Merino (2002a) analiza el asociacionismo católico como creador de identidades supranacionales -ancladas a la vez en destino y en origen- a partir del caso de la sociabilidad peruana generada en torno a las hermandades peruanas devotas del Señor de los Milagros en Madrid: “En el contexto migratorio español, estas manifestaciones de la cultura nacional peruana se limitan a la esfera local en tanto que son expresadas por grupos reducidos en torno a algunas parroquias españolas, pero para sus participantes peruanos representa el modo de renovar su vinculación con la comunidad nacional de origen y al mismo tiempo incorporarse de manera digna a la sociedad de acogida, sin suponer eso una contradicción interna, gracias a la dimensión supranacional, del Catolicismo. En este sentido, la devoción al Señor de los Milagros trasciende los límites territoriales que trata de reforzar la soberanía nacional española con la categoría de ‘inmigrante económico’ y representa para los inmigrantes peruanos una vía de interacción y encuentro con la sociedad española” (Merino, 2002a: 605-606).

y de lucha contra la dictadura. Dar a conocer la realidad argentina y concienciar a la opinión pública local y mundial formaba parte de la labor articulada por el exilio argentino en contra del gobierno de la Junta militar. Este activismo del exilio ha sido descrito en su interacción con las estrategias del gobierno, orientadas a la negación y neutralización de la comunidad argentina que ejercía su oposición desde el exterior. Igualmente, se han referido al exilio argentino en tanto comunidad transnacional articulada con anclajes en otros países de Europa (Francia, Suecia, etc.) o también de América Latina (especialmente México); y que, inclusive, intentaba mantener contactos con la resistencia interna, si bien éstos fueron difíciles. Tras el retorno de la democracia, parte de la comunidad del exilio argentino permanece en España y, ante la nueva situación política, las redes temáticas se transforman. Después de unos años de escaso movimiento político, tanto en Cataluña como en Madrid, retoman la lucha orientándola contra la impunidad de los crímenes cometidos por el gobierno dictatorial.