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C APÍTULO 2 I NSTRUMENTOS PARA UNA HISTORIZACIÓN DE LAS MIGRACIONES ACTUALES

2.1. T EORÍA DE ESPACIOS TRANSNACIONALES

2.1.3. P RECISIONES CONCEPTUALES

Emigración, inmigración, retorno, reemigración: las denominaciones que la literatura especializada tiene para referirse al acto de migrar son diversas, dependiendo de si el fenómeno está enfocado desde el lugar de origen o desde el lugar de destino (Malgesini y Giménez, 2000: 137, 239; Esteban, 2007: 9-10). “Emigración” pone el acento en el abandono del país de pertenencia, “inmigración” en la llegada de nuevos moradores. De la misma forma, los sujetos del desplazamiento, quienes cambian de manera temporal o permanente su lugar de residencia, son “emigrantes” en una sociedad e “inmigrantes” en otra208. Dado que en este trabajo pretendemos abordar los procesos migratorios como un todo, tal y como lo proponen los enfoques transnacionales, nos referimos a ellos simplemente como “migraciones” y denominamos “migrantes” a sus protagonistas.

Ya hemos precisado que a la hora de determinar quiénes son migrantes argentinos en España no podemos limitarnos a contabilizar a aquellos residentes que figuran inscriptos

208 “La migración internacional se produce en un mundo dividido en Estados nación, en el que quedarse en el país de nacimiento sigue considerándose la norma e irse a otro país, la excepción. Por ello suele considerarse que la migración es un problema, algo que hay que controlar e incluso frenar, porque puede traer consigo cambios impredecibles. A la hora de hacer comparaciones surgen los problemas, no sólo porque las categorías estadísticas difieran, sino también porque tales diferencias reflejan variaciones reales en el significado social de la migración en distintos contextos. Una manera en la que los Estados intentan mejorar el control es agrupando a los inmigrantes en categorías…” (Castles, 2000a: 18).

en el Instituto Nacional de Estadística (INE) con nacionalidad argentina, puesto que también hay personas procedentes de Argentina que tienen pasaportes de otras naciones, bien de la misma España, bien de terceros países, como el caso frecuente de Italia209. Las migraciones de retorno210, aquellas en las que el migrante regresa al lugar original de partida (Checa y Arjona, 2005: 67) han sido calificadas como una nueva migración (Grinberg y Grinberg, 1984: 222), en tanto que implican para quienes las experimentan un cambio vital significativo. La nueva tendencia migratoria de latinoamericanos hacia España también se define, en parte, por la modalidad del retorno: pero se trata de un retorno “diferido” generacionalmente, entendiendo que la migración se beneficia de la posibilidad para algunas personas de recuperar la ciudadanía de origen de los antepasados que entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX partieron hacia América Latina. La nueva migración puede estar directamente asociada al reconocimiento de la doble ciudadanía, o bien al efecto indirecto que se expresa en vínculos afectivos con familiares y no familiares (Zlotnik, 1992: 30; Martínez Pizarro, 2004: 226-231)211.

El lector se habrá dado cuenta de que el estado de la cuestión de las migraciones entre Argentina y España permite establecer una doble tipología, en función de los factores que las ocasionaron –migración económica y migración política212- y de que esta distinción

209 “El concepto de extranjero tiene un significado jurídico preciso en las sociedades modernas: designa a aquellas personas que no poseen la nacionalidad o ciudadanía del país donde habitan. En la vida cotidiana, el vocablo se refiere a ‘quien no es de aquí’, lo cual marca una diferenciación” (Malgesini y Giménez, 2000: 183). “Desde el punto de vista jurídico, los nacionalizados son españoles a todos los efectos, sin embargo, desde un punto de vista sociológico, siguen manteniendo muchos de los rasgos de su país de origen (lengua, cultura, tradiciones…) e incluso en sus relaciones sociales, se suelen percibir a sí mismos y son percibidos por los demás como “extranjeros” (Colectivo Ioé, 1987: 94).

210 Son escasos los estudios que tienen por objeto el análisis de las migraciones de retorno, bien de españoles que habían migrado a la Argentina y que retornan, bien de argentinos que, estando en España retornan a la Argentina. Los modelos teóricos y las investigaciones empíricas pueden ser agrupadas en: 1) remesas 2) retorno y movilidad social 3) impacto cultural y socio-político de los retornados (Núñez, 2000). Acerca de los problemas temáticos y teóricos de la emigración de retorno, en Núñez (2000: 45 y ss.). Señalan Egea et

al. (2002) que la migración de retorno es uno de las corrientes migratorias menos estudiadas.

211 En este mismo sentido, la emergencia de Japón como destino para la migración latinoamericana, está condicionada por una política de atracción de descendientes sanguíneos de japoneses instalados desde las primeras décadas del siglo XX en Brasil y Perú (Martínez Pizarro, 2004: 233). El mismo planteamiento está presente en Ferrari (1995), quien analiza el discurso de los migrantes de Argentina hacia Italia: italianos o descendientes de italianos que recurren a la memoria familiar para una construcción identitaria que les vincula a su pasado italiano. La consideración de los italo-argentinos que migran de Argentina a Italia en la actualidad, tiene consecuencias sobre la política migratoria italiana, como muestra Bertagna (2005) al analizar la actitud de las instituciones y de la prensa del Veneto frente a esta nueva oleada migratoria: se pasa de una política de control y prevención en 1989 (donde los argentinos son calificados como inmigrantes) hacia una política que, con el “Proyecto retorno” pretende facilitar e incrementar la cantidad de traslados.

212 Inclusive, podría llegar a parecer que estamos ante dos tipos ideales históricos: la época del exilio de los setentas y la migración económica actual, lo que incluye también la contraposición dictadura – democracia. Sin embargo, esta simplificación de la realidad es más que problemática: Así como Jensen (1998) nos hace ver que no todos los que llegaron en los setenta eran exiliados, tampoco todos los que vienen ahora son “migrantes económicos” en sentido estricto. Además, un exiliado político puede ser al mismo tiempo un migrante económico, o convertirse en uno en el momento en que, al llegar al país de

es relevante en el momento de analizar las consecuencias de las migraciones. No obstante, las elevadas cuotas de subjetividad que entran en juego y, en ocasiones, la búsqueda intencionada de la ambigüedad en las representaciones sociales del fenómeno, dificultan los intentos de definir con precisión estos dos tipos ideales de migración. Quizás el argumento más esgrimido por la bibliografía para distinguir la especificidad del exilio sea la marca de salida forzada213 frente a otras migraciones definidas como voluntarias (Jensen, 1998: 91-92; Schwarzstein, 2001a: 255-256). Resulta importante destacar en ello la actuación represora del Estado de origen que expulsa intencionadamente al ciudadano obligado a exiliarse214.

Grinberg y Grinberg (1984: 189-190) unen a la imposición de la partida, la imposibilidad del retorno para referirse a lo específico del exilio: “Las personas exiliadas están obligadas a vivir lejos de su país, han sido forzadas a abandonarlo por razones políticas o ideológicas, o han tenido que huir para asegurar su supervivencia. Por lo tanto, se encuentran impedidos de volver a su patria, mientras persistan las causas que determinaron su alejamiento”. Para ellos, la diferencia estriba en saber que es posible volver (Grinberg y Grinberg, 1984: 176).

Finalmente, Jensen (1998: 92) introduce otro elemento más para determinar lo político del exilio: se refiere al exiliado como migrante que en el nuevo destino215

refugio, deber procurarse un trabajo que le asegure su subsistencia, afrontar la situación legal de extranjero, etc. (Colectivo Ioé, 1987: 100; Franco y González, 2004: 19).

213 “El exilio político o la expatriación indican un distanciamiento forzoso de una persona del lugar de origen o patria, al cual se siente fuertemente vinculado. (…) El fenómeno del exilio generalmente se produce por razones de militancia política, sindical o social, por las cuales las personas son perseguidas por las autoridades locales, en un marco de dictadura o gobiernos autoritarios, con violaciones o falta de respeto a los derechos humanos” (Malgesini y Giménez, 2000: 179). Jensen (1998: 94) atiende a los siguientes contenidos para identificar a un exiliado: partida forzada, desplazamiento por motivos político- ideológicos, prohibición (legal o coyuntural-política) de regresar a su país de origen, ausencia no deseada de su patria. En contraposición, un emigrante es aquella persona que ha salido de su país por elección libre, con el propósito de concretar proyectos profesionales o laborales de mejoramiento”.

214 “Acordemos que el exilio es una emigración provocada por la violencia desatada en la sociedad de origen y que está generalmente vinculada a la represión ejercida por el Estado –aunque no en todos los casos- sobre una categoría de la población, sea ésta definida a través de criterios étnicos, religiosos o políticos, y que los individuos recurren a ella como estrategia de sobrevivencia. Ello supone que la situación comporta un riesgo para la vida o la libertad del individuo” (Franco y González, 2004: 21). Señala Jensen (2004: 132) que “más allá de la existencia de una militancia en la Argentina o en el destierro, cuando la salida del país obedeció a razones políticas, este hecho en sí recorta el universo de lo que llamamos emigrates políticos o exiliados.”

215 Del Olmo (1989: 135) diferencia el exilio de la inmigración, no en función de las causas de la salida, sino que señalando que “son las expectativas hacia el futuro las que pueden ayudar a distinguir a un exiliado de otro que es simplemente un inmigrante económico: aquél cuyo proyecto de vida esté destinado exclusivamente a ser desarrollado en el país de origen, puede ser considerado un exiliado fuera de su país, en tanto que no poseía expectativas en ningún otro lugar, y la salida implicaba forzosamente una ruptura con la propia identidad individual. En tanto que considero inmigrante económico o profesional, a pesar de que en su expulsión del país interviniesen causas de carácter político, a aquel en cuyo proyecto de vida cabía la expectativa de ser realizado en algún otro lugar fuera del país de origen…” “La situación de los exiliados en el nuevo país es compleja. No vienen ‘hacia’ algo, sino huyendo o expulsados ‘de’ algo, amargados, resentidos, frustrados. Para hacer frente a sus múltiples problemas pueden utilizar como

posiblemente “conjugará las preocupaciones cotidianas y materiales con la actuación política, sea por la vía de las conformación de partidos en el exilio, sea porque se integre a estructuras políticas y partidarias del país de acogida, sea por el impuso de actividades de denuncia y solidaridad con las luchas en su país de origen”. Esto no impide, sin embargo, que un migrante no-exiliado también pueda desplegar un activismo político en la sociedad de acogida e, incluso, que se oriente a influir en la realidad política del país de procedencia. En cualquier caso, aquí nos referimos a exilio no únicamente como manifestación de resistencia, sino también como una modalidad de experiencia migratoria (Franco y González, 2004: 18).

La migración reciente desde Argentina que nos ocupa en este trabajo ha sido definida a priori como económica, al igual que la que se produjo al inicio de los ochentas y una década después. Estos tres flujos migratorios tienen en su origen una crisis económica. Se ha dicho que la migración económica viene motivada por la búsqueda de un mercado de trabajo más atractivo216 y que se trata de un desplazamiento fruto de una decisión voluntaria217. A través del estudio empírico del caso argentino actual pretendemos aportar elementos para definir con mayor precisión esta migración económica y los elementos que la determinan.