La experiencia total del individuo se basa en el sistema de su lenguaje.
HENRIDELACROIX
Un antropólogo sufrió una impresión confusa cuando le preguntó a una mujer de una tribu africana cuántos niños tenía. La respuesta fue: "tres". Esta respuesta confundió al científico, debido a que el esposo de dicha mujer le había respondido anteriormente que tenía "cuatro". El científico descubrió más tarde, que en esta tribu en particular un hombre toma en cuenta solamente los vastagos varones como niños, mientras que una mujer incluye solamente las mujeres. Pero aún se confundió más cuando preguntó, "¿Cuál es el número total de niños de sexos, que tiene?" Para su sorpresa ambos contestaron, "nueve".
Solamente después encontró que estas personas al totalizar el número de sus alumbramientos, cuentan también los niños muertos.
Es una de las grandes curiosidades —y una de las áreas de
confusión potenciales que el lenguaje humano crea categorías, y que de éstas se hacen subdivisiones perceptuales, así como subdivisiones
descriptivas. Es como si cada palabra en el sistema del lenguaje del pensador, trabajara como un "cortador de galletas", dividiendo las sustancias de sus percepciones en sus propias clases distintivas o formas de empaque.
Sus palabras no describen realmente el mundo fuera de su cabeza, sino que describen los patrones perceptuales que existen en las
neuronas de su corteza cerebral. En un sentido, su sistema descriptivo "divide" su campo perceptual total en pequeños elementos, y estos elementos llegan a ser trocitos y piezas que su cerebro maneja cuando usted piensa en forma verbal. Así como un artista que empieza puede usar un patrón cuadriculado de líneas trazadas sobre un cuadro que quiere dibujar, y luego dibuja las formas aisladas en cada uno de los cuadros de la cuadrícula, así cada uno de nosotros superimponemos una clase de rejilla de patrón verbal sobre nuestras percepciones
preconscientes, y las manejamos con los elementos presentados a nosotros por la cuadrícula. La cuadrícula, en este caso es nuestro sistema de lenguaje. No verbalizamos sobre las palabras tanto como verbalizamos sobre nuestras percepciones de ella.
Los antropólogos usan el término comunidad de lenguaje para denotar un grupo de personas que comparten un juego común de mapas verbales en virtud de su membrecía común a un marco cultural.3 Los norteamericanos forman una comunidad de lenguaje que tiene muchas características similares a las de la comunidad de lenguaje británica. Los indios hopi del suroeste forman una comunidad de lenguaje bien
definida. De alguna manera, los jóvenes forman una comunidad de lenguaje caracterizada por vocablos contemporáneos como "lenguajes de moda", y también pertenecen a la comunidad de lenguaje más amplio de su ciudadanía nacional. Una persona puede pertenecer
simultáneamente a varias comunidades de lenguaje. De vez en cuando pasa, que los comportamientos verbales esperados de una persona en el contexto de una comunidad del lenguaje, varía en el comportamiento verbal acostumbrado que tiene aprendido como parte de una comunidad de lenguaje diferente. En tal caso, la persona debe ajustar sus patrones verbales para adaptarse a la situación, recordando cualquiera de los hábitos del lenguaje característicos de una comunidad.
Los niños negros, sobre todo los de barrios urbanos,
frecuentemente afrontan esta situación cuando asisten a escuelas de blancos, en las que enseñan maestros blancos. Ciertos patrones del lenguaje son altamente característicos de la comunidad negra. Y los niños negros que crecen allí los aprenden muy rápidamente. En la escuela, un niño negro puede sentirse muy incómodo, si el maestro le "corrige" su uso "impropio" del inglés. El niño concluye que el maestro tiene más o menos prescritos sus hábitos básicos de lenguaje y puede llegar a hacerse inseguro y renuente a hablar. Una persona negra, que oye a otro semejante expresarse correctamente en inglés académico, puede referirse a él —quizás desdeñosamente— como un "hablador blanco".
Nuestros cerebros usan palabras tan rápida y automáticamente, que después de muchos años de hablar y pensar en forma verbal, llegamos a identificar cada palabra o término con su correspondiente evento per-ceptual. Después de un gran número de repeticiones, las palabras y las imágenes perceptuales tienden a evocarse una u otra de manera intercambiable, de manera automática. Los publicistas explotan con frecuencia esta característica bien conocida del cerebro sobre la "conciencia del producto" hasta el grado de que un slogan altamente repetido producirá un babeado cerebral (para usar la analogía de los perros entrenados de Pavlov), siempre que el consumidor la escuche. Algunas veces, el cerebro funciona erróneamente al verbalizar una idea, especialmente cuando su atención se divide entre dos procesos del pensamiento. Por ejemplo, después de leer un pasaje de noticias en el radio, que reportaba el anuncio del secretario de Califano de que 12 millones de norteamericanos tienen problemas serios de bebida, el
anunciador dijo, "...y en las noticias locales, la ciudad de Escondido ganó una botella con —er, ah— digo una batalla sobre el Estado de California, sobre los fondos de ayuda de la proposición 13".
Parece que las categorías descriptivas, o "cortador de galletas," que un pensador aprende a usar, tienen más de un efecto menor en sus actividades de procesamiento de información del cerebro. Los siguientes ejemplos podrán ayudarle a esquematizar el rango de variaciones en el pensamiento humano, creado por las estructuras de lenguaje.
Un pensador inglés va a una taquilla a comprar y dice, "Dos, por favor." Pero un pensador japonés dice, "Nimai, kudasai." El usa el
vocabulario para contar reservado para artículos de papel como boletos, estampillas postales o papel de escribir. Para comprar huevos u otros objetos redondos, usaría las palabras, ikko, niko, sanko, yonkoy así por el estilo. Si fuera a contar plumas, lápices u otros objetos cilindricos usaría las formas ippon, nihon, sanbon, yonhon, etc. Pero si quisiera ennumerar las cosas que están en forma líquida en sus recipientes, como tazas de café o latas de pintura, usaría, ippci, nihoi, sanbaí, yonhai y así sucesivamente. Los japoneses tienen palabras para contar cosas en racimos pequeños como zanahorias, palabras para contar pequeños artículos redondos o comida, como uvas, guisantes o frijoles, y palabras para contar libros. Los pensadores japoneses podrían considerar una característica novedosa del inglés, el que éste tenga un solo grupo de palabras universales para contar. Mientras el pensador inglés podría considerar su sistema más fácil y conveniente, el pensador japonés podría considerarlo sencillamente burdo e inelegante. Cada pensador piensa cortar sus galletas de modos característicos propios, y lo considera el modo "natural" —si es que en realidad piensa en él.
Para los hotentotes del sur de África, contar no tiene la
importancia extrema de nuestra experiencia cotidiana de los países industrializados. Para los hotentotes, cuatro números son suficentes. Traducen al inglés toscamente como uno, dos, tres, muchos. Para el pensador hotentote, cualquier grupo de cuatro o más amigos, miembros familiares, artículos de comida, animales salvajes o días consecutivos de lluvia es un montón. Aparentemente maneja como indefinidos los
números mayores de tres. Una de las diferencias más impresionantes entre los lenguajes, y consecuentemente entre las culturas, es su variación en el grado en el que hace distinciones finas al aplicar
etiquetas a sus experiencias. El pensador inglés tiene una palabra básica para una clase particular de precipitación —nieve. Para el esquimal, parecería extremadamente inconveniente confundir la nieve que está cayendo con la nieve que acaba de caer, o confundir cualquiera de ellas con la nieve vieja que se ha endurecido. Una ventisca de nieve
cayendo en el momento de la percepción y la discusión, debido a que el esquimal encuentra funcional hacer esta distinción perceptual dentro de su mundo, aunque tenga muchos términos para la sustancia. El
pensador inglés usa solamente uno.
Algunas veces los antropólogos encuentran muy fascinante,
estudiar diferencias culturales cuando examinan las diferentes palabras usadas para denotar parentescos. El orador inglés tiene uno de los sistemas precisos más simples y útiles de cualquiera de las culturas del mundo para describir las relaciones entre familia y la tribu. Muchos pensadores africanos podrían considerar absurdo el uso de una palabra sencilla como primo, para describir tanto parientes masculinos como femeninos, o no distinguir si la persona descrita está relacionada por sangre al padre del que habla o a su madre. En muchas culturas no ser capaz de distinguir un cuñado del hermano de su propia esposa o el esposo de su propia hermana, parecería irremediablemente confuso, similarmente, cómo es posible sacar sentido de una situación en la cual una sola palabra —tío— se aplica al hermano del propio padre y al hermano de la propia madre? El lenguaje hawaiano usa el mismo
término para referirse al propio padre y al hermano del padre. La gente del norte de Burmania, que piensan en el lenguaje jinghpaw, tienen dieciocho términos básicos para describir su parentesco. Ninguno de ellos tiene equivalente directo en inglés.
Curiosamente, las culturas industrializadas y otras que dependen mucho de símbolos y comunicaciones escritas, parecen hacer
distinciones finas en la descripción de colores mas que otras culturas cuyas gentes viven en patrones sociales menos complejos. Varias tribus de Nueva Guinea usan solamente dos términos básicos para distinguir los colores claros de los colores oscuros. Los shona de Rodesia,
reconocen solamente cuatro colores de la banda visible. Los pensadores ingleses, y especialmente los norteamericanos parecen usar una
variedad más amplia de términos para denotar no solamente colores, sino áreas oscuras y sus saturaciones e intensidades relativas. Las
metáforas como durazno, azul medianoche, rosa nacarado y gris abedul, tienden a enfatizar distinciones finas.
Los estudiosos de la Biblia todavía debaten puntos significativos de la historia bíblica que se relacionan con la interpretación de palabras sencillas y frases breves en hebreo, que frecuentemente no tienen equivalentes directos en inglés. El sistema de lenguaje hebreo, permitió a los escritores bíblicos describir sus ideas en ciertas formas, usando sus "categorías descriptivas propias". Los que tradujeron la Biblia al inglés, no tenían otra opción que hacer ciertas suposiciones acerca de los significados. En algunos casos, tenían que escoger ciertas frases
que entendían en el sistema de mapeo hebreo, pero no podían expresar en el sistema de mapas de los ingleses. Este proceso es análogo a
traducir, de una clase de mapa tal como una fotografía aérea, a otra clase de mapa como el de una ciudad. En la medida en que dos métodos de mapas de los ingleses no tienen estructuras comunes, el territorio original se representa de una manera distorsionada.
Los semánticos de habla inglesa han descubierto varias características interesantes de los lenguajes indo-americanos. En particular la tribu hopi ha intrigado a muchos investigadores, como Benjamín Lee Whorf y Eduard Sapir. Ellos encontraron que los hopi y los ingleses conceptualizan el mundo que les rodea de maneras
admirablemente diferentes. Concluyeron que, mientras los ingleses y sus familias de lenguajes europeos tienden a enfatizar la organización del espacio y el tiempo, los hopi tienden a enfatizar los procesos y la descripción de los eventos. Los pensadores hopi no tienen manera de medir, o siquiera describir, lo que los pensadores ingleses llaman tiempo. Los hopi no tienen palabras para describir los minutos, horas, días, semanas, meses, años u otros espacios de tiempo. En lugar de describir los espacios de tiempo que tomaría hacer algo, el usuario del lenguaje hopi describiría los eventos involucrados en hacerlo, y los explicaría como la cadena de eventos que produciría el resultado.
La fragilidad del lenguaje como medio para codificar pensamientos ha sido frustrantemente obvio para los investigadores recientes que han trabajado sobre el problema de la traducción computerizada de un
lenguaje a otro. De acuerdo con una anécdota, presentaron la
computadora con la figura de lenguaje inglés "fuera de la vista, fuera de la mente", traducida al ruso, y entonces tradujeron la versión
reconvertida al inglés. La máquina respondió con "idiota invisible."