9. COHERENCIA, JUSTIFICACIÓN Y CONOCIMIENTO
9.1. EL ARGUMENTO DEL REGRESO DE JUSTIFICACIONES
¿Qué tiene que decir el coherentista con relación al argumento del regreso de justificaciones (4.1)? El argumento, después de todo, se supone que muestra que la distinción entre justificación inferencial y no inferencial no es opcional; estamos obligados a ella, so pena de caer en un regreso al infinito y en el escepticismo. La dificultad en este punto radica en que, como lo expresamos anteriormente, el argu- mento del regreso dependía de una concepción de la justificación que era a la vez no-holista y lineal. (Era lineal en el sentido de suponer que A podría estar justificada por B, B por C, etc., o bien ad infìnitum o bien cayendo en circularidad.) Por tanto, es preciso reformular el argu- mento en términos de la concepción holista de la justificación que es central al coherentismo. ¿Es posible tal cosa? De hecho, soy incapaz de encontrar ninguna reformulación del argumento del regreso de jus- tificaciones que lo haga efectivo en contra del coherentismo.
El análisis coherentista de la justificación puede ser formulado del siguiente modo: una creencia B1 está justificada en la medida en que contribuya a la coherencia del conjunto de creencias del que es un miembro. Supongamos que el conjunto contiene como miembros las creencias B1 – Bn, y supongamos también que el tipo de justificación bolista en el que estamos interesados puede ser considerado razona- blemente inferencial. Podría ser incluso inductivo, en la medida en que consideráramos la inducción como una inferencia a la mejor explicación [como se argumenta en Harman (1970)]. ¿Nos enfrenta- mos ahora al mismo peligro de que, a menos que exista otra forma de justificación, toda justificación será condicional (4.1)? Parece que hay dos formas en que podría plantearse esta dificultad.
La primera es que B1 sólo esté justificada si lo está (por ejemplo) B2, etc. Pero tal cosa no se sigue de la concepción coherentista. Incluso si B2 no estuviera justificada, y existiera una alternativa B2’ que tuvie-
ra una contribución mayor a la coherencia del conjunto B1 – Bn, toda- vía podría suceder que B1 estuviera justificada. Lo estaría si, en líneas generales, ninguna alternativa hiciera el conjunto más coherente. Parece, pues, que no hay ningún sentido en el que la justificación de B1, incluso aunque exista por apelación a otros miembros del conjun- to y al papel que desempeñan en la construcción del mismo, esté con- dicionada a la justificación de otros miembros. Está, por supuesto, condicionada a su presencia, pero este tipo de condicionalidad no crea ningún regreso al infinito que sea vicioso.
La segunda alternativa sería la de sostener que B1 debe contar como creencia justificada por apelación a su contribución a la cohe- rencia del todo. Pero su papel en el todo sólo podría justificar B1 si el mismo todo estuviera justificado. La justificación de B1 sería de nue- vo condicional, pero ahora lo sería respecto a la justificación del con- junto del que es miembro. Creo que hay dos respuestas distintas que, en último término, coinciden. La primera sería decir que este tipo de condicionalidad no importa, dado que confiamos en que el conjunto sea incondicionalmente (realmente) coherente y, por ello, en que esté realmente justificado. No habrá, por tanto, peligro alguno de una cadena al infinito, dado que en el primer eslabón ya no nos encontra- mos con algo cuya justificación no está condicionada. Sin embargo, esta contestación no me deja completamente satisfecho, puesto que podría mantenerse que admite la existencia de dos formas distintas de justificación, la de las partes y la del todo. Una respuesta menos pro- blemática es la de decir que el coherentismo no otorga sentido alguno a la idea de la justificación de un conjunto completo. Un miembro está justificado por su contribución a la coherencia del conjunto; la justifi- cación se define en términos de coherencia, pero la justificación y la coherencia no son lo mismo (cf. las observaciones al final de 8.1).
Ésta no es una cuestión meramente verbal, un exabrupto coheren- tista o un rechazo injustificado del rótulo de «justificación» para algu- nos casos. Tras ello yace una explicación más sustantiva de la práctica de buscar justificaciones y de nuestro modo de actuar en lo que Levi denomina «la empresa del conocimiento» [Levi (1980)]. En cualquier momento nos podemos encontrar con tensiones, si no contradicciones, en el seno de un enorme conjunto de creencias. La cuestión importan- te es la de qué hacer entonces. Lo que buscaremos es un reajuste que incremente la coherencia global. Cualquier creencia puede ser dejada de lado o reemplazada, pero todas las creencias están codificadas en otras, de modo que su rechazo creará problemas adicionales. Una cre- encia se acepta como justificada si no hay ninguna otra aparente alter-
nativa que pudiera comportarse mejor. Pero no hay sentido alguno en el que se evalúe la totalidad del conjunto de creencias, en función de su justificación, para su aceptación o su reemplazamiento. Lo mejor, de hecho lo único, que podemos hacer es mejorar la coherencia inter- na, usando la amplia estructura del conjunto para evaluar la contribu- ción de los miembros individuales y de los nuevos candidatos. Si es esto lo que constituye el proceso de justificación, difícilmente puede sorprendernos que no tenga ningún sentido la cuestión de si el conjun- to entero está o no justificado.
Parece, pues, que los coherentistas pueden escapar a la conclusión de que las creencias justificadas «inferencialmente» sólo están justifi- cadas de un modo condicional. Pueden mantener que cada creencia está (o debe estar) justificada de hecho y de un modo no condicional gracias a su contribución a la coherencia del conjunto. Si esto es así, estamos obligados a considerar el argumento del regreso de justifica- ciones no como un argumento independiente en favor del fundamenta- lismo, sino como expresión de la actitud fundamentalista sobre la jus- tificación, una expresión que pone de manifiesto las consecuencias de considerar que la justificación es no–holista y lineal.
No obstante, todavía nos aguarda una regresión diferente. He suge- rido que una creencia puede estar justificada por el hecho de que hace determinada contribución al conjunto de creencias del que es miem- bro. Pero ¿puede bastarme realmente como justificación para mante- ner una creencia el que incremente la coherencia de mi conjunto de creencias? ¿Qué sucede si no tengo ni idea de que ése es el caso? Ciertamente, sólo estaría justificado para mantener esa creencia si, de algún modo, creo que contribuye del modo adecuado. E incluso esto puede no ser suficiente. Podría darse el caso de que no estuviera justi- ficado para creer que la contribución es la adecuada; esta segunda cre- encia podría resultar completamente gratuita o podría mantenerse por motivos completamente irracionales. ¿No es necesario también que yo esté justificado al creer que la primera creencia contribuye a la cohe- rencia del conjunto?
Quizá pueda verse más fácilmente esta regresión desde un punto de vista formal. Si q = «la creencia de a de que p contribuye a la cohe- rencia del conjunto de creencias de a», parece que estamos en peligro de definir CJap en términos de:
1. q
2. Caq
Con lo que generamos un nuevo regreso de justificaciones. Para cada creencia justificada p debe existir una creencia justificada adi- cional q, y así ad infinitum. En el ejemplo anterior, considerando r
como «la creencia de a de que q contribuye a la coherencia del con- junto de creencias de a.»,estamos obligados a continuar
4. r 5. Car
6. CJar,
y, una vez efectuado este movimiento, lo tendremos que repetir indefi- nidamente. Este nuevo regreso al infinito deriva de un punto de vista internalista sobre la justificación. Nos debe recordar el que menciona- mos en 3.5. Para ver si se trata de una amenaza al coherentismo, nece- sitamos considerar con más detalle tanto el contraste entre internalis- mo y externalismo como las supuestas ventajas del externalismo.
9.2. INTERNALISMO Y EXTERNALISMO
El regreso internalista de justificaciones genera un problema simi- lar para el coherentista al que no afectaba el anterior argumento del regreso. Pero para el fundamentalista las cosas son mucho peores. Se diría que el regreso internalista tendrá el efecto de que el regreso ante- rior no puede detenerse, por muchas sutilezas que inventemos. Supongamos que alcanzamos algunas creencias básicas, y suponga- mos que lo que las hace capaces de estar justificadas de un modo no inferencial es cierta propiedad epistémica E (que podría ser cualquier cosa desde la mera infalibilidad hacia abajo). El internalismo nos empuja a sostener que la creencia básica que tiene a de que p sólo puede justificarse por apelación a E si a cree que su creencia posee la propiedad E; y nos empuja, además, a admitir que también es necesa- rio que a esté justificado en su creencia de que su creencia posee E. Si se concede todo esto, ya no hay manera de detener el regreso de justi- ficaciones. Ni siquiera podría detenerlo el descubrimiento de algunas creencias justificadas de un modo no inferencial, dado que sólo pue- den justificarse en presencia de una creencia justificada ulterior. Por lo que ningún tipo de creencia pasará nunca de ser una creencia justi- ficada condicionalmente.
Todo esto nos proporciona un buen incentivo para iniciar la retira- da, aceptando el externalismo y reduciendo los requisitos para la justi-
ficación. El externalista lo tiene más fácil de dos maneras distintas. En primer lugar, no tiene problema alguno con el argumento habitual del regreso de justificaciones. Consideremos, como ejemplo de una posi- ción externalista, la siguiente definición de CJap:
CJap
≡
la creencia de a de que p se adquirió por un método fiable. Dado que la inferencia a partir de la creencia justificada es un método fiable de adquisición de creencia, tanto las creencias justifica- das de un modo inferencial como las justificadas no inferencialmente pueden ser subsumidas bajo esa definición. La justificación inferen- cial no es el territorio particular del internalismo. En este punto, le será fácil al externalismo encontrar un análisis satisfactorio de la cre- encia externamente justificada. No hay necesidad de retrotraerse al nivel básico, como se pensó tradicionalmente. Si suponemos, como es verosímil suponer (al menos en ciertos casos), que preguntar a los padres es un método fiable de adquisición de creencias, cualquier cre- encia obtenida de esta manera contará como creencia justificada de un modo no inferencial. El argumento del regreso de justificaciones ya ha perdido aquí mucha de su mordiente, aunque todavía pueda llevar- nos a la distinción entre justificación inferencial y no inferencial.En segundo lugar, el externalismo parece no tener problema algu- no con nuestro segundo argumento escéptico, el del error (1.2). El mayor atractivo de este argumento era que debo señalar una diferencia entre el caso actual y otros casos relevantemente similares en los que estaba equivocado antes de poder decir que ahora sé. Pero esta exigen- cia parece estar basada únicamente en una perspectiva internalista. El externalista se siente feliz con suponer que, en la medida en que de hecho haya una diferencia entre este caso y otros, yo puedo saber aho- ra incluso aunque sea incapaz de señalar esa diferencia. Si esto es correcto, todo lo que consigue el segundo de nuestros argumentos escépticos es expresar una dificultad general añadida para los análisis internalistas del conocimiento y la justificación.
Dadas esas ventajas del externalismo, ¿qué motivos puede tener alguien para ser internalista? La respuesta es que los filósofos son internalistas sólo porque creen que deben serlo. Antes de que poda- mos sentir confianza en la opción externalista, debemos estar bien seguros de haber entendido bien los supuestos del internalismo. Y, antes de hacer tal cosa, es preciso que distingamos diversos grados de internalismo que aparecen de un modo más bien confuso en la litera- tura contemporánea.