FORMAS DE CONOCIMIENTO
11. PERCEPCIÓN: LA ELECCIÓN DE UNA TEORÍA
11.2. REALISMO INDIRECTO: DOBLE APREHENSIÓN Y DOBLE OBJETO
Si se rechaza el fenomenalismo, tenemos que optar entre dos for- mas de realismo. El resto de este capítulo argumenta en favor del rea- lismo directo. Intento mostrar que no podemos dotar de sentido al pa- pel del objeto «interno» de aprehensión directa, y considero que éste es un argumento suficiente en contra del realismo indirecto. Después, trato de defender el realismo directo de algunas objeciones.
En el capítulo 10 proporcioné los argumentos más importantes en favor del realismo indirecto y de su pretensión de que sólo aprehende- mos el mundo físico indirectamente. El realismo indirecto afirma que lo que aprehendemos directamente es algo distinto. La cuestión es qué y cuál sería el papel que podrían desempeñar esos objetos más directos.
Ha habido diversas respuestas a la primera cuestión. Los objetos directos han sido denominados perceptos, datos sensoriales, aparien- cias, ideas, sensibilia, sema, etc. La cuestión importante no es, sin embargo, la de qué nombre les demos, sino cómo se supone que son los objetos así denominados. Después de todo, alguien podría decir que ha mostrado que debe haber un objeto directo interno; denominé- moslo «dato sensorial» y examinemos con detalle los argumentos tra- tando de descubrir lo que nos pueden decir sobre la naturaleza de estos datos sensoriales. ¿Qué sentido se desprende de esos argumentos para la palabra «interno», por ejemplo?
El argumento de la ilusión, tal y como lo formulamos en 10.4, nos lleva a suponer que la alucinación es un estado del perceptor que está dirigido a un objeto; pero que, por ser una alucinación, la naturaleza y existencia de ese objeto no dependen lógicamente de ningún hecho relativo al medio circundante al perceptor, ni a la condición física de su cuerpo o sus órganos. La conclusión era que, incluso en los casos normales, podríamos buscar una caracterización de cómo se siente el perceptor, una caracterización que excluyera cualquier detalle sobre el cuerpo del perceptor o sobre el medio circundante. Tal caracterización incluiría un análisis del objeto, un objeto «interno» en el sentido de que su naturaleza dependería por completo del contenido de la percep- ción, que sería en sí mismo independiente, o podría caracterizarse independientemente, de cualquier implicación sobre el mundo físico. Por lo que, al menos, sabemos que un dato sensorial no puede ser la superficie de un objeto físico, como algunos han sugerido. Pero los argumentos de 10.4 nos dicen muy poco más sobre la naturaleza del objeto directo de aprehensión. Todo lo que sabemos es que se trata de
un objeto portador de las propiedades que conforman el contenido de la percepción, descritas sin ninguna implicación sobre la naturaleza del mundo físico. Creo, sin embargo, que en esta mínima descripción podremos encontrar dificultades para el realismo indirecto. De ellas me ocupo ahora.
LA OBJECIÓN ESCÉPTICA
Una queja tradicional sobre la concepción del realista indirecto es que nos lleva directamente a un escepticismo muy general sobre la posibilidad de conocer el mundo «externo». Si todo lo que percibimos directamente es un objeto «interno», ¿cómo podríamos colocarnos en la situación de adquirir creencias justificadas sobre un mundo físico externo? Por todo lo que sabemos, no existe como mundo físico en absoluto, dado que nunca lo podemos percibir directamente. Berkeley argumentó que no podemos inferir la existencia de un mundo externo. Es lógicamente posible, incluso dada nuestra aprehensión de objetos directos internos, que no haya un mundo externo, por lo que una infe- rencia de lo interno a lo externo no puede ser deductiva. Por otra parte, si la inferencia fuera inductiva dependería de establecer con éxito correlaciones previas entre los enunciados sobre los objetos directos de aprehensión y los externos e indirectos. Pero, por hipótesis, no podemos establecer tales correlaciones, porque necesitaríamos, para ello, una aprehensión independiente de los objetos externos. El realis- mo indirecto sostiene, sin embargo, que sólo podemos aprehenderlos de un modo indirecto; nuestra aprehensión de ellos depende de nuestra aprehensión del dato sensorial.
Este argumento ha tenido un efecto enorme, y ha sido uno de los motores más poderosos en el desplazamiento hacia el fenomenalismo. Si alguien está convencido de la existencia de datos sensoriales y abrumado por dudas escépticas sobre cualquier otra cosa, con toda probabilidad, se sentirá atraído por la solución radical de tratar de arreglárselas sin nada más, y de tratar de construir un mundo sobre el único material de los datos sensoriales o conjuntos de tales datos. A pesar de su importancia en el pasado, existe la creciente convicción de que el argumento no está bien concebido. Está equivocado si hace uso de la idea crucial de que no podemos establecer las correlaciones requeridas porque no podemos observar los objetos externos. El rea- lismo indirecto no tiene la consecuencia de que los objetos externos sean inobservables; pretende, simplemente, decirnos algo sobre qué
sea observarlos. Y, si lo esencial es que el realismo indirecto es vulne- rable al argumento escéptico del error, la respuesta será que el argu- mento del error es una amenaza a cualquier teoría de la percepción, incluyendo el realismo directo y el fenomenalismo; dado que, bajo cualquier teoría, siempre existirá la posibilidad de que las cosas no sean como parece que son.
Por ello, la objeción escéptica parece no ser efectiva en contra del realismo indirecto tal y como lo hemos caracterizado. Si el realista indirecto hubiera sostenido que los objetos físicos son inobservables o que inferimos su presencia o su naturaleza a partir de nuestro conoci- miento de los objetos internos que percibimos, en ese caso, la obje- ción escéptica hubiera tenido algún papel relevante. (La importancia de esta observación se verá con más claridad en la siguiente subsec- ción.) Pero contra el realista indirecto que mantenga que hay dos for- mas análogas de aprehensión, la directa y la indirecta, el argumento escéptico es completamente impotente.
Nos enfrentamos, pues, al problema de si podemos dotar de senti- do a la idea de dos formas análogas de aprehensión y de sus objetos correspondientes.
LO DIRECTO Y LO INDIRECTO
La teoría de la percepción de Locke es un ejemplo clásico de rea- lismo indirecto, como hemos caracterizado esa posición. Locke sostu- vo que en la percepción hay dos aprehensiones, cada una con su pro- pio objeto. El objeto interno, que denominó idea, es percibido y el objeto externo, la cosa material, es visto. Así, al percibir una idea en condiciones favorables, vemos una cosa material. Hay, por tanto, apre- hensión doble: una del objeto interno y otra del externo.
Una objeción natural a la noción de doble aprehensión es que al perceptor sólo le parece que hay un tipo de aprehensión y un tipo de objeto (podemos discutir más tarde si es o no un objeto interno). ¿Qué se nos puede decir para llevarnos a aceptar la pretensión de que ver un objeto es estar en dos estados de aprehensión distinguibles aunque análogos?
La respuesta es que, de hecho, estamos familiarizados con la idea de que aprehendemos una cosa en virtud de aprehender (análogamen- te) otra. Aprehendemos la presencia de los objetos que se reflejan en un espejo en virtud de nuestra aprehensión de los reflejos en el espejo, y el sentido en el que vemos los reflejos es análogo al sentido en el
que vemos los objetos en este caso. De un modo semejante, aprehen- demos la imagen en una pantalla de televisión en virtud de nuestra aprehensión de las partes que la componen, y aprehendemos los suce- sos representados (los vemos sobre la pantalla) en virtud de nuestra aprehensión de las imágenes de la pantalla. Y, de nuevo, aprehende- mos (vemos) una vaca en virtud de nuestra aprehensión de la superfi- cie de la vaca que se nos presenta. Así pues, hay ejemplos familiares en los que, dadas las circunstancias adecuadas, aprehender una cosa es aprehender, no del mismo modo exactamente, otra. Por tanto, no es necesario que parezca que hay dos formas de aprehensión para que estemos justificados al decir que, en un proceso, se dan dos formas de aprehensión.
Los ejemplos de doble aprehensión difieren entre sí de diversas maneras, lo que no garantiza que alguno de ellos pueda utilizarse como modelo del tipo de doble aprehensión que, de acuerdo con el realista indirecto, se presenta en cada caso de percepción. ¿En cuál de los ejemplos anteriores, si es que sucede en alguno de ellos, se relacio- nan los dos objetos de aprehensión de un modo análogo a la manera en que el dato sensorial «interno» se supone que está relacionado con el objeto externo?
Los casos de los puntos y la imagen y de la superficie y la vaca son casos en los que los objetos directos de aprehensión constituyen o son partes integrantes del objeto indirecto. No es esto lo que buscamos: los datos sensoriales, de acuerdo con el realista indirecto, no son parte de los objetos externos. Sólo el fenomenalista desearía decir que los datos sensoriales que aprehendemos directamente pasan a ser partes constituyentes de los objetos que vemos, lo que demuestra que, al menos aquí, no nos encontramos con el tipo de caso que el realista indirecto está buscando.
Quizá sean más prometedores los casos de los reflejos en el espejo y los objetos reflejados, y de la imagen en la pantalla y los sucesos representados. En estos ejemplos, la relación entre los objetos directos e indirectos parece ser doble: los objetos indirectos causan los direc- tos y se parecen a ellos. Esto parece estar mucho más cerca de lo que buscamos, dado que es probable que el realista indirecto afirme, como hizo Locke, que ambas relaciones se dan entre los objetos externos y los datos sensoriales.
Sin embargo, ¿es realmente cierto que nuestros objetos directos internos (si tenemos tal cosa) se parecen a los objetos externos que los causan? Nuestro realista indirecto científico deseará restringir a las cualidades primarias la afirmación de que los datos sensoriales se ase-
mejan a los objetos externos, dado que niega que el color-tal-como-lo- vemos se parezca en modo alguno a la cualidad del color, tal y como se da en el objeto (su base de cualidades primarias). Pero es muy difí- cil suponer que los datos sensoriales pueden parecerse a los objetos materiales con relación a las cualidades primarias cruciales de forma y de tamaño. No tiene ningún sentido la cuestión de cuánto mide un dato sensorial o una parte de él. Y la impresión de un objeto cuadrado no es, ella misma, algo cuadrado, ni puede pensarse que comparta las propiedades relevantes del objeto cuadrado. Incluso si consideramos datos sensoriales de tipo visual, no podemos suponer que compartan las formas de los objetos que representan. En el mejor de los casos, podemos decir que un dato sensorial puede parecerse a una imagen pictórica de un objeto, pero, entonces, el parecido no se da entre dato sensorial y objeto, sino entre el dato sensorial y una imagen pictórica. El tipo de forma tridimensional que atribuimos a los objetos no es algo que puedan compartir nuestros datos sensoriales. Nuestros datos sensoriales sólo pueden ser semejantes a la manera en que los objetos
parecen, no a cómo sean. Pero esto no sirve, dado que nuestros datos sensoriales son exactamente la manera en que tales objetos parecen.
Si lo relevante no es la semejanza, ¿podemos retrotraernos a la relación causal entre objetos directos e indirectos de nuestros ejem- plos, para mostrar que son relevantemente similares a la idea del rea- lista indirecto de una doble aprehensión? El problema es que la rela- ción causal es incapaz de sostener la analogía por sí misma. Nuestra aprehensión en estos casos se concibe como algo doble: aprehende- mos tanto la imagen como los sucesos representados. Pero esto no es así por el mero hecho de que los sucesos representados estén entre las causas más importantes de las imágenes. Hay muchos sucesos que están entre las causas más importantes de las cosas que aprehende- mos, sin que se diga que aprehendemos de un modo análogo esos sucesos. En la mayoría de los casos, no los aprehendemos análoga- mente más de lo que aprehendemos a alguien por ver sólo su sombra. Sabemos que están ahí, pero este conocimiento, aunque lo denomine- mos aprehensión, no es relevantemente similar a nuestra aprehensión de la sombra. Vemos la sombra y no vemos a la persona. De modo que, si abandonamos la semejanza como fundamento de la analogía, des- truimos ésta, dado que lo que nos queda es insuficiente para sostener- la por sí mismo.
Las dificultades que hemos encontrado en la idea del realista indi- recto de una aprehensión doble no son definitivas, no constituyen una refutación del realismo indirecto. Pero sí nos dan una razón para bus-
car una teoría que no genere tantas dificultades. Una teoría tal sería, por supuesto, el realismo directo; pero, antes de volver a ella, debemos considerar brevemente los méritos o deméritos de otra teoría alterna- tiva.
Esta alternativa, que denominaré realismo inferencial, acepta que hay problemas en la noción de una aprehensión doble, y las evita abandonando una de las dos formas de aprehensión. Pero se diferencia del realismo directo al abandonar no el objeto directo interno o dato sensorial, sino el objeto indirecto externo. La teoría, por tanto, mantie- ne que no aprehendemos los objetos materiales en ningún sentido aná- logo a aquel en el que aprehendemos los datos sensoriales. Más bien, nuestro conocimiento de los objetos materiales es inferencial. [Un buen ejemplo de realismo inferencial es Russell (1926) y, más recien- temente, Ayer (1976).] Se sostiene que los datos sensoriales son los únicos objetos de aprehensión perceptiva, y que, a partir del conoci- miento de nuestros propios estados sensoriales, inferimos la presencia y naturaleza de los objetos materiales que los causan.
Una queja sobre este punto de vista es que convierte el mundo material en algo invisible. Comenzábamos tratando de explicar qué es ver, por ejemplo, un objeto material, y acabamos anunciando que tales cosas no pueden ser vistas en absoluto. Como poco, se trata de una consecuencia altamente inverosímil, pero no es letal. Es de suponer que el realista inferencial piense que debemos tragarnos esta medicina porque es nuestra obligación. Pero podemos proseguir con este asunto. Parece que la objeción escéptica, que no era concluyente en contra del realismo indirecto, sí podría serlo en contra del realismo inferencial. ¿Qué razones tenemos para suponer que hay cosas tales como los objetos materiales, si son invisibles, etc.?
La respuesta habitual a este ataque es señalar a generaciones de físicos, cuya práctica ha sido la de inferir lo inobservable a partir de lo observable. ¿No muestra eso que la inferencia de lo observable a lo inobservable no puede descartarse como principio? Pero la analogía es insuficiente. El físico infiere, a partir de la observación de objetos o sucesos estrictamente materiales y normales, un mundo mucho más remoto. La diferencia entre su práctica y la del realista inferencial no es la de que el mundo que infiere el realista inferencial sea remoto, sino la de que los objetos a partir de los cuales infiere no parecen tener las propiedades suficientes como para apoyar la inferencia.
El argumento del capítulo 5 contra la imposibilidad del lenguaje privado proporciona cierto apoyo para esta observación. Si no pode- mos instituir un lenguaje primario para la descripción de la experien-
cía sensorial, es decir, los datos sensoriales, no podemos esperar soste- ner la creencia del realista inferencial de que nuestro conocimiento de los objetos materiales se infiere completamente a partir de nuestra aprehensión primaria de datos sensoriales.
De modo que lo que nos resta por hacer es ponderar los méritos del realismo directo. La situación actual es que el realismo directo tiene una enorme plausibilidad intuitiva, pero que parece tener dificultades con el argumento del error. El realismo indirecto tiene menos plausibi- lidad, y los argumentos en su favor no son concluyentes. Los proble- mas que hemos encontrado para dar sentido a la idea de una doble aprehensión y un doble objeto parecen, por tanto, suficientes para que escrutemos con mayor detalle el realismo directo.
11.3. EL REALISMO DIRECTO Y LA EXPLICACIÓN