• No se han encontrado resultados

EL AUTOANÁLISIS DIFIERE DE LA "AUTOREPROBACIÓN"

PONGA EN PRACTICA AQUELLO QUE DISEÑO EN LA MENTE

EL AUTOANÁLISIS DIFIERE DE LA "AUTOREPROBACIÓN"

El autoanálisis es necesario, y cuando, a través de él, percibimos que nuestra mente está en una "posición" o "dirección" equivocada, basta que hagamos la corrección necesaria. No necesitamos y no debemos auto despreciarnos, ni auto

recriminarnos. A Dios no le gusta que nos despreciemos, pues todos nosotros somos hijos de Dios y siendo así, despreciarnos sería despreciar indirectamente a Dios.

Imagine que posee un diamante maravilloso y lo guarda en un lugar completamente oscuro. En ese lugar, permanecerá sin brillo, como si fuese una simple piedra. Pero, si lo coloca en un lugar claro, brillará intensamente. Guardado en un lugar oscuro o expuesto a la luz, el diamante continúa siendo el mismo, sin ninguna alteración en su calidad o en su precio. Sin embargo, en un lugar oscuro no brilla, porque allí, no es el lugar ideal para que el diamante pueda mostrar su resplandor. Lo mismo se puede decir en relación a las personas. Si el carácter de una persona no brilla, eso no quiere decir que ella sea inferior a los demás; significa solamente que la "posición" o la "dirección" de su mente no es la correcta. Basta, corregir esa "posición" o "dirección" y el carácter de esa persona pasará a brillar.

Por lo tanto, no se desprecie a sí mismo. No se recrimine. No se entregue a la autocompasión, considerándose inferior. No desprecie su "verdadera naturaleza". Concientice que es hijo de Dios. Si no consigue "brillar" es porque la "posición" o "dirección" de su mente no está correcta. Cambie la "dirección" de su mente, del odio hacia el Amor; del deseo de tomar hacia el deseo de dar; de la ira hacia el pensamiento pacífico; de la ansiedad hacia la serenidad... Esto es suficiente, para que su carácter pueda brillar esplendorosamente, como un magnífico diamante expuesto a la luz.

Antes que nada, concientice que es hijo de Dios, concientice que dentro de Ud. existe la naturaleza verdadera, que resplandece intensamente como un diamante expuesto a la luz. Las restricciones del hombre no son impuestas por factores externos; ellas resultan de la falta de concientización de su verdadero "yo". Según, una Sutra budista, Dai-tsuchishó-Nyorai, también no conseguía manifestar su poder espiritual mientras no tenía conciencia de que él mismo era un ser búdico.

La "auto humillación" puede parecer "virtud de modestia"; pero, en verdad, no pasa de una actitud mental negativa que restringe al hombre e impide su crecimiento

espiritual. Por lo tanto, aunque descubra sus fallas a través del autoanálisis, no debe reprocharse ni humillarse a sí mismo. Basta reconocer el error de su "posición" mental y corregirlo, creyendo firmemente: "Yo soy un ser grandioso, pues soy hijo de Dios".

Tal vez, algunas personas temen que ese tipo de convicción las vuelva presumidas. Pero eso jamás ocurrirá. La presunción, es la actitud de aquellos que buscan parecer superiores a los otros, justamente, porque se sienten incapaces. Es una actitud que difiere completamente de la actitud de los que se concientizaron, realmente, de su naturaleza divina. Estos jamás humillan a los demás, no tienen sed de poder. La sed de poder surge en una persona, cuando se siente oprimida por los demás y, como reacción, desea volverse superior y dominar a los otros. Se manifiesta como consecuencia del deseo de "no perder", y no como consecuencia de la concientización de que "somos hijos de Dios". Cuando nos concientizamos de que "somos hijos de Dios y somos uno con Él", nos volvemos capaces de amar a todas las personas, con la misma generosidad de Dios y no sentimos necesidad de oprimir o humillar a los otros. Aquellos que no consiguen amar imparcialmente a un gran número de personas, aún no poseen la verdadera conciencia de que son "hijos de Dios".

Mentalice constantemente: "Yo soy hijo de Dios". Así, surgirá una fuerza infinita en su interior. Hay personas que, aun habiendo encontrado esa fuerza infinita, la pierden y, desanimadas, comienzan a pensar que no sirve de nada hacer tal mentalización. Pero, hay otras que, a través de esa mentalización, manifiestan cada vez más esa fuerza y no sólo llevan felicidad a los demás, sino que también ellas mismas encuentran la felicidad y la prosperidad. ¿Por qué algunas personas dejan de manifestar esa fuerza infinita hallada a través de la concientización "yo soy hijo de Dios", mientras que otras continúan manifestándola incesantemente? Es, porque, aquellas usan esa fuerza para objetivos egoístas, aprovechándola sólo para su propio beneficio; mientras que éstas la usan para ayudar a un gran número de personas.

La fuerza manifestada para salvar muchas personas jamás se agota. Pero, la fuerza manifestada con el objetivo egoistico de salvarse a sí mismo, inevitablemente, acaba agotándose. En último análisis, las personas que procuran emplear sus fuerzas para objetivos egoístas actúan de ese modo, porque creen que aún no están salvadas y buscan obtener beneficios para sí mismos. Tales personas acaban anulando la fuerza que habían manifestado por la concientización "soy hijo de Dios", porque no demuestran en la práctica esa concientización.

Permita ahora que Dios viva en su interior

La Vida está siempre en movimiento, ya sea avanzando o retrocediendo. Aun cuando nuestra vida parece retroceder, no necesitamos estar tristes. A veces, nos sentimos deprimidos, perdemos el ánimo de trabajar y no logramos ver ninguna luz en nuestro futuro, como si nuestra alma estuviese envuelta en una densa nube. Pero, aun así no debemos perder las esperanzas. Sepamos que después de la tiniebla viene la luz. Las horas más oscuras de la madrugada son el anuncio de la alborada. La niebla, por más densa que sea, nunca es permanente. Es infalible, que la noche termine y que la niebla desaparezca.

Este mundo, es un mundo donde todo es la manifestación de la "atmósfera" producida por nuestras ondas mentales. Por lo tanto, la "cortina negra" que nos rodea debe ser abierta, no desde afuera, sino desde dentro de nosotros mismos. Ud. puede salir del mundo de la tiniebla ahora mismo. Es sólo querer. En verdad, las restricciones que parecen rodearlo no están en el exterior. Es Ud. que está "amarrándose" a sí mismo. Dentro de Ud. existe la fuerza infinita y para exteriorizarla, basta que se concientice de ella. La Sra. Dana G. nos contó lo siguiente:

Cierto día, ella estaba muy cansada, perdió completamente el ánimo y sintió como si estuviese en un callejón sin salida. Atormentada por innumerables problemas que estaban ocurriendo en su vida, intentó por todos los medios encontrar una salida; pero, todo fue en vano y se sentía completamente sin fuerzas para reaccionar. Ahora, sólo le restaba pedir ayuda a Dios, a través de la oración y oró. Sin embargo,

no logró sentir a Dios a su lado. Le parecía que Dios estaba en algún lugar muy lejos de ella. Tenía la sensación de que todo era negro a su alrededor y no sabía qué hacer. Sentía un gran sufrimiento en el alma imposible de traducir en palabras. Pero, la Sra. Dana G., continuó orando. Y entonces, súbitamente, le vino a la mente el siguiente pensamiento: "¿Dios se enferma?, ¿Se deprime?, ¿Se siente débil? ¡Nunca! ¡Él es fuerte, perfecto! ¡Y, ese Dios fuerte y perfecto, está dentro de mí, y es Él quien me abrirá el camino! ¡Yo no puedo lograrlo, pero Él sí! ¡Él lo conseguirá infaliblemente!".

Ese pensamiento hizo que sintiera un profundo alivio, como si alguien en su interior, estuviese acariciando suavemente su alma. Sintió una fuerza misteriosa que la empujaba hacia afuera de esa profunda "fosa", en la cual se encontraba y hacía que su alma se reavivara sin ningún esfuerzo. Su trabajo, que hasta hace poco lo consideraba aburrido, monótono y agotador, le comenzó a parecer un trabajo in- teresante y gratificante. Una voz, en su interior, le susurraba: "¡Eres hija de Dios! Por lo tanto, debes actuar como tal. Confía en tu Padre, deja que Él trabaje dentro de tí. ¡El, jamás fracasa!". Entonces, se sintió llena de una fuerza infinita.

Querido lector, sepa que, Dios es así. Él es una fuerza viva que nos estimula, nos orienta y hace aumentar nuestra propia fuerza. Pero, si queremos que la fuerza de Dios actúe dentro de nosotros, necesitamos ante todo, concientizar que Él está dentro de nosotros. Mientras, no nos concienticemos que "Somos la extensión de la Vida de Dios", no será posible recibir las bendiciones de Dios, su Sabiduría y su Amor. Aquél, que no reconoce la presencia de Dios en su interior, está, por así decir, "expulsando al Dios de su interior". Todo aquello cuya presencia no es reconocida por nuestra mente, es como si no existiese para nosotros. Hay, inclusive, un proverbio que dice:

“Cuando la mente está ausente, el hombre no ve a pesar de tener ojos, y no oye a pesar de tener oídos".

Dios está dentro de nosotros y su voz nos susurra en el fondo de nuestra alma, orientándonos y animándonos. Sin embargo, si nuestra mente está demasiado

aferrada a los sufrimientos y odios de este mundo, no podremos sentir la presencia de Dios dentro de nosotros, ni escuchar su voz que susurra en nuestra alma.

A veces, nos asalta la duda. La fe en la existencia de Dios huye de nuestro corazón y nos sentimos inseguros. Pero, aun cuando pensamos que Dios no existe, Él está con nosotros, está en nuestro interior y nos hace vivir. Eso es comparable al hecho de que, aunque una persona desconozca la existencia del aire, está siendo mantenida viva, gracias a él. Ahora, supongamos que esa persona tenga conocimiento de la existencia del aire y efectúe una respiración profunda. Se sentirá agradecida al aire y sentirá sus beneficios. Lo mismo ocurre, en relación a Dios. Cuando, nos concientizamos de su existencia, podemos gozar más plenamente de sus bendiciones.

Cuando se sienta angustiado y deprimido, y no sepa qué hacer, debe esforzarse para efectuar un cambio de actitud en su mente. Trate de no pensar más en sus

"angustias", en su "fosa". No se aferré a ella. Cambie la "posición de su mente", diríjala hacia Dios, hacia la Luz. Dios jamás se angustia o se deprime. Y Ud., que es hijo de Dios, no debe angustiarse ni deprimirse. Concientícese de que Dios está aquí y ahora, dentro de Ud. No crea en la existencia real de males, infelicidades y dificultades. Crea que sólo son productos de la ilusión de la mente humana y que dentro de Ud. existe la fuerza infinita de Dios, capaz de extinguir todos los tipos de males, infelicidades y dificultades.

Debemos, conocer el gran poder de la mente. La mente es la creadora de las cosas. Y, nosotros, tenemos la gran capacidad de cambiar libremente nuestra "posición mental".

Tengamos la pureza mental de un niño. Cuando un niño va de paseo, vive únicamente la alegría y el placer del momento, sin perturbar su mente con preocupaciones innecesarias. Así debemos ser, en relación a nuestro modo de vivir: dirijamos nuestra mente hacia Dios, que está ante nosotros y vivamos ahora, con alegría y placer la "vida de un hijo de Dios". Repitamos mentalmente, con toda firmeza: "Yo soy hijo de Dios y nada me atormenta". Por más grandes que sean las

dificultades que aparezcan en nuestra vida, no es nada ante la infinita fuerza de Dios que existe en nosotros. No hay problemas que no puedan ser solucionados

cuando esa fuerza (Dios en nosotros) pone en acción nuestra mente. Dios está dentro de Ud. Por eso, jamás fracasará.

CAPITULO XVII

LA CONCIENTIZACION QUE HACE EXTERIORIZAR LA