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LA FUERZA QUE LAS DIFICULTADES HACEN NACER EN NOSOTROS

En uno de sus discursos proferidos en Washington, Theodore Roosevelt (26avo. Presidente de los Estados Unidos) dijo: "Es realmente lamentable que muchos de nuestros ciudadanos retrocedan desanimados ante una dificultad. Quiero, en este momento, exhortaros para que os irgáis y arranquéis del fracaso vuestra victoria". ¡Erguiros y arrancad del fracaso vuestra victoria!. Esta es la enseñanza que me gustaría dirigirles a los jóvenes de hoy. También en el libro "Oraciones y entrenamiento espiritual de las familias pertenecientes a Seicho-No-Ie" existe un precepto que dice: "Aun cuando fracase, estoy preparado para erguirme inmediatamente y mirar hacia la luz". Éste, es el secreto de las personas que vencieron en la vida, superando todas las dificultades con valor y orgullo.

Queridos lectores, por más amargas y duras que hayan sido sus experiencias en el pasado, no permitan que su mente se aferré a ellas. Todos necesitamos trascender el "fenómeno" que se manifiesta a nuestros ojos, superar las dificultades y mirar sólo el éxito que, en verdad, ya nos fue dado en el Mundo de la Imagen Verdadera. Puede ser que, a lo largo de sus vidas, hayan fracasado al tratar de conseguir algo que deseaban, como por ejemplo: la realización de un proyecto, el éxito en un examen de ingreso, el Amor de alguien a quien querían de todo corazón, etc. Pero no deben tener su mente indefinidamente presa a esos fracasos o errores ni quedarse sin ganas de proseguir en la lucha, pues los que así actúan no pasan de ser personas mediocres. Los verdaderos hijos de Dios son fuertes y jamás se aferran a los fracasos sufridos. Las dificultades son buenos "exámenes" para probar la capacidad del hombre-hijo de Dios. Justamente, cuando perdemos todas las cosas en el mundo exterior, es que nos surge la oportunidad propicia para constatar la fuerza que existe todavía dentro de nosotros. Si se desaniman pierden las ganas de

proseguir y desisten de luchar pensando que todo en su vida va mal y parece que no hay más esperanzas. Entonces, están revelando simplemente que no poseen ninguna fuerza interior. Aquellos que resisten con valentía a todas las adversidades, que no pierden la confianza de su propia capacidad, que se levantan cada vez que caen y avanzan persistentemente - esos sí, prueban poseer dentro de sí una fuerza más poderosa que las presiones de sus dificultades.

"Ya no puedo levantarme más, porque fueron muy numerosas las adversidades que me abatieron...". Quien dice esto, está confesando la insignificancia de su fuerza ante las adversidades. Y esto es una gran tontería. Uds. necesitan conocer su verdadera naturaleza, que es la de "hijo de Dios" dotado de fuerza infinita. Su naturaleza verdadera es divina; por lo tanto, son omnipotentes e invencibles. Para Uds., para los "verdaderos ustedes", es imposible que exista cualquier tipo de fracaso. Por más numerosos que sean los aparentes fracasos, éstos son, apenas, "obras fundamentales" que anteceden al "éxito". Para asentar las bases de un gran edificio, es fundamental, en primer lugar, nivelar y afirmar la tierra con pesados tractores. Cuanto más fuertemente se pisa, más firme se vuelve el suelo, permitiendo, así, la construcción de un enorme edificio sobre él.

Todos los grandes personajes que sobresalieron en la Historia pasaron por diversos fracasos y adversidades, gracias a los cuales pudieron pulirse a sí mismos y probar que no eran simples "carbones de piedra", sino "verdaderos diamantes". Infaliblemente, logran alcanzar sus objetivos las personas que, aun ante los peores fracasos, continúan conscientes de su naturaleza divina, no pierden el valor ni la autoconfianza, se levantan inmediatamente de una caída y prosiguen firmes en su objetivo.

Si son valientes y decididos, tienen firmeza de carácter y están conscientes de su propia fuerza que no disminuye ante ninguna dificultad, entonces no habrá ninguna cosa que pueda vencerlos. Las infelicidades, los fracasos y las adversidades no representarán, al final, nada más que entrenamientos para su mayor fortalecimiento. En este mundo, hay personas que ostentan la calma y la

autoconfianza de los fuertes cuando todo marcha bien; pero, una vez envueltos en algún acontecimiento inesperado y conducidos a sucesivos fracasos y a la pérdida de todos sus bienes, abandonan aquella pose, aquel aire de importancia, se dejan vencer por el desánimo, la melancolía y la desesperación, no consiguiendo crear el valor necesario para levantarse y proseguir luchando. Es evidente, que tales personas no pueden ser consideradas en realidad, fuertes y valientes. En las horas de infelicidad o ante un inminente peligro es cuando se puede saber si la fuerza y el valor de una persona son genuinas o no pasan de una "pintura superficial".

Por mayor que sea nuestro fracaso, es imposible que no encontremos ninguna esperanza que nos anime a levad! tamos y seguir avanzando. Sean cuales fueren las dificultades, las personas realmente valientes no flaquean; al contrario, consiguen ser aún más fuertes. Por lo tanto, se necesita mantener el ánimo, incluso cuando se pierde toda lo que se poseía. Jamás perdamos el valor. El ánimo y el valor constituyen la llave que abre las "pesadas puertas de las dificultades" y nos permite seguir siempre adelante. ¡Aun al enfrentar las mayores dificultades, los hombres realmente valientes no piensan dejar grabados en su "diario de la mente" esos pasajes de su vida!. No consideran, esas dificultades como algo tan importante que merezca permanecer en "su historia". Para ellos, sólo la victoria y los; éxitos tienen importancia y merecen ser registrados en la historia de su vida; ninguna adversidad, ninguna dificultad y ningún fracaso tienen la fuerza suficiente para arrasarlos definitivamente. Aun cuando sufran los más duros fracasos, no pierden la calma. Mientras que los débiles retroceden tambaleantes, los fuertes se mantienen firmes y tranquilos. Aunque la tempestad se desencadene con furia, la enorme roca no se mueve ni un milímetro, continúa erguida, inalterable y majestuosa.

W. Phillips dijo cierta vez: "¿Qué importa el fracaso? Sólo es el primer paso para alcanzar mayor altura". También el iniciador de la secta Tenri dijo: "Las adversidades son como los nudos de los árboles. Es de los nudos que brotan las hojas nuevas". Muchos de los grandes personajes de la Historia lograron vencer solamente después de haber pasado por repetidos fracasos. Ciertamente, ellos no

habrían obtenido la verdadera y gran victoria si no hubiesen sufrido ningún fracaso. El fracaso posee un misterioso poder que nos ayuda a extraer la grandiosa fuerza que está oculta en nuestro interior. Aunque una persona posea dentro de sí, una capacidad realmente grande, no podrá manifestarla, si lleva una vida holgada, cómoda, libre de incomodidades, de oposiciones y obstáculos de cualquier especie. Solamente, las dificultades y las adversidades tienen el poder de extraer al "héroe" y al "genio" ocultos dentro de aquellos que, aparentemente, no poseen ninguna cualidad especial. A medida que son obligados a pasar por duros entrenamientos, los perezosos se van transformando y comienzan a manifestarse como personas realmente muy valientes. La función de entrenador corresponde a las adversidades y dificultades.

El caballo no puede manifestar toda su fuerza y valor mientras vive caminando sólo por terrenos planos y seguros, guiado por su dueño. Solamente, al ser soltado y tener que caminar por sí mismo, podrá manifestar plenamente su vigorosa fuerza salvaje.

Es muy importante, que descubramos en nosotros el "yo verdadero". Dentro de un ambiente excesivamente ameno, el "yo verdadero" no exterioriza su poderosa fuerza. Cuando nos encontramos a un paso de una desgracia y sentimos que el "yo falso" no puede hacer nada más, se manifiesta entonces, la Imagen Verdadera, o sea, el Yo verdadero, el hijo de Dios. Por eso, tiene el poder de transformar cualquier adversidad e infortunio en beneficio y felicidad.

Existen muchos casos de jóvenes nacidos y criados en hogares millonarios, los cuales no pasaban de jóvenes mediocres mientras llevaban esa vida confortable; pero que, ante el fracaso de los negocios de la familia, se ven en la necesidad de enfrentar los hechos. Entonces, sienten nacen una fuerza y capacidad infinitas, se lanzan a la lucha comí gran valor y finalmente logran vencer las dificultades, mostrando así, su verdadera y gran capacidad. Como vemos, las dificultades y hasta las situaciones aparentemente desesperadoras, estimulan la fuerza infinita alojada en el hombre y le permiten realizar tareas grandiosas, las mismas que antes le

parecían absolutamente irrealizables. Las dificultades hacen que surjan en nosotros una fuerza tan grande, que ni imaginábamos poseer.

Una joven rica se casa con un joven también rico y todo anda a las mil maravillas durante algún tiempo. Pero, un día, su esposo fracasa en los negocios y, además de perder todos los bienes, se enferma y queda imposibilitado para trabajar. La esposa, comprendiendo que le corresponde a ella sustentar a sus suegros ya ancianos, a su esposo enfermo y a sus hijos pequeños, se empeña en la lucha "con uñas y dientes" y, de una forma u otra consigue superar esa crisis. Casos como éste ocurren frecuentemente en este mundo. ¿Cómo puede una mujer aparentemente sin preparación aguantar esa dura lucha por la supervivencia? Porque todas las personas, sin excepción, poseen dentro de sí una asombrosa capacidad, que pasa desapercibida cuando la vida transcurre con tranquilidad, sin ningún problema. Ante algún peligro inminente, cualquier persona logra manifestar una fuerza superior a lo normal. Las dificultades trasforman a los "enanos" en "gigantes", o sea, a las personas mediocres en héroes. Si, a pesar de no estar ante ninguna dificultad, sabemos cómo extraer esa fuerza infinita que se aloja en nosotros, entonces podremos seguramente, "crecer" cada vez más y convertirnos en personas realmente valientes. Es inconcebible que el hombre, el cual fue creado a perfecta imagen de Dios, termine sus días en la mediocridad, sin realizar ninguna obra de valor. Si parecemos sólo mediocres, no es porque Dios haya cometido alguna falla al crearnos, ni porque estemos destituidos de la capacidad de realizar grandes obras. Simplemente ocurre, que no estamos exteriorizando la gran capacidad de la cual estamos dotados. Y lo que nos estimula a manifestar esa capacidad son los golpes que recibimos del mundo que nos rodea. Cuanto mayor es la fuerza con que se patea la pelota de fútbol, mayor distancia alcanza. Lo mismo ocurre con el hombre: cuanto mayor cantidad de "golpes" recibe, mayores alturas conseguirá alcanzar. Por lo tanto, no debemos temer las dificultades, los fracasos, ni las burlas de los demás. Alguna vez en la vida, cualquier persona se ve ante algún obstáculo demasiado grande, que parece intraspasable. Sepamos, que tales adversidades nunca surgen

para arrasarnos. Debemos sentirnos agradecidos por esas dificultades, reconocer sus efectos benéficos sobre nosotros, e ir superando nuestras debilidades, con la convicción de que Dios jamás da al hombre una dificultad que no pueda superar. Si procedemos así, los hechos que creíamos que habían surgido para destruirnos, terminan transformándose en acontecimientos que nos traen muchos beneficios, en vez de destrucción. Así, necesitamos comprender que todos los problemas de nuestra vida nos traen beneficios, y debemos esforzamos para solucionarlos con nuestras propias fuerzas, manteniendo firme la convicción de que a través de él podemos exteriorizar cada vez más la gran capacidad d nuestro "Yo verdadero".

CAPITULO XIV