Pascal, gran científico y pensador francés (1623-1662), dijo: "Aquél que, influenciado por el poder de las palabras negativas, se juzga a sí mismo tonto, sólo porque alguien le dijo eso, terminará convirtiéndose realmente en un tonto". Esto es verdad, así como es verdad que "aquél que cree en su propia capacidad será realmente capaz". Muchas personas no consiguen corregir sus fallas porque se quedan pensando en el error cometido, lo que equivale a reforzar el poder de las palabras negativas formuladas por la mente. Las fallas imaginadas, diseñadas o grabadas varias veces en la mente del hombre, se infiltran profundamente en su subconsciente y, con el pasar del tiempo, se vuelven difíciles de corregir. Supongamos que, un empleado cometa un error y sea reprendido por su superior de la siguiente manera: "¡Eres un tonto!". El empleado queda deprimido y piensa: "Tiene razón. Soy un tonto..." Y como no puede librarse de esa idea, se vuelve cada vez más inseguro e ineficiente y termina cometiendo errores peores que los de antes.
Debemos, saber que es imposible volvernos "sabios" manteniendo en la mente la idea de nuestra propia "incapacidad y estupidez", de la misma forma como es im- posible llegar a un punto en dirección oeste, caminando rumbo al este.
No podremos librarnos de nuestros defectos, si pensamos en ellos constantemente. Naturalmente, es necesario que tomemos conocimiento de nuestros propios defectos, a través de un honesto autoanálisis. Pero, ¡Una vez descubiertos los
defectos, no debemos aferramos a ellos, sino mentalizar firmemente, las cualidades que se oponen a esos defectos!. Y, así, podremos librarnos de nuestros
defectos. Por ejemplo, si nos analizamos honestamente y descubrimos que somos "perezosos", no debemos pensar todo el tiempo: ¡"Soy perezoso...!". Así, nunca podremos libramos de ese mal hábito llamado "pereza". Si queremos realmente
dejar de ser "perezosos", debemos mentalizar constantemente: "Yo soy trabajador, yo soy trabajador...". La idea es la "fuerza motriz" que hace posible la realización de todas las cosas. Así, cuando la idea de que "somos trabajadores" se infiltra profundamente en nuestro subconsciente, ésta pasa a actuar en el sentido de hacer que nos volvamos realmente trabajadores.
Si, por equivocación, ingerimos un veneno, el médico nos administra inmediatamente un antídoto que neutralice los efectos de ese tóxico. Del mismo modo, si estamos "intoxicados" por el mal llamado "pereza", debemos "tomar rápidamente un antídoto", en vez de agravar nuestro estado, meditando la idea: "Soy sólo un perezoso". El mejor "antídoto" para borrar la idea: "Soy perezoso" es, sin duda alguna, la idea: "Soy trabajador". Si una chispa de fuego, cayese en un recipiente conteniendo óleo y provocase un incendio, nadie cometería la estupidez de tratar de apagar el fuego echándole más óleo. Todos saben, que el fuego sólo puede ser apagado echándole otro elemento que neutralice sus efectos. Lo mismo sucede con nuestras "ideas". Si estamos sufriendo los efectos de una "idea negativa", debemos librarnos de ella haciendo nacer en nuestra mente una "idea opuesta", o sea, una "idea positiva".
Pascal dijo, también, lo siguiente: "La dignidad del hombre está en su capacidad de pensar. Y, tiene el deber de pensar de manera correcta". Frecuentemente, pensamos en cosas negativas, a pesar de desear ser mejores de lo que somos ahora. Necesitamos comprender que "pensando en cosas negativas nos ocurrirán cosas malas". El hombre jamás podrá ser realmente feliz, mientras no aprenda a pensar correctamente. Es fundamental que todos tomemos conciencia de la naturaleza sublime del hombre y pensemos en su dignidad, su felicidad y su grandeza. Pero, lamentablemente, son muchas las personas que consideran al hombre como una insignificante "partícula de moho, surgida en la faz de la Tierra", un "animal pensante", un ser sujeto a toda especie de desgracias y enfermedades. Y, con esos pensamientos negativos, se han colocado a sí mismas en un triste estado de degradación. Es primordial que salgan, inmediatamente, de esa degradación, de esa
miseria.
En primer lugar, visualice la grandiosidad del hombre, su dignidad y su naturaleza sublime y crea firmemente que el hombre, siendo hijo de Dios, es dueño de una gran fuerza y salud perfecta, que no disminuyen ni desaparecen bajo ninguna circunstancia. Sepa que la falta de salud es el mayor obstáculo para la manifestación de todas las grandes potencialidades del hombre en esta vida y que un estado enfermizo es siempre el reflejo de pensamientos y sentimientos negativos.
Todas las células y todos los órganos del cuerpo humano son susceptibles a la influencia de la mente. Por lo tanto, debe siempre, examinar su mente y descubrir qué tipo de pensamientos ella guarda. Si está repleta de optimismo, paz, bondad, armonía y Amor al prójimo, puede estar seguro de que todo eso constituirá la base de su salud física y, también, de su éxito. Si, por el contrario, su mente está llena de pensamientos negativos, se sentirá siempre afligido o irritado y su salud será grandemente perjudicada!. De todos los pensamientos negativos, uno de los peores es el egoísmo. Nada es más perjudicial para la salud. Ya que el egoísta, se ama solamente a sí mismo y considera al resto de la humanidad como enemigos, está siempre tenso, pronto para defenderse. Con tal actitud mental, jamás conseguirán tener una relación humana afectuosa y armoniosa; por lo; tanto, se perjudica más a sí mismo que a los demás. ¡Mantener pensamientos negativos, es lo mismo que agredirse constantemente uno mismo!. Si viésemos a un individuo que se agrede a sí mismo con su propia arma, diríamos que es un loco. Sin embargo, la verdad es que en este mundo existen muchas personas cuyo comportamiento se asemeja al de ese loco. Necesitamos, pues, estar siempre atentos a nuestros pensamientos, para no caer en la locura de agredirnos con nuestras propias armas, o sea, de perjudicarnos a nosotros mismos con nuestros pensamientos negativos. Sepamos, que el hombre, como hijo de Dios, viene a este mundo con la misión de mantener los pensamientos correctos y positivos, de modo que, pueda manifestar siempre buena salud y progresar cada vez más.
entristece, dejamos de llevar una vida ordenada en todos los sentidos, vemos el mundo como una "muralla" de oscuridad que nos oprime y terminamos con la salud debilitada. Los sentimientos y pensamientos desarmoniosos, tales como la ira, el miedo, la aflicción, la irritación, etc., contribuyen en gran medida a volver deficientes nuestras funciones fisiológicas. Citemos algunos ejemplos: la tristeza prolongada, frecuentemente es la causa del cáncer al estómago o del reumatismo, conforme ya fue comprobado por numerosas personas; el estado espiritual negativo de la madre, influye en la cantidad y calidad de la leche y, consecuentemente, provoca varios tipos de enfermedades en el bebé; la presencia constante de pensamientos egoístas, celos, sospechas, etc., puede provocar enfermedades crónicas en el aparato digestivo o graves disturbios en el hígado; las constantes y exageradas preocupaciones por el futuro provocan, a veces, entor- pecimiento en alguna parte del cuerpo (ese entorpecimiento no es nada más que la manifestación del deseo de olvidar el miedo ante la inseguridad del futuro); la explosión de ira altera fuertemente los nervios y, a veces, causa el derrame cerebral o la enfermedad de Parkinson.
En los hogares, donde los integrantes de la familia viven peleando entre sí, no cesan las enfermedades. También, podemos decir que, los conflictos y los miedos son los peores enemigos de la humanidad, pues, causan todo tipo de infelicidades, desastres y enfermedades. Cualquiera, que sea el pensamiento o sentimiento negativo que tengamos, siempre deja nítidas marcas en nuestro cuerpo. No sería exagerado decir, por ejemplo, que "cada vez que nos enojamos, aumenta el número de arrugas en nuestro rostro". Además, los sentimientos negativos, ásperos y desagradables, no sólo marcan nuestro rostro con feas arrugas, sino que también deforman nuestro carácter y hacen que nos volvamos más susceptibles de tener "pensamientos de desarmonía". En el Budismo, se le da a eso el nombre de "manifestación de los karmas". Si dejamos que surja en nuestra mente cualquier pensamiento vil, despreciable o perverso, éste quedará grabado en nuestro carácter y tendremos que sufrir sus consecuencias durante mucho tiempo. El surgimiento
momentáneo de pensamientos y sentimientos negativos o la explosión repentina de emociones violentas son cargas que dejan alguna marca en nosotros.
Hay diferentes actitudes mentales que se pueden tomar en una misma circunstancia o en un mismo incidente: podemos encolerizamos, podemos soportar pacientemente, o, podemos aceptar todo con espíritu de gratitud. Nuestra actitud mental ante cada circunstancia irá moldeando nuestro carácter, y éste a su vez, determinará nuestro destino futuro.
Existieron muchos casos de jóvenes empresarios o jóvenes profesionales que tenían un futuro prometedor; pero, terminaron destruyendo su propio destino, por haber explotado en cólera cuando debían haberse controlado. Podemos decir, que las personas que tienen frecuentes "explosiones" de cólera se alejan, por sí mismas, de la felicidad. Para que nuestros negocios prosperen, es fundamental, que el ambiente en el cual trabajamos, esté repleto de "atmósfera de prosperidad". Si nuestra oficina o nuestra tienda están impregnadas de una "atmósfera de ira", no podremos atraer buenos clientes, pues la "ira", siendo una vibración mental negativa, impide su aproximación.
Entre las "fallas de carácter" del hombre, una de las peores es el "hábito de buscar defectos en los demás". Las personas que son así, no están contentas hasta no descubrir algún defecto en los demás y no difundir eso a los cuatro vientos. Es evidente, que un empresario con tal falla, de carácter no podrá contar con fieles colaboradores en el momento de realizar algún emprendimiento. Hasta, los más antiguos y dedicados empleados terminarán abandonándolo y censurándolo. Esto ocurre porque, de acuerdo a la ley mental, "cada persona recibe con la misma moneda con que paga".
Debemos, combatir y eliminar definitivamente no sólo el "hábito de señalar los defectos ajenos" sino, también, todos los demás "malos hábitos mentales". Según, las enseñanzas de Cristo, los enemigos del hombre están dentro de él mismo, bajo la forma de "pensamientos y sentimientos negativos". El verdadero valiente (victorioso), es aquél que logra dominarlos con su propia fuerza de voluntad.
Debemos tratar siempre de combatir y eliminar los "malos hábitos mentales", tales como: temer, entristecerse, enojarse por cualquier cosa, odiar a los otros, guardar rencor, tener envidia, maldecir, señalar los defectos ajenos y hacer comentarios maliciosos, afligirse ante la menor señal de cualquier incidente indeseable, pensar indefinidamente sobre los hechos ya consumados, etc., etc. No debemos dejamos dominar por esos pensamientos y sentimientos negativos, sino combatirlos para ser verdaderos victoriosos.
Uds. necesitan preparar su mente para que ella se vuelva capaz de dirigirse inmediatamente hacia la "luz", o sea, hacia el lado positivo, siempre que estuviesen prestos a adquirir malos hábitos, siempre que estuviesen prestos a tener pensamientos negativos. Si permanecen, meditando pensamientos negativos, éstos aumentarán y también aumentará la mala influencia sobre Uds. Por lo tanto, aunque ocurran cosas desagradables, no deben ver esos acontecimientos con los "ojos de la mente". En otras palabras, deben evitar que esos acontecimientos desagradables se queden grabados en su mente. Para ello, deben mentalizar así: "Ese acontecimiento desagradable, no es real. En el mundo perfecto creado por Dios, es imposible que existan cosas desagradables. Esta mala situación, manifestada en este momento es, en verdad, el prenuncio de algún buen acontecimiento que mejorará aún más mi destino. Creo firmemente que nada malo ocurrirá".
A través de esa mentalización, deben transformar el acontecimiento infeliz, en "oportunidad" para volver más feliz y luminoso el futuro. Lo esencial, es expulsar de la mente el temor de que puedan ocurrir cosas malas. ¡Descubran siempre el lado positivo de las cosas, vean la luz y la esperanza en cualquier situación y mantengan sus corazones repletos de valor!. Las tinieblas jamás conseguirán aproximarse a una mente luminosa, o sea, a una mente repleta de pensamientos positivos. Estando
siempre con la mente repleta de luz, de alegría, de pensamientos pacíficos y armónicos, con certeza, conseguirán impedir la aproximación de cualquier infelicidad, infortunio o enfermedad.
Los sentimientos negativos, como el miedo, la ansiedad, la tristeza, el temor de los acontecimientos futuros, el odio, la ira, etc., sólo desgastan nuestra energía vital. Corroen nuestra alma y terminan con nuestra energía vital, de la misma forma que los virus de las epidemias corroen el cuerpo carnal y roban su vigor. Aquél que es incapaz de controlar su propia mente y que se deja dominar por pensamientos y sentimientos negativos, está haciendo lo mismo que permitir la invasión de grupos enemigos en sus territorios, dejando que saqueen y devasten todo lo que allí encuentren. Es una especie de esclavo, pues se rindió a sus enemigos (pensamientos y sentimientos negativos) y perdió su libertad. Debemos estar siempre atentos para no caer en ese error. Necesitamos ser capaces de alterar libremente nuestro "estado espiritual". Aquél, que se deja llevar por su propio "estado espiritual", desanimado y sólo resuelve realizar algo "cuando se siente dispuesto" a eso, no es dueño de sí mismo, no pasa de ser un esclavo siempre a merced de su "estado espiritual". Debemos, controlar libremente nuestro "estado espiritual", a fin de sentirnos siempre alegres y felices. Para eso, lo primero que debemos hacer es expulsar todos los pensamientos y sentimientos negativos, mentalizando con firme convicción: "Yo estoy vivo, aquí y ahora, porque el Creador me envió a este mundo con la misión de realizar una obra maravillosa. Mi corazón está libre de cualquier miedo o preocupación, pues Dios está siempre conmigo. Sé que Él crea sólo cosas buenas y jamás crea cosas malas que causen temor o preocupaciones. Habiendo recibido de Dios mi misión, sigo adelante, impregnado de la fuerza de Dios. Y no existe nada que pueda detener mi marcha".
Para finalizar, vuelvo a decir: solamente, aquél que es capaz de controlarse a sí
mismo (a su propia mente), consigue ser un verdadero victorioso. El ambiente que
rodea al hombre es el reflejo de su propia mente. Porque solamente, aquél que es capaz de controlar su mente, puede dominar el ambiente que le rodea.