¿Afirma la Biblia que el bautismo sea necesario para la salvación? Algunos dicen que los adultos que creen no se salvan hasta que también hayan sido bautizados. Profeta, la denominación iglesia de Cristo enseña que Dios obra a través de este ritual para dispensar su salvación y gracia. Se utilizan tres pasajes básicos de las Escrituras para enseñar esta doctrina. El primero está formado por las palabras de Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Jn. 3:5).
¿Qué quiso Jesús dar a entender? Una regla fundamental de interpretación es que nos pongamos en el lugar de la persona a quien fueron dirigidas las palabras, en este caso Nicodemo. ¿Habría él interpretado la palabra agua como una referencia al bautismo? En vista de su trasfondo judío, eso es muy poco probable. Como estudiante del Antiguo Testamento es posible que haya pensado en Ezequiel 36:25: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré”. Aquí agua se refiere al Espíritu Santo como un agente purificador, como lo muestra el versículo siguiente: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros”.
Los estudiantes de griego han señalado que Cristo puede haber hecho un juego de palabras. La palabra griega pneuma (traducida “espíritu”) es de hecho la palabra para aludir a “viento”. Se puede traducir “espíritu” o “viento” dependiendo del contexto. Es posible que Cristo estuviera diciendo: “A no ser que un hombre nazca de agua y viento, no puede entrar en el reino de Dios”. Unos versículos más adelante Cristo utiliza la misma palabra y dice: “El viento sopla de donde quiere”. Tanto las fuerzas naturales de agua y viento son representaciones simbólicas de la obra del Espíritu Santo.
En todo caso, el agua se emplea muchas veces en la Biblia como una ilustración de la obra del Espíritu Santo (en el pasaje citado arriba, por ejemplo). Es impensable que Cristo añadiera
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el requisito del bautismo para tener entrada al reino de los cielos cuando habló con Nicodemo, y que no hiciera mención del mismo en otra parte. Si el bautismo fuera necesario para la salvación, esto se habría afirmado con claridad en otros textos. En lugar de ello, la fe sola se menciona como el único requisito, y de hecho en ese mismo capítulo se menciona creer como la única base para la salvación (3:36).
El otro pasaje utilizado es Hechos 2:38, donde Pedro dijo en el día de Pentecostés: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.
La mención de arrepentimiento y bautismo no significa que ambos sean necesarios para el perdón de pecados. Yo puedo decir: “Toma las llaves y el abrigo y enciende el automóvil”. Eso no significa que sea necesario llevar el abrigo para encender el auto a pesar de que se mencione junto a las llaves en la misma frase. El arrepentimiento, y no el bautismo, es necesario para el perdón de los pecados.
La gramática griega confirma esta interpretación. La frase “y bautícese cada uno de vosotros... para perdón de pecados” en realidad está entre paréntesis. El mandato de arrepentirse está en plural: “Arrepentíos”, así como la frase “para perdón de los [plural] pecados”. Esto significa que el mandato de arrepentimiento concuerda por construcción gramática con el perdón de pecados, mientras que el mandato de bautizarse está en singular: “bautícese cada uno de vosotros”, lo cual se encarga de separarlo del resto del enunciado. “Arrepentios... para perdón de pecados” es el punto central del mandato. Nótese que en Hechos 10:43 Pedro mencionó la fe como el único requisito para recibir el perdón de pecados.
El tercer pasaje está en 1 Pedro 3:21, donde Pedro escribió: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva”. Esta frase debe ser interpretada a la luz del contexto. Se dice que el bautismo nos salva tal como Noé fue salvado por el agua. ¿Cómo salvó el agua a Noé? El agua no le salvó en absoluto, sino que
fue el instrumento del juicio divino. El arca fue lo que le salvó en realidad al impedirle entrar en contacto con el agua. Esta arca fue construida por fe y Noé y su familia entraron a ella por fe.
Pedro prosigue explicando que el agua del bautismo tampoco nos salva. El bautismo salva, dijo él, pero no por el acto físico de ser lavados, “no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios por la resurrección de Jesucristo”. El agua no salvó a Noé, y las aguas del bautismo tampoco nos salvan. ¿Qué es lo que salva? La aspiración de una buena conciencia hacia Dios. Esa palabra aspiración se puede traducir “respuesta”. La gente de aquel tiempo tenía que hacer una declaración de fe antes de bautizarse. La fe de la cual dan testimonio es lo que salva.
Pensemos en esto por un momento. Sabemos que Dios con cede el regalo de la salvación a aquellos que creen. ¿Cómo puede salvar a alguien la declaración de fe que se hace en el bautismo? ¿No es ese testimonio un resultado de la fe salvadora antes que el acto de fe salvadora? Una mirada más detallada al texto sugiere que lo que Pedro tenía en mente era que la disposición voluntaria de confesar a Cristo en el bautismo salva a la persona de una conciencia de culpa. Notemos su admonición anterior: “teniendo buena conciencia” (v. 16). El contexto tiene que ver con estar dispuesto a sufrir por Cristo sin importar lo que cueste. El bautismo es una afirmación pública de identificación con Cristo; nos salva de la tentación de guardar silencio acerca de la fe que tenemos. Es, como lo dijo Pedro, “la aspiración de una buena conciencia hacia Dios”.
En resumidas cuentas, el agua no salvó a Noé sino que él pasó por ella con seguridad gracias a su fe en Dios. El agua tampoco salva a la persona que se bautiza, sino que pasa por ella con seguridad, como una representación de muerte y juicio. Al ser introducido y luego sacado del agua bautis
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resurrección a la vida nueva. Así venga la persecución, tal testimonio le permite mantener una conciencia limpia ante Dios.
Si alguien llega a pensar que el bautismo es necesario para la salvación del pecado, debería considerar con seriedad las palabras de Pablo dirigidas a la iglesia en Corinto, ya que hizo una lista de todas las personas a quienes recordaba haber bautizado: tan solo a Crispo, Gayo y la familia de Estéfanas. El apóstol añadió de inmediato: “no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio” (1 Co. 1:17). Si el bautismo fuera necesario para la salvación, Pablo se habría asegurado de que todos los que creyeron fueran bautizados, pero él distinguía con claridad entre el evangelio y el acto del bautismo.
Si el bautismo fuera necesario para la salvación, el ladrón en la cruz no se habría podido salvar, ya que no fue bautizado después de haber creído en Cristo. El hecho innegable es que tuvo seguridad de salvación dada por el Señor mismo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23:43).
Las ordenanzas del Nuevo Testamento son como un anillo de bodas. Es posible estar casado y no tener puesto el anillo de bodas; también es posible llevar un anillo matrimonial y no estar casado. Aquel bautismo tiene un elevado nivel de prioridad en el Nuevo Testamento, nunca es considerado como medio de salvación.