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Los honores otorgados a María

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Después que se asignó a María un lugar de honra especial, llegaron a aceptarse diversas tradiciones acerca de ella. A continuación se encuentra una lista de doctrinas sacadas de un libro de texto que se titula Fundam entos del dogma católico

escrito por Ludwig Ott. Debido a que es utilizado para la instrucción de sacerdotes católicos, suministra un análisis útil del lugar de honra que ella recibió.

El libro de texto de Ott fue publicado en 1952. Todos sabemos que se han dado algunos cambios desde el Concilio Vaticano Segundo de 1962. Tras estudiar lo que Ott tiene que decir, podemos considerar el Vaticano II para determinar si el catolicismo ha modificado o no sus enseñanzas acerca de la virgen.

No se puede entender el catolicismo sin entender el papel de María. Ella no solo es una mujer a quien se exalta en gran medida en la enseñanza católica, sino que es un símbolo de la manera como Roma entiende la salvación, como veremos más adelante. A quienes estén familiarizados con teología católico romana, el siguiente resumen de las doctrinas sobre María les servirá de repaso.

1- La inmaculada concepción es la creencia de que María misma fue concebida sin pecado original. Un alma especial fue creada por Dios e infundida en la materia corporal preparada por sus padres. De este modo ella fue librada del defecto origi­ nal del pecado por una gracia inmerecida de Dios.

Aunque nació sin pecado original, María tenía necesidad de redención. Cito a Ott: “De modo que María fue redimida ‘por la gracia de Cristo’ pero en una manera más perfecta que los demás

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seres humanos. Mientras que estos son libertados del pecado original que está presente en sus almas... María la madre del Redentor fue preservada de todo contagio del pecado original”.2

Ott admite que esto no se revela de forma explícita en las Escrituras pero dice que está implícito en las palabras del ángel a María: “¡Salve, muy favorecida!” (Lc. 1:28). La gracia recibida por María debe ser de perfección única e irrepetible. Cuando Elisabet dijo a María que era bendita entre todas las mujeres, la inferencia según Ott es que la bendición de Dios que reposa sobre María es paralela a la bendición dada a Cristo en su humanidad. Esto sugiere que María, como Cristo, fue libre de pecado.

Ott cita a una serie de padres de la iglesia que concuerdan con esta doctrina y dice que desde el siglo diecisiete se celebraba en la iglesia de oriente una fiesta que conmemora la inmaculada concepción. Esta celebración fue aceptada después por las iglesias occidentales. Sin embargo, debido a la influencia de Bernardo de Clairvaux, quien llamó a la doctrina una innovación sin fundamento, los principales teólogos de los siglos doce y trece (incluido Tomás de Aquino), rechazaron la inmaculada concepción. Según Ott, no pudieron entender cómo podía María nacer sin pecado y a pesar de ello necesitar redención.

El famoso filósofo Juan Duns Escotus (1308) arguyó que es posible reconciliar la libertad del pecado original de María con el hecho de que también necesitaba redención. No es necesario considerar los aspectos técnicos de su argumento más que para decir que la controversia precipitó un debate acalorado entre los dominicos (que seguían a Tomás) y los franciscanos (que siguieron a Escotus). Los jesuitas también se alinearon con Escotus y promovieron la doctrina de que María carecía de pecado.

El concilio de Trento, que se reunió en respuesta a la Reforma del siglo dieciséis, afirmó la inmaculada concepción, pero el asunto no se resolvió hasta el 8 de diciembre de 1854. El Papa Pío IX dijo en una bula papal que la siguiente doctrina había

sido revelada por Dios, y por lo tanto debía ser creída por los fieles: “La santísima virgen María fue, desde el primer momento de su concepción, por don único de la gracia y privilegio de Dios todopoderoso, en vista de los méritos de Jesucristo, el Redentor de la humanidad, preservada y libre por completo de toda mancha del pecado original”.3

1- María fue libre de pecado personal. La pregunta que enfrentó entonces la iglesia fue si María, quien había nacido sin pecado original, había cometido alguna vez un pecado personal en el transcurso de su vida. El dogma católico afirma que aunque ella estaba sujeta a defectos humanos generales como Cristo lo estuvo, en todo sentido vivió libre de pecado. Por su amor a Dios, su fe, humildad y obediencia, adquirió méritos especiales que pueden ser de beneficio para los santos. El concilio de Trento declaró: “Ninguna persona justificada puede evitar todos los pecados durante su vida entera, ni siquiera pecados veniales, excepto sobre la base de un privilegio especial de Dios como el que la iglesia sostiene, fue dado a la bendita virgen”.4

2- Virginidad perpetua de María. Por supuesto, la Biblia enseña que María era una virgen cuando concibió a Cristo (Mt. 1:22); pero la iglesia católica fue más allá de esto y enseñó que ella fue virgen hasta la muerte. Según esto, dio a luz a Jesús sin perder su virginidad física. Aunque se casó después con José, la iglesia cree que él y María no tuvieron relaciones sexuales. ¿Cuál es la base bíblica de esto? Ott concuerda de nuevo en que esto no se enseña en la Biblia pero que se puede inferir de la pregunta que María hace al ángel: “¿Cómo será esto? pues no conozco varón” (Lc. 1:34). A partir de esto se deduce que María hizo un voto de virginidad permanente.

3- La asunción corporal de María al cielo. Como consecuencia de la elevada exaltación de María en las tradiciones del catolicismo, no debería sorprendemos que la iglesia crea que ella, al igual que Cristo, ascendió corporalmente al cielo. El primero de noviembre de 1950, el Papa Pío XII promulgó la

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doctrina que según él fue revelada por Dios, diciendo que “María, la perpetua e inmaculada virgen y madre de Dios, al término de su vida terrenal, fue asumida en cuerpo y alma por la gloria del cielo”.5

Allí no termina la veneración, porque el Papa Pío también enseñó que María “resplandece en gloria en cuerpo y alma, y así reina en el cielo junto a su hijo”.

Ott, en su intento de defender esta doctrina, admite con modestia: “No se pueden tener pruebas bíblicas directas y explícitas”. De todas maneras argumenta que esta doctrina sigue de manera lógica las ya listadas, a saber, que ella fue libre de pecado, virgen toda su vida, la madre de Dios, y que participó en la obra redentora de su hijo.

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