En los últimos 30 años, en nuestro país, se ha producido una expansión de la frontera agrícola que trajo aparejado una notable transformación del espacio.
En el período 1900-1980 la superficie de Argentina destinada a cultivos se du- plicó, alcanzando aproximadamente 21 millones de ha. Hacia fines del siglo XX, la superficie cultivada llegó a 30 millones de ha, mientras que en el año 2000 superó los 40 millones de ha (Di Pace, 1992) Un estudio realizado por Zerda y Moreira da cuenta de que entre 1975 y 2000 la superficie cultivada en el no- reste de la provincia de Santiago del Estero pasó de 68.000 ha a 508.000 ha. , perdiéndose por tal motivo 440.000 ha. de monte nativo junto con su biodiver-
sidad (Zerda y Moreira, 2001). El remplazo de áreas de monte o pastizales por monocultivos ha tenido efectos indeseables desde el punto de vista ambiental, pues la pérdida del hábitat y la introducción de especies exóticas usadas para el consumo humano, puede implicar la disminución de los números poblacionales de especies nativas. Este desbalance ecológico puede generar la proliferación de virus, bacterias y otros organismos potencialmente peligrosos para el ser humano y también puede tener efectos sobre la microfauna del suelo. Al des- estabilizarse la trama ecosistémica, algunas especies de insectos pierden a sus depredadores naturales y pueden aumentar considerablemente su biomasa21. En este contexto, algunos vectores transmisores de enfermedades peligrosas para los humanos, pueden desarrollarse más fácilmente. Un trabajo del ingeniero agró- nomo Alberto Lapolla vincula la epidemia de dengue de 2009 con la sojización. Según éste, desde hace años en Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, el poroto transgénico se fumiga con el herbicida glifosato, 2-4-D, atrazina y en- dosulfán. Todos los venenos mencionados “matan peces y anfibios, sapos, ranas, escuerzos, etc., es decir los predadores naturales de los mosquitos, de los que se alimen- tan tanto en su estado larval como de adultoslo cual permite el aumento descontrolado de su población” (Lapolla, 2003: 23).
En nuestro país la epidemia de dengue de 2009 fue precedida por otra que comenzó en Brasil y se extendió por Paraguay y Bolivia. Ya en nuestro territorio, tuvo su foco expansivo en la provincia de Chaco, especialmente en la ciudad de Charata, localizada en el sudoeste de dicha provincia. Esta región del país es quizás donde más se puede apreciar la transformación del espacio de los últimos 15 años y donde el proceso de sojización se hizo más evidente. Según datos del INDEC, la superficie sembrada de soja en el período 1993/2004 se incrementó en un 800%, y la ciudad pasó de tener 18.000 habitantes a 35.000 habitantes en el mismo período. En este caso tenemos, tres factores que se conjugaron y pudieron haber tenido alguna responsabilidad en la aparición de este brote epi- démico. En primer lugar, la transformación del espacio por sustitución de diver- sidad de cultivos por monocultivo y el uso de grandes cantidades de herbicidas y pesticidas; en segundo término el crecimiento abrupto de una población que no es acompañado con igual incremento en el desarrollo de la infraestructura urbana y la tercer causa sería la presencia previa del vector.
Otro caso en que una enfermedad emergente se encuentra relacionada con
21 Materia total de los seres que viven en un lugar determinado, expresada en peso por unidad de área o de volumen.
un cambio en el uso del suelo, es el de la fiebre hemorrágica argentina (F.H.A). Esta enfermedad, detectada por primera vez en la década del ´50 en cercanías de la localidad de Junín, situada en la región pampeana, se transmite a través de las heces y la saliva de los roedores silvestres que habitan la región (Calomys
laucha y Calomys musculinus). Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial
y ante la necesidad de importar cereales por parte de Europa, en nuestro país comenzó a expandirse la frontera agrícola generándose un “boom triguero”. Se especula que la producción de cereales en esta zona provocó un crecimiento en la cantidad de lauchas silvestres que ya habitaban el lugar (Lozano, 2008). El encuentro entre los trabajadores agrícolas y los roedores se hizo más frecuente y posibilitó la emergencia de una “nueva enfermedad”.
El caso del virus Machupo: un ejemplo de cómo la modificación del ambiente y cier- tas condiciones naturales puede generar el brote de una enfermedad emergente
San Joaquín es una pequeña localidad del noroeste boliviano de apenas 6000 habitantes, sin agua potable y con muy pocos servicios urbanos. A fines de los años ´50 una epidemia de una extraña fiebre hemorrágica se presentó en esta localidad. Autoridades sanitarias bolivianas y norteamericanas acudieron a la zona y pudieron aislar el virus causante de la enfermedad (un arenavirus halla- do en el cerebro de un niño de 8 años de apellido Carvalho) y también pudieron encontrar al reservorio, un roedor de campo y domiciliario de la especie Calomys callosus. La transmisión de la enfermedad pasaba de los roedores a los humanos a través de las heces y la orina de esos pequeños mamíferos, de forma similar a como ocurre la transmisión del virus de hanta. Si bien se cree que el virus que afectó a los habitantes de San Joaquín se encontraba en los ratones y, por ende, en esta comunidad desde hace muchísimos años, una serie de factores ambien- tales habrían sido los responsables del brote epidémico de mediados del siglo XX.
Por estos años las autoridades sanitarias bolivianas estaban preocupadas por eliminar de la región a los mosquitos transmisores de dengue y del paludismo que abundaban gracias a las condiciones socioambientales de la región (una cota de apenas 139 msnm, alta humedad, altas temperaturas y poco acceso al agua potable). Para resolver el problema de los mosquitos se inició una agresiva cam- paña de fumigación que disminuyó la cantidad de insectos, pero también acabó con mucha de la fauna autóctona, entre ella los gatos domésticos. Al desaparecer los gatos, el número de ratones aumentó considerablemente, incrementándose así las posibilidades de que los habitantes del lugar entraran en contacto con el
mortal virus. Conjuntamente con la ausencia de los felinos domésticos, las lluvias de esos años fueron inusualmente abundantes, produciendo inundaciones en las zonas rurales que expulsaron a los ratones a las áreas peridomiciliarias. Las pre- cipitaciones excesivas incrementaron los pastizales que rodeaban las casas, y fa- cilitaron el refugio de los roedores transmisores de la enfermedad. Por último, los agricultores de la zona realizaban quemas de pastizales para preparar el terreno para la siembra, provocando con esa actividad el movimiento de los ratones hacia las viviendas urbanas.
Este es un buen ejemplo para entender cómo la conjugación de diversos factores antrópicos y naturales puede dar lugar al desarrollo de una enfermedad emergente.
El virus en cuestión lleva el nombre del río que recorre la zona, Machupo, y a la enfermedad se la conoce como fiebre hemorrágica boliviana.