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Las leishmaniasis

In document Epidemias y salud pública (página 119-123)

Las Leishmaniasis son enfermedades provocadas por parásitos protozoos del género Leishmania, que pertenecen al reino de protoctistas. El parásito se trans- mite entre los diversos seres vivientes a los que infecta mediante la picadura de la hembra de un insecto volador. En la Argentina suele llamárselo torito, carachai o jején; En vuelo no produce el típico zumbido de los mosquitos y su picadura puede producir molestia pero no deja roncha persistente.

Según el Boletín de la Federación Bioquímica de la Provincia de Buenos Aires, es una de las enfermedades que se conocen desde la antigüedad, de “compro- bada” reaparición en el país, como las dos anteriores parasitosis desarrolladas en el capítulo, son males que azotan a poblaciones marginales no sólo desde el punto de vista socio económico también en cuanto a la localización de las áreas de incidencia.

Oscar Salomón, del Centro de Diagnóstico e Investigación de Endemo-Epi- demias escribe acerca de referencias a la enfermedad que podemos encontrar en las tabletas de arcilla del Palacio de Nínive y en los huacos precolombinos, lo que confirma la convivencia con humanos de la misma, aunque recién en el siglo XIX se conoció el origen etiológico, producto de las investigaciones del patólogo Wi- lliam Leishman (1865-1926) quien describió los parásitos protozoarios a partir de las observaciones microscópicas de muestras extraídas de tejidos de un soldado

inglés muerto en Londres, que había contraído la enfermedad en Calcuta, una “fiebre” que en India denominaban dum-dum o kala-azar.

En la actualidad hay identificadas unas treinta especies de Leismania en ma- míferos, de las cuales veintiuna provocan enfermedades en el hombre, las que comparten el modo de infección una vez que ingresan en el cuerpo de un ma- mífero son capturados por sus células inmunitarias y se reproducen en ellas. Las especies tienen predilecciones por distintos órganos, dependiendo de su prefe- rencia originan las distintas Leishmaniasis: cutánea, mucosa, visceral. Incluso las manifestaciones clínicas dependen del tipo de protozoo, presentando síntomas que en general se asocian al resultado particular de la interacción del parásito con el organismo infectado que reacciona a su ingreso.

Como anticipáramos en el párrafo anterior, las leishmaniasis se presentan en tres formas: cutánea, mucosa y visceral. La leishmaniasis cutánea provoca úlceras en la piel, que aparecen luego de un tiempo en el lugar donde picó el insecto y suelen tener un borde rojizo elevado y una depresión central. Se cubren por una costra y si no se infectan no son dolorosas; pueden cicatrizar espontáneamente en un proceso muy lento que dura meses o años y deja cicatrices deformantes. En algunos pacientes se produce en la región de las úlceras una inflamación de ganglios linfáticos. Las lesiones cutáneas se pueden extender a las mucosas nasal y bucal, por lo que también se habla de leishmaniasis mucosa, que puede apa- recer mucho después de la curación de la forma cutánea. .Las leishmaniasis son conocidas como enfermedades en humanos desde hace siglos, pero en las últi- mas décadas se han transformado en un gran problema para la salud pública en los noventa países en que son actualmente endémicas. Se estima que al presente contraen leishmaniosis cutánea 1,5 millones de personas por año, y 500.000 ad- quieren leishmaniosis visceral. Unas 350 millones de personas están en situación de riesgo de enfermar (Garrahan, 2009).

Las causas de la reemergencia de esta parasitosis vinculadas a la aparición de brotes epidémicos, podemos encontrarlas en la ocurrencia de fenómenos cli- máticos inusuales y fundamentalmente en los cambios ambientales relacionados con migraciones a áreas boscosas y rurales, o desde ellas a zonas periurbanas boscosas Las grandes epidemias de esta forma de Leishmaniasis Americana se relacionan generalmente con el trabajo de deforestación, modificaciones en el medio o actividades relacionadas a zonas de vegetación arbórea densa, tales como la pesca, explotación de petróleo, etc.

Alertas sobre la reaparición de esta enfermedad la encontramos en periódi- cos regionales. Podemos leer en el Diario Los Andes de Mendoza: “La leishma-

niasis está en aumento en Argentina, donde el tipo más grave produjo más de 70 casos y 7 muertes en los últimos 4 años, mientras especialistas advirtieron que la prevención puede lograrse mediante conductas individuales y colectivas, a raíz de la “escasa” efectividad de los insecticidas” En Argentina la enfermedad está pre- sente en nueve provincias del norte, advirtieron expertos de la Fundación Mundo Sano en el marco de la I Reunión de la Red de Investigación de la Leishmaniasis en Argentina, que se hizo en la ciudad de Buenos Aires, organizada por la entidad. Profesionales de la salud de la Fundación Mundo Sano en la I Reunión de la Red de Investigación de la Leishmaniasis en Argentina alertaron sobre la presen- cia de la enfermedad en nueve provincias del norte de la Argentina, hacia 2010. Los anteriores focos epidémicos datan de 1985 y luego de un período de disminu- ción volvieron a reaparecer. En el informe difundido en esa reunión se expuso que entre 1984 y 2008 el sistema de salud registró 7.947 casos de la forma cutánea, mientras el primer enfermo de leishmaniasis visceral en territorio argentino, que es la forma más grave, se detectó en 2006. Desde 2006 hasta la fecha más de 70 personas fueron afectadas por leishmaniasis tipo visceral en Misiones y Co- rrientes, de las cuales 7 fallecieron, reportaron los expertos. Otros casos fueron registrados en las provincias de Salta y Santiago del Estero. De todas maneras aunque no se encuentren sistematizados los reportes, podemos decir que esta parasitosis reemergente en Argentina se presenta en forma endémica en la cuña boscosa de Salta, y en menor grado en Jujuy, Misiones y Chaco-Corrientes. Se notificaron casos esporádicos en Catamarca, Formosa, Santiago del Estero, Tu- cumán y Santa Fe.

Siguiendo con los reportes de los ministerios provinciales, podemos decir que se han detectado en la actualidad, en la provincia de Misiones, Corrientes y Entre Ríos. Otro rasgo a mencionar es la presencia de gran cantidad de casos en perros, dato que no es menor si consideramos que estos son quienes por cerca- nía a humanos favorecerían la trasmisión de la enfermedad cuando son picados por los insectos. No existen evidencias que el hombre actúe como reservorio del parásito en nuestra región. La incidencia canina es siempre mayor que la humana, y usualmente los brotes en perros preceden a los brotes en humanos (.En el país la forma clínica cutáneo mucosa, se presenta con úlceras que de no ser tratadas evolucionan en forma rápida, con destrucción progresiva de los tejidos con graves deformidades.

Respecto del tratamiento encontramos que funciona en personas que ya la han contraído, mientras que los tratamientos alternativos “no siempre son efecti- vos, por último, las vacunas están aún en etapa experimental.

Resulta llamativo leer en algunos periódicos noticias que sostienen que“… pese a que combatir el mosquito era posible como lo demuestran las campañas que a mediados del siglo pasado permitieron que varios países -entre ellos Argentina- se declararan libres del Aedes aegypti, el virus se reintrodujo a fines de los 90 y desde entonces “el dengue avanza sobre nuestro país, presentándose en forma de brotes es- porádicos relacionados con la situación epidemiológica de otros países y restringido a los meses de mayor temperatura…”1 y luego preguntarse como ante tanto adelanto científico tecnológico no es posible frenar el avance de las enfermedades.

La fiebre amarilla en 1902 y el dengue en 1907 representan las primeras en- fermedades que se conocen causadas por virus. Al principio no se tenía conoci- mientos de los virus y fue necesario el paso de muchos años para que un virus fuera aislado en el laboratorio y se comprendiera su participación en las enferme- dades (Morales y Vásquez, 2000)

Las campañas para erradicar el mosquito Aedes aegypti emprendidas entre los años 1950 y 1960 lograron frenar su desarrollo y la consiguiente trasmisión de es- tas enfermedades. Lamentablemente con el tiempo estas acciones de prevención se descuidaron y el Aedes aegypti, recuperó los espacios perdidos, generando en la última década rebrotes epidémicos. Estos hechos muestran que existe un pro- blema permanente, de índole sanitario y que quedan aún cuestiones por resolver.

1  Periódico digital defonline.com.ar del 10/07/2012

CAPÍTULO V

Enfermedades actuales

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