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El culto como instrumento de liberación activa

10. La acción liberadora 1 Acción liberadora pasiva

10.4. El culto como instrumento de liberación activa

En la medida en que lo permita la condición social, el día comien- za con una purificación fisiológica (tránsito intestinal, limpieza de dientes, enjabonamiento, ducha, ropa limpia, que tiene a la vez el carácter de sicológica y moral, pues ritos, liturgias, devoción y medi- tación prolongan la purificación interior realizada en el momento del baño). Un brahmín o un ortodoxo nacido dos veces se levantarán pronto, antes de la salida del sol, y recitarán la savitri (alabanza al incitador), es decir, al sol, aquel que pone todo en funcionamiento en el mundo: es la smdhya (oración ritual). Si el brahmín tiene tiempo, añade a lo anterior una porción de otro texto sagrado. También puede practicar la recitación murmurada (japa), por ejemplo la de los ciento ocho nombres de Vishnú, por lo general con ayuda de un rosario de otras tantas cuerdas.

A continuación viene el devapuja (culto de las imágenes sagradas, iconodulía que constituye el aspecto más popular de la vida cultural hinduista), despertando a la divinidad que duerme en su imagen (murti, pratrima), generalmente la imagen de la divinidad elegida por

la familia: Vishnú o una de sus encarnaciones, Shiva86, Ganesha, o inclu-

so una diosa, Durga, Kali, Lakshmi, etc.

Pero también se inaugura el día rindiendo homenaje a los objetos religiosos presentes en la casa: por ejemplo el linga, emblema procrea- dor de Shiva, el shalagrama, amonita sagrada, emblema de Vishnú.

Tampoco se olvidará rendir culto a la planta sagrada denominada

tulasi (albahaca). Finalmente, si la imagen del maestro espiritual se

encuentra presente en la casa, o bien sus paduka (sandalias de made- ra que representan la huella de sus pies), estas cosas serán veneradas como si se tratara de divinidades.

Y el brahmín no olvidará su vaca.

A la imagen se le ofrecen flores, incienso, leche, comida, oracio- nes y, sobre todo, se le hace la ofrenda de uno mismo. El momento más importante de esta puja es aquel en que se describen círculos de luz en torno a la imagen, rito arati realizado con alcanfor encendido en una lámpara de arcilla o de metal. Aproximando la llama con la mano derecha, llevándola después al rostro (especialmente a la fren-

86. Tan sólo sobre las dieciséis acciones y fórmulas de invocación a Shiva, cfr. Acharuparambil, D: Espiritualidad hinduista. BAC, Madrid, 1982, pp. 208-211.

te y a los ojos), se interioriza la luz. A veces el esposo y la esposa han realizado juntos la puja, acompañada de cantos religiosos (bhajan) o de mantras, «energías mística contenidas en una estructura de sonido cuyas vibraciones afectan directamente a los chakras, o centros de energía del cuerpo, tranquilizan la mente y llevan a la quietud de la

meditación»87. La fórmula mágica del mantra es bija-mantra o fórmu-

la seminal, consistente en una sola sílaba: Om. El mantra más cono- cido es Om mani padme hum. Om es –como hum– un sonido dotado de especial poder sobrenatural. Mani padme significa joya en el loto. Además tienen importancia los mudras (movimientos de las manos) el uso de instrumentos como la daga ritual (phurba), la campana (ghanta), y el tamborcillo (damaru). Su poder radica en el hecho de que, para el tantra, todo está investido de energía cósmica; un simple sonido puede, en virtud de su carga inherente de energía, producir efectos espirituales poderosos. Los practicantes también trabajan con deidades especiales (conocidas en tibetano como yidam), que pueden ser benignas o coléricas, pero que están siempre imbuidas de cuali- dades propias de la iluminación.

Mientras, los otros miembros de la familia, niños, ancianos y todos los asistentes, se asocian a los actos y pasan de mano en mano la lámpara que contiene la llama. Comparten igualmente el alimento sagrado (prasada), aquel que ha sido ofrecido en primer lugar a la divinidad y que regresa a los seres humanos como portador de gra- cia. Solamente después de la puja matutina, elaborada o mínima, toman su comida los hindúes ortodoxos.

Mas no todo concluye aquí. El samdhya de la puesta de sol se lleva a cabo con un ritual más simplificado; por lo general, el cabeza de familia lo practica en nombre de todos.

También, al amanecer o anochecer, el cabeza de familia tiene lugar la ofrenda ritual (homa) de miel, o manteca, o comida al fuego (Agni, protector de la familia y mediador entre los dioses y los hom- bres), o al viento, orándose por el perdón de los pecados, por la buena marcha de los negocios, y por la felicidad de todos.

La libación de agua para propiciar a los dioses, a los sabios de la antigüedad y a los antepasados es la tarpana.

87. Suami Vishnu Devananda: Meditación y mantras. Alianza Ed. Madrid, 1996,, p. 10. Cfr. también el bellamente editado libro de Johari, H: Los chakras, centros

Asimismo, el cabeza de familia oficia ritos matrimoniales, funera- rios (cremación del cadáver, con los subsiguientes ritos purificato- rios), etc: «Las obligaciones domésticas varían según la clase, siendo las más complejas las de la casta sacerdotal brahmánica. Muchos reservan una habitación para la puja o adoración de imágenes, con un relicario que contiene una imagen del dios favorito o (en los hoga- res más pobres) pinturas de dioses. Otros tienen un mandala, repre- sentación simbólica (normalmente un cuadro) del universo. El fuego y el agua son empleados para la purificación, y se hacen ofrendas de comida, incienso, flores y polvos de colores (ornamentación). Los hindúes ‘nacidos dos veces’ (es decir, pertenecientes a las tres prime- ras clases) realizan sus ritos tres veces al día. Llevan una banda sagra- da (sobre el hombro izquierdo y colgando hacia la cadera derecha), de algodón para los brahmines (sacerdotes), de cáñamo para los cha- triyas (gobernantes) y de lana para los vaisyas (terratenientes y comerciantes). Además, cada uno lleva un distintivo de la casta en la frente, y a veces en sus brazos y en otras partes del cuerpo. Por la mañana temprano comienza el culto con la pronunciación del man- tra Om, un canturreo con los sonidos de las letras a, u, m. Después el adorador repite el nombre de su dios, recuerda a los sabios (risi) y se identifica con lo Brahmán. Ata su mechón de pelo sobre su cabeza y repite el gayatri mantra del Rig-Veda: ‘Meditamos en la gloria adora- ble del sol radiante; que él inspire nuestra inteligencia’. El devoto está desnudo hasta la cintura, y descalzo, sentado con las piernas cruza- das sobre el suelo, con los ojos mirando hacia la punta de la nariz y su cara orientada hacia la salida del sol. Luego sorbe agua, repite el nombre del dios y la esparce alrededor del asiento. Toca seis partes del cuerpo, indicando con ello que Dios está dentro, repite sus ora- ciones, medita y repite las palabras del gayatri. Ofrece agua a las imá- genes, repite versos de los Vedas y termina la oración con una ofren- da final de agua y una reverencia. Las devociones de la tarde son similares, pero más cortas. El culto de mediodía puede incluir la con- sulta a un maestro (guru)»88.

Además de esta puja doméstica, se da en circunstancias más solem- nes la puja realizada en el templo (mandira, devalaya). En compañía de

88. VVAA: El mundo de las religiones. Ed. Verbo Divino y Paulinas. Estella-Madrid, 1985, pp. 198-199.

otros fieles se cantará la gloria de los dioses y de las diosas. Antes de abandonar el templo realizarán la pradakshina (circunvalación), darán la vuelta alrededor del templo teniendo a este lugar sagrado a su derecha (es decir, en el sentido de las agujas del reloj). El templo no es un lugar de reunión de los fieles y el frecuentarlo no implica obliga- toriedad89.

10.4.1. Culto y templo

Sin embargo, el culto adquiere su centralidad en el templo, no en vano a quienes construyen templos se les prometen muchos méritos: «Dijo Agni: Los manes de la persona que construye un templo a Krishna viven en la región de Vishnú, adornadas y libres de las penas del infierno. La construcción de un templo para una divinidad disipa hasta el pecado del brahmanicidio. La construcción de un templo, que asegura el cielo, por un hombre religioso o irreligioso produce los frutos que alcanzan los que caen en el combate emprendido en favor de los celestiales. Haciendo un templo se va al cielo; haciendo tres se va a la región de Brahma. Haciendo dieciséis se consiguen todos los objetos de gozo y emancipación. Un pobre, construyendo el más pequeño de los templos, consigue el mismo fruto que un rico que construyera el más grandioso templo para Vishnú. Hasta el que siendo niño hace con arena y por juego un templo a Vasudeva va a su región. Inútil es adquirir riquezas si no se emplea el dinero traba- josamente reunido en construir un templo para Krishna. ¿Qué méri- to tiene quien, habiendo conseguido sus riquezas por suerte o por propio esfuerzo, no las gasta para realizar una obra gloriosa o en favor de la religión?»90.

En el templo, las necesidades de los dioses han de ser cubiertas por los devotos, que previamente deben purificarse para ello. El culto matu- tino vishnuítico, por ejemplo, exige dieciséis operaciones, incluído el lavado de los pies, el enjuague de la boca, el baño, el vestido, el per- fume y la comida. Mientras, se cantan himnos, suenan las campanas, se quema incienso y se tañe música ritual. En lo que al culto mismo se refiere, el acto fundamental consiste en las ofrendas al fuego (Agni), para obtener determinados beneficios, generalmente materiales, tanto

89. Cfr. Hulin-Kapani: Loc. cit. pp. 369-371. 90. Agni-Purana XXXVIII, 1-50.

referentes al individuo como a la comunidad. Se ofrece miel, anima- les, etc, costeados por notables que participan en ellos junto con sus esposas, recitando determinadas fórmulas, y distribuyendo los esti- pendios entre los sacerdotes que participan en la ceremonia, entre cuatro y diecisiete de distinto rango, bajo la dirección de un brahmín que supervisa en silencio la pureza del ritual. Los cantos son recitados durante el sacrificio realizado con la bebida del soma (del que Indra sacaba la violencia y el ardor para luchar contra sus enemigos). Se advierte en ellos una tendencia hacia lo Uno, repitiéndose la pregun- ta por el origen del mundo y por el dios desconocido, insistiéndose en el poder mágico de los ritos como símbolo de la creación del mundo, e incluyéndose la plegaria de la fe hinduista: «Vivamos en la hermosa gloria del dios Savitri para que él inspire nuestros espíritus».

10.4.2. Culto y fiesta

A diferencia de las religiones semíticas, el hinduismo no ha esta- blecido un día fijo de la semana para el culto divino y otros deberes religiosos; sin embargo gran número de fiestas (días sagrados para el hinduista) se suceden a lo largo del año; además, de alguna manera todos los días son sagrados para quien vive en el horizonte de lo sacro: el hinduista no emprende actividad alguna de importancia (viaje, negocio, etc) sin consultar las estrellas y la disposición de los cuerpos celestes; el mismo calendario lunar es el eje de la cronología hinduista91.

91. Algunas de las fiestas más notables son: Krishna jayanti (en torno al naci- miento de Krishna, julio-agosto); Ganesa caturthi (para el nacimiento de Ganesa, el dios de la cabeza de elefante y cuerpo humano, agosto-septiembre);

Malahaya amavasya (antepasados difuntos, agosto-septiembre); Navaratra (en

algunas regiones dedicada a la diosa Sarasvati, graciosa consorte de Brahma, diosa de las letras y bellas artes, de la sabiduría y de la belleza; en Bengala, dedicada a la diosa Kali, consorte de Shiva, madre benevolente de sus devo- tos y terrible enemiga de los demonios; en algunas regiones, el décimo día, llamado Dasara, se celebra la victoria de Rama sobre Ravana, el raptor de su consorte Sita; septiembre-octubre); Dipavali (conjunto de cinco fiestas, sep- tiembre-octubre); Makara samkranti o Pongal (culto al Dios Sol, enero); Maha

sivaratri (en honor de Shiva, enero-febrero): Holi (en el sur de la India se llama Kamanpandikai, y celebra la reducción a cenizas de Kama, dios del amor, por

parte de Shiva, febrero-marzo); Onam evocando una leyenda del rey Mahabali, pacífico y próspero, agosto-septiembre). Cfr. Acharuparambil, D:

10.4.3. Culto y peregrinación

En medio de todo esto, no podían faltar las peregrinaciones a algún lugar sagrado, máximo deseo de todo devoto hinduista. No hará falta recordar que, gozando todo de sacralidad (lugares, ríos –entre los cuales el Ganges sigue siendo el río sagrado por excelencia, pues quien muere junto a sus orillas posee la garantía de un acceso

inmediato a la liberación92–, ciudades, montañas, templos, etc), todo es

igualmente peregrinación o deseo de peregrinación. Desgraciada- mente, más puede aquí la escasez de nuestro espacio, que el deseo de narrar tanta alegría93.