17. El budismo japonés 1 Origen
17.3. La escuela zen
Aunque la iluminación no es específicamente budista, ni va ligada
a ninguna religión determinada88, ya se da en la India antes que el
budismo, pero es en éste donde más se ha cultivado y propagado89.
El talante fuertemente contemplativo y reflexivo del budismo, frente al logomáquico, racionalista y discursivo propio de Occidente, se contiene en esta anécdota, verdadera o no: un discípulo entregó a
88. De todos modos, en el último cuarto de siglo se ha acercado demasiado el orientalismo al cristianismo, a veces sin fundamento. Cfr. Enomiya-Lasalle, H:
Zen y mística cristiana. Ed. Paulinas, Madrid, 1991; Enomiya-Lasalle, H: El zen entre cristianos. Meditación oriental y espiritualidad cristiana. Ed. Herder,
Barcelona, 1975; Dunne, C: Buda y Jesús. Ed. Paulinas, Madrid, 1978; López- Gay, J: La mística del budismo. Los monjes no cristianos del Oriente. BAC, Madrid, 1974; Lubac, H de: La rencontre du Bouddhisme et de l’Occident. Ed. Aubier, Paris, 1952.
89. Últimamente la «meditación trascendental» es una organización con sede cen- tral en la India con filiales en todo el mundo (especialmente EEUU, Alemania, Suiza), que busca el sincretismo Oriente-Occidente sin pretender hacer ni medi- tación religiosa ni reflexión filosófica, sino mera interiorización del gozo y la calma a través del sonido de unas palabras (mantras) con frecuencia enigmáti- cas que se van repitiendo tenuemente en sincronía con el ritmo respiratorio.
Siddharta Gautama una flor y le pidió que le explicara el misterio de su doctrina. El maestro tomó la flor, la contempló en silencio duran- te un largo rato, y, sin mediar palabra, con un gesto indicó al discí- pulo, un tanto extrañado, que se retirase. Al parecer, de esta anécdo- ta se deriva el zen. El discípulo aprendió y trató de vivir la lección: el misterio no se alcanza con palabras ni con razonamientos, sino sólo mediante la contemplación. Ella produce en el contemplativo la ata- ráxica imperturbabilidad.
Se cuenta asimismo que cierto ejército rebelde irrumpió una vez en una ciudad coreana y todos los monjes del templo budista zen de la localidad huyeron. Todos, excepto el abad. El general rebelde se pavoneaba por el templo y se quedó atónito al ver que el abad no cayó de hinojos inmediatamente ante él:
– ¿No sabes, rugió, que estás viendo a un hombre que puede tras- pasarte con su espada sin un parpadeo?
– ¡Y tú, replicó el abad, estás viendo a un hombre que puede ser traspasado por una espada sin un parpadeo!
El general quedó desconcertado. Pasado un momento, se inclinó reverencialmente y se marchó.
El zen es una de las escuelas budistas más conocidas en Occi-
dente90, implantada fuentemente en el Japón gracias a la escuela china
Ch’an91.
Según la tradición, el zen aparece ya en vida de Buda, cuya fórmula es ésta: «En lo que se ve, sólo tiene que estar lo que se ve; en lo que se oye, sólo tiene que estar lo oído; en lo que se percibe, sólo tiene que estar lo percibido; en lo que se piensa, sólo tiene que estar lo pensa- do». Cuando preguntaron a Chao-Chu en qué consistía el Tao (ver- dad del zen), respondió: «en tu vida diaria». El secreto está en comer
90. Cfr. Enomiya-Lasalle, H: Zen y mística cristiana. Ed. Paulinas, Madrid, 1991; Merton, Th: El zen y los pájaros del deseo. Ed. Kairós, Barcelona, 1984; Suzuki, D.T: Budismo zen. Ed. Kairós, Barcelona, 1993; Suzuki, D.T: Budismo y psicoa-
nálisis. FCE, México, 1975; Thich Nhat Hanh: Claves del zen. Ed. Sígueme,
Salamanca, 1978; Waldberg, M: Los bosques del zen. Espasa Calpe, Madrid, 1978; Galbiati, L: El zen y la crisis del hombre. Ed. Ahimsa, Valencia, 2000; VVAA: Carne de zen, huesos de zen. Ed. Ahimsa, Valencia, 2000
91. Cfr. Schlüter, A.: Budismo zen y su espiritualidad. In VVAA: «Pluralismo reli- gioso. III. Religiones no cristianas». Ed. Atenas, Madrid, 1997, pp. 321-363.
cuando se coma, en dormir cuando se duerma, en contemplar una flor cuando la contemplemos, en hacer eso y nada más que eso», concen- trando todo nuestro ser en la trivialidad de la vida ordinaria. El zen es, pues, una técnica que concede la máxima importancia a los más sen- cillos gestos cotidianos: levantar la mano, tomar un libro, preparar un florero, compartir un té.
La palabra zen es la forma abreviada del japonés zazén, meditar sentado, sentarse en el suelo sobre una esterilla con las piernas cru- zadas en forma de loto (pie derecho sobre muslo izquierdo y pie izquierdo sobre muslo derecho) manteniendo erguido el tronco y la cabeza ligeramente inclinada: «Siéntate sólidamente en meditación, y piensa en no-pensar. ¿Cómo piensas en no-pensar? No pensando. Éste es el arte del zazén». Zazén procede a su vez del sánscrito dhya-
na (pensar). Propiamente no es una filosofía ni una religión; puede
meditarse sobre cualquier cosa, lo importante es practicar la intros-
pección como medio para comprender92.
Los recursos de esta técnica psíquica incluyen un método respi- ratorio distinto del empleado en el yoga y un ejercicio de concentra-
ción (koan93) consistente en repetir una palabra o sentencia, a veces
carente de significación («el mosquito pica constantemente al buey de hierro»), masticándola una y otra vez, hora tras hora, día tras día, año tras año, para así lograr el abandono de toda idea, imagen, recuerdo o representación sensible ajenas a lo que se trae entre manos, en suma, la paralización de todo pensamiento, sentimiento y preocupación en orden a la producción de un vacío interior que evite las interferencias perturbadoras. Se llega así al satori (término japonés:
92. Cfr. Cleary, Th: La esencia del zen. Ed. Kairós, Barcelona, 1992; Deshimaru, T:
Preguntas a un maestro zen. Ed. Kairós, Barcelona, 1990; Deshimaru, T: La práctica de la concentración. Ed. Teorema, Barcelona, 1982; Arnold, P: El zen y la tradición japonesa. Ed. Mensajero, Bilbao, 1979; Van de Weterubg, J: El espe- jo vacío: experiencias en un monasterio zen. Ed. Kairós, Barcelona, 1984; Suzuki,
D.T: Ensayos sobre el budismo zen. 2 vol. Ed. Kier, Buenos Aires, 1983 93. Ciertamente, para un occidental estos koan pueden sonar a chiste o quizá a
retruécano o acertijo; se dice que el tiempo más corto registrado en resolver un koan fue de la noche a la mañana, y que el más largo tardó doce años en ser resuelto. Sobre el koan cfr. Eliade, M: Historia de las creencias y de las ideas
religiosas. IV. Las religiones en sus textos. Ed. Cristiandad, Madrid, 1980, pp. 527-
532. También Cien koans del budismo chan. Enseñanzas de los primitivos maestros
entender, iluminar) o kenscho («visión del ser»94), visión intuitiva inte-
rior que no puede expresarse con palabras. La aspiración del zen es la experiencia profunda, la vivencia íntima de la identidad de todo
ser, la identidad del yo con el todo y con la naturaleza95. La clave de
la iluminación es el acoplamiento y la armonía con el cosmos, utili- zando antiquísimos medios mágicos para conseguirlo. El ideal de santidad es el de un hombre de tal modo armónico con el cosmos que esté libre de cualquier limitación y que, como agente libre, sea capaz de manejar las fuerzas cósmicas tanto interiores como exterio- res a él. Pero eso dura toda la vida. Los viejos maestros fustigan con los máximos improperios a quienes creen haber llegado definitiva- mente a esa situación: «gusanos que viven en el fango de una ilumi- nación atribuida a sí mismos».