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5. La enseñanza moral de Buda

5.1. Sermón de Benarés

El núcleo central de la doctrina del buda Siddharta Gautama es el

Sermón de Benarés («La puesta en marcha de la Rueda de la Ley»20),

de vuelta ya tanto de los placeres mundanos como de la mortificación: «Apartándose de estos extremos, ¡bonzos!, el tathagata (el Buda) ha descubierto el «camino medio», el camino que depara visión y conocimiento, que conduce a la paz, al discernimiento, a la ilumina- ción, al Nirvana. ¿Y cuál es el camino medio? Es el noble sendero óctuple, o sea: recto conocimiento, recto pensamiento, recta palabra, recta acción, recto esfuerzo, recta intención, recta concentración o meditación, recta intuición o fe justa...

Esta es, ¡bonzos!, la noble verdad del sufrimiento, dolor, mal, daño, insatisfacción. El nacimiento es sufrimiento, la vejez es sufrimiento, la enfermedad es sufrimiento, la muerte es sufrimiento, el estar unido a quien no se ama es sufrimiento, el estar separado de quien se ama es sufrimiento, no alcanzar lo que se desea es sufrimiento. En suma, las cinco clases de cosas que pueden percibirse por los sentidos acarrean sufrimiento.

Esta es, ¡bonzos!, la noble verdad del origen del sufrimiento: la sed que lleva al renacer, junto con el placer y el anhelo que alguna que otra vez tienen satisfacción: la sed de placer, la sed de vivir, la sed de lo transitorio.

Esta es, ¡bonzos!, la noble verdad de la supresión del sufrimiento: la extinción de esta sed mediante la aniquilación incesante del deseo, no permitiendo que se adueñe de nosotros, desligándose de él, renunciando a él, no dejándole sitio alguno.

Esta es, ¡bonzos!, la noble verdad del camino que conduce al tér- mino del sufrimiento: es el óctuple sendero, a saber, recto conoci- miento, recto pensamiento, recta palabra, recta acción, recto esfuer- zo, recta intención, recta concentración o meditación, recta intuición o fe justa»21.

La centralidad del sermón de Benarés para el budismo ha sido puesta de manifiesto por todos los tratadistas. Veamos cómo lo comenta Ceferino Santos:

20. Cfr. Kennedi, A: La rueda, la espiral y el mandala: teoría y práctica del budismo. Edicomunicación, Barcelona, 1992.

«a. Primera noble verdad

La primera noble verdad es el dolor. Para Buda la existencia está amenazada por dukkha (duhkha, en sánscrito), que significaz ‘dolor’, pero también ‘impermanencia’, ‘vacuidad’, ‘insustancialidad’, y todo lo que se oponga a una existencia feliz.

Frente al sufrimiento y dolor manifiestos y directamente experi- mentables se encuentra el dolor larvado en las sensaciones agrada- bles, que son impermanentes y no duran, engendrando infelicidad con su cambio.

Además del dolor que se agazapa en el placer, están también los estados condicionados al dolor, tales como las agrupaciones com- puestas que llamamos ‘individuo’, ‘persona’, ‘yo’, que se encuentran sometidos a la ley universal del dolor.

En el budismo el ‘yo’ está sometido al dolor. El ‘yo’ es un com- puesto de elementos sicofísicos que pueden asociarse en cinco agre- gados. Para Buda esos cinco agregados son esencialmente dolor y

cambio: ‘debe decirse que dukkha son los cinco agregados del apego’22.

El primer agregado es la materia (rupa), que abarca toda la cor- poreidad y sus sentidos. Para el budista estos elementos son sufri- miento, pero no sujeto sufriente. El segundo agregado son las sensa- ciones (vedana). Hay que admitir que existen sensaciones agradables, desagradables, e indiferentes; pero para el budista se convierten en algo desagradable por su continuo cambio y fugaz inestabilidad.

El tercer agregado lo componen las percepciones (sañña, sanyana en sánscrito), que alcanzan los objetos del mundo externo. Las for- maciones mentales (samkhara) comprenden las voliciones, tanto bue- nas como malas, que pueden producir efectos kármicos.

Estos productos kármicos forman el cuarto agregado. Por la ley del karma budista no es el alma la responsable en una futura existen- cia de sus actos buenos o malos, sino que la sucesión causal retribu- tiva pasa de un acto a otro, como la llama de una antorcha a otra, siendo éstas entre sí diferentes. El acto o formación mental se con- vierte así también en algo transitorio, caduco, imperfecto y degene- rativo, esto es, se convierte en dolor.

El quinto y último agregado del compuesto individuo o ‘yo’ budis- ta es la conciencia (viññana), que es el reconocimiento de las otras

facultades o componentes en su actuación, sin que esto suponga para el budista tampoco una facultad espiritual o permanente frente al flujo de lo doloroso o impermanente. Hay distintas clases de conciencia –visual, auditiva, mental–, pero siempre, según el budista, en estricta dependencia de la materia.

El ‘yo’ no es nada más que un rótulo para los cinco agregados impermanentes, con una ilusión de permanencia en su denomina- ción. Todos los agregados fluyen, cambian, mueren; luego todo es dolor sin sujeto doliente; todos son actos pasajeros sin actor, drama sin personajes, matrimonio sin contrayentes.

Pudiera parecer que el budista ante esta noble verdad del dolor debería ser pesimista. Sin embargo, el budista debe vivir en alegría porque conoce que el dolor es pasajero; no debe ser aumentado con la impaciencia; en realidad no hay un verdadero ‘yo’ que sufra y, finalmente, las formaciones de dolor pueden transformarse al llegar a un estado de iluminación y budeidad liberadora. La iluminación enseña el origen del dolor y también su cesación.

b. Segunda noble verdad

La segunda noble verdad trata del origen (samuyada) del dolor: el deseo (tanha). La sed o deseo egoísta se extiende no sólo a los pla- ceres, las riquezas y el poder, sino también al apego por ideas, opi- niones y creencias. Por el deseo pasa el hombre a la acción y al karma. El karma, en cuanto actividad, tiene efectos karmáticos. El deseo de existir, de continuar, de ser, alcanza para el budista más allá de la muerte, como una llama que antes de consumir una antorcha se continúa en otra distinta. La vida que concluye condiciona la que comienza.

c. Tercera noble verdad

La tercera gran verdad del budismo, la cesación del sufrimiento (nirodha) por medio de la cesación de todo deseo, es la tercera noble

verdad que Buda descubrió el día de su iluminación23. Si cesa el deseo,

cesa la existencia condicionada; si cesa la existencia condicionada, cesa

23. El famoso Dhammapada (Camino de virtud) atribuye a Buda esta sentencia: «Así como vuelve a crecer el árbol cuyas raíces quedan intactas y firmes al ser talado, así continúa brotando el sufrimiento si no desarraigamos de nosotros el deseo».

el dolor; si cesa el dolor, se comienza a ser feliz (nibbuta). Nibbuta ade- más de feliz puede significar ‘extinguido’. Así, la extinción del deseo (nibbana, en sánscrito nirvana) puede equipararse de algún modo a la felicidad.

d. Cuarta noble verdad

La cuarta noble verdad del budismo habla del sendero óctuple que conduce a la cesación del deseo y a la extinción del dolor. Es conocida con el nombre de «sendero medio» (Majjhima patipada), pues evita la búsqueda de la felicidad (ananda), tanto por el camino bajo e innoble del placer de los sentidos, que encadena al dolor, como por el camino de las austeridades excesivas del ascetismo, que también es doloroso y vano. El camino medio del budismo se llama también el óctuple sendero, porque resume el ejercicio de purifica- ción budista en ocho factores decisivos. De estos, los cinco primeros se refieren a la disciplina ética (síla) del budista; los tres últimos a la

disciplina mental (pañña), que abre el nirvana»24.